Justiniano I

Keywords: Justiniano I, 11 de mayo, 13 de noviembre, 14 de noviembre, 15 de marzo, 1 de abril, 1 de agosto, 483

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Mapa del Imperio Bizantino en 550 d.C. En verde las conquistas durante el reinado de Justiniano I

Flavius Petrus Sabbatius Iustinianus o Justiniano I ([11 de mayo]] de 48313/14 de noviembre de 565) fue emperador de Oriente desde el 1 de agosto de 527 hasta su muerte. Uno de los principales gobernantes del Imperio Bizantino, destaca especialmente por su reforma y compilación de leyes y por la expansión militar del territorio imperial que tuvo lugar bajo su reinado, sobre todo gracias a las campañas de Belisario. También es conocido como "El último emperador romano". La Iglesia Ortodoxa lo venera como santo el día 14 de noviembre.

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Biografía

Justiniano nació en una pequeña aldea llamada Tauresina (Taor) en Illyricum (cerca de Skopje), en la península Balcánica, probablemente el 11 de mayo de 483. Su madre era hermana del famoso general Justino que ascendió desde el ejército a la dignidad imperial. Su tío Justino le adoptó y se aseguró de que recibiese una educación: Justiniano siguió así el currículo educativo habitual, centrándose en la jurisprudencia y la filosofía. Avanzó en su carrera militar con gran rapidez, y se abría ante él un gran futuro cuando, en 518, Justino se convirtió en emperador. Justiniano fue nombrado cónsul en 521, y posteriormente general del ejército de oriente. Mucho antes de que Justino le hiciese co-emperador el 1 de abril de 527, ya participaba en las actividades de gobierno.

Cuatro meses después, Justiniano pasó a ser el único soberano tras la muerte de Justino. Su reinado tendría un gran impacto en la historia mundial, dando lugar a una nueva era en la historia del Imperio bizantino y de la Iglesia Ortodoxa. Fue un hombre con una capacidad de trabajo fuera de lo común, que tenía un carácter afable, moderado y alegre, pero que también podía ser artero y falto de escrúpulos cuando le convenía. Fue el último emperador que intentó recuperar los territorios que poseyó el Imperio Romano en tiempos de Teodosio I, y con este fin, puso en marcha grandes campañas militares. También desarrolló una colosal actividad constructiva emulando la de los grandes emperadores romanos del pasado. Partiendo de la premisa de que la existencia de una comunidad política se fundaba en las armas y las leyes, prestó especial atención a la legislación y pasó a la posteridad por su codificación del derecho romano (el Codex Justinianus y las Novellae Constitutiones).

En 523 se casó con Teodora, una ex-acriz; hasta entonces, las actrices resultaban socialmente próximas a las prostitutas, y en el pasado, a Justiniano le habría resultado imposible casarse con ella, pero Justino había aprobado una ley que permitía los matrimonios entre distintas clases sociales, lo que llevaría, ya en el reinado de Justiniano, a una cierta atenuación de las diferencias sociales en la corte bizantina. Teodora llegaría a ser una persona muy influyente en la política del Imperio, y algunos emperadores posteriores seguirían el precedente de Justiniano casándose fuera de la clase aristocrática.

Procopio de Cesarea es nuestra fuente principal para la historia del reinado de Justiniano, aunque también contribuye con muchos detalles de interés la crónica de Juan de Éfeso, que se conserva como fundamento de muchas otras crónicas posteriores. Ambos historiadores hicieron comentarios a veces muy negativos sobre Justiniano y Teodora; Procopio, además de su historia, escribió otra Historia Secreta que recoge varios escándalos de la corte.

Teodora murió en 548 y Justiniano la sobrevivió casi veinte años, para morir el 13 ó 14 de noviembre de 565.

Actividad jurídica

Justiniano ha tenido una gran influencia en la historia debido a su revolucionarias medidas por las que organizó el derecho romano siguiendo la clasificación que se convertiría en la base para el derecho en muchos países actuales. El 7 de abril de 529 se publicó una primera versión del Corpus Juris Civilis dividida en tres partes: Digesto (o Pandectae), Institutiones y Codex. Un grupo de comisionados, encabezados por el cuestor Triboniano, preparó el Corpus en latín, la lengua tradicional del Imperio romano, aunque muchos ciudadanos del Imperio oriental apenas la entendían. El Authenticum, o Novellae Constitutiones, una recopilación de nuevas leyes emitidas durante el reinado de Justiniano, completó posteriormente el Corpus. Estas Novellae se publicaron en griego, la lengua común del Imperio.

