Lenguas romances

Keywords: Lenguas romances, 1898, 813, Ablativo, AdC, Albania, Alguer, Andorra, Antigua Roma

Las lenguas romances o lenguas románicas son lenguas que proceden del latín vulgar (entendido en el sentido etimológico de "popular", 'hablado por el pueblo', como opuesto al latín clásico y literario); por tanto se trata de lenguas indoeuropeas.

Estas lenguas se hablaban o se siguen hablando en un territorio que recibe el nombre de Romania, y que cubre en su mayor parte el sur europeo del antiguo imperio romano; los términos "romano/a" y "Romania" proceden efectivamente del adjetivo latino romanus: se consideraba que sus hablantes empleaban una lengua tomada de la de los romanos, por oposición a otras lenguas presentes en los territorios del antiguo Imperio, como el fráncico en Francia, lengua de los francos perteneciente a la familia de las lenguas germánicas.

El primer escrito en que se encuentra el término romano, de una forma u otra, se remonta al sínodo de Tours, en el año 813. Es a partir de ese sínodo en que se considera que la primera lengua vulgar se separa del latín, y se designa en efecto como una lengua aparte. Se trata de una forma de proto-francés, que recibe el nombre de romana lingua o roman. Con ello, el francés es la primera lengua romance que se separa del latín.

La evolución del latín vulgar hacia las lenguas romances se fecha grosso modo de la siguiente manera:

  1. entre 200 a.C. y 400 aproximadamente: diferentes formas de latín vulgar.
  2. entre 500 y 600: estas formas comienzan a distinguirse entre sí.
  3. a partir de 800: se reconoce la existencia de las lenguas romances.
Tabla de contenidos

Del latín clásico al latín vulgar

Algunos tipos de modificaciones fonéticas propias del latín vulgar

A propósito del latín vulgar, cabe reseñar que los romanos vivían en situación de diglosia: la lengua de cada día no era el latín clásico, el latín de los textos literarios o sermo urbanus (el 'discurso urbano', es decir, refinado) se encontraba estancado por la gramática (como ya lo estaba el sánscrito en la misma época en India), sino una forma distinta aunque cercana, en un proceso de desarrollo más libre, el sermo plebeius ('discurso plebeyo'). Parece ser que el latín clásico no se limitaba a un empleo libresco, sino que lo hablaban las clases sociales elevadas, mientras que el sermo plebeius era la lengua del pueblo llano, los comerciantes y los soldados. Sin posibilidad de acceder al estatus de lengua literaria, el latín vulgar nos es conocido sobre todo por la fonética histórica, citas y críticas pronunciadas por los hablantes de un latín literario, así como por numerosas inscripciones, registros, cuentas y otros textos corrientes. Por otra parte, el Satyricon de Petronio, una especie de «novela» escrita probablemente en el primer siglo de nuestra era y que fue pasando por los entornos marginales de la sociedad romana, es un testimonio importante de esta diglosia: según su categoría social, los personajes se expresan en una lengua más o menos próxima al arquetipo clásico.

Entre los textos que han censurado las formas juzgadas decadentes y erróneas, hay que destacar el Appéndix Probi, una especie de compilación de «errores» frecuentes recopilados por un tal Probus que data del siglo III de nuestra era. Son estas formas, y no sus equivalentes en latín clásico, las que se encuentran en el origen de las palabras utilizadas en las lenguas romances. He aquí algunos ejemplos de «faltas» citadas por Probus (según el modelo A non B, '[diga] A, no B'), clasificadas aquí según el tipo de evolución fonética y acompañadas de comentarios que permiten señalar las principales diferencias entre el latín clásico y el latín vulgar. No es posible ser exhaustivo en la materia e incluir referencias a todas las diferencias entre el latín clásico y el vulgar, pero el Appéndix Probi puede constituir una introducción pertinente sobre el asunto:

1. cálida non calda, másculus non masclus, tábula non tabla, óculus non oclus, etc.
Estos ejemplos muestran que las vocales post-tónicas o las pre-tónicas se volvían mudas. En efecto, las palabras latinas se acentúan cálida, másculus, tábula y óculus, y la vocal siguiente era breve. Este enmudecimiento prueba también que el acento tonal del latín clásico se volvió acento de intensidad en latín vulgar (pues un acento tonal no habría tenido influencia alguna sobre las vocales átonas del entorno). Se reconocen en esta lista los ancestros de chaude (francés antiguo chalt), mâle (francés antiguo masle), table y œil ; este proceso originó unas transformaciones importantes de las consonantes que entraron en contacto tras la caída de la vocal que las separaba: así, una /l/ ante consonante pasó a /l/ velar y más tarde /u/ en francés (fenómeno llamado vocalización), de donde chaud ; por lo mismo, /kl/ ha podido dar /l/ palatal (véase en el punto dos);
2. vínea non vinia, sólea non solia, láncea non lancia, etc.
Se ve en este pasaje que en latín vulgar de /e/ breve ante vocal se vuelve semiconsonante /j/ (la inicial de yate) ; el fenómeno es denominado consonantización y consiste, tras consonante, en la palatalización; estas consonantes palatalizadas (que pueden provenir de otras fuentes), son importantes en la evolución de las lenguas románicas a causa del déficit que el latín tenía en cuanto a sonidos palatales, desequilibrio que al cabo originó la transformación de gran parte de las consonantes primitivas del latín, por obra de este elemento palatal denominado genéricamente yod. Esta transformación explica por qué se obtiene, por ejemplo, viña (con /nj/ ante /a/, señalada en las lenguas románicas por distintas grafías: el dígrafo gn en francés y en italiano, ny en catalán, ñ en castellano y en gallego, nh en portugués y occitano, etc.)
3. auris non oricla.
Probo observa en este ejemplo numerosos fenómenos: en primer lugar, la monoptongación o reducción de antiguos diptongos: /au/ monoptonga en /o/, y en latín vulgar /ae/ lo hace en /e/ abierta, del mismo modo que /oe/ pasa a /e/ cerrada. Después, el uso de un sufijo diminutivo -culus agregado a la raíz auris ('oreja'), da lugar a auricula, 'pequeña oreja'. En efecto, el empleo de diminutivos en latín vulgar es frecuente. Por otra parte, se echa de ver la caída de la /u/ breve tras vocal acentuada, y el encuentro entre /k/ y /l/ da lugar al grupo /k'l/ y a la aparición de un nuevo fonema consonántico, la /j/ del francés oreille, que es la /x/ velar fuerte del castellano o jota de oreja.
4. auctor non autor.
Se destaca aquí una simplificación o reducción de grupos consonánticos; así, /kt/ pasa a /t/, dando auteur en francés, o autor en castellano y catalán; por lo mismo, /pt/ pasa a /t/ (en dom(i)tare vuelto domtar, luego domptar y al fin dontar [la inserción de una /p/ entre /m/ y una oclusiva es normal; se habla en ese caso de epéntesis, dando en francés dompter que se pronuncia /dõte/. Se puede así pensar en en comp(u)tare vuelto comptare, en francés compter y conter, en castellano contar), etc.
5. rivus non rius, sibilus non sifilus.
El sonido /w/ del latín o wau, señalado por la letra u (o v en las ediciones modernas) ha evolucionado de maneras diversas, sea ensordeciéndose hasta la desaparición entre vocales (ri(v)us, que da río en castellano, pa(v)or que da peur en francés o paura en italiano), o en espirante bilabial sonora después reforzada en /v/ (en la mayoría de las lenguas románicas); /p/ y /b/ en posición intervocálica han conocido la misma suerte, lo que explica que sibilussifilus, sabiendo que /f/ no es ya más que la variante sorda de /v/; así se explica siffler en francés (de sibilare, que se vuelve sifilare y luego siflare) o el francés savoir (de sapere, luego sabere, savere; el castellano saber muestra, por su ortografía, que ha permanecido en el estado intermedio, etc.
6. pridem non pride.
Este último ejemplo (la lista no es nada exhaustiva, lejos de ello) muestra que /m/ al final de palabra no se pronuncia ya (lo que incluso sucede en latín clásico: la escansión del verso latino lo prueba fácilmente). Este enmudecimiento es, entre otros, el origen de la desaparición del mecanismo de las flexiones; las lenguas románicas no utilizan, en efecto, ya las declinaciones latinas y optan por utilizar preposiciones que nacieron como un sistema auxiliar y poco a poco fueron sustituyendo a la flexión.

Esta lista no es exhaustiva y sería necesario abordar la cuestión de la diptongación "panromana" (que conocen todas las lenguas románicas) y señalar qué número de vocales se han generado como consecuencia de las diptongaciones secundarias.

