Musa

Keywords: Musa, Aedea, Alejandro Magno, Apolo, Arcadia, Asclepio, Astronomía

Dioses de la
mitología griega

Conceptos personificados:

En la mitología griega, las Musas (en griego Μουσαι, Mousai) son las nueve diosas arcaicas que encarnaban la correcta evocación del mito, inspirado a través de las canciones memorizadas e improvisadas y la música y baile tradicionales. Con los panteón olímpico, Apolo fue designado su jefe como Apolo Musageta.

Según la Teogonía de Hesíodo, son las hijas de Zeus, rey de los dioses, y Mnemósine, diosa de la memoria (Apolo, por tanto, era su hermano). Para Alcman y Mimnermo eran incluso más primordiales, pues habría surgido de Urano y Gaia.

Compárese con las inspiradoras ninfas romanas de las fuentes, las Camenas.

Tabla de contenidos

Las Musas en la mitología

De acuerdo con Pausanias originalmente había tres musas: Aedea («canto», «voz»), Meletea («ensayo» o «meditación») y Mnemea («memoria»). Juntas formaban el retrato completo de las precondiciones para el arte poético en las prácticas religiosas. Se las representaba como trillizas idénticas, cada una ocupada en una acción diferente del proceso creativo.

Probablemente el culto heliónico a las musas fue el que alcanzó mayor importancia a nivel popular. Por poseer virtudes proféticas fueron asociadas al culto a Apolo, convirtiéndose así en guardianes de su santuario en Delfos. En esta ciudad se pensaba que las musas eran tres, llamadas según los grados de la escala musical tónica: Nete, Mese e Hípate. Eran consideradas personificaciones de las tres cuerdas de la lira de Apolo. Más tarde Tzetzes hablaba de tres hijas del dios solar llamadas Cefiso, Apolonis y Boristenis.

En Sicilia y en la isla de Lesbos, se conocía y adoraba a siete musas, relacionándolas con los planetas en clara alusión simbólica a la armonía musical del universo.

Las nueve musas canónicas son:

Juntas componen el retrato de los temas propios del arte poético en el periodo arcaico. Sin embargo, la asociación de musas específicas con determinadas formas artísticas es una innovación posterior, y ha sido considerada pedante.

En el arte romano, renacentista y neoclásico, las musas representadas en esculturas o pinturas de distinguen a menudo por ciertos atributos o poses, como emblemas:

Apolo y Marsias

Apolo era considerado el jefe del coro de las Musas (Musageta). Gracias a la intervención de éstas, llevaba la cultura e inspiraba creativamente a los humanos. Viajaron juntos en Pegaso esparciendo la cultura y las artes por toda Arcadia.

Marsias era un pastor frigio (en otras versiones, un sátiro) que desafió a Apolo a un concurso de música. Había encontrado un aulos inventado por Atenea que ésta había tirado porque le hacía hinchar sus mejillas. Apolo tocó su lira y Marsias esta flauta, y ambos tocaron tan bien que ni Midas, al que había invitado como juez, ni las Musas pudieron decretar un vencedor. Entonces Apolo retó a Marsias a tocar el instrumento del revés: él giró su lira y tocó, pero el aulos no podía tocarse del revés. Entonces las Musas declararon vencedor a Apolo, pero Midas objetó contra este veredicto. Las Musas estaban en mayoría y se negaron a ceder. Apolo, para castigar a Marsias por su soberbia y audacia al retar a un dios, lo ató a un árbol y lo desolló vivo, dando su sangre origen al río Marsias (en otras versiones, los faunos, los sátiros y las dríades le lloraron tanto que fueron sus lágrimas las que engendraron el río). Seguidamente tocó la cabeza de Midas, y las orejas de éste crecieron hasta ser como las de un burro.

Las Piérides

Según la leyenda, las Piérides eran nueve doncellas muy hábiles en el arte del canto que, orgullosas de su talento, desafieron a las Musas. Las ninfas del Parnaso fueron nombradas como jueces, y como era de esperar fallaron a favor de las Musas. Éstas castigaron a las Piérides transformándolas en urracas, tornando sus voces en graznidos.

Orfeo

Tras ser asesinado por Dioniso, las Musas recogieron los trozos del cadáver de Orfeo, hijo de Calíope y sobrino de las otras ocho, y los enterraron al pie del sagrado monte Olimpo, donde se dice desde entonces que los ruiseñores cantan con más dulzura que en ningún otro lugar.

