Historia de Túnez
Keywords: Historia de Túnez, 146, 149 adC, 1830, 1834, 1837, 1838, 1839
| WikiLetra | Puedes colaborar con Wikipedia mejorando este artículo. Una buena fuente son los artículos de la wikipedia en otros idiomas. |
Los fenicios llegaron a la costa norteafricana hacia el año 1000 adC. con la intención de asentar puertos para sus barcos mercantes que efectuaban la travesía desde el Mediterráneo oriental hasta el litoral atlántico de España, una importante fuente de metales en bruto. En su conjunto, estos puertos no fueron demasiado utilizados, y se hizo muy poco para explotar el interior del continente. En torno al siglo VII adC., se fundaron asentamientos en Tamuda (Tetuán), Lixus, y Tingis (Tánger), en Marruecos; Saldae (Bugía o Bejaia), en Argelia; y Utica, Cartago, Hadrumetum (Susa) e Hippo Diarritus (Bizerta), en Túnez. Hacia el siglo IV adC., cuando Tiro había caído a manos de los persas y, por tanto, su influencia en el Mediterráneo había remitido, Cartago era ya una potencia regional que controlaba todo el litoral septentrional hasta la costa atlántica de lo que hoy es Marruecos. Los cartagineses explotaron el interior de la zona, sobre todo la fértil península del cabo Bon, e hicieron todo lo posible por mantener las rutas comerciales. Esta situación desembocó en un enfrentamiento con los griegos en Sicilia, en el siglo 396 adC., en el cual los cartagineses fueron derrotados. En el año 310 adC., los invasores griegos, comandados por Agatocles, el tirano de Siracusa, desembarcaron en el Norte de Africa, y. durante tres años, fueron dejando un rastro de destrucción hasta que los mercenarios cartagineses los derrotaron. También fue en Sicilia donde intereses romanos y cartagineses convergieron, lo que ocasionó las Guerras Púnicas y, en último término, la caída de la propia Cartago. La primera de las Guerras Púnicas resultó un largo conflicto que se mantuvo por espacio de 22 años, desde el 263 hasta el 241 adC. Los cartagineses, vencidos a su vez en numerosas batallas navales, consiguieron derrotar y capturar al general romano Regulus. No obstante, tras la pérdida de su armada en una escaramuza que casi les costó la aniquilación, aceptaron las exigencias de Roma y cedieron sus posesiones en Sicilia, seguidas muy pronto por las de Cerdeña y Córcega. Cartago hubo de afrontar, además, varios problemas locales: ya no había dinero en las arcas para pagar a los mercenarios, que se rebelaron, y sólo pudieron ser reducidos al cabo de un prolongado período de brutalidad y duros enfrentamientos. Este proceso fue conocido como la Guerra Sin Tregua. Tras la primera Guerra Púnica, Cartago consolidó su posición en África y se estableció en España bajo el liderazgo de Amílcar. El hijo de éste, Aníbal, ignoró las amenazas de Roma encaminadas a desanimar la expansión cartaginesa. El emperador romano Escipión recuperó España y desembarcó en África, concretamente en Útica, en el año 204 adC. Durante medio siglo, Cartago conservó sus territorios en el norte de África pese a las incesantes amenazas por parte del rey númida Masinisa, establecido en Cirta (hoy Constantina, en Argelia) y previamente aliado con el invasor Escipión. Si bien Cartago ya había dejado de ser una potencia, muchos romanos creían que, mientras existiera, constituiría una amenaza latente. Entre éstos se hallaba Catón el Viejo, un eminente estadista y escritor que destacó por su vehemente oposición a Cartago. Así, en la tercera Guerra Púnica, la armada de Roma desembarcó una vez más en Utica, en el 149 adC. Durante los tres años siguientes, los romanos sitiaron Cartago, y ésta cayó por fin en el 146.
