Historia de la Región de Murcia

Keywords: Historia de la Región de Murcia, 1031, 1088, 1147, 1172, 1228, 1238


Imagen no existente
Icon-gears.png


Este artículo está en desarrollo, por lo que puede haber lagunas de contenido y deficiencias de formato. Rogamos paciencia. Mientras tanto, puedes ir contribuyendo a ampliarlo y mejorarlo.
Tabla de contenidos

Prehistoria

Edad de Piedra

Recientemente se han recuperado evidencias de la presencia humana en la Región de Murcia hace 300.000 años. Sin embargo, los restos más abundantes son del Musteriense, donde predominaba el hombre de Neandertal, y los encontramos en el Cabezo Gordo (en Torre Pacheco) y en la Encarnación (en Caravaca). También son notables los hallazgos de arte rupestre del Paleolítico Superior en Cieza.

El arte rupestre del postpalelolítico se encuentra por toda la Región.

Véase también: Arte rupestre en la Región de Murcia

Hace 5.000 años, tanto las técnicas ganaderas como las agrícolas estaban extendidas por toda la Región, lo que propició la sedentarización de los habitantes de la zona, sobre todo en los territorios cercanos a las cuencas fluviales. El arte levantino tiene una gran representación en Murcia: Abrigo de los Grajos (Cieza), Peña Rubia (Cehegín), Abrigo de Domingo (Moratalla), etc.

Edad del Cobre

Edad de Hierro

Antigüedad

Cartagineses

El general Asdrúbal, con la intención de ampliar el dominio cartaginés en el sudeste de la Península Ibérica, fundó la ciudad de Cartagena (entonces llamada Qart-Hadast), en el año 229 adC, sobre un núcleo de población anterior al que se relaciona con la Mastia. Su presencia duraría únicamente veinte años ya que, en 209 adC, durante la Segunda Guerra Púnica, el romano Publio Cornelio Escipión conquistó la ciudad y acabó con el gran emplazamiento estratégico cartaginés.

Romanos

Tras la conquista de Cartago Nova, ésta se convirtió en un centro fundamental para la expansión romana hacia el interior de la Península. Se convirtió en una de las ciudades romanas del Mediterráneo más importantes.

Desde la misma ciudad de Cartagena se produjo un intenso y rápido proceso de romanización de los territorios de alrededor, entre los que se podrían destacar las zonas de producción minera cercanas alrededor de los cuales se desarrollaron núcleos de población relevantes como Begastri (Cehegín) o el primitivo asentamiento de Eliocroca (la actual Lorca).

También prosperaron villas de explotación agrícola y ganadera, y regiones costeras donde se crearon factorías conserveras y de producción de garum (un tipo de salsa de pesado muy popular en aquella época). En la actualidad quedan restos arqueológicos de estas villas y factorías en

Entre los siglos I adC y IV dC, la Región, que pertenecía a la provincia romana de la Tarraconense, gozaba de prosperidad basándose en el modelo romano. Cartago Nova sufrió una gran expansión con construcciones varias tales como edificios, obras públicas, templos, un gran teatro y un anfiteatro, todos ellos ordenados por Octavio Augusto y sus sucesores.

Dado el carácter cosmopolita de Cartago Nova, y a través de su puerto, arribaron las primeras comunidades cristianas de la Región sobre el siglo V. La asistencia del obispo de Cartagena (Hilario) al concilio de Toledo en el año 400 hacen suponer una amplia comunidad cristiana. Sin embargo, el primer obispo de la Región conocido fue el de Lorca alrededor del año 309.

La decadencia del Imperio Romano, en el siglo V, genera una anarquía de gobierno en la Región, que se ve suplida parcialmente por la aristocracia local y por la organización eclesiástica cristiana.

Véase también: Hispania

Visigodos

Debido a la decadencia romana, varios pueblos germánicos penetraron en el Mediterráneo deseosos de conquistar nuevas tierras de climas más cálidos. En esos momentos de inestabilidad se produjo, en el año 415, un saqueo en Cartago Nova.

