Latín vulgar

Keywords: Latín vulgar, 150 adC, 813, 842, Adjetivo, Alemán, Alfabeto latino, Caballo

Latín vulgar (en latín, sermo vulgaris) es un término que se emplea para referirse a los dialectos vernáculos del latín hablado fundamentalmente en las provincias occidentales del Imperio Romano. Período que abarca hasta que esos dialectos se diferenciaron los unos de los otros lo suficiente como para que se les considerase el período temprano de las lenguas romances; diferenciación que se suele asignar al siglo IX aproximadamente.

Esta variante de latín hablado difiere del estilo literario del latín clásico en su pronunciación, vocabulario y gramática. Algunos rasgos del latín vulgar no aparecieron hasta la época tardía del Imperio Romano. Otros rasgos pueden incluso haber estado presentes mucho antes en al menos sus formas criollas. La mayor parte de las definiciones de latín vulgar significan que es una lengua hablada antes que escrita, porque ciertas evidencias sugieren que el latín se dialectalizó durante este período, y porque no hay pruebas de que alguien transcribiera el habla cotidiana de ninguno de sus hablantes. Quienes estudian latín vulgar deben hacerlo con métodos indirectos.

Lo que hoy se sabe del latín vulgar procede de tres fuentes. La primera es el método comparativo que puede reconstruir numerosos rasgos de las lenguas romances atestiguadas, y hacer notar aquello en lo que difieren del latín clásico. La segunda fuente son varios textos de gramáticas prescriptivas del latín tardío que condenaban los errores lingüísticos de los hablantes de latín solían cometer, denuncias que ayudan a describir cómo se usaba la lengua. Finalmente, los solecismos y usos que no son clásicos encontrados a veces en textos de latín tardío también dan luz al habla de quien los escribió.

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El latín vulgar, como el de este grafitti político hallado en Pompeya, fue la lengua hablada por las clases populares del Imperio Romano, en contraste con el latín clásico literario.
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¿Qué fue el latín vulgar?

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El Cantar de Mio Cid es el texto más temprano con una extensión considerable hallado en castellano medieval, y se le considera el punto de inflexión que marca el inicio de esa lengua diferenciada del latín vulgar

El nombre "vulgar" simplemente significa "común": deriva de la palabra latina vulgaris, que significaba "común", o "del pueblo". Para quienes estudian latín, "latín vulgar" tiene varios significados.

Algunas obras literarias recogen registros distintos al latín clásico. Por ejemplo, debido a que en las comedias de Plautus y Terence muchos de sus personajes eran esclavos, dichas obras preservan algunos rasgos tempranos de latín criollo, tal y como hacen los hombres libres en Cena Trimalchionis escrito por Petronius Arbiter.

El latín vulgar fue diferenciándose en las distintas provincias del Imperio Romano, surgiendo así la época moderna del francés, italiano, español, portugués, rumano y catalán. Obviamente, se considera que el latín vulgar desapareció cuando los dialectos locales tuvieron las suficientes características diferenciadoras como para formar una lengua distinta. Evolucionando para convertirse en lenguas romances cuando un valor propio y singular les fue reconocido.

El siglo III suele considerarse como el período en que, a parte de las declinaciones, buena parte del vocabulario estaba cambiando (por ejemplo, equuscaballus, etc.). Sin embargo, es obvio que estos cambios no fueron uniformes en todo el Imperio, así que puede que las diferencias más llamativas se encontrasen entre las formas diversas de latín vulgar que se daban en provincias distintas (también debido a la adquisición de nuevos localismos).

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, durante varios siglos el latín vulgar coexistió con el latín tardío escrito, porque los hablantes de lenguas romances vernáculas preferían escribir usando la prestigiosa gramática y ortografía tradicional latina, pero aun intentándolo, lo que escribían no respetaba las normas del latín clásico. Sin embargo, en el tercer Consejo de Tours en 813, se decidió que los curas predicasen en lengua vernácula para que la audiencia les entendiese —. Este podría ser un momento documentado de la evolución diacrónica del latín; en 842, menos de treinta años después del Consejo de Tours, el Juramento de Estrasburgo, que reproduce un acuerdo entre dos de los herederos de Carlo Magno, estaban escritos en una lengua romance que a todas luces ya no era latín:

Pro Deo amur et pro christian poblo et nostro commun salvament, d'ist di en avant, in quant Deus savir et podir me dunat, si salvarai eo cist meon fradre Karlo, et in aiudha et in cadhuna cosa. . .
(Por el amor de Dios y por el pueblo cristiano y nuestra salvación común, desde este día en adelante, siempre que Dios me diere sabiduría y poder, defenderé a mi hermano Carlo y le ayudaré en cualquier cosa. . .)