El asentamiento romano en África no obedece tanto a un deseo de expansionarse como a una necesidad de supervivencia provocada por las guerras contra Cartago. La zona fue sometida al dominio de un gobernador durante casi un siglo. Al término del mismo, el emperador Augusto refundaría Cartago en el año 44 adC. e instalaría un procónsul en ella para que gobernara la nueva colonia, lo que indica la pujante importancia de la región. Las áreas ubicadas al oeste seguían controladas por los gobernadores númidas. Durante un período de unos cincuenta años, se registró un intenso tráfico de colonizadores romanos en busca de sus propias tierras. La expansión estatal efectuó grandes progresos cuando el último de los reyes númidas, Juba I, se replegó con sus tropas en una dirección errónea, durante la guerra civil romana, y fue derrotado por Julio César en el año 46 adC. en Tapso (cerca de Mahdia). La nueva provincia de Africa Nova fue refundida con la vieja y rebautizada como Africa Proconsularis. Cuando el rey mauritano Bocco II murió en el 33 adC., Augusto instaló a Juba II, un renombrado erudito casado con Cleopatra Selene (hija de Marco Antonio y Cleopatra), como rey. Tras el asesinato del hijo y sucesor de Juba II, Ptolomeo, el reino occidental se dividió en las provincias de Mauretania Caesarensis, que se extendía desde lo que es hoy Sétif hasta la frontera marroquí, y Mauretania Tingitana, desde allí hasta la costa atlántica. A partir de ese momento, y hasta el declive del Imperio Romano en el siglo IV dC., el Norte de África, sometido a Roma. La agricultura representaba un importante papel, y en el siglo I dC. África proveía más del 60 de la demanda de grano del Imperio. La ganadería y la pesca estaban también muy difundidas; asimismo, la mayor parte de las fieras que se utilizaban en los espectáculos circenses procedía de África. El período del dominio de Roma experimentó una gran extensión urbanística a lo largo de la costa norteafricana, donde se establecieron colonias de soldados veteranos y civiles. Muchas comunidades indígenas prosperaron, y a sus miembros les fue concedida la ciudadanía romana; de hecho, muchos nobles romanos eran de origen africano. Algunos de ellos accedieron al alto funcionariado. Las colonias de África proporcionaron también una línea de emperadores africanos, el más notable de los cuales fue Septimio Severo. Fueron estos ciudadanos ricos quienes donaron los monumentales edificios públicos que adornaron las ciudades romanas de la región. Los terratenientes se rebelaron contra el incremento de los impuestos y se registraron levantamientos tribales en Mauritania. El cristianismo se expandía con rapidez, sobre todo a partir de la conversión del emperador Constantino en el año 313. Se esperaba que esa circunstancia contrarrestara la crisis del Imperio, pero la controversia donatista que emergió en Cartago se encargó de aniquilar tales esperanzas. Esta controversia se centró en torno al cisma provocado por la escisión del sacerdote cartaginés Donato de la iglesia ortodoxa.
La presencia francesa en el norte de África se inició formalmente en 1830, momento en que los galos bloquearon y atacaron Argel. La razón aducida para tal acción fue un insulto del rey de Argel al consul francés. El motivo real, sin embargo, era la necesidad de un éxito militar para engrosar los cada vez más escasos recursos del rey Carlos X. A las tres semanas del desembarco francés, el 5 de julio, el gobierno del rey había capitulado y dos semanas más tarde, era derrocado el propio Carlos X; su sucesor, Luis Felipe, alentó la colonización. En 1845, el general Bugeaud, después de haber conquistado la mayor parte del país, fue proclamado gobernador general de Argelia. No obstante, no fue hasta 1847 que el oeste del país, que había permanecido en poder del famoso Abdelkader, pasó a estar bajo control francés. Abdelkader, que había sido elegido el líder local en el conflicto contra los invasores cristianos europeos. Había sido reconocido por los franceses en el Tratado de Desmichels de 1834, que le dio el control real del oeste y el centro de Argelia. Su posición se vio más tarde fortalecida por el Tratado de Tafna, en 1837. Su carisma y su capacidad para reunir a la población en torno suyo fue tal que, a finales de 1838, la zona que se hallaba bajo su control abarcaba desde Biskra a la frontera marroquí en el sur, y desde la Cabilia hasta Orán en el norte. Esta zona constituía, en la práctica, un estado