El Corpus contiene la base de la jurisprudencia romana (incluido el derecho canónico: ecclesia vivit lege romana) y, para los historiadores, aporta una valiosa fuente para comprender los intereses y actividades del Imperio romano tardío. En tanto que recopilación, reúne muchas fuentes en las que se expresaban o publicaban las leges (leyes) y otras normas: leyes en sentido estricto, consultas senatoriales (senatusconsulta), decretos imperiales, casuística y opiniones de juristas e interpretaciones (responsa prudentum).

Actividad militar y campañas de Belisario

De igual modo que sus predecesores romanos y bizantinos, Justiniano entabló una guerra con la Persia sasánida. Sin embargo, sus ambiciones militares primordiales se centraron en el Mediterráneo central y occidental, donde su general Belisario lideró la conquista de parte del territorio del antiguo Imperio romano. A Belisario se le encomendó dicha tarea como recompensa tras acabar con la revuelta Niká en Constantinopla en enero de 532, en la cual los fanáticos de las carreras de caballos habían conseguido obligar a Justiniano a destituir al impopular Triboniano y estuvieron a punto de destronar al propio emperador. Justiniano planeó incluso huir de la ciudad, pero se quedó en la capital por consejo de Teodora; Belisario llegaría pocos días después para ahogar la revuelta.

En 533, tras la batalla de Ad Decimum, cerca de Cartago, Belisario reconquistó el norte de África que permanecía en manos de los vándalos. Luego se dirigió a Sicilia e Italia, reconquistando Roma (536) y Rávena, la capital ostrogoda (540).


Belisario no estaba de acuerdo con Justiniano sobre el modo de administrar los territorios reconquistados; Justiniano quería que fuesen los ostrogodos quienes los gobernasen como estado tributario, pero Belisario prefería convertir Italia en parte del territorio imperial romano. Descontento con Belisario, Justiniano lo envió a Oriente a defender las fronteras imperiales ante los renovados ataques de los persas. Tras lograr una nueva paz en el este en 545, Belisario volvió a Italia, donde los ostrogodos había recuperado Roma. El general eunuco Narsés se hizo con la dirección del ejército, y el historiador Procopio, antiguo oficial en el ejército de Belisario, acusó a Narsés de traición. Belisario fue encarcelado por un breve periodo, hasta que Justiniano le concedió el perdón y el general derrotó a los búlgaros cuando éstos hicieron su aparición por primera vez en el Danubio en 559. En 551, un ejército bizantino arrebató parte del sur de Hispania a los visigodos. Narsés fue incapaz de defender Italia frente a los ostrogodos o los lombardos. Sin embargo, bajo Justiniano, el territorio imperial vio una gran expansión, aunque sólo fuese durante poco tiempo.

Abolición de las religiones no cristianas

La política religiosa de Justiniano reflejó la convicción imperial en que la unidad del Imperio presuponía necesariamente la unidad de fe; y ello significaba indudablemente que esta fe sólo podía ser la ortodoxa. Aquéllos que profesasen una fe distinta serían conscientes de que el proceso iniciado en la legislación imperial con Constancio II continuaba ahora con fuerza. El Codex recogía dos leyes (Cod., I., xi. 9 y 10) que decretaban la destrucción total del Helenismo, incluso en la vida civil, y sus disposiciones sería puestas en práctica con vigor. Las fuentes contemporáneas (Juan Malalas, Teófanes y Juan de Éfeso) refieren graves persecuciones, incluso de personas en las altas esferas.