Este latín tardío, posiblemente de Roma, parece reflejar estas adquisiciones, al mostrar el cambio que se estaba produciendo en esa zona — completamente identificable con Italia. Entonces, los textos de la Ley Romana tanto Justiniana como la de la Iglesia Católica, sirvieron para "congelar" el latín formal, unificado finalmente por los copistas medievales y, desde entonces, separado del ya independiente romance vulgar. La lengua escrita continuó existiendo como latín medieval. Los romances vernáculos fueron reconocidos como lenguas diferenciadas, separadas y empezaron a desarrollar normas y ortografías propias. Entonces, "latín vulgar" dejó de ser un glotónimo útil para identificar ninguna lengua.

Es entonces cuando latín vulgar se convierte en un nombre colectivo para un grupo de dialectos derivados con características locales, no necesariamente comunes que no constituyen una lengua, al menos en el sentido clásico del término. Sin embargo, podría ser descrito como algo incipiente, indefinido que lentamente fue cristalizando en varias formas tempranas de cada lengua romance, que consecuentemente toma como su más remoto ancestro el latín formal. El latín vulgar fue, por lo tanto, un punto intermedio en la evolución, no una fuente.

Fonología

Vocales

Letra Pronun. clásica Pronun. vulgar
A breve /a/ /a/
A larga /a:/ /a/
E breve /e/ /ɛ/
E larga /e:/ /e/
I breve /i/ /ɪ/
I larga /i:/ /i/
O breve /o/ /ɔ/
O larga /o:/ /o/
U breve /u/ /ʊ/
U larga /u:/ /u/
Y breve /y/ /ɪ/
Y larga /y:/ /i/
AE /ai/ /ɛ/
OE /oi/ /e/
AU /au/ /o/
(véase IPA para buscar una descripción de los símbolos empleados);

Un cambio profundo que afectó a todas las lenguas romances modificó el orden de las vocales del latín clásico. El latín tenía diez vocales: versiones breves y largas de A, E, I, O, U, y tres (o cuatro) diptongos, AE, OE, AU, y según algunos, UI. A excepción del Sardo, lo que ocurrió al latín vulgar se puede resumir con el cuadro de la derecha.

Los diptongos AE y OE cayeron para formar /e/. AU que se mantuvo en un inicio, terminó cediendo mutando de /aw/ a /o/ una vez que la O original había sufrido otras modificaciones.

De esta forma, el sistema de diez vocales del latín clásico (sin contar diptongos y la Y griega), que tenía en cuenta la longitud vocálica, fue remodelado para convertirse en un sistema donde desaparecía la diferencia por longitud vocálica y la alteración vocálica pasaba a ser exclusivamente fonémica. Debido a este cambio, el acento tónico se hizo bastante más marcado en latín vulgar que en latín clásico. Esta tendencia dificultó poder diferenciar las sílabas no acentuadas, y además produjo nuevos cambios en las sílabas acentuadas.

Las vocales breves O y E que resultaron de los cambios no fueron estables en las lenguas hijas, y tendieron a romperse en diptongos. La palabra clásica focus (acusativo focum), "chimenea", se convirtió en la palabra proto-romance para decir "fuego" (reemplazando ignis), pero su vocal breve 'O' se convirtió en un diptongo en la mayoría de las lenguas:

En portugués, sin embargo, no sé convirtió en diptongo: fogo (pronunciado /'fogu/).

Las lenguas difirieron en este proceso. La /e/ de la expresión latina ferrum, se mantuvo en francés fer y en portugués ferro /'fɛRu/, pero se diptongó en español hierro.

El portugués estabilizó sus vocales manteniendo en cierto modo la distinción latina entre vocales largas y breves en su sistema de vocales abiertas y cerradas. Las vocales latinas largas a, e y o tendieron a convertirse en vocales cerradas en portugués (escritas â, ê, y ô cuando son tónicas), mientras que las vocales breves se convirtieron en vocales abiertas en portugués (á, é, ó cuando son tónicas). La pronunciación de estas vocales es la misma que se muestra en el cuadro de vocales de latín vulgar a la derecha. Ocurrió alguna inestabilidad vocálica, particularmente con la o átona, que cambia a /u/, y la e átona, que cambia a /i/ o /ə/.

Consonantes

Palatalización latina de los sonidos /k/, /t/, y a menudo /g/ que ocurrió en casi todas las variantes de latín vulgar; el único dialecto romance que no sufrió palatalización fueron algunas variedades del sardo. Así la palabra latina caelum, pronunciada /kaelum/ comenzando con /k/, se convirtió en francés ciel, /sjɛl/, en portugués céu, /'sɛu/, comenzando por /s/. Las semivocales anteriores escritas en latín como U, como en vinum, pronunciadas /w/, y I como en iocunda, pronunciada /j/, paso a pronunciarse /v/ y /dʒ/, respectivamente. Entre las vocales /b/, /w/ o /v/ a menudo surge un sonido intermedio /β/.