independiente, con su propio sistema administrativo y judicial. Al cabo de seis años de lucha contra los franceses, tras la ruptura del tratado en 1839, Abdelkader se vio obligado a huir a Marruecos, donde solicitó ayuda al sultán, Abd er Rahman. Le fue concedida, pero su ejército fue derrotado por los franceses en Isly (cerca de Oujda), en 1844. Finalmente, Abdelkader se rindió a éstos en 1846, con la condición de que se le permitiera vivir en Oriente Medio. A pesar de ello, estuvo encarcelado en Toulon, Pan y Amboise hasta 1852, y al fin, recibió la autorización para vivir en Damasco, donde murió en 1883, después de 36 años de exilio. Fue la principal fi¬gura del movimiento nacionalista argelino y hoy día se le considera héroe nacional; muchas calles llevan su nombre y tiene una gran estatua en el centro de Argel. La ocupación francesa de todo el país se consumó en 1871, cuando por fin se sometió a los pueblos de las montañas de la Cabilia (al este de Argel). Durante los siguientes 50 años de dominio francés, colonos europeos de origen italiano, maltés y español establecieron su hegemonía sobre la población local. Se eliminó la cultura nativa y las medinas árabes fueron sustituidas por barrios con trazado en cuadrícula. Muchos argelinos trabajaron en Francia, sobre todo en las fábricas, soportando el esfuerzo que supuso la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Fue precisamente entre estos trabajadores expatriados donde surgieron los primeros brotes de nacionalismo. Ello condujo a la formación del Parti du Peuple Algérien, seguido de la fundación de la Asociación Argelina de Ulama. organización en gran parte religiosa, en la propia Argelia. Tras la Segunda Guerra Mundial, el presidente francés Charles de Gaulle ofreció la ciudadanía a determinadas categorías de musulmanes. Este procedimiento se consideró inadecuado y se produjo un levantamiento cerca de Sétif en el que fueron masacrados más de 80 europeos. En 1947, sin embargo, todos los musulmanes había recibido todos los derechos que entraña la ciudadanía francesa, entre ellos el derecho a vivir y trabajar en Francia. La guerra por la independencia de Argelia comenzó el 31 de octubre de 1954 con un estallido de violencia en Batna. Éste fue provocado por los jóvenes que habían formado el nuevo Frente de Liberación Nacional (FLN), una organización cuyo principal objetivo era la caída de la administración francesa por medios militares en el país y diplomáticos en el extranjero. Los combates, sangrientos y encarnizados, continuaron durante los siguientes siete años. En 1956, la lucha por la independencia argelina recibió el apoyo material de los países vecinos, antiguos protectorados franceses. Ello condujo a la instalación, por parte gala, de una serie de imponentes alambradas y puestos de vigilancia que separaron Argelia de Marruecos y Túnez. La que se extendía a lo largo de la frontera con Marruecos tenía más de 1.000 km de longitud y sus restos pueden verse aún en la actualidad. En realidad, las alambradas se hallaban a cierta distancia de la frontera, y las zonas de amortiguamiento eran patrulladas día y noche por fuerzas argelinas. La idea (un éxito mientras salió bien) consistía en aislar a los revolucionarios para que no les llegara la ayuda tunecina y marroquí. Como, de hecho, Argelia formaba parte de la Francia metropolitana, había tres millones de colonos franceses que vivían en esa parte del norte de África. Evidentemente, no deseaban que el país perdiese el contacto con Francia y en un levantamiento que se produjo a principios de 1958, miles de estos colonos pidieron que Argelia siguiera formando parte de ella. Gran parte de los colonos votaron el retorno de De Gaulle a la presidencia de la república en una campaña que tenía por lema Algérie Française. Entre estos mismo colonos creció la preocupación cuando se hizo obvio que De Gaulle estaba considerando conceder la independencia de Argelia. En 1961, algunos de ellos incluso llegaron al extremo de crear lo que venía a ser una organización terrorista de colonos, el 18 de marzo de 1962 se llegó a un acuerdo para la celebración de un referéndum en Argelia tras el cual, si el voto de la población así lo expresaba, se otorgaría la independencia a este territorio. Los resultados fueron de 6 millones de votos a favor y sólo 16.000 en contra. Lo que había sido un escaso flujo de colonos franceses que volvían a la metrópoli se tornó una emigración en masa. La guerra de liberación