Papa

Keywords: Papa, 100, 1098, 117, 180, 1947, 2003, 208

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El Papa es la cabeza de la Iglesia Católica Apostólica Romana y jefe del Estado Vaticano. Es un título tambien reclamado y por lo tanto disputado tanto por la Iglesia Ortodoxa como por la Iglesia Anglicana. Es el obispo de Roma, y entre sus títulos se cuenta el de Sumo Pontífice (del latín súmmum póntifex, 'máximo constructor de puentes'), tomado de los emperadores romanos, entre cuyas obligaciones estaba la de construirlos, y el de Vicario de Cristo, herencia del título que reconoce San Pablo a San Pedro. La palabra papa proviene del latín papas y éste del griego πάππας (páppas), «obispo». Además se dice que es el acrónimo de Petri Apostoli Potestatem Accipiens, que en latín quiere decir "El que sucede al Apóstol Pedro".

Tabla de contenidos

Orígenes del título

El evangelio -a juicio de los teólogos católico-romanos (lo que ha sido ampliamente rebatido por los protestantes)- refleja la voluntad de Jesucristo de que sus discípulos permanecieran unidos bajo la dirección de Pedro, a quien Jesucristo dio ese nombre en un momento solemne, llevando a sus apóstoles a una ciudad edificada junto a una roca, Cesarea de Filipo: "Y yo te digo que tú eres Pedro (gr. petros) y sobre esta Roca (gr. petra), Yo edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no prevalecerá contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra será también desatado en los cielos" (evangelio de Mateo, 16, 13-20).

Esta cita ha sido ampliamente debatida entre los partidarios del papado y sus detractores (fundamentalmente protestantes), que apoyándose en las citas de muchos de los padres de la Iglesia y escitores de la antiguedad cristiana afirman que la Roca es la confesión de Pedro de que Jesús es el Cristo, y no que Pedro mismo es la Roca.

Según el Catolicismo Romano, los apóstoles elegidos por Jesús como principales responsables de extender su mensaje "hasta el final de los tiempos" (Mateo 28,20), se reunieron, a petición de Pablo (quien ya después de su conversión al cristianismo había acudido a presentarse ante Pedro y los demás apóstoles), en Jerusalén, para solventar los primeros problemas graves surgidos acerca de las relaciones entre el cristianismo y la ley mosaica (Hechos de los Apóstoles, 15).

El gobierno jerárquico de la Iglesia católica se basa en la autoridad de los sucesores de los apóstoles, llamados obispos, reunidos en concilio bajo la autoridad del primero de los obispos. Para los católicos romanos , éste es el obispo de Roma, llamado Papa, porque tanto Pedro (que primero se trasladó de Jerusalén a Antioquía de Siria) como Pablo murieron en Roma. Esta es una de las razones por la que, a partir del siglo XI, la iglesia de esa ciudad fue reconocida por la Iglesia de Occidente como cabeza de las demás iglesias católicas romanas. Para el caso de Pablo, además del testimonio de sus cartas desde la prisión romana, existen testimonios arqueológicos y escritos de su martirio en Roma. Más importante es el caso de Pedro, a quien la mayoría de católicos considera que suceden los 263 papas que después de él han regido la Iglesia Católica Romana.

Pruebas de la muerte de San Pedro en Roma

A partir del siglo XI la iglesia católica romana ha hecho énfasis en el origen de la sucesión apostólica a partir de Roma. Debe tenerse en cuenta que en los inicios de esta tradición, el peso del Imperio Romano se había trasladado a Bizancio y hasta la ascensión de las ciudades italianas la sede romana no tuvo la importancia que luego alcanzó. Pocos disputan estas pruebas desde el punto de vista histórico, pero como ya se dijo, sí se disputa la conclusión de autoridad a que se puede llegar a partir de ellas, por otras razones. Entre las pruebas de esta sucesión apostólica, están las siguientes:

Las excavaciones arqueológicas realizadas en la segunda mitad del siglo XX bajo el altar mayor de la Basílica de San Pedro de Roma probaron que la tumba principal allí contenida, junto a varias inscripciones con el nombre "Petrus", contiene restos del siglo I. Existen además numerosos testimonios escritos. Los dos más importantes son:

La carta de Clemente Romano (tercer sucesor de Pedro), dirigida hacia el año 98 a los fieles de Corinto. En ella menciona el martirio de Pedro en Roma hacia el año 64, y el de Pablo. El hecho de que se dirija con autoridad a una Iglesia lejana (griega) deja claro -siempre a juicio de los teólogos católico-romanos- que los cristianos reconocían la autoridad del sucesor de Pedro.