Tamiris

Tamiris, legendario cantor hijo de Filamón y la ninfa Argiope, desafió a las Musas, exigiendo de salir vencedor unirse sucesivamente con las nueve. Las Musas vencieron, y cegaron a Tamiris por su arrogancia.

Funciones en la sociedad

La palabra griega mousa es un sustantivo común además de un tipo de diosa: significa literalmente «canción» o «poema». En la obra de Píndaro, «llevar una mousa» es «cantar una canción». La palabra deriva probablemente de la raíz indoeuropea men-, que es también el origen del griego Mnemósine, del latín Minerva, y de las palabras castellanas «mente», «memoria» y «museo» (lugar de la memoria, para recordar).

Las Musas eran por tanto las personificaciones y las patrocinadoras de las representaciones y los discursos en verso, o mousike (de donde proviene «música»), que era el arte de las Musas. En el periodo arcaico, antes que los libros estuviesen ampliamente disponibles, esto incluía casi todas las formas de enseñanza: el primer libro griego de astronomía, escrito por Tales, estaba en hexámetros dactílicos, igual que muchas otras obras de la filosofía presocrática. Tanto Platón con los pitagóricos incluían explícitamente la filosofía como un subgénero de mousike (Estrabo 10.3.10). Herodoto, cuyo principal medio de expresión era la recitación pública, llamó a cada uno de los nueve libros de sus Historias con el nombre de una Musa diferente.

Para el poeta y legislador Solón (fragmento 13), las Musas era la clave de la buena vida, pues traían tanto la prosperidad como la amistad. Solón buscó la perpetuación de sus reformas políticas a través del estrablecimiento de la declamación de su poesía, completada con invocaciones a sus Musas prácticas, por parte de chicos atenienses en los festivales de cada año.

Funciones en la literatura

Las musas son típicamente invocadas al principio o cerca de él en un poema o historia épica. Han servido de ayuda a un autor, o como auténtico orador del que un autor no es más que la voz. Originalmente la invocación a las musas era una indicación de que el orador se movía en la tradición poética, de acuerdo a las fórmulas establecidas.

Dos ejemplos clásicos son el libro I de La Odisea de Homero:

«Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos,
que, después de destruir la sacra ciudad de Troya,
anduvo peregrinando larguísimo tiempo»

y el canto II del Infierno de Dante:

«¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme!
¡Oh memoria que apunta lo que vi,
ahora se verá tu auténtica nobleza!»

Cultos a las Musas

Cuando Pitágoras llegó a Crotón, su primer consejo a los crotonienses fue construir un altar a las Musas en el centro de la ciudad, para impulsar la armonía cívica y el saber.

Los cultos locales a las Musas solían estar asociados con los manantiales o las fuentes. A veces eran llamadas Aganípedas debido a su relación con una fuente llamada Aganipe. Otras fuentes, llamadas Hipocrene y Pirene era también importantes para las musas. También se las llamaba a veces Corícides o Coricianas por una cueva en el monte Parnaso llamada Coricia.

Las Musas era especialmente veneradas en Beocia, por lo que recibían el sobrenombre latino de aeonides, cerca de Helicón, y en Delfos y el Parnaso, donde Apolo llegó a ser conocido como Mousagetes, Musagetes o Musageta («jefe de las Musas»).

La adoración a las Musas solía estar también asociada con el culto a los poetas: tanto la tumba de Arquiloco en Tasos como las de Hesíodo y Tamiris (a quien cegaron) en Beocia albergaban festivales en los que las declamaciones poéticas eran acompañadas de sacrificios a las Musas.

La Librería de Alejandría y su círculo de investigadores fueron formados alrededor de un mousaion ("museo" o altar a las Musas) cercano a la tumba de Alejandro Magno.

Muchas figuras de la Ilustración buscaron restablecer un «Culto a las Musas» en el siglo XVIII. Una popular logia masónica en el París prerrevolucionario era llamada Neuf Seurs («nueve hermanas», es decir, nueve Musas), y a ella asistieron Voltaire y Benjamin Franklin. Un efecto secundario de este movimiento fue el uso de la palabra «museo» (originalmente, «lugar de culto a las Musas») para referirse a un lugar destinado a la exhibición pública de conocimiento.

La tradición clásica

La poetisa Safo de Lesbos también fue recompensada con el enorme cumplido de ser llamada "la décima Musa".

La palabra musa se usa figurativamente para referirse a alguien que inspira a un artista.

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