Jack el Destripador

Keywords: Jack el Destripador, Londres, Scotland Yard, Victoria

Jack, el Destripador, apodo con que se conoce al anónimo asesino que asoló un barrio popular de Londres en la penúltima década del siglo XIX. El misterio en que quedaron envueltos sus crímenes convirtió el caso en un mito oscuro que dio origen a numerosas obras de ficción.

La repercusión mundial e histórica de los asesinatos de varias prostitutas de Whitechapel en el East End (límite Este) de Londres, que se sucedieron entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888, tal vez no se deba tanto a que hayan sido los primeros en serie, como a que por primera vez ocho diarios cubrieron en detalle este tipo de hechos.

Pero su aspecto mitológico está dado, quizá, por la circunstancia de que se funden en la figura del Destripador la de una especie de monstruo gótico y la de un burlador de la Policía, estilo Arsenio Lupin, solo que las manos de Jack estaban tintas en sangre. Aquella fue una novela escrita en la realidad; en todo caso no tuvo otro autor literario que los periodistas de la época.

Una hipótesis, surgida en los 70 del siglo Veinte, trajo finalmente un elemento conspirativo a la historia. Sostiene que Jack fue el médico de la Corte de la reina Victoria, el cirujano francmasón William Gull. Y que el objetivo era proteger los secretos de Albert Víctor Christian Edward, duque de Clarence y Avondale, hijo del Eduardo, príncipe de Gales, que frecuentaba el barrio prostibulario.

La prostituta Mary Ann Nichols, a quien llamaban Polly, fue hallada en Bucks Row, frente al muelle de Essex y confundida, de lejos, con un marino borracho. No, estaba degollada y mutilada. Polly es, para las efemérides, la primera víctima. Pero la gente y la prensa quisieron atribuir a Jack también el asesinato de la pelirroja Martha Traban, cometido el 7 de agosto. Y algún otro, anterior o posterior. El experto Philip Sugden, en los 90 del siglo Veinte, dio este cuidadoso dictamen: "Por lo menos cuatro, probablemente seis, sólo posiblemente ocho". Pericias, análisis de modus operandi y, finalmente, un cierto catecismo sobre el caso, da por víctimas ciertas del Destripador (como él mismo se bautizó, o como lo hizo algún otro que mandó cartas así firmadas a Scotland Yard) a:

Tenían en común que eran prostitutas y nada más. Distintas edades y formas físicas. El asesino las degollaba primero y luego extraía algunos de sus órganos, que acomodaba en torno a los cadáveres.

La sospecha sobre una conspiración del Palacio para acallar a las prostitutas que podían delatar las andanzas oscuras del duque de Clarence, y la posibiliad de un hijo ilegítimo, no explica la saña feroz del criminal con el cuerpo de sus víctimas.

En su momento, Scotland Yard apareció vencida por el asesino, quien además enviaba cartas a la jefatura con el encabezamiento "Dear boss" (querido jefe).

Hay constancias de que la Policía indagó lateralmente el burdel de homosexuales que pudo haber frecuentado el duque de Clarence. El inspector Frederik Abberline, reputado como excelente detective, tuvo a su cargo este aspecto de la investigación, y eso es todo lo que se sabe. En 1903, Abberline declaró públicamente que había sospechado del envenenador Severin Klosowski y en sus memorias apenas menciona el asunto del Destripador y se explaya, en cambio, sobre su gran trabajo de limpieza en los casinos de Mónaco, realizado para la agencia estadounidense Pinkerton. El detective John Littlechild indicó al médico Francis Tumnblety, quien, sabiéndose en la mira de la policía, huyó a los Estados Unidos. Cada detective de Scotland Yard y de la policía de la City -un cuerpo independiente que actuaba en el corazón de la ciudad e intervino en el cuarto caso- tenía su propio sospechoso. Casi todos parecían estar equivocados.

El 31 de diciembre de 1888, el abogado Montagne John Druitt, de 31 años, se ahogó en el Támesis. Scotland Yard dijo que él era el principal sospechoso -aunque lo tenía como médico y no como abogado- y cerró el caso.

Druitt, que provenía de una aristocrática familia de médicos, era profesor en un internado de varones y miembro del elitista club Los Apóstoles. Con frecuencia atravesaba Whitechapel para visitar a su madre en una clínica de enfermos mentales. Una historia tan improbable como la del duque de Clarence dice que el club, sabiéndolo culpable, lo obligó a suicidarse.

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