Veinte años más tarde (hacia el año 117), el obispo Ignacio de Antioquía (Iglesia que también había sido presidida por Pedro), escribió siete cartas a sus fieles mientras viajaba como condenado a muerte hacia Roma. En una de ellas pide a los cristianos romanos que no intercedan por su liberación, pero aclarando que "Yo no os mando como Pedro y Pablo". Además de un testimonio del martirio romano de los dos principales apóstoles, lo es a la vez, a juicio de los teólogos católico-romanos, de la sumisión de las demás iglesias a la de Roma, lo cual según otros grupos cristianos no sujetos a Roma es muy discutible.

El Evangelio de Juan, redactado a fines del siglo I, cuando Pedro ya había muerto, no señala el lugar de su martirio, pero alude claramente a la muerte de Pedro por el martirio, y sabe evidentemente que fue ejecutado en la cruz (Juan 21). Que el lugar es Roma puede deducirse por los versículos finales de la primera carta de Pedro, que dice estar escrita en "Babilonia". La identificación entre Babilonia y Roma aparece en el Apocalipsis de Juan (14, 8; 16) y en la literatura judía apocalíptica y rabínica.

Otro documento cristiano, la "Ascensión de Isaías", redactado hacia el año 100, habla en estilo profético (documentando en realidad algo ocurrido en el pasado) de que uno de los doce apóstoles será entregado en manos de "Beliar, el asesino de su madre" (Nerón). El "Apocalipsis de Pedro", datable también a principios del siglo II, muestra también conocer el martirio de Pedro en Roma, al dirigirle esta frase: "Mira, Pedro, a ti te lo he revelado y expuesto todo. Marcha, pues, a la ciudad de la prostitución, y bebe el cáliz que yo te he anunciado".

Los testimonios sobre la muerte de Pedro en Roma continúan en oriente, con el obispo Dionisio de Corinto (180 d. C.); en occidente, con Ireneo de Lyon (muerto en el 208, discípulo de Policarpo, que a su vez había sido discípulo del apóstol Juan), y en África, por Tertuliano (muerto en el 220). Aún es más importante el hecho de que no haya iglesia cristiana que pretenda para sí esta tradición ni se levante una voz contemporánea que la combata o ponga en duda. Puede verse al respecto: Hubert Jedin, "Manual de Historia de la Iglesia", Herder, Barcelona 1980, tomo I, pp. 186-188.

Tradición católica

Para los católicos, el Papa es el Obispo de la Diócesis de Roma. Según la tradición católica, desde que San Pedro se estableció para predicar el Evangelio en la ciudad y nombró su sucesor a uno de los Presbíteros de la ciudad, se ha establecido la ciudad como la sede de la Iglesia Universal.

En el principio a los sucesores de San Pedro se los llamaba simplemente obispo de Roma. El título de Papa viene a ser usado muchos siglos después.

Actualmente en la Iglesia Católica, el Papa ostenta también oficialmente los siguientes títulos:

Su elección se realiza en cónclaves, en los que los cardenales votan al nuevo Papa (es un cargo vitalicio). Desde principios del siglo XIX, si hay acuerdo, se proclama mediante la fumata blanca, en caso contrario se anuncia con la fumata negra y se prosiguen las votaciones.

Lista de Papas

Nota: la lista de Papas ha sido puesta al día según información que aparece en el catálogo oficial (2003) que acompaña la exhibición de obras del Vaticano San Pedro y el Vaticano: la herencia de los papas, que recorrió América del Norte en 2003-2004. Según se indica en el catálogo, la lista se deriva de una recopilada por A. Mercati en 1947 bajo los auspicios del Vaticano, con algunos cambios adicionales en base de estudios y descubrimientos recientes.

