Historia de Argentina
Keywords: Historia de Argentina, 1502, 1516, 1526, 1530, 1536, 1537
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Prehistoria
Los más antiguos restos de la presencia humana en el actual territorio argentino se remontan a 13.000 años a.C., provenientes del yacimiento Piedra Museo en la provincia de Santa Cruz. La arqueología argentina data del siglo XVIII, pero comienza con métodos científicos en la segunda mitad del siglo XIX. Debido a la antigüedad de los restos humanos enncontrados, el científico Florentino Ameghino elaboró la teoría que afirmaba que el ser humano era originario de América (el Homo Pampeus), teoría que sería refutada por la mayor antigüedad de los fósiles africanos. El poblamiento de la pampa comenzó hacia el año 9.000 a.C. y el del noroeste unos 7.000 años a.C. Estos pueblos comenzaron a incorporar una agricultura incipiente hacia el año 1.000 a.C. (Los Morrillos, provincia de San Juan), estableciéndose en el noroeste las primeras culturas plenamente agrícolas y sedentarias unos mil años después.
Las primeras culturas que presentaron una clara diferenciación social también surgieron en esta área, con los llamados "señoríos", por estar dominadas pr un "señor", que dominaba una determinada región por medio del control del excedente económico. En este mismo período (s. VI d.C.) comenzó la elaboración de objetos que contenían una forma más artística que funcional (cerámica, utilización de metales).
Los pueblos aborígenes argentinos se dividieron en dos grandes grupos: los cazadores y recolectores, que habitaban la Patagonia, la Pampa y el Chaco; y los agricultores, instalados en el noroeste, el Cuyo, las Sierras de Córdoba y, más tardíamente, en la Mesopotamia. En las regiones agrícolas se desarrollaron varios pueblos con identidades diferenciadas, los Omaguacas, las culturas de Tafí y Santa María, los Comechingones y Sanavirones de Córdoba, y grupos más difusos denominados genéricamente como Diaguitas y Huarpes. Todos ellos fueron conquistados por los Incas pocas décadas antes de la llegada de los españoles. En la Mesopotamia se habían asentado, también recientemente, los Guaraníes, provenientes de la Amazonia y parte del grupo cultural conocido como Tupí-Guaraní. Los grupos cazadores y recolectores, considerados de alguna manera más simples que los agricultores, llegaron en algunos casos a desarrollar culturas de un alto grado de simbolismo, como por ejemplo los Onas y los Yámanas, de Tierra del Fuego. Entre estos grupos nómadas se destacaron los Querandíes y, sobre todo, los Tehuelches o Patagones.
La Conquista española (1516-1665)
Los primeros europeos llegaron a la región con la expedición de Américo Vespucio, que costeó la entrada del Río de la Plata en 1502. Posteriormente, el navegante español Juan Díaz de Solís, en búsqueda de un paso interoceánico, descubrió el Río de la Plata en 1516, y al desembarcar en el actual territorio del Uruguay, fue atacado y muerto por los Charrúas. Los sobrevivientes se embarcaron nuevamente hacia España, pero muchos de ellos naufragaron y se refugiaron en la isla de Santa Catalina, actual