Sertorio

Keywords: Sertorio, Aldea, Alfaro, Antonio Tovar, Aquitania, Calahorra, Canarias, Cartagena (España), Cliente

Sila envió a gobernar la provincia de Hispania Citerior a Valerio Flacco, pero el gobernador provincial saliente, Quinto Sertorio, adicto al partido popular, y que gozaba de cierta popularidad en la zona, no reconocía la autoridad del Dictador.

Sertorio había nacido en Nursia (Sabinia) hacia el 121 a.C., de una familia modesta. Destacó en unas batallas contra los cimbrios (105 y 104 a.C.) y fue nombrado Tribuno de la Legión, con cuyo cargo pasó a Hispania el 97 a.C. volviendo a Italia el 90 a.C. en que ocupó la cuestura y participó al lado de Mario y de Cinna en las luchas civiles, mandando uno de los ejércitos, con el que tomó el control de Roma el 87 a.C.; el 83 a.C., Cinna le confió el gobierno de la provincia Citerior.

El año 82 a.C. Valerio Flacco y Cayo Annio intentaron desalojar a Sertorio de su gobierno. El ejercito adicto a Sila marchó hacia los Pirineos, cuyos pasos orientales estaban fortificados por orden de Sertorio, que había confiado la custodia de los mismos a su lugarteniente Salinator. Habiendo sido asesinado Salinator, los partidarios de Sila pudieron entrar en la provincia, y Sertorio hubo de huir a Cartago Nova, y después a Maurítania (81 a.C.), donde existía una fuerte facción adicta a los populares de Roma. En Gades unos piratas de Cilicia le hablaron de las islas Afortunadas (Canarias) y a punto estuvo de dirigirse hacia ellas, pero finalmente Sertorio se apoderó de Tánger, que estaba en poder de un vasallo del rey de Mauritania Bogud Ben Bocco, o bien del propio rey, y se hizo dueño de la región.

El año 80 a.C. aprovechó una rebelión en Lusitania, y con el apoyo de soldados romanos que le habían permanecido leales, y de nativos mauritanos, desembarcó en la provincia Ulterior. Sertorio concertó una alianza con los rebeldes lusitanos, que le designaron como jefe. Ba-tido el pretor provincial Lucio Fufidio, Sertorio quedó dueño de gran parte de la Ulterior.

Un subordinado de Sertorio, llamado Lucio Hirtuleyo, que actuaba como Cuestor de aquel, derrotó al gobernador de la Citerior, Marco Domicio Calvino (79 a.C.), el cual murió en la lucha, dejando la Citerior en manos de Sertorio. Las tropas de auxilio al mando de Lucio Manlio, procedentes de la Galia Transalpina, fueron rechazadas por los Sertorianos cerca de Ilerda (78 a.C.). El cónsul Quinto Cecilio Metelo fue enviado a Hispania (79 a.C.) pero tampoco fue afortunado en su lucha contra Sertorio.

Sertorio se condujo como un hábil político: instituyó un Senado y conservó las formas de gobierno romanas, titulándose únicamente procónsul. Mediante una eficaz política de alianzas, de tolerancia y de justicia, y con un trato suave para los gobernados, se ganó la adhesión de los pueblos de las Hispanias; su caballerosidad contribuyó a acrecentar el apoyo popular y la adhesión de los provinciales sobre todo de la Citerior, que dominaba por completo, junto a buena parte de la Ulterior.

Los impuestos fueron rebajados.

En Osca (Huesca), fundo una Academia para los hijos de hispanos notables.

La base principal de Sertorio era la región del Alto Ebro: Calagurris, actual Calahorra, ciudad que aun no era vascona, poblada por celtiberos; Osca, actual Huesca, sede de una Academia; e Ilerda, actual Lérida, en territorio de los iberos ilergetes. También tenía un fuerte apoyo en toda la zona costera alrededor de la capital provincial Tarraco, actual Tarragona.

Sertorio debió reconciliarse con los celtiberos, que le prestaron su apoyo. Esta adhesión despertaría los recelos de los vascones, que rivalizaban con los celtiberos por la posesión del Valle del Ebro, y que anteriormente habían disfrutado del favor romano. Aliados los celtiberos a Sertorio, probablemente los vascones apoyarían a sus rivales.

En relación a noticias sobre la guerra de Sertorio, en la campaña del 76 a.C., Tito Livio indica que Sertorio siguió con sus tropas el curso del Río Ebro, aguas arriba, pasando por Bursao, Cascantum (la actual Cascante, al Sur de Tudela) y Graccuris (probablemente Alfaro, en la Rioja) hasta Calagurris (Calahorra), y al día siguiente de este trayecto, a través del territorio de los vascones, paso a las tierras de los Berones. Parece desprenderse de este texto que los vascones habían conseguido establecer una cuña o cabeza de puente al Sur del Ebro, mas allá de Calahorra, quizás siguiendo el curso del río Cidacos, penetrando al Sur hasta un punto indeterminado en que empezaba el territorio de los Berones.