Nota: existen otras listas de Papas, como por ejemplo la de Ireneo (en la que no aparecen san Pedro), Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telésforo, Iginio, Pío y Aniceto. (Enciclopedia Católica)

thumb||Fotografía tomada en la Basílica de San Pedro, de la lista de Papas sepultados en el Vaticano

Desde los orígenes a San Gregorio Magno

Esta primera etapa se caracteriza por una aureola de romanticismo que, a través de los años, se le ha ido dando a la Iglesia apostólica y post-apostólica. Es la era de la Patrística, de las definiciones de los dogmas fundamentales de la fe, de las persecuciones y también los años constitutivos de la liturgia con el pasaje de las celebraciones de las casas a las basílicas.

Opiniones contrarias al papado

Estas opiniones contrarias a la institución papal, principalmente del lado del protestantismo, se basan fundamentalmente en el mismo texto Bíblico que la iglesia de Roma usa como defensa del mismo. Así los protestantes alegan que el Evangelio dice: "A nadie llaméis padre vuestro sobre la tierra; porque uno es vuestro Padre que está en los cielos. Ni os llaméis maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos" (Mateo 23:9, 11). Además dicen que San Pedro no fue obispo de Roma ni designó ningún sucesor y que el apóstol Pedro no ejerció el pontificado de Roma por 25 años. Según ellos no existe prueba alguna histórica de que san Pedro ejerciera el cargo de obispo de la Iglesia de Roma por 25 años, ni mucho menos. Todo lo que dice la Iglesia Católica acerca del pontificado de san Pedro en Roma, se basa según ellos en una tradición posterior en 120 años a la muerte del gran apóstol, en la cual se afirma solamente que murió juntamente con san Pablo en aquella ciudad.

Existe una primera epístola del apóstol san Pedro, escrita en edad avanzada, en la cual el propio apóstol se declara residente en Babilonia (1ª Pedro 5:13). Algunos comentadores católicos han pretendido que con este nombre trataba de ocultar el de Roma. Esto podría alegarse, dicen los protestantes, si hubiera para ello otros indicios, por ejemplo: que en la misma halláramos citados nombres de cristianos de la Iglesia de Roma, como los tenemos en las cartas de san Pablo; pero sabiendo que Babilonia existía en días del apóstol con buen número de habitantes (entre ellos muchos judíos, a cuya evangelización san Pedro se había dedicado), y no habiendo otros indicios que prueben lo contrario, es mucho más natural creer que se refiere a la Babilonia bañada por el Eufrates. En la 2ª epístola de san Pedro, escrita poco antes de su muerte, según manifiesta el propio apóstol en su cap. 1º, vers. 14, no hay tampoco el menor indicio de que escribiese desde Roma, pues no menciona a ninguno de los grandes cristianos que por las cartas de san Pablo sabemos que vivían en Roma, a la sazón.

Cerca del año 58 (o sea después de dieciséis años de pontificado de san Pedro en Roma, según la tradición católica), san Pablo escribe su carta a los Romanos, y en ella no hace mención alguna a su obispo: aquel gran apóstol tan bien conocido por san Pablo, como vemos en otras epístolas suyas. Al final de esta carta hay una lista de 27 cristianos de Roma, a los cuales el apóstol envía saludos, poniendo alguna frase de elogio para cada uno de ellos; pero no envía ningún saludo para san Pedro, el pastor de la Iglesia.

Como tres años después, san Pablo mismo llegó a Roma, y muchos cristianos salieron a recibirle a una distancia de 25 kilómetros. Ni una palabra de que Pedro fuera a recibirle dice el autor de los Hechos de los Apóstoles.

San Pablo residió dos años en Roma, en calidad de preso custodiado, en la casa que tenía alquilada. Si san Pedro se halló ausente al tiempo de su llegada, como dicen algunos apologistas católicos, debió haber vuelto en tan largo espacio de tiempo. Durante estos dos años san Pablo escribió muchas epístolas, y en casi todas ellas envía salutaciones de la Iglesia y de varios cristianos prominentes de Roma; pero nunca menciona a san Pedro. En la carta dirigida a los Colosenses da los nombres de sus colaboradores, y añade: "Estos solos me ayudan en el reino de Dios" (Colosenses 4:7, 11). Pero entre éstos no se halla san Pedro, cuando de haber sido el obispo de Roma debía figurar como el primero de sus ayudadores.