Transformaciones en profundidad del sistema morfosintáctico

Sistema nominal

La caída de la /m/ final, consonante que se la encuentra a menudo en la flexión, crea entonces una ambigüedad: Romam se pronuncia como Roma, no se puede saber si el término está en el nominativo, en el accusativo o en el ablativo. Así, las lenguas románicas tienen que utilizar preposiciones para evitar tal ambigüedad. Antes de decir Roma sum por «yo estoy en Roma» o Roma(m) eo por «yo voy a Roma», hubo que expresar esas dos frases por sum in Roma y eo ad Roma. En este aspecto, conviene recordar que si ya, en latín clásico, desde la época imperial, la /m/ al final de palabra se omitía, Roma sum y Roma(m) eo no podían ser confundidas: en el ablativo (Roma sum), la /a/ final es larga; sin embargo es breve en acusativo: así se pronunciaba /rōmā/ para el primero, /rōmă/ para el segundo. El latín vulgar, no obstante, no utiliza más el sistema de cantidades vocálicas: ambas formas son un tanto ambiguas.

En un mismo movimiento, los adverbios y las preposiciones simples son a veces reforzadas: ante, «antes», ya no basta; hay que poner ab + ante en vulgar para explicar el francés avant, el castellano antes y el occitano avans, o bien in ante para el rumano înainte, etc.; igualmente avec proviene de apud + hoc, dans de de intus, etc. El caso límite parece ser alcanzado con el francés aujourd'hui, noción que se decía simplemente hodie en latín clásico. El término francés se analiza en à + le + jour + de + hui, donde hui viene de hodiē (que se lo encuentra en castellano, hoy, en romanche, hoz o en valón, oûy). El compuesto aglutinado resultante es, en consecuencia, redundante, ya que significa término a término: «en el día de hoy» (en francés au jour d'aujourd'hui). Ciertas lenguas conservadoras, entretanto, han mantenido adverbios y preposiciones simples: el castellano con y el rumano cu vienen de cum, igualmente que en castellano o în rumano son heredados de in. Se ve también este fenómeno con los términos simples heredados de hodiē

De lengua flexional a la sintaxis ágil (el orden de los términos no cuentan enormemente para el sentido sino principalmente para el estilo y el énfasis), el latín vulgar llegó a ser un conjunto de lenguas, que utilizaban muchas preposiciones, en las cuales el orden de los términos es fijo: si es posible decir en latín Petrus Paulum amat o amat Petrus Paulum o Paulum Petrus amat o aún amat Paulum Petrus para querer decir que 'Pedro ama a Pablo', esto no es posible en las lenguas románicas, que han abandonado más o menos rápidamente las declinaciones; así, en castellano 'Pedro ama a Pablo' y 'Pablo ama a Pedro' tienen un sentido opuesto, sólo el orden de los términos indican quién es sujeto y quién es objeto. Cuando las lenguas románicas mantuvieron un sistema de declinaciones, éste se ha simplificado y se limita a aquellos casos (con excepción del rumano): lo que ocurre en antiguo francés y en antiguo provenzal, que no poseen más que dos, el caso sujeto (heredado del nominativo) y el caso objeto (proveniente del acusativo), para todo lo que no sea sujeto. En francés, casi siempre, el caso sujeto desapareció; los nombres actuales heredados del francés antiguo son entonces todos del antiguo caso objeto y, por lo tanto, de antiguos acusativos; se lo puede constatar con un simple ejemplo:

Latín clásico Francés antiguo Francés
singular plural singular plural singular plural
nominativo murus muri caso sujeto murs mur — —
acusativo murum muros caso objeto mur murs mur murs

El rumano, sin embargo, conserva un sistema flexional que funge con tres casos sincréticos: caso directo (nominativo + acusativo), caso oblicuo (genitivo + dativo) y vocativo. Estos casos se distinguen principalmente cuando el nombre está marcado por el artículo definido. En caso contrario, tienen tendencia a ser confundidos.

