Historia de Checoslovaquia

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En el siglo V d.C. las tribus eslavas llegan a la región de Bohemia y Moravia y conquistan estos territorios, ocupados ancestralmente por los celtas y los germanos.
Allí permanecieron pacíficamente, organizados en villas circulares (okroulice) y desarrollaron su economía en base a la agricultura.

Durante el siglo VI, los ávaros invadieron la zona y sometieron a las pacíficas tribus eslavas, formando un imperio entre Lebe y Dnieper .

En el siglo VII se produce el primer intento de crear un estado mediante la unificación de las distintas tribus eslavas, como medio de protegerse contra los ataques de los ávaros, dando nacimiento al reinado de Samo, en el año 625. Este estado duró hasta el año 658, cuando los ávaros fueron, finalmente, expulsado de la región.

En el siglo IX, las tribus asentadas en Moravia se unen a Carlomagno, creando un nuevo estado que fue un feudo para él. Carlomagno logró unir a estas tribus, pero fue su sucesor, Mojmir, y los de éste, Rotislav y Svatopluk, quienes llevaron a cabo su sueño y convirtieron a la región en un reino independiente, extendiendo sus dominios a través del oeste de Eslovaquia, Bohemia, Silesia, Polonia y el oeste de Hungría, conformando el Gran Imperio de Moravia, y entablando duras luchas con los francos y los húngaros.

En la década de 870 el príncipe Borivoj construyó su castillo en la ciudad de Praga , convirtiéndola en el principal asentamiento de su dinastía. Durante esta época, con la llegada de Cyril y Methodius (enviados por el emperador de Bizancio), adoptan el alfabeto cirílico y la liturgia y ritos de la Iglesia Cristiana de Oriente.
A la muerte de Methodius, en 885, por ese entonces Arzobispo de Moravia, el Imperio cae bajo la influencia de la Iglesia Católica de Roma.
En el 950, el rey alemán Oton I conquista Bohemia y la anexa al Sacro Imperio Romano Germánico.

Durante el siglo X gobernó la dinastía de los Premislidas, siendo un período de unificación y prosperidad de las tribus asentadas en Bohemia.

En el año 1212, el Papa le concedió, al príncipe Premys Otaker I, el privilegio de gobernar como rey, pero –posteriormente- a su hijo y sucesor se le negó la corona, recayendo en Calos IV (siglo XIV), quien fundara la Universidad de Europa Central y diera decidido empuje a la cultura creando una época de esplendor social y político. Para entonces, el territorio moravo se extendía desde el Báltico hasta el Adriático.
Mas a este esplendor fue acompañado por un movimiento revolucionario encabezado por Jan Hus, con el fin de provocar reformas en la Iglesia. Este movimiento provocó un extenso período de enfrentamientos armados, que culminaron con el apresamiento y ejecución de Hus en la hoguera en 1415. A la muerte de éste, sus seguidores (los husistas) siguieron su tarea, esta vez encabezados por Jan Zizka hasta su muerte en 1424. Durante este tiempo los husistas defendieron Praga de la primera cruzada promovida por un Papa, pero además realizaron incursiones armadas sobre Alemania, Polonia y Austria. También los husistas eligieron el primer rey protestante de Europa: Jorge de Podebrand. Esto hizo que la mayoría de los nobles se convirtieran al protestantismo.
Posteriormente, Vladislav II (un príncipe polaco) fue erigido rey de Bohemia (siglo XV) llegando a ser, también, rey de Hungría.