En su 2ª carta a Timoteo, refiriéndose san Pablo al final de estos dos años, cuando fue presentado a Nerón, dice: "En mi primera defensa nadie me asistió; todos me desampararon: ruego a Dios que no les sea imputado" No hace una sola mención a Pedro, que hubiese estado en Roma esos años.

Poco antes de su muerte, como lo expresa al decir: "Yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano", el apóstol san Pablo envía por última vez saludos de cuatro cristianos principales de Roma: "Eubulo, Pudente, Lino y Claudio" (2ª Timoteo 4:21). (Es este Lino a quien los católicos suponen sucesor de san Pedro y segundo papa de Roma). Pero el nombre de san Pedro no es mencionado, a pesar de que faltaban pocos días para que, según la tradición católica, san Pedro y san Pablo fuesen ejecutados juntos en el monte Tiber, cercano a Roma. De todos estos hechos se deducen, de un modo indubitable, siempre a juicio del protestantismo, las siguientes conclusiones:

1ª Que san Pedro nunca fue obispo de Roma; y que su pontificado de 25 años es una mera leyenda, ya que no existen pruebas históricas de que él estuviera, no 25 años, sino ni siquiera una semana, ejerciendo el pontificado en aquella ciudad; y, en cambio, nos vemos abrumados de hechos que lo contradicen.

Que Pedro sufriera el martirio en Roma, es otra cosa. También lo sufrió Ignacio, y era obispo en Antioquía. Sin duda, fue sobre este suceso histórico que se trató de establecer la supremacía (no infalibilidad) del obispo romano sobre los demás obispos de la antigüedad.

Es muy extraño que aquellos obispos antiguos que, acuciados por la conveniencia de formar un bloque en medio de las controversias dogmáticas de la época, tratan de establecer la supremacía del obispo de Roma como sucesor de san Pedro, no traigan a luz, en sus tiempos, tan cercanos al gran apóstol, ningún documento de su pluma, ni de la de los primeros obispos de Roma, que demuestre que el apóstol les confirió de un modo concreto tal sucesión y poder.

2ª Si se quiere conceder alguna veracidad a la tradición de que san Pedro murió, juntamente con san Pablo, sobre el monte Tiber, en el año 67, sin que dicha tradición se halle en contradicción con los documentos apostólicos, tenemos que suponer que san Pedro fue llevado preso a Roma muy poco antes de la fecha de su muerte; y que el encuentro de los dos grandes apóstoles fue una gran sorpresa para ambos en aquel memorable día, en que iban a morir juntos.

3ª Si san Pedro no ejerció el pontificado en Roma, mal podía nombrar como sucesor suyo a un obispo de aquella ciudad.

4º De esperar era que en su segunda epístola, cuando el apóstol san Pedro declara la proximidad de su fallecimiento (cap. 2; vers. 14), dijese a quién tenían que obedecer una vez él hubiere dejado "su tabernáculo". Pues en lugar de dar el nombre de un sucesor, se limita a decir que: procurará dejarles memoria de las cosas de las cuales él había sido testigo, en cuanto a la vida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo. Esta promesa quedó cumplida, según los santos padres, en la redacción del Evangelio de S. Marcos, el cual fue escrito, según Papías, bajo la inspiración de san Pedro.

Los católicos tradicionalistas dicen que nombró a san Lino; pero no aportan de ello ninguna prueba. Por allá del siglo XII, dijeron que se había descubierto un documento, no de san Pedro, sino de otros inmediatos obispos de Roma, declarando que tal nombramiento había tenido lugar. Nos referimos a las Falsas Decretales. Hoy día no hay ningún teólogo católico romano que se atreva a afirmar la autenticidad de tales documentos. Hay en ellos demasiadas contradicciones y señales de haber sido redactadas en el siglo XI y no en el II, para poder apoyar sobre ellos un dogma tan importante para la Iglesia. Incluso los jesuitas, los más ardientes defensores del papado, así lo han reconocido.