Otros puntos merecen ser señalados: Primero, excluyendo el rumano, los tres géneros, masculino, femenino y neutro, son reducidos a dos por la eliminación del neutro; así, el término latino folia, nominativo y acusativo neutro plural de folium, «hoja», es reinterpretado como un femenino: Es el caso, por ejemplo, en castellano, donde se vuelve hoja, más también en francés, bajo la forma feuille, en italiano foglia, romanche föglia, valón fouye, portugués folha, catalán fulla, etc., todos términos femeninos. Además, las lenguas románicas desarrollaron un sistema de artículos determinados, desconocidos en latín clásico. Así, en castellano, el y la provienen respectivamente de los pronombres y adjetivos demostrativos ille e illa (más un neutro lo < illud); igualmente en italiano para il y la (así como lo < illum), en francés para le y la de los demostrativos illum e illa respectivamente, etc. El rumano se distingue por ser la única lengua románica en la cual el artículo va postpuesto: om, «hombre», om-ul, «el hombre». Los artículos indeterminados, por su parte, provienten simplemente del numeral unus, una (y unum en el neutro), que, en latín, habrían podido servir con este uso.

Finalmente, el sistema del adjetivo es revisado: Mientras que los grados de intensidad eran marcados por sufijos, las lenguas románicas no se servían más que de un adverbio delante del adjetivo simple, ya sea magis (que devino en más en castellano, mai en occitano y en rumano, mais en portugués, més en catalán, etc.) ya sea plus (più en italiano, plus en francés, pus en valón, plu en romanche, etc.): Así, para decir más grande (comparativo de superioridad) en latín clásico era suficiente grandior; en castellano hace falta más grande, en italiano più grande, etc. Igualmente, el superlativo el más grande se decía grandissimus en latín clásico, pero el más grande e il più grande en esas mismas lenguas.

Sistema verbal

Las conjugaciones latinas se modificaron profundamente, principalmente por la creación de tiempos compuestos: asi nuestro he cantado, francés j'ai chanté o catalán he cantat vienen de un habeo cantatu(m) vulgar, que no existe en latín clásico. El uso de verbos auxiliares ser y haber, es notable: el latín ya usaba ser en su conjugación, pero no de forma tan sistemática como en las lenguas romances que han generalizado su uso para crear un juego completo de formas compuestas respondiendo a las formas simples. Generalmente las formas compuestas marcan el aspecto finalizado de la acción.

Un modo nuevo aparece, el condicional (atestiguado por primera vez en una lengua romance en la Secuencia de santa Eulalia / Séquence de sainte Eulalie), construido a partir del infinitivo (a veces modificado) seguido de las desinencias del imperfecto: vivir + -ía da viviría en castellano, asi vivrais en francés, viuria en catalán. A notar algunas de las modificaciones de la raiz: haber + ía > habría y no *habería o devoir + ais > devrais y no *devoirais. De igual forma, el futuro clásico es abandonado por una formación comparable a la del condicional, es decir, el infinitivo seguido del verbo haber (o precedido, como en el caso sardo): asi cantare habeo ("yo he de cantar") da cantaré en castellano y catalán, chanterai en francés, etc.

La forma pasiva se elimina a favor de un sistema compuesto que ya existía en latín (cantatur, "es cantado", en latín clásico se convierte en est cantatus, que en latín clásico significa "ha sido cantado"). Finalmente, algunas conjugaciones irregulares (como la volle en francés "vouloir") son rectificadas, aunque muchas mantienen su caracter irregular en las lenguas romances, y los verbos deponentes dejan de ser utilizados.

El léxico del latín vulgar

El latín vulgar y el latín clásico no difieren solamente en aspectos fonológicos y fonéticos, si no también por el léxico; las lenguas romances, de hecho, no usan mas que en proporción variable el vocabulario clásico. A menudo se retienen términos populares, eliminando los propios de la lengua más culta.

Algunas palabras latinas han desaparecido completamente y han sido reemplazadas por su equivalente popular: caballo, equus en latín clásico, pero caballus ("penco"; palabra, quizás, de origen celta) en latín vulgar. La palabra se encuentra en todas las lenguas romances: cheval en francés, cavall en catalán, cal en rumano, cavallo en italiano, dj'vå en wallón, chavagl en romanche, etc.

Por otra parte, si ciertos términos clásicos han desaparecido, no siempre han sido reemplazadas necesariamente por la misma palabra en latín vulgar. El término culto para "hablar" es loqui en latín clásico, sustituido por:

Finalmente, algunas lenguas romances continuaron usando las formas clásicas, mientras otras llamadas menos "conservadoras", se sirvieron de las formas vulgares. El ejemplo empleado tradicionalmente es el del verbo "comer":

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Las razones de la diversidad de las lenguas romances

La evolución fonética natural de las lenguas, a la cual el latín naturalmente no escapó, explica en gran parte las importantes diferencias entre algunas lenguas romances. A este proceso también se añade la diversidad léxica de lo que se denomina latín vulgar: el tamaño del Imperio Romano y la ausencia de una norma literaria y gramatical resultaron en una lengua vernácula no fijada.

