Vestal
Keywords: Vestal, Antigua Roma, Fuego, Sacerdote, Templo, Vesta (mitología), Virginidad
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Vestal: Sacerdotisas virgenes de la antigua Roma consagradas a la diosa Vesta, entre otras con la misión de mantener encendido el fuego sagrado de sus templos.
Las vestales eran las asistentes de Vesta que, no podía ser de otra manera, tenían que ser vírgenes. Y tener padre y madre reconocidos, hermosura sin tacha y una edad comprendida entre los seis y diez años (probablemente para asegurarse de la virginidad: Roma no se distinguía precisamente por su puritanismo). De entre las seleccionadas, unas veinte, el Sumo Sacerdote elegía por sorteo (en fin, una fórmula eufemística de denominar el procedimiento) a la elegida y la “arrebataban” de la familia, la conducían al templo, le cortaban los cabellos y la suspendían de un árbol (sagrado) a fin de dejar claro que ya no dependía de la patria potestad. El servicio duraba treinta años (una buena mili) y ya, a partir de quedar libres, podían casarse si querían (otro eufemismo); lo que ocurría es que casi ninguna pasaba por el himeneo y decidían permanecer célibes en el templo. No es fueran técnicamente unas solteronas, pero la fuerza de la costumbre tenía mucho peso.
¿En qué se ocupaban? Fundamentalmente en guardar el fuego sagrado. Dicho sea en todas las acepciones del término. Fuego que debía mantenerse ardiendo día y noche, sin interrupción. De apagarse, las consecuencias podrían ser terribles. Cosa que ocurría muy de vez en cuando, pero ocurría. Entonces, se reunía el Senado, se buscaban afanosamente las causas, se remediaban, se expiaba el templo.. y se volvía a encender el fuego; asunto ciertamente complicado pues era costumbre encender el pebetero con el fuego del sol: un lío de lupas, pajillas secas, etc... A la pobre vestal de guardia cuando acontecía el desastre, se le azotaba de manera conveniente.
¿Tenía ventajas ser vestal? Sin duda. Además de privilegios y honores por todas partes; podían, por ejemplo, testar aún viviendo sus padres. Incluso disponer de lo suyo sin necesidad de tutor o curador; sin duda, grandes privilegios. Y más aún: si paseando por la calle, cualquier día que hubieran salido del templo (es decir, nunca), encontraban a un sentenciado yendo al suplicio podían ¡salvarle la vida!.. bastaba simplemente con que asegurasen que el encuentro había sido casual. Como puede apreciarse los requisitos de la administración han tenido, desde siempre, un carácter extravagante. En resumen, que eran unos puntales en la sociedad romana, una institución de mucho prestigio, hasta el punto de ser las que custodiaban los testamentos de los ciudadanos más ilustres. En definitiva, dependiendo de las tendencias de cada uno, ser vestal no estaba nada mal. Podía resultar un poco largo, y a veces tedioso, pero a cambio, se obtenía reconocimiento social.
¿Era peligroso ser vestal? Si. Bastante. Mejor dicho: mucho. Lo peor era que te pescasen violando la virginidad; era incluso peor que la negligencia de permitir que se apagase el fuego sagrado. Vease: Numa decidió que lo mejor era apedrearlas; posteriormente, en una fase de aggiornamiento de la sociedad romana, se decidió que sería menos truculento decapitarlas y según ciertas noticias, Tarquino (el anciano) recapacitó, entendiendo que la blandenguería nunca había traído buenos réditos, y estableció la sana costumbre de enterrarlas vivas. Ciertamente, ser vestal tenía sus riesgos.
Ahí está, por ejemplo, Claudia Quinta, una vestal superfamosa del siglo III aC. Tenía tal reputación de coqueta que nadie tragaba que permaneciese virgen, a pesar de su insistencia en todas las tertulias del famoseo. Llegado el año 204 AC. con Aníbal a las puertas de Roma, la Sibila anunció que sólo podrían derrotar a Cartago si no se procuraban cierta estatua de Cibeles en poder del rey Átalo, en Frigia ; los oráculos, ya se sabe. Bien, el caso es que se corrió el rumor (por todo Roma) de que la estatua estaba en un barco.. y que el barco estaba ahí mismo, al lado; pero que había encallado cerca de Ostia. La ciudad bullía, hervía más bien, con dimes y diretes. ¿Quienes habían ido, confiscado, embarcado y remitido la estatua desde Frigia? Nadie tenía ni idea. Ni la más remota. Claudia Quinta vio su oportunidad, y suplicó a Cibeles que la ayudara a entronizar la estatua para probar así su exquisita virginidad. Y, confiada y segura de sí misma, la discutida vestal se dirigió a Ostia, ató un cabo a la embarcación, jaló de él y entró en loor de multitudes en Roma. Conclusión: claro que era peligroso; y jodido.
¿Y rentable? ¿Estaban convenientemente retribuidas? Pues si. Hasta el punto de que, consecuencia de las liberalidades de las más ilustres familias romanas, adquirieron importantes fortunas. Que en cierto modo las prostituyeron (quien sabe si en todas las acepciones del término) y la sencillez connatural de su condición se transformó en lujo y boato. Eso sin contar con el salario en especie; tenían palco de honor en cuantos eventos se celebrasen: teatrales, circenses, etc.. y un sitio de privilegio en banquetes, fiestas y todo tipo de celebraciones... Gratis total todo, naturalmente.
¿Hay estadísticas fiables? No puede asegurarse. Hay, eso sí, noticias. Ciertamente curiosas. Durante algo más de mil o mil quinientos años, la institución estuvo en vigor, hasta que en 389 Teodosio clausuró todos los templos (de los dioses, se entiende). Pues bien, en tan largo espacio de tiempo sólo se conocen veinte casos (he dicho bien: veinte) en que pudo atestiguarse la falta de virginidad; una cifra estadísticamente irrelevante. De las casquivanas, únicamente trece fueron enterradas vivas (algo menos de una cada cien años), mientras las otras site perecieron en diferentes suplicios elegidos por ellas mismas. Una nimiedad, francamente.
¿Como eran? Muy monas, tocadas con un velo en la cabeza y portando una lámpara, naturalmente encendida, entre las manos.