En 1526, tras el deceso de Vladislav II, las coronas de Hungría y Bohemia quedaron vacantes, siendo ocupadas por Fernando de Habsburgo, un católico.
Los años que siguieron se caracterizaron por los conflictos y la intolerancia religiosa entre los nobles protestantes de Bohemia y la casa de los Hasburgo.
Los Hasburgo no cumplieron son sus promesas de tolerancia religiosa y en la reposición de privilegios. En una de los tantos enfrentamientos, dos consejeros Hasburgos fueron defenestrados desde una de las ventanas superiores del castillo de Praga, lo que provocó la ira de los Hasburgo y el comienzo de la guerra de los Treinta Años (1618), que dejó a los estados checos desbastados. En 1620, el ejercito bohemio sufre una aplastante derrota en la batalla de la Montaña Blanca, que selló la suerte de Bohemia a la casa de Hasburgo. El pueblo checo perdió sus derechos y propiedades a manos de una monarquía absolutista y católica, y su capital pasó a ubicarse en Viena.
Los máximos pensadores checos debieron partir al exilio y los que quedaron fueron obligados a convertirse al catolicismo. Esta situación se extendió por más de un siglo, tiempo durante el cual la cultura checa estuvo influenciada por la alemana.

En el siglo XIX, Bohemia y Moravia se habían desarrollado notablemente gracias a la industria, lo que provocó que los campesinos checos se trasladaran a los grandes centros urbanos, mayoritariamente poblados de alemanes, con afán de progreso. Esta situación fue aprovechada por los intelectuales y periodistas de la época para fomentar una mayor conciencia nacionalista en el pueblo checo.

En 1848 los checos se sumaron a la serie de revoluciones que se dieron en Europa y Praga fue la primera ciudad del Imperio Austro-Húngaro en alzarse contra el poder central en pos de una reforma, con el fin de lograr la unión de checos y eslovenos.

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Siglo XX

El 28 de julio de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial. El sueño de un estado independiente checoslovaco vuelve a tomar fuerza, liderado por el profesor Tomas Garyk Masaryk, quien, tras la desintegración del Imperio Austro-Húngaro, logró fundar un estado independiente y soberano, el 28 de octubre de 1918, del que fue elegido como su primer presidente. (el 14 de noviembre de 1918). En este tiempo Checoslovaquia estaba formada por Bohemia, Moravia, Eslovaquia, parte de Silesia y Cárpato-Rutenia.
El 29 de febrero de 1920 se promulga la primera constitución checoslovaca, basada en las de Estados Unidos y Francia. A pesar de esto, eran tiempos de turbulencias políticas, solo aplacadas por el amplio desarrollo económico que hizo de Checoslovaquia una de las 10 economías mas poderosas del Mundo, donde la industria estaba en su máxima expresión.

Hacia 1929 la inestabilidad interna estaba fogoneada por movimientos pro autonomía eslovaca y por el descontento y la agitación de los más de 3 millones de alemanes que vivían en Bohemia, que habían perdido sus privilegios tras la desaparición del Imperio Austro-Húngaro. A esto debe sumársele la gran depresión de 1930 que comenzó a afectar a Checoslovaquia en 1932, cuando la producción industrial cayó un 60%, provocando la pérdida de millones de puestos de trabajo y la emigración de muchos eslavos, lo que dio nacimiento al movimiento nacionalista eslovaco.

La invasión nazi

En este contexto, los alemanes de Bohemia adhieren a las ideas nacionalistas de su país y se unen al Partido Nazi. Esta situación es aprovechada por Hitler que amenaza al, por entonces, presidente Edvar Bones y lo intima a entregar los Sudetes, una región poblada mayoritariamente por alemanes. Esta actitud nazi es apoyada en un vergonzante acuerdo llevado a cabo en Munich al que adhirieron Inglaterra (Neville Chamberlain) y Francia (Deladier), el 29 de septiembre de 1938, quienes no tenían intención de entrar en una guerra con el Reich en defensa de Checoslovaquia. Abandonado por Inglaterra y Francia, Bones, cedió a las presiones de Hitler y éste anexo estos territorios.

El país se fragmenta y Eslovaquia pasa a ser un satélite del Régimen Nazi, en 1939. Gran cantidad de checos fueron fusilados por los nazis para eliminar la resistencia y miles de judíos checos y eslovenos perdieron su vida en campos de concentración.
Aprovechando la debilidad en que había quedado el gobierno del presidente Bones, Polonia y Hungría también reclamaron territorios, los cuales fueron cedidos por temor a una invasión a gran escala de los nazis, cosa que finalmente se produjo. Los nazis ocuparon la desintegrada Checoslovaquia, creando el protectorado de Bohemia-Moravia. El presidente Bones tuvo que huir a Londres, donde formó un gobierno en el exilio.