De modo que cada zona del imperio utilizó un sabor particular del latín vulgar (se debería incluso decir "de los latines vulgares"), como se ha visto más arriba, una lengua prefiriendo un término para decir "casa" (latín casa en castellano, catalán, italiano, portugués, rumano) y otra lengua prefiriendo un término diferente (mansio para el mismo sentido en francés maison), por ejemplo.

A estas dos razones se añade la presencia de substratos: lenguas habladas inicialmente en una zona y recubiertas por otra, no dejando más que trazas dispersas, tanto en el vocabulario como en la gramática o en la pronunciación en la lengua de llegada. Así, el substrato galo en francés deja unas ciento ochenta palabras como braies, char o bec y estaría en el origen del paso del sonido /u/ (de loup) latin a /y/ (de lune).

Naturalmente, la influencia del galo no se limitó solamente a Francia: el portugués o los dialectos de la Italia del norte, por ejemplo, han tomado algunos términos. Igualmente algunos estudiosos consideran que el vasco sirvió de substrato a las lenguas ibero-romanas (donde la palabra sinistra del latín clásico fue sustituida por el castellano 'izquierda', equivalente al vasco ezker y al portugués esquerdo).

O incluso el etrusco para el dialecto italiano de la Toscana, que le debería su gorgia toscana, es decir, la pronunciación de los sonidos /k/ como /h/ (inglés home) o /χ/ (alemán Bach; castellano Jota). Hay que notar que tanto la teoría del substrato vasco como la del etrusco están desacreditadas actualmente.

Finalmente, el superestrato también ha jugado un papel importante en la diferenciación de las lenguas romances: son las lenguas de pueblos, que habiéndose instalado en un territorio, no han conseguido imponer su lengua. Sin embargo, esas lenguas dejan trazas importantes. El superestrato fráncico (es decir, germánico) en Francia es importante; el vocabulario medieval está lleno, sobre todo en el dominio de la guerra y de la vida rural (así adouber, flèche, hache, etc., pero también framboise, blé, saule, etc., e incluso garder y sorprendentemente trop.

El francés actual cuenta varias centenas de palabras heredadas asi de lenguas germánicas. También el español tiene palabras heredadas en este caso del gótico (de los visigodos) u otras lenguas germánicas; palabras como "guerra" o las ya vistas en francés "adobar", "flecha", "hacha", "frambuesa", "guardar", incluso nombres como "Federico" o "Hernando". Pero en español el superestrato que más se nota es el árabe: de esa lengua provienen más de 4000 palabras, entre las que hay topónimos y compuestos. La característica más remarcable es el mantenimiento casi sistemático del artículo árabe en la palabra, en cuanto que las demás lenguas romances que han tomado prestado la misma palabra se han desembarazado de él a menudo.

Asi algodón (opuesto al francés cotón), del árabe al quṭun, algarroba (francés caroube), de al harūbah o también aduana (francés douane), de ad dīwān (que tambien da diván).

Finalmente el rumano debe a las lenguas eslavas del entorno el vocativo, algunos términos léxicos así como procesos de palatalización diferentes de las demás lenguas romances.

Se puede dar aquí los resultados de un estudio realizado por M. Pei en 1949, que compara el grado de evolución de las diversas lenguas respecto a su lengua madre; para las lenguas romances mas importantes, si sólo se consideran las vocales tónicas, se obtiene, respecto al latín, los siguientes coeficientes de evolución:

Así es posible ver con facilidad el grado de variabilidad del conservadurismo de las lenguas romances. La más próxima del latín fonéticamente (considerando únicamente las vocales tónicas) es el sardo, la más alejada, el francés.

Lista de lenguas romances

Las lenguas romances se clasifican en nueve grupos, y cada uno puede a su vez comprender varios dialectos. Cabe notar que la elección de uno de estos dialectos como lengua oficial suele obedecer a razones políticas. Sea como sea, las lenguas romances forman un continuum de numerosas lenguas cuyas diferencias mutuas son en ocasiones mínimas, pero la lista siguiente se limitará a mostrar las lenguas más conocidas (entre paréntesis, el nombre en la propia lengua y año de su primera atestiguación conocida):

Los dos últimos dialectos mencionados son más arcaizantes que el primero.

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