Más adelante, la invasión visigoda de la Península Ibérica provocó consecuentemente también la toma de control visigoda del conventus cartaginensis, que era el distrito dependiente de la ciudad y comprendía territorios más allá de la actual Región de Murcia. Sin embargo, la inestabilidad de la política del nuevo pueblo invasor permitió a los romanos, ahora bizantinos, recuperar en 552 la zona costera desde Alicante hasta Cádiz, provincia a la que llamarían Spania.

El dominio de los bizantinos provocó un estado de sitio por parte visigoda que forzó la desaparición de numerosas aldeas rurales y, a la vez, la consolidación de pequeñas ciudades fortificadas tales como Begastri o Eliocroca.

Por fin, en 621, Suintila conquistó uno de los últimos baluartes bizantinos en Spania: Cartagena.

Véase también: Hispania visigoda

Edad Media

Los visigodos tuvieron grandes dificultades en dominar el Conventus Carthaginense, al que le cambiaron el nombre por Cartago Spartaria.

Para evitar cualquier otra invasión por mar, los visigodos formaron una especie de provincia militar cuya capital era Orihuela. Ésto generó una gran estabilidad en el territorio, que contrastaba con todo el resto de la Península, que estaba en plena guerra civil por la corona visigoda.

Árabes

En el año 713, sólo dos años después de la invasión árabe a la Península, el emir Abd al Aziz ocupaba ya la provincia de Aurariola. El conde Teodomiro, que era gobernador de la provincia, pactó una capitulación favorable. Se obtenía una cierta autonomía a cambio del pago de un tributo por parte de los habitantes de la zona. Este pacto incluía 7 ciudades: Orihuela, Alicante, Begastri (Cehegín), Mula, Lorca, Elche y Eio.

La inestabilidad del emirato de Córdoba (entre 754 y 929) y los numerosos conflictos sociales entre árabes y visigodos provocaron la destrucción de Eio, pero también la fundación por parte del emir de Al-Andalus Abd al-Rahman II de la ciudad de Mursiya (la actual Murcia), en abril de 825, siendo la última de las grandes ciudades de la Región de Murcia en fundarse.

Durante la época pacífica del califato, entre 929 y 1031, la reciente ciudad fundada de Mursiya crece, prospera y consigue importancia en el califato. Esta época floreciente se ve frenada con el período de taifas, que es escenario de acciones beligerantes, y su dominio va cambiando de manos entre los emires. Desde 1088 una hueste comandada por Alvar Fañez, el lugarteniente de El Cid, se apropia de la fortaleza de Aledo y saquea la zona.

Después de que los almorávides lograran la unificación de Al-Andalus (en Murcia desde 1091), surgen los segundos reinos de taifas. En esta época, Murcia alcanza una gran hegemonía gracias a Ibn Mardanish, el Rey Lobo, que mantiene relaciones amigables con el Reino de Castilla y organiza la resistencia contra a los almohades entre 1147 y 1172. Durante el emirato del Rey Lobo, Murcia logra un esplendor inmenso, tanto que su moneda se convierte en referente en toda Europa. La prosperidad de la ciudad se basó en la agricultura y, aprovechando el curso del río Segura, se crearon una compleja red hidrológica (acequias, tuberías, azudes, norias, acueductos), siendo la predecesora del actual sistema de regadíos de la huerta del Segura. La artesanía también era muy importante y de gran prestigio, tanto que la cerámica murciana se exportaba a las repúblicas italianas. A todo esto hay que añadir los numerosos lugares de ocio y cultura que se crearon como guinda de esta esplendorosa etapa del emirato murciano, que fue capital de Al-Andalus durante un tiempo.

En la época de los terceros reinos de taifas (1228 -1266), se independizó Ibn Hud, convirtiendo de nuevo a Murcia en capital de al-Andalus. Aquí comenzó el período en que la cultura murciana alcanzó su máxima grandeza, contrastando con su inestabilidad política, que se vio acentuada con la muerte de Ibn Hud en 1238.

La Reconquista

En 1243, el emir de Murcia firmó las capitulaciones de Alcaraz acogiéndose con ésta a un protectorado de los reinos de Castilla y de León. Así, Murcia ganó una fuerte alianza para repeler a los aragoneses (de Jaime I) y a los granadinos (de Ibn al-Ahmar). Castilla, en contrapartida, conseguía una salida al Mar Mediterraneo.