representó un coste tremendo para Argelia; murieron más de un millón de argelinos y más de dos millones fueron trasladados en un esfuerzo de las autoridades coloniales por acabar con todos los intentos de organización de un movimiento nacionalista eficaz. Ahmed ben Bella fue elegido primer ministro, prometió un Estado árabe-islámico con una política interior basada en los principios del socialismo y de la dirección colectiva y una política exterior antiimperialista. Aunque popular, el gobierno no consiguió orden en la administracción y fue derrocado en 1965por el Ministro de Defensa y Jefe de Estado Mayor del FLN. El desempleo y la economía sumergida siguieron constituyendo serios problemas y muchos argelinos se vieron obligados a trabajar en Francia, pese al profundo sentimiento de hostilidad que existía entonces hacia ellos. Se explotaron las enormes reservas de petróleo y gas natural del Sáhara y a pesar del hecho de que más del 70 % de la población activa estaba empleada en el campo, la agricultura fue abandonada en favor de la industria durante la década de los 70. El resultado fue que la producción agrícola pronto se halló por debajo de los niveles logrados durante la dominación francesa. El coronel Bumedien murió en diciembre de 1978 y en un congreso del FLN celebrado en Argel, el coronel Chadli Benjedid fue elegido presidente. Fue reelegido en 1984. Desde la independencia se han producido pocos cambios políticos en Argelia. El FLN sigue siendo el único partido y lleva a cabo una política de carácter socialista. La mala planificación, producto del alto grado de burocratización y de centralismo, es responsable en buena parte de la mísera situación del sector agrícola. En los últimos años, el presidente Chadli Benjedid ha emprendido una serie de prudentes reformas que tienen por objetivo reducir la dependencia argelina en productos de importación, como alimentos, prendas y medicinas. La reforma más radical desde la independencia tuvo lugar a finales de 1987, cuando Benjedid abolió el organismo central de planificación, el bastión del control económico socialista. La nueva legislación desligó la mayor parte de compañías públicas del control directo del gobierno y liberalizó el sistema bancario. Estas reformas alientan la participación en la economía del sector privado, pero Chadli Benjedid se ha mostrado cauto al no acelerar demasiado el proceso por miedo a la oposición en el seno del FLN, donde los veteranos contemplan con profundo recelo cualquier desviación del control centralizado de la economía. Con frecuencia Argelia da la imagen de un país antioccidental en lo que se refiere a su política exterior, pero es un miembro activo del Movimiento de los Países no Alineados, y en aspectos como las exportaciones de gas natural ha entrado en competencia directa con la Unión Soviética (Federación Rusa). El país se ha ganado cierto respeto en la política internacional por su firme postura en defensa del Tercer Mundo y apoyo a los movimientos de liberación. Es un fiel aliado del Frente Polisario en su causa contra la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y de hecho, el cuartel general de esta organización se halla en Tindouf. Esta cuestión ha estado a punto de provocar una guerra entre ambos países en dos ocasiones, y la situación en la frontera cambia de vez en cuando. En 1988 se produjo un acercamiento de ambas naciones y de momento, el futuro es prometedor. Hasta 1988 no hubo oposición al gobierno, aunque tuvieron lugar algunos incidentes. En 1985, un grupo de musulmanes extremistas atacaron una comisaría de policía y en la región de la Cabilia, activistas bereberes organizaron una huelga de 24 horas que culminó con la detención de varios miembros de la asociación en pro de los derechos culturales Enfants des Martyrs. En diciembre del mismo año, varios miembros de otra asociación similar de reciente creación fueron también encarcelados sin que fuesen procesados. El mayor desafío al gobierno de Benjedid se produjo en octubre de 1988, cuando miles de personas tomaron las calles en protesta contra las medidas de austeridad del gobierno y la escasez de alimentos. Para restablecer el orden se solicitó la ayuda del ejército y, a consecuencia del conflicto resultante, murieron entre 160 y 500 personas, depende de la fuente de información. Más de 3.000 fueron encarceladas sin proceso previo. Tras la revuelta, se celebró un referéndum que supuso la reforma de la constitución argelina.
