Luis Vélez de Guevara
Keywords: Luis Vélez de Guevara, 1579, 1644, Anfibología, Auto sacramental, Barroco, Batalla de Lepanto, Conceptismo, Elipsis
Luis Vélez de Guevara (Écija, 1579 - Madrid, 1644), dramaturgo y novelista español del Siglo de Oro dentro de la estética del Barroco conocida como Conceptismo. Fue hijo del licenciado Diego Vélez de Dueñas y de Francisca Santander. Estudió en Osuna (1596) y fue soldado en Italia en el ejército del Conde de Fuentes, participando en las campañas de Saboya y Milán bajo el nombre de Luis Vélez de Santader; se estableció en Madrid y empezó a utilizar los apellidos por los cuales es más conocido desde 1608, año en que casa con Úrsula Remesyl Bravo, a la que también cambió el apellido por Bravo de Laguna. Aún casaría tres veces más. Anduvo siempre comido de deudas, si se ha de juzgar por los numerosos versos de circunstancias que dedicó a pedir. Sin embargo, alcanzó un buen cargo, el de ujier de cámara, que a su muerte legó a su hijo Juan, quien fue también escritor y dramaturgo, si bien menos fecundo que su padre.
Como autor dramático es un continuador de la comedia nueva de Félix Lope de Vega, muchos de cuyos temas utilizó. Como él, insertó romances populares y canciones de la lírica popular en sus piezas y adaptó temas heroicos de la historia nacional. En ambos aspectos destacó, pero se le recuerda sobre todo por sus magníficas comedias de tema histórico: Atila, azote de Dios, Tamerlán de Persia y El príncipe esclavo y hazañas de Escandenberg escenifican temas de historia extranjera, si bien su obra maestra en esta temática es Reinar después de morir, donde adapta con gran finura y altura poética los trágicos amores de Inés de Castro que tanto sugestionaron a los autores dramáticos europeos y peninsulares, entre los que habría que citar a Jerónimo Bermúdez con sus Nises, a Tirso de Molina con su Siempre ayuda la verdad o a Luis de Camoens en el canto III de su Os lusiadas; en historia nacional, sin embargo, alcanza más cumbres poéticas: Más pesa el rey que la sangre dramatiza la leyenda de Guzmán el Bueno; La restauración de España recuerda la de Pelayo y Covadonga; El diablo está en Cantillana reseña la leyenda en la que un hombre se disfraza de fantasma para evitar que el rey Pedro I el Cruel mancille su honra; La luna de la sierra se desarrolla en tiempo de los Reyes Católicos en torno a la figura del malogrado príncipe don Juan; en El águila del agua dramatiza la figura de Don Juan de Austria y la batalla de Lepanto.
En leyendas folclóricas de romances y cancioncillas populares se inspiran La serrana de la Vera y La niña de Gómez Arias. La primera cuenta la historia de la serrana que asesinaba a los hombres después de yacer con ellos; la segunda, la de la jovencita seducida y vendida después como esclava. Esta última es fuente directa de la comedia del mismo título de Pedro Calderón de la Barca, quien la refundió.
También compuso Vélez comedias bíblicas como La hermosura de Raquel, Santa Susana y La Magdalena, así como no pocas piezas pertenecientes al género del auto sacramental. Es más, cultivó con éxito el entremés y comedias de diversión evanescente y pasatiempo como El embuste acreditado y El disparate creído.
Como novelista es autor de una novela parangonable al género de la novela picaresca, si bien no estrictamente, ya que más bien se acerca a la sátira lucianesca de costumbres de forma parecida a los Sueños de Quevedo, El diablo Cojuelo, publicada en 1641. Su estilo es acusadamente conceptista, por lo cual a veces roza lo ininteligible, de tanto como llega a concentrar significados con todo tipo de anfibologías, dobles sentidos, juegos de palabras, retruécanos y elipsis, quizá con la intención no declarada de competir con Francisco de Quevedo. El argumento es el siguiente: un estudiante que huye de la justicia entra en una buhardilla de un astrólogo y allí libera aun diablo encerrado en una redoma, quien en agradecimiento, levanta los tejados de Madrid y le enseña todas las miserias, trapacerías y engaños de sus habitantes. Este recurso narrativo sin embargo no es nuevo, y se inspira claramente en Los anteojos de mejor vista (1620-1625) de Rodrigo Fernández de Ribera.
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