En este momento Sertorio pudo cruzar el territorio vascón sin dificultades. Probablemente la hostilidad era larvada. Los vascones esperarían la llegada de fuerzas adictas a los Optímates para desencadenar su oposición. Por otra parte Sertorio estaba en el apogeo de su poder y po-ca oposición podían ofrecer los vascones de la zona más allá del Ebro, que probablemente so-lo representaban a una parte de los vascones, y que si habían conseguido establecer una cuña al otro lado del Ebro habría sido bien con la anuencia de Roma o bien a costa de luchas que de seguir podían debilitarlos. Quizás los celtiberos esperaban con su alianza a Sertorio, des-embarazarse de la presión de los vascones.

Sila envió a la Citerior a Cneo Pompeyo , quien con un ejercito de cuarenta mil hombres, cruzó los Pirineos, por su parte oriental, y penetró en la provincia (76 a.C.). Durante unos meses se combatió con desigual fortuna, pero sin que la lucha tuviera carácter decisorio (76 a 75 a.C.). Sin duda durante estos meses los vascones, o una parte de ellos, concertaron la alianza con los Pompeyanos.

Fundación de Pompelo (Pamplona)

Sabemos que avanzado el año 75 a.C. Pompeyo, escaso de víveres, se retiró a territorio vascón, donde aquel invierno fundó la ciudad de Pamplona, quizás sobre una aldea ya exis-tente, que Antonio Tovar sospecha que se llamaba Olcairun (del celta Olca y el vasco irun). Allí acuarteló a sus hombres y creó almacenes para el trigo que le llegaba de Aquitania. No hay constancia de hostilidad de los vascones, lo que induce a pensar en una alianza mas o menos general de los Vascones con los Romanos, dirigida esencialmente contra el enemigo común: los celtiberos. Fue seguramente esta alianza la que permitió a los vascones dilatar su territorio a costa de los celtiberos, que probablemente ocupaban territorios al Norte del Ebro hasta un punto indeterminado, pero que quizás por algunas zonas alcanzaba hasta las montañas que marcaban claramente un territorio favorable a los vascones. Asi pues Pompeyo decidió crear una ciudad a la cual dio su nombre: Pompelo. No fue más que una pequeña civitas edificada por legionarios, donde son asentados los vascones de la antigua aldea, algunos vascones de los alrededores, familiares de legionarios (algunos legionarios se creaban familias en las tierras por las que pasaban), algunos jefes vascones adictos, con sus seguidores principales y los familiares de todos ellos, así como algunos mercaderes y algún legionario incapacitado. Desde esta fundación se estableció un vínculo clientelar entre el jefe romano y la nueva civitas.

No cabe duda de que Pompeyo ordenaría la construcción de un puente de madera sobre el río Arga, para mantener las comunicaciones con el Sur de Aquitania, que en esta época no perte-necía a Roma. Las chozas de Olcairun debían tener un emplazamiento cercano. Tal vez la empalizada de la aldea vascona sirvió para la nueva ciudad, o simplemente se construyó una muralla nueva, de madera, y los vascones de la zona fueron trasladados al interior. Pompeyo establecería la forma clásica de las ciudades romanas, con el Foro en el centro, y dos calles en cruz. Como puede apreciarse en un plano de Pamplona, el río Arga da una vuelta bastante cerrada en forma de U invertida. Cerrada la U por la muralla de madera el resto de la ciudad quedaba protegida por el río. Dentro de la U, en casi toda la zona cercana al río, existirían entonces zonas boscosas o de arbustos, que aseguraban la subsistencia de los reba-ños, el suministro de madera y de algunos frutos. La parte más cercana al cierre de la U, des-pejada, contendría las edificaciones, con el Foro en el centro y una calle desde este hasta la muralla, donde seguramente una puerta se abría en dirección a la zona del Valle del Ebro. Al otro extremo de la calle (desde el Foro al río) se situaba el Puente que permitía las comunicaciones con Aquitania. En perpendicular a esta calle se situaba otra, que desde el Foro hacia un lado llegaba a la zona de bosques y arbustos, y hacia el otro lado llegaba hasta la muralla, aunque seguramente sin puerta para cruzarla. Los cultivos se ubicarían en el exterior de la ciudad y en la zona cercana al río. Podría existor una relación clientelar previa de Pompeyo con algún jefe vascón ya que sabemos que nueve personas de la ciudad vascona de Segia recibieron la ciudadanía romana de Pompeyo Strabo, padre de Pompeyo Magno, el año 90 a.C., en recompensa por su ayuda en la toma de Ausculum (en el Piceno) durante la guerra de Italia, llamada también guerra Mársica.

Después de fundar la ciudad, y para favorecer la agricultura, base de los tributos de Roma, se repartirían las tierras de los alrededores. Seguramente algunos de los mercaderes que acompañaban al ejercito, decidió establecerse en la zona y recibiría también tierras. Además se podían comprar tierras a bajo precio, porque los vascones, nominales poseedores, de hecho no daban valor a su tenencia.