Quizá el hecho más reseñable tuvo lugar en 529 cuando la Academia platónica de Atenas pasó a estar bajo control estatal por orden de Justiniano, consiguiendo así la extinción real de esta escuela del helenismo. El paganismo sería activamente reprimido: sólo en Asia Menor, Juan de Éfeso afirma haber convertido a 70.000 paganos(cf. F. Nau, en Revue de l'orient chretien, ii., 1897, 482). También otros pueblos aceptaron el cristianismo: los hérulos (Procopio, Bellum Gothicum, ii. 14; Evagrio, Hist. eccl., iv. 20), los hunos que habitaban junto al Don (Procopio, iv. 4; Evagrio, iv. 23), los abasgios (Procopio, iv. 3; Evagrio, iv. 22) y los tzani (Procopio, Bellum Persicum, i. 15) en el Cáucaso.

El culto de Amón en Áugila en el desierto libio fue prohibido (Procopio, De Aedificiis, vi. 2), de igual modo que los restos del culto de Isis en la isla de Philae junto a la primera catarata del Nilo (Procopio, Bellum Persicum, i. 19). El presbítero Julián (DCB, iii. 482) y el obispo Longino dirigieron una misión a la tierra de los nabateos (Juan de Éfeso, Hist. eccl., iv. 5 sqq.), y Justiniano trató de reforzar el cristianismo en Yemen, enviando allí a un eclesiástico egipcio (Procopius, Bellum Persicum, i. 20; Malalas, ed. Niebuhr, Bonn, 1831, pp. 433 sqq.).

También los judíos sufrieron estas medidas, pues, no sólo vieron restringidos sus derechos civiles por parte de las autoridades (Cod., I., v. 12), que asimismo amenazaron su privilegios religiosos (Procopio, Historia Arcana, 28), sino que, por su parte, el emperador interfirió en los asuntos internos de la sinagoga (Nov., cxlvi., 8 feb. 553) y prohibió el uso de la lengua hebrea para el culto divino. A aquéllos que se opusiesen a estas medidas se les amenazaba con castigos corporales, el exilio y la pérdida de sus propiedades. Los judíos de Borium, cerca de la Gran Sirte, que habían opuesto resistencia a Belisario durante su campaña contra los vándalos, tuvieron que convertirse al cristianismo y su sinagoga fue transformada en una iglesia (Procopio, De Aedificiis, vi. 2).

El emperador se encontró con una mayor resistencia entre los samaritanos, que resultaron más refractarios al cristianismo y se rebelaron repetidas veces. Justiniano les hizo frente con rigurosos edictos, pero no pudo evitar que a finales de su reinado se produjesen hostilidades contra los cristianos en Samaria. La política de Justiniano también suponía la persecución de los maniqueos, con el consiguiente exilio y amenaza de pena capital (Cod., I., v. 12). En Constantinopla, en un caso, un cierto número de maniqueos fue ejecutado en presencia del propio emperador: algunos quemados y otros ahogados (F. Nau, en Revue de l'orient, ii., 1897, p. 481).

Política eclesiástica

De igual modo que en su administración secular, el despotismo estaba presente en la política eclesiástica imperial. Justiniano trató de regular todo, tanto en la religión como en la ley.

A comienzos de su reinado, consideró oportuno promulgar por ley su creencia en la Trinidad y en la Encarnación, y amenazar a todos los herejes con sanciones (Cod., I., i. 5); mientras que declaraba a continuación que a través de la ley pretendía privar a quienes fuesen contrarios a la ortodoxia de ejercer como tales (MPG, lxxxvi. 1, p. 993). Hizo del credo niceno-constantinopolitano el símbolo único de la Iglesia (Cod., I., i. 7), y confirió fuerza legal a las disposiciones canónicas de los cuatro concilios ecuménicos (Novellae, cxxxi.). Los obispos que asistieron al Segundo Concilio de Constantinopla en 536 reconocieron que en la Iglesia no se podía hacer nada en contra de la voluntad y de las órdenes imperiales (Mansi, Concilia, viii. 970B); aunque también es cierto que el emperador no dejó pasar ninguna oportunidad para reafirmar los derechos de la Iglesia y el clero, así como proteger y extender el monaquismo.