Bajo el reinado de Fernando III, y posteriormente con el de su hijo Alfonso X el Sabio, entre los años 1243 y 1264, comenzó una etapa próspera con una coexistencia pluricultural pacífica entre cristianos, moros y judíos.

En 1264, esta estabilidad se vio truncada cuando los mudéjares murcianos iniciaron una revuelta contra Castilla, debida a la intolerancia cristiana frente sus costumbres y tradiciones. La revuelta fue sofocada en 1266, con ayuda aragonesa.

Tras la revuelta y hasta 1272, el reino de Murcia se vio sometido a una repartición y colonización por parte de gentes venidas de toda la Península y ciertas zonas de Europa. Se formaron concejos de realengo y señoríos laicos, esbozándose así los término municipales actuales de la Región. La estabilidad se vio favorecida por el establecimientos de órdenes militares tales como la de Santiago, evitando así las rebeliones internas, a los piratas de la costa y la conflictividad de la frontera con Granada. Esta última se fortificó con castillos y torres fortificadas.

El rey Jaime II el Justo de Aragón había empezado a conquistar el Reino de Murcia en 1296, ofrecido por Fernando de la Cerda al rey a cambio de su apoyo contra el infante heredero al trono de Castilla, Fernando IV.

Alicante fue conquistada en abril, tras una dura resistencia de la alcazaba del castillo, Nicolau Peris tomó Guardamar con el apoyo de la flota, negoció con Joan Manuel, señor de Elche, prosiguiendo hacia Orihuela y Murcia, que capitularon, igual que el resto del huerta murciana. Alhama de Murcia no se rindió hasta el 1298.

La conquista se vio facilitada por la abundante población de origen catalanoaragonés, aunque tuvo la oposición de las guarniciones castellanas de los castillos y del obispo de Cartagena. Una segunda campaña hacia Murcia tuvo lugar en 1298, ocupando Alhama de Murcia, y el 21 de diciembre de 1300 capitulaba Lorca. En junio de 1300 Jaime II incorporó el señorío de Albarracín a la Corona de Aragón. Tanto Castilla como Aragón necesitaban la paz y se firmó el Tratado de Torrellas (1304) y posteriormente la modificación al Tratado de Elche (1305), que modificaba definitivamente las fronteras entre Castilla y Aragón fijadas en el Tratado de Almizra (1244), incorporando a la Corona de Aragón, en concreto al Reino de Valencia, las comarcas del Valle del Vinalopó, el Alacantí y la Vega Baja del Segura.

La situación conflictiva se mantuvo hasta la conquista de Granada, en 1492.

Véase también: Castillos de la Región de Murcia

Edad Moderna

Siglo XIX

Guerra de la Independencia

Cantón Murciano

Con el exilio a Francia de Isabel II en 1868 tras su destronación, comienza el Sexenio Democrático, que daría lugar a la instauración de la Primera República Española y a un proceso federalista en el que Murcia tomó parte activa.

Tras el intento fallido de Prim de coronar a Amadeo de Saboya, Pi y Margall formó un gobierno que generó dentro de la recién creada República Federal unas situaciones de convulsión general en toda España. Fue aquí donde se inició el proceso cantonal murciano.

El 12 de julio de 1873 fue proclamado el Cantón Murciano, que se extendía por tierras levantinas y del norte de Andalucía. Se intentaba así reagrupar las tierras que alguna vez pertenecieron al reino de Murcia.

Ante las amenazas centralistas y las discrepancias con la ciudad de Murcia, fue Cartagena quien se puso a la cabeza de los acontecimientos. Ésta, siendo el más firme bastión republicano de la Región, tenía consciencia de su condición privilegiada gracias a su base naval y su importante arsenal que permitió armar a un considerable número de adeptos a la causa. A la cabeza, se situaba Antón Gálvez Arce (Antonete Gálvez). El Cantón de Cartagena llegó a acuñar una moneda propia (el "duro cantonal").

Tras seis meses de asedio a Cartagena, el general López Domínguez consigue la rendición de la plaza (12 de enero de 1874).

Véase también: Cantón de Cartagena

Siglo XX

*

Keywords: Historia de la Región de Murcia, 1031, 1088, 1147, 1172, 1228, 1238