Nótese que en el alfabeto latino, las letras U y V, I y J, sólo eran variaciones gráficas (y posteriormente en algunas áreas, tipográficas) que no se distinguían hasta que llegó el período moderno temprano.

En el área romance occidental, una vocal epentética se insertó al comienzo de cualquier palabra de empezase con la letra s y otra consonante: así la palabra latina spatha se convierte en portugués y español en espada, en francés es épée. Por otro lado, las lenguas romances orientales preservaron las reglas de eufonía añadiendo la epéntesis al artículo precedente cuando fuese necesario, así el italiano preserva spada (f) como la spada, y cambia el masculino il spaghetto a lo spaghetto para preservar la eufonía.

El género se remodeló en las lenguas hijas mediante la pérdida de consonantes finales. En latín clásico, las terminaciones -US y -UM distinguían los nombres masculinos de los neutros en la segunda declinación; una vez desaparecidas la -S y la -M, los neutros se mezclaron con los masculinos, proceso acabado con las lenguas romances. En contraste, algunos plurales neutros tales como gaudia, que significa "alegrías", se reinterpretaron como singulares femeninos. La pérdida de la -M final es un proceso que parece haber comenzado en la época de los primeros monumentos de la lengua latina. En el epitafio de Lucius Cornelius Scipio Barbatus, que murió alrededor del 150 adC, se lee TAVRASIA CISAVNA SAMNIO CEPIT, que en latín clásico se escribiría Taurāsiam, Cisaunam, Samnium cēpit ("Capturó Taurasia, Cisauna, y Samnium.") Sin embargo, la -M final se escribía constantemente en el lenguaje literario, aunque a menudo se trata como un silencio por razones de métrica poética.

Evidencias de cambio

Evidencias de estos y otros cambios pueden verse a finales del siglo III Appendix Probi (enlace externo), en una colección de glosas prescriptivas que proponían un uso de latín clásico como el uso correcto criticando ciertas formas del latín vulgar. Estas glosas describen:

Muchas de las formas castigadas en el Appendix Probi mostraron ser formas productivas en romance; oricla, sin ser una forma clásica latina, es la fuente del término francés oreille, portugués orelha, español "oreja".

Vocabulario

Latín clásico Romance Español
sidus (raiz sider-)stellaestrella
cruorsanguissangre
pulcherbellusbello
ferre (raiz perfectiva tul-) portareportar
luderejocarejugar
osbuccabocar
brassicacauliscol
domuscasacasa
magnusgrandisgrande
emerecomprarecomprar
equuscaballuscaballo

Ciertas palabras del latín clásico desaparecieron del vocabulario. El término clásico equus, "caballo", fue reemplazado por caballus, "nag"; el clásico aequor, "sea", cedieron a favor de mare. Una lista muy incompleta de palabras que fueron exclusivamente clásicas y sus equivalentes productivas en romance se encuentran en el cuadro de la derecha.

Algunas de las palabras que desaparecieron en romance, volvieron a tomarse prestadas del mismo latín a posteriori. Los cambios de vocabulario afectaron incluso a las partículas gramaticales básicas del latín; hay muchas que desaparecieron sin dejar rastro en el romance, tales como an, at, autem, donec, enim, ergo, etiam, haud, igitur, ita, nam, postquam, quidem, quin, quod, quoque, sed, utrum, y vel.

Por otro lado, debido a que, durante buena parte de su historia, el latín vulgar y el latín no fueron distintas lenguas, sino distintos registros de una misma lengua, algunas lenguas romances preservan palabras latinas que se perdieron en otras. Por ejemplo, el italiano ogni ("cada") preserva la expresión latina omnes. Otras lenguas usan cognados de totus (acusativo de totum) para el mismo significado; por ejemplo tutto en italiano, tudo en portugués, todo en español, y tout en francés.

Frecuentemente, palabras latinas que han vuelto a ser tomadas prestadas del registro de mayor prestigio del latín clásico se encuentran junto a versiones de la misma palabra evolucionadas. La ausencia de un cambio fonético esperado, en contraste con otra palabra de misma procedencia etimológica que ha experimentado dicho cambio fonético, es la clave para averiguar si una palabra es un préstamo del latín clásico. En español, por ejemplo, el latín vulgar fungus (acusativo fungum), se convirtió en hongo, con el cambio F > H que fue usual en español (cf. filius > español hijo). Pero hongo comparte un espacio semántico con fungo, que debido a la carencia del esperado cambio sonoro F>H demuestra que ha sido prestada de nuevo del registro latino clásico. En portugués, el cambio a H de la F no ocurrió, pero algunos sonidos se nasalizaron. Fungum se convirtió en fungo /fũgu/; en el norte de Portugal se puede oír, fungum /fũgũ/.