De hecho, si no fuese por lo evidente del carácter despótico de sus medidas, casi cabría la tentación de apodarlo “padre de la Iglesia”, pues, tanto el Codex como las Novellae contienen numerosas normas sobre donaciones, fundaciones y la administración de la propiedad eclesiástica; la elección y derechos de los obispos, sacerdotes y abades; la vida monástica; las obligaciones de residencia del clero; el modo de llevar a cabo las ceremonias; la jurisdicción episcopal, etc. Justiniano también reconstruyó la iglesia de Santa Sofía, cuya construcción original había sido destruida durante las revueltas Niká. La nueva Santa Sofía, con sus numerosas capillas y altares, su gran cúpula dorada y sus extraordinarios mosaicos, se convirtió en el centro y monumento más visible de la ortodoxia oriental en Constantinopla.

Relaciones con Roma

A partir de mediados del siglo V, los emperadores de Oriente tuvieron que enfrentarse con problemas cada vez más graves en el campo de la política eclesiástica. Los radicales de cualquiera de las tendencias se sentían rechazados por el credo que había adoptado el Concilio de Calcedonia con la intención de mediar entre las distintas posturas dogmáticas. La carta del papa León I a Flaviano de Constantinopla fue considerada en el Este como obra de Satán, de modo que nadie quería oír hablar de la iglesia de Roma. Los emperadores, sin embargo, se enfrentaban a un doble problema: por un lado tenían que mantener una política de preservación de la unidad entre Oriente y Occidente, entre Constantinopla y Roma, y esto sólo era posible si no se desviaban de la línea definida en Calcedonia. Por otra parte, las facciones que en Oriente se habían visto más afectadas y apartadas a raíz del Concilio de Calcedonia, debían ser moderadas y apaciguadas. Este problema sería en la práctica más complejo ya que los grupos disidentes orientales superaban a los partidarios de Calcedonia en Oriente, tanto en fuerza numérica como en habilidad intelectual, de modo que el curso de los hechos demostraría la incompatibilidad de ambos objetivos: quien optase por Roma y Occidente debía renunciar a Oriente, y viceversa.

Justiniano se estrenó en el campo de la alta política eclesiástica poco después del ascenso al trono de su tío en 518, poniendo fin al cisma monofisita que había dominado las relaciones entre Roma y Bizancio desde 483. El reconocimiento del a sede romana como máxima autoridad eclesiástica (cf. Novellae, cxxxi.) fue la clave de su política occidental, lo que resultó ofensivo para muchos en Oriente; sin embargo, no dudó en actuar de forma despótica en sus relaciones con los papas, en concreto con Silverio y Vigilio. Su política ante Roma, aunque a veces incoherente, no dejaba de ser una política de grandes miras, y aunque nunca pudo llegarse a un acuerdo, por el rechazo del ala más dogmática de la iglesia, gracias a sus sinceros esfuerzos de reconciliación se ganó la aprobación de la mayor parte de la iglesia. Una muestra de tal actitud la tenemos en la controversia teopasquita: al principio Justiniano creía que se trataba de una cuestión meramente lingüística, pero poco a poco se dio cuenta de que la fórmula en discusión no sólo debía ser ortodoxa, sino que también podía ser útil como medida conciliatoria ante los monofisitas, e intentó en vano este acuerdo en la conferencia religiosa con los seguidores de Severo de Antioquía en 533.

De nuevo, Justiniano aprobó el decreto con el edicto religioso de 15 de marzo de 533 (Cod., L, i. 6), y se congratuló de que el papa Juan II admitiese la ortodoxia de la confesión imperial (Cod., I., i. 8). De este modo remedió en parte el grave error que había cometido tiempo atrás, después del ascenso de Justino, cuando indujo una persecución de los obispos y monjes monofisitas, y se enemistó así con las poblaciones de muchas regiones y provincias. Su objetivo constante era ahora ganarse a los monofisitas, sin tener que abjurar el credo de Calcedonia. Para muchos miembros de la corte no llegó lo suficientemente lejos en este sentido: en concreto Teodora se habría alegrado de ver a los monofisitas más favorecidos. Justiniano, sin embargo, se reprimió en este tipo de medidas a causa de las complicaciones que se habrían desatado con Occidente.


Predecesor:
Justino I
Emperador del Imperio Bizantino
527 - 565
Sucesor:
Justino II


Este artículo contiene textos de la Schaff-Herzog Encyclopedia of Religion.

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