La época soviética

En 1945, en la Conferencia de Yalta, de la que participaron Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética, estos acuerdan que Checoslovaquia pase a integrar la órbita soviética. El Ejercito Rojo marcha hacia Praga en mayo de 1945, pero antes de arribar y sabiendo la resistencia y el pueblo checo que los soviéticos llegaban desde el este, se rebelaron y lograron expulsar a los nazis un día antes que el Ejercito Rojo entrara en la ciudad.

Liberado el territorio checoslovaco, nuevamente se convirtió en un estado independiente, pero esta vez bajo el manto de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Durante este tiempo fueron expulsados gran cantidad de alemanes y colaboracionistas húngaros.

En 1946, el Partido Comunista (PC) gana las elecciones con el 36% de los votos. Checoslovaquia recupera los territorios que tenía en 1918, excepto Rutenia que es cedida al la URSS. El presidente Bones regresa de su exilio y comparte el gobierno con el PC, pero por falta de apoyo renuncia a su cargo en 1948.

El PC comienza a aplicar reformas para adherir al estilo soviético y promulga una nueva constitución. Apoyados en ésta, fueron declarados ilegales la mayoría de los partidos políticos y los restantes fueron subordinados al PC. Se nacionalizaron gran parte de las propiedades e industrias y muchos oponentes políticos fueron encarcelados o ejecutados.
La política económica del PC lleva al país a la bancarrota, haciendo de la década de 1950 un verdadero calvario para la población.

Segunda invasión soviética

Hacia 1956 la URSS emprende una desmilitarización de la región y suaviza su política. Los presos políticos son liberados y en 1960 se promulga una nueva constitución que convierte a Checoslovaquia en república socialista.

En 1968, Alexander Dubcek asume el secretariado general del PC y es elegido presidente de la república, e inicia reformas interpretando el sentir del pueblo a fin de tener una democracia plena, liberal y humana, hecho que se conoce como la Primavera de Praga. Dio más libertad de prensa y expresión.

El bloque comunista no soportó estos cambios y en la noche del 20 al 21 de agosto, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, poniendo fin a estas reformas. Dubcek fue detenido y deportado y otros 14 mil funcionarios del PC fueron expulsados del partido, y 500 mil de sus seguidores perdieron sus empleos. La opresión retornó a Checoslovaquia y permaneció allí por los siguientes 30 años.

La Revolución de Terciopelo

En 1989, a pocos días de la caída del Muro de Berlín, las juventudes comunistas de Praga organiza una manifestación en memoria de nueve estudiantes asesinados por los nazis en 1939. Esta manifestación no fue autorizada y fue brutalmente reprimida por el ejercito. Una filmación difundida el 17 de noviembre, puso de manifiesto la brutalidad del ejercito contra una pacífica marcha de más de 50.000 personas, lo que provocó más manifestaciones y el debilitamiento del gobierno comunista.

Los lideres de la oposición, encabezados por Vaclav Havel, formaron una coalición, el Foro Cívico, y negociaron la salida del partido comunista del gobierno, el 3 de diciembre de 1989, lo que se conoció como la Revolución de Terciopelo (Zamatova Revoluce) porque no hubo víctimas.

Checoslovaquia comienza reformas a fin de reincorporarse a la economía europea. Se eliminaron las leyes de la era comunista, se otorgó mayor libertad de prensa y de expresión y más libertad política. Las tropas soviéticas se retiran en 1991. Pero los gobernantes no lograron mantener la unidad con los eslovacos y las intenciones separatistas resurgieron.

Finalmente, el 1 de enero de 1993 los gobernantes checos y eslovacos deciden una pacífica pero no menos dolorosa separación, naciendo así la República Checa y Eslovaquia.

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