Luis de Góngora y Argote

Keywords: Luis de Góngora y Argote, 1561, 1627, 1633, Barroco, Conceptismo

Luis de Góngora y Argote (Córdoba (España) (1561-1627). Fue un religioso y poeta español del Siglo de Oro. Ha sido catalogado como el más grande poeta de España y sus obras fueron objeto de exégesis ya en el Siglo de Oro.

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Biografía

Poeta y dramaturgo español, nació en Córdoba, España el 11 de julio de 1561 y murió en su ciudad natal el 23 de mayo de 1627. Estudió en Salamanca y fue beneficiado de la catedral cordobesa, en cuyo cometido viajó en diversas comisiones de su cabildo por Galicia, Navarra y ambas Castillas. Felipe III le nombró capellán real y para desempeñar tal cargo vivió en la corte hasta 1626, arruinándose para conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; murió al año siguiente en Córdoba. Velázquez lo retrató con frente amplia y despejada, y por los pleitos, los documentos y las sátiras de su gran enemigo, Francisco de Quevedo, sabemos que era jovial y hablador, muy sociable y amante del lujo y de las diversiones profanas, como por ejemplo los naipes y los toros, hasta el punto de que se le llegó a reprochar muy frecuentemente lo poco que dignificaba los hábitos eclesiásticos. En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, que fue amigo suyo y uno de sus mejores discípulos poéticos.

Obra

Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), sus obras pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado, sin embargo, es el llamado Manuscrito Chacón, copiado para el Conde-Duque de Olivares, ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema. El mismo año de su muerte, sin embargo, Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español, edición que fue recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en 1633. Por otra parte, sus obras, como las de Juan de Mena y Garcilaso, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes como Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.

Aunque en sus obras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo ("el mayor fiscal de mis obras soy yo", solía decir), quedó incorforme y decidió intentar, según sus propias palabras, "hacer algo no para muchos" e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o, con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo, Culteranismo, por analogía con la palabra luteranismo, ya que sus adversarios consideraban a los poetas culteranos herejes de la poesía.

Poemas

Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema piratesco o del tono más lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas y satíricas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618), complejísimo poema que fue el que costó más trabajo a su autor y tenía en más estima, y donde se intenta elevar la parodia a categoría tan artística como las demás. La mayor parte de las letrillas están dirigidas, como en Quevedo, a escarnecer a las damas pedigüeñas y a atacar el deseo de riquezas. Merecen también su lugar las sátiras contra distintos escritores, especialmente Quevedo o Lope de Vega.

Junto a estos poemas, a lo largo de su vida no dejó Góngora de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso "Descaminado, enfermo, peregrino...", que anuncia las Soledades. Destacan, sin embargo, los últimos, de tema autobiográfico, en los que el tema de la decrepitud, la vejez y el paso del tiempo adquieren una trágica grandeza.

Los poemas mayores fueron, sin embargo, los que ocasionaron la revolución culterana y el tremendo escándalo subsiguiente, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética. Son la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las incompletas e incomprendidas Soledades (la primera compuesta antes de mayo de 1613). El primero narra mediante la estrofa octava real un episodio mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, el de los amores del cíclope por la ninfa Galatea, que le rechaza. Al final, Acis, el enamorado de Galatea, queda convertido en río. Se ensaya ahí ya el complejo y difícil estilo culterano, lleno de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar y dilatando la forma de manera que el significado se desvanezca a medida que va siendo descifrado.

Soledades

Las Soledades iban a ser un poema en silvas, dividido en cuatro partes, correspondientes cada una alegóricamente a una edad de la vida humana y a una estación meteorológica, y serían llamadas Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. Pero Góngora sólo compuso la dedicatoria al Duque de Béjar y las dos primeras, y dejó inconclusa la segunda, de la cual los últimos 43 versos fueron añadidos bastante tiempo después. La estrofa no era nueva, pero sí era la primera vez que se aplicaba a un poema tan extenso. Su forma, de carácter antiestrófico, era la que daba más libertad al poeta, que de esa manera se acercaba cada vez más al verso libre y hacía progresar la lengua poética hasta extremos que sólo alcanzarían los poetas parnasianos y simbolistas franceses en el siglo XIX.

El argumento de la Soledad primera es bastante poco convencional, aunque se inspira en un episodio de la Odisea, el de Nausicaa: un náufrago joven arriba a una costa y es recogido por unos cabreros. Pero este argumento es sólo un pretexto para un auténtico frenesí descriptivo: el valor del poema es lírico más que narrativo, como señaló Dámaso Alonso. Góngora ofrece una naturaleza arcádica, donde todo es maravilloso y donde el hombre puede ser feliz, depurando estéticamente su visión, que sin embargo es rigurosamente materialista y epicúrea (intenta impresionar los sentidos del cuerpo, no sólo el espíritu), para hacer desaparecer todo lo feo y desagradable. De esa manera, mediante la elusión, una perífrasis hace desaparecer una palabra fea y desagradable (la cecina se transforma en "purpúreos hilos de grana fina" y los manteles en "nieve hilada", por ejemplo).

Las Soledades causaron un gran escándalo por su atrevimiento estético y su oscuridad hiperculta; las atacaron Francisco de Quevedo, Lope de Vega y Juan de Jáuregui (quien compuso un ponderado Antídoto contra las Soledades y un Ejemplar poético contra ellas, pero sin embargo acabó profesando la misma o muy semejante doctrina), entre otros muchos ingenios, pero también contó con grandes defensores y seguidores, como el Conde de Villamediana y Gabriel Bocángel, y la lírica castellana se enriqueció con nuevos vocablos y nuevos y poderosos instrumentos expresivos, dejando la sintaxis más suelta y libre que hasta entonces. El siglo XVIII y XIX, sin embargo, reaccionó contra este barroquismo extremo y despreció la segunda fase de la lírica gongorina relegando sus poemas mayores al olvido. Sin embargo, por obra de la Generación del 27 y en especial por su estudioso Dámaso Alonso, el poeta cordobés pasó a constituirse en un modelo admirado también por sus complejos poemas mayores.

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