Novena Sinfonía de Beethoven

Keywords: Novena Sinfonía de Beethoven, Ludwig van Beethoven, Viena, Violonchelo

El 7 de mayo de 1824, diez años después de la Octava Sinfonía, Ludwig van Beethoven da a conocer al mundo su Novena Sinfonía, en re menor, posteriormente conocida como “Coral”. La presentación tiene lugar en el Teatro de la Corte Imperial de Viena, abarrotado de celebridades, aristócratas, nobleza y sangre real. Nadie quiere perderse el estreno de la esperada sinfonía y de la que se presume que sea la última aparición pública del genio alemán, como efectivamente así fue: en los tres años siguientes, se recluyó en casa aquejado de diversas enfermedades que lo postraron hasta su muerte. Beethoven sube a la tarima de espaldas al público, y no se da la vuelta ni aún finalizado el recital. Su sordera es total, no oye absolutamente nada de lo que ha creado. Cuando la sinfonía concluye, el teatro estalla en aplausos, y una solista ha de alzar el brazo del maestro y girarlo para que vea, entre lágrimas, como todo el público puesto en pie lo homenajea enardecido, en lo que es un triunfo musical sólo comparable a “La victoria de Wellington”. A los 54 años de edad, Beethoven ha creado su obra más grandiosa y eterna.

La Novena Sinfonía arranca de forma poderosa, con un tema principal que transcurre en escalas y variaciones trepidantes, con incisos más adelante para los momentos líricos, nuevamente interrumpidos por la intensidad titánica de la composición. El volumen de la sinfonía es brutal para la época.

El segundo movimiento es calificado por algunos cronistas como “el infierno en llamas”, por su contundencia y velocidad, suavizado majestuosamente en la recapitulación. El tercer movimiento, aunque sosegado, conduce firmemente a lo que será el cuarto movimiento, que contiene una melodía fácilmente reconocible y mundialmente famosa. El movimiento comienza con breves recapitulaciones de los movimientos anteriores, a los cuales los violonchelos contestan con comentarios inicialmente pensados para la voz humana. Finalmente, el tenor irrumpe con un llamada "Amigos no en esos tonos..." tras lo cual la melodia del himno a la alegria es tocado, primero por la orquesta, y luego por el coro. Los violonchelos, las flautas y los oboes crean el clima y las voces masculinas y femeninas se alternan declamando la “Oda a la Alegría” de Schiller (de ahí lo de “Coral”), arropadas por el todo orquestal.

La sinfonía avanza y se eleva sobre sí misma, mientas los coros llegan a niveles atronadores. Una doble fuga da el contrapunto pausado que lleva al veloz y prolongado cántico final, un desenlace de sinfonía único. Beethoven quería impresionar a sus oyentes y subrayar sus propósitos de fraternidad universal, y lo logró con este movimiento, que es más bien un ejercicio operístico. El tratamiento de la orquesta, por otro lado, resulta insuperable.

Coro del cuarto movimiento

Texto en alemán
Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt; (también: "Was der Mode Schwert geteilt;")
Alle Menschen werder Brüder, (también: "Bettler werden Fürstenbrüder,")
Wo dein sanfter Flügel weilt.
Seid umschlungen, Millionen!
Diesen Kuss der ganzen Welt!
Brüder - überm Sternenzelt
Muss ein lieber Vater wohnen.
Wem der grosse Wurf gelungen,
Eines Freundes Freund zu sein,
Wer ein holdes Weib errungen,
Mische seinen Jubel ein!
Ja, wer auch nur eine Seele
Sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer´s nie gekonnt, der stehle
Weinend sich aus diesem Bund!
Freude trinken alle Wesen
An den Brüsten der Natur,
Alle Guten, alle Bösen
Folgen ihrer Rosenspur.
Küsse gab sie uns und Reben,
Einen Freund, geprüft im Tod.
Wollust ward dem Wurm gegeben,
Und der Cherub steht vor Gott.
Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahndest du den Schöpfer, Welt?
Such ihn überm Sternenzelt,
Über Sternen muss er wohnen.
Froh, wie seine Sonnen fliegen
Durch des Himmels prächtgen Plan,
Laufet, Brüder, eure Bahn,
Freudig wie ein Held zum Siegen.
Texto en español
¡Alegría! Alegría, bella chispa divina,
hija del Eliseo,
entramos ardientes de embriaguez,
¡oh, celeste!, en tu santuario.
Tu magia anuda los lazos
Que la rígida moda rompiera; (también: Que la espada de la moda rompiera;)
Y todos los hombres serán hermanos (también: Y los mendigos serán hermanos de nobles;)
bajo tus dulces alas bienhechoras.
¡Abrazaos, millones de seres!
¡Este beso para el mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda de las estrellas
Seguramente debe habitar un Padre amado.
Quien tuvo el golpe de suerte
De tener la amistad de un amigo cierto,
Quien ha conquistado una noble mujer,
Que una su voz de júbilo a la nuestra.
Si, que venga aquél que en la Tierra
Pueda llamar siquiera suya un alma,
Pero, quien jamás lo ha logrado
Que se aleje llorando de nuestro grupo.
Se derrama la alegría para todos los seres
Por todas las fuentes de la naturaleza;
Todas las criaturas, buenas o malvadas,
Siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y los vinos,
Y un buen amigo probado hasta la muerte;
Al pequeño gusano se dio la voluptuosidad
Como al querubín que está ante Dios.
¿Os venís abajo, millones de seres?
¿Mundo, presientes al Creador?
¡Búscalo por encima de las estrellas,
allí debe estar Su morada!
Alegres, como vuelan sus soles
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra senda,
Con la alegría del héroe en pos de victorias.

Beethoven

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