Durante el invierno del 75 al 74 a.C. el ejercito pompeyano trabajó en la ciudad, Se constru-yeron algunos edificios, el puente y la empalizada o muralla, y se delimitaron los terrenos. Probablemente algunos soldados se aparejaron con mujeres vasconas y adquirieron también tierras, a las que podrían regresar una vez licenciados, para establecerse definitivamente; fruto de estos emparejamiento serían diversos hijos.

La situación de Pamplona debió reproducirse en menor escala en Curnonium, Ergavia, Bituris, Cara, Andelos o Andelo, Tarraga y quizás algún otro punto, donde debieron establecerse pequeños destacamentos de vigilancia.

El establecimiento de algunos mercaderes y de soldados emparejados con mujeres vasconas, creo la base de una ciudad; pronto formaron parte de ella los vascones que ganaban algún dinero al servicio de los romanos (abastecimientos, trabajos manuales, prostitutas...) que adquirieron tierras, imitando lo que hacían los romanos y veían en otras partes.

Hasta entonces los vascones ya eran propietarios de tierras pero como la agricultura estaba muy poco desarrollada salvo en el Valle del Ebro (donde existían muchos pequeños propieta-rios) en las zonas del centro y sur de Navarra debía darse un tipo de propiedad comunal para los pastos, con pequeñas parcelas cercanas a las aldeas para los cultivos de subsistencia. Fueron precisamente los romanos (o súbditos de Roma de origen no romano) establecidos en la zona, y los vascones enriquecidos que adquirieron tierras, la base de los propietarios del futuro. Seguramente algunos mercaderes pudieron adquirir propiedades extensas (de más de cien Hectáreas) pero la mayoría de los legionarios y de los vascones enriquecidos disponían de propiedades menores (menos de cincuenta hectáreas). Los campesinos de la zona, a los que se repartió tierra para cultivarla, disponían de parcelas relativamente pequeñas (de unas cinco hectáreas), pero algunos de ellos (los jefes familiares) conservaron la propiedad de las extensas zonas de pastos para dedicarlas a la ganadería, que fueron perdiendo su carácter comunal.

Estos asentamientos constituyeron la base de la romanización. Los asentamientos se exten-dieron progresivamente y fueron más numerosos que los primeros, sobre todo por ser lugar de paso hacia Aquitania. El sistema de vida foráneo se impuso con rapidez.

En las ciudades del Sur, con mayor predominio agrícola, los propietarios locales (la mayoría eran pequeños propietarios, pero algunos notables o negociantes consiguieron la propiedad de dominios mayores) y los propietarios llegados de Italia o de otros puntos sometidos a Roma, formaron una sociedad completamente romanizada que extendió su influencia al grueso de la población. En cambio en las ciudades más al Norte la romanización penetró muy lentamente y no afectó a los aldeanos (los pequeños núcleos dependientes de una aldea principal o ciudad) dedicados mayoritariamente a la ganadería. Solo las aldeas ubicadas en las cercanías de los caminos que llevaban a los pasos pirenaicos sufrieron la influencia continuada romana y acce-dieron a su cultura.

Ninguna ciudad vascona de la época era mucho más que una aldea. Una aldea principal se componía de unas decenas de familias en las cuales los hombres se dedicaban al pastoreo (y en el Sur mayoritariamente a la agricultura) y las mujeres cultivaban los campos alrededor de la aldea y cuidaban animales como patos, gallinas y cerdos. Los niños empezaban muy jóvenes a trabajar con sus padres. El trabajo se extendía a todos los días quizás con la excepción de las grandes ceremonias religiosas asociadas a ritos propiciatorios, de fertilidad o de muerte.

Muerte de Sertorio

El 74 a.C., las fuerzas de Pompeyo marcharon hacia el Valle del Ebro, y vencieron a Sertorio ante Calagurris. No cabe dudar de que al lado de Pompeyo combatían como auxiliares algunos vascones, mientras los celtiberos lo hacían por Sertorio. Calagurris no abrió sus puertas a Pompeyo.

La lucha prosiguió con alternativas el 73 a.C., y en el 72 a.C. Quinto Sertorio fue asesinado en Osca por sus oficiales, Perpenna, Marco Antonio y otros. Perpenna asumió el gobierno de la Citerior como sucesor de Sertorio, pero poco después fue derrotado en combate, cayendo prisionero, y siendo ejecutado poco después.

En este momento diversas ciudades se sometieron a Pompeyo, entre ellas Osca. Los vascones leales a Sertorio, también se sometieron a Pompeyo. Solo tres ciudades se resistieron: Uxama (Osma), Clunia y Calagurris; pero las tres fueron tomadas por los legionarios romanos. La mayoría de los Sertorianos huyeron a Mauritania, o se unieron a los piratas.

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