Nacionalismo español

Keywords: Nacionalismo español, Capitalismo, Casa de Borbón, Ciudadano, Cortes de Cádiz, Cultura, Ejército, España, Estado

Con el triunfo, a partir de los siglos XVIII y XIX, de las sociedades liberales, los nuevos estados-nación, irán desarrollando unas nuevas colectividades interclasistas, homogeneizadas y codificadas de ciudadanos propietarios, habitantes de un espacio económico cada vez más abierto para el despliegue eficaz de las formas capitalistas.

Esos nuevos colectivos nacionales, en proceso de formación, necesitarán un nuevo instrumento para la cohesión social. Y también un nuevo instrumento de legitimación del poder que sustituya al derecho divino o la cuna, definitivamente desplazados como elementos de sustentación del poder político. Un nuevo escenario en fin del poder del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo.

Para ello, los estados liberales emergentes, instrumentalizarán a la historia, trasladándola desde el lugar marginal que ocupaba, hasta el centro de un nuevo sistema pedagógico, útil para formar, a estos buenos, ilustres y sobre todo, leales ciudadanos de estas nuevas naciones.

La historia obtendrá en esta nueva era, un protagonismo más relevante que el que tenía en la antigüedad. Este nuevo rango no le hará olvidar la base de su sustento y seguirá manteniendo su finalidad política anterior, pero esta vez, al servicio de los nuevos grupos sociales. El origen de la historia como ciencia en la era moderna, es por tanto inseparable de su utilidad pública, de su uso como herramienta de legitimación.

Así la historia se convertirá en el envoltorio ideológico de las relaciones de control del nuevo estado. Un nuevo estado que tras el hundimiento de los últimos resquicios del poder feudal, controla eficazmente sus fronteras y regula con detalle la vida económica y social en sus ámbitos de influencia.

Y es que este nuevo estado, además de nacionalizar las cuestiones esenciales del presente: la soberanía, la justicia, las riquezas en manos muertas, o el ejército, buscará también su legitimidad en base a la nacionalización de la cultura, la información, la memoria y el pasado, y todo ello buscando como objetivo una nueva cohesión social. En otras palabras: al mismo tiempo que el nuevo estado irá ordenando el territorio con las nuevas infraestructuras, también ordenará el pasado para hacerlo coherente con el status político del presente.

De esta manera los nuevos sistemas educativos basados fundamentalmente en la enseñanza de la historia y la geografía, pasarán a ser uno de los cauces, conscientemente utilizados desde el poder, para la homogeneización de los ciudadanos sobre los que se establecerá una nueva identidad, un nuevo universo simbólico que articule unas determinadas lealtades y por ende unas determinadas formas de sentir y de actuar.

Así, transformando el conocimiento de la historia en disciplina de currículo obligatorio dentro de los nuevos sistemas educativos, los nuevos estados liberales, irán ahormando a la ciudadanía, como perteneciente a un acervo común y configurando en ella comportamientos nacionales.

Para ello los historiadores irán seleccionando los innumerables hechos históricos con el fin de dotarlos de un destino manifiesto. Y tal selección conllevará una afirmación de la rotundidad de algunos hechos y una relativización del significado de otros.

La forma de escribir la historia decidirá por tanto quién fue importante y quién puede ser omitido en la recomposición del pasado. Quién debe ser recordado y quién puede ser olvidado.

De esta manera se realizará una narración histórica sesgada, que no buscará explicar sino reclamar. Una narración histórica que otorgará sentido histórico al pasado de la comunidad nacional del presente. El pasado será por tanto movilizado y la memoria gestionada, construyendo un discurso histórico como elemento de poder.

Siguiendo las tendencias de los estados liberales europeos, la práctica totalidad de la producción de la historiografía nacionalista española, estará construida a partir de los segmentos, acontecimientos, datos, citas o textos que potencialmente tengan una coherencia nacional y que presenten una significación por sí mismos, eliminando los elementos turbadores o incómodos para el encaje necesario en el devenir histórico de España como elemento unitario.

La historia, tendrá por tanto como función, la de explicar y catalizar la nueva realidad estatal y nacional surgida a partir de las Cortes de Cádiz. Se tratará por tanto de hilvanar los hechos acaecidos en la península para corroborar una genealogía de España como nación, con un pueblo dotado desde la más remota antigüedad, de una trayectoria vital común. La Historia se convertirá así en el soporte para construir el relato natural de España como nación.

De esta manera y desde el pasado, eliminaremos la necesidad del debate, todavía no resuelto para muchos, de la articulación del estado. No hará falta discutir este aspecto a tenor de la impresionante trayectoria homogénea de España desde los siglos visigodos. Los procesos históricos rivales, las memorias alternativas construidas desde los nacionalismos periféricos, los hechos históricos analizados desde una visión más plural, compleja o incluso contradictoria de las Españas, serán laminados por la visión centralista y castellanizadora de la historia.

Siguiendo ese objetivo, en las décadas centrales del romántico siglo XIX los historiadores harán realidad la visión compacta de un Pueblo español dotado de ingredientes perennes, de una esencia española, mantenida inalterable, desde Indíbil y Mandonio. Y esta lista de héroes de la Patria, expresarán con su actividad, el sentir de toda la colectividad española. Así, tanto Recaredo y Guzmán el Bueno, como Daoiz y Velarde, el Cid, Fernando el Santo, los Reyes Católicos, Agustina de Aragón o Hernán Cortés se transformarán en encarnaciones del carácter español. Incluso se encajará en esa lista de españolidad, aunque con fórceps, a los emperadores hispano-romanos al lusitano Viriato.

Será algo así como si España, fuese la meta de una carrera en el tiempo, en la que cada corredor (los visigodos, los reyes cristianos castellanos, los borbones o los liberales gaditanos) pasara al siguiente equipo la antorcha del estado, de la esencia cultural o de las raíces populares españolas.

Keywords: Nacionalismo español, Capitalismo, Casa de Borbón, Ciudadano, Cortes de Cádiz, Cultura, Ejército, España, Estado