Algunas veces, una palabra de latín clásico se ha mantenido junto a una palabra de latín vulgar. La clásica caput, "cabeza", cedió en el latín vulgar por testa (originalmente "puchero", metáfora común en Europa occidental; cfr. inglés cup con alemán Kopf) en la mayoría de las formas romances occidentales, italiano inclusive. Pero italiano y francés mantuvieron la palabra latina bajo la forma capo y chef, que contiene muchos significados metafóricos de "cabeza", como por ejemplo "jefe". La palabra latina con su significado original se preserva en rumano cap, que significa 'cabeza', con el sentido anatómico del término.

Verbos con preposiciones sufijadas frecuentemente han desplazado formas simples. El número de palabras formadas por tales sufijos como -bilis, -arius, -itare y -icare creció rápidamente. Estos cambios ocurrieron a menudo para evitar formas irregulares o para regularizar géneros.

Otra perspectiva de los cambios de vocabulario en el latín vulgar en Francia puede verse en las glosas Reichenau [1], escritas en los márgenes de una copia de la Biblia Vulgata, que explica las palabras vulgatas del siglo IV cuya lectura era ininteligible en el siglo VIII, cuando parecen haberse escrito dichas glosas. Éstas parecen ser de origen francés, ya que algunos términos son específicamente franceses.

Estas glosas muestran el reemplazamiento léxico:

cambios gramaticales:

préstamos léxicos germánicos:

y palabras cuyos significados han cambiado:

Gramática

La pérdida de la declinación del sistema nominal

Latín clásico
Nominativo:rosa
Genitivo:rosae
Dativo:rosae
Acusativo:rosam
Ablativo:rosā
Latín vulgar
Nominativo:rosa
Genitivo:rose
Dativo:rose
Acusativo:rosa
Ablativo:rosa

Los cambios fónicos que estaban ocurriendo en el latín vulgar dificultaban que se pudiese mantener la declinación nominal del latín clásico, y finalmente la ortógrafía prescindió de las declinaciones latinas. Como consecuencia de la insostenibilidad del sistema de casos nominales tras estos cambios fonéticos, el latín vulgar pasó de ser una lengua flexiva a ser una lengua analítica donde el orden de las palabras es un elemento necesario para la coherencia sintáctica oracional. Véase la tabla para observar el cambio que supuso la pérdida de la /m/ final, la pérdida de la extensión vocálica y el cambio sonoro del AE /ae/ al E /e/ en la primera declinación.

Cambios similares ocurrieron en las demás declinaciones. Como consecuencia, a excepción del francés antiguo, que retuvo durante algún tiempo la distinción entre los casos nominativo y oblicuo (llamada cas-sujet/cas-régime), y el rumano, que todavía cuenta con elementos del caso genitivo, la única distinción marcada en el nombre era de singular y plural.

La distinción se marcó de dos formas en las lenguas romances. Al norte y al oeste de La Spezia-Rimini line, que recorre el norte de Italia. El singular normalmente se diferenció del plural mediante el sufijo -s, que ya aparecía en los antiguos plurales acusativos tanto en masculino como en femenino de todas las declinaciones. Al sur y al este de la línea La Spezia–Rimini , la distinción se hizo mediante el cambio de la vocal final, al igual que en italiano y rumano contemporáneos. Esto preserva y generaliza diferencias que se marcaron en los plurales nominativos de la primera y segunda declinación.

Los artículos romances

Es difícil situar el momento en que apareció el artículo definido; inexistente en latín pero presente en algunas formas de lenguas romances. Esto se debe en buena parte a que el habla muy coloquial en que apareció fue muy rara vez fue escrita hasta que las lenguas romances hijas diferían considerablemente.; la mayoría de los textos que se conservan de romance temprano muestran los artículos totalmente desarrollados.

Los artículos definidos empezaron siendo pronombres o adjetivos demostrativos; compara los adjetivos demostrativos latinos ille, illa, (illud), con los franceses le y la, los españoles el y la, y los italianos il y la. Por último, los artículos portugueses o y a vienen de la misma fuente. El sardo también en esto se desarrolló de forma singular, formando su artículo derivado de ipsu(m), ipsa (su, sa). Mientras que la mayoría de las lenguas romances sitúan el artículo antes del nombre, el rumano lo sitúa después, por ejemplo lupul ("el lobo") y omul ("el hombre", de lupus ille y homo ille).

Véase también

Enlaces externos

Referencias

Keywords: Latín vulgar, 150 adC, 813, 842, Adjetivo, Alemán, Alfabeto latino, Caballo