La interpretación de los santos padres

La interpretación que dan a las palabras: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", muchos santos padres, es que la piedra no es la persona de Pedro, sino la capital declaración que éste acababa de hacer de que Jesús era el Hijo de Dios.

San Cirilo de Alejandría, en su cuarto libro sobre la Trinidad, dice: "Por la roca debéis entender la fe Invariable de los apóstoles" S. Cirilo de Alejandría, Dial. IV. Trinitate, núms. 507-8. San Hilario, obispo de Poitiers, en su 2º libro sobre la Trinidad, dice: "La roca (piedra) es la bendita y sola roca de la fe confesada por boca de san Pedro" San Juan Crisóstomo dice en su homilía 55 comentando S. Mateo: "Sobre esta roca edificaré mi Iglesia. Es decir, sobre la fe de su confesión. Ahora bien, ¿cuál fue la confesión del apóstol? Hela aquí: - Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo -." Hom. 54 in Mat. 2; MG 58, 534. Orígenes exclama: "Si suponéis que Cristo fundó su Iglesia sólo sobre Pedro, ¿qué papel asignáis a los demás apóstoles? ¿Qué les concedéis a Santiago y a Juan, que también Cristo les puso el sobrenombre de hijos del trueno, para indicar su gran significación?" San Ambrosio escribió: "Petrus primatum confessio acceptit, non honoris" (Pedro no aceptó los honores de su primera confesión). Fabián, uno de los primeros obispos de Roma (y por ello para los catolico-romanos, un "Papa"), escribió al emperador Zenón que Cristo había dicho a Pedro: "Super ista confessiono, aedificabo Ecclesiam" (Sobre esta confesión edificaré mi Iglesia) De Incarnat., cap. 4. San Agustín, en un comentario sobre la primera epístola de S. Juan, dice: "¿Qué significan las palabras "Edificaré mi Iglesia sobre esta roca? Sobre esta fe, sobre eso que me dices: Tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo" El gran obispo predicaba a su grey en su sermón XIII: "Tú eres Pedro, y sobre esta roca que tú has confesado, sobre esta roca que tú has reconocido diciendo: "Tú eres Cristo, el hijo del Dios vivo", edificaré mi Iglesia: Sobre mí mismo, que soy el hijo del Dios vivo, la edificaré, y no yo sobre ti."

El sacerdote católico reverendo padre Launoy, tratando precisamente de establecer su tesis del primado de san Pedro, fue obligado a confesar la verdad acerca de las encontradas opiniones patrísticas, tuvo que declarar haber encontrado lo siguiente:

Citas de padres de la Iglesia en favor de que Pedro es la roca: diecisiete. Citas de padres de la Iglesia declarando que la roca es la fe confesada por Pedro: cuarenta y cuatro. Citas declarando que la roca es Cristo mismo: dieciséis. Citas que expresan que la roca fundamental de la Iglesia es la fe de todos los apóstoles: ocho

Significado de la palabra "Papa"

El origen de la palabra esta en la palabra griega para "Padre", como se indicó anteriormente. Un significado tradicional católico está dado por el acróstico formado por las iniciales de cuatro palabras latinas:

y se traducen así: "El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro". Propuesta por Urbano II, tras el Gran Cisma, para designar a todos los primeros pontifices de la religión católica en 1098, reune las iniciales de:

El segundo significado tradicional es el que corresponde a la unión de las dos primeras letras de las palabras latinas PAter y PAstor, que se traducen como "Padre y Pastor"

Otros papas

Al General de la Orden de los Jesuítas siempre se le ha llamado el Papa negro debido a que en dicha orden lucen una sotana negra, incluyendo al General (el Papa siempre lleva sotana blanca).

También se llaman papas a algunos jefes de otras iglesias cristianas distintas a la católica:

Hay que destacar también la existencia de un antipapa o Papa alternativo en algunas de estas iglesias a lo largo de la historia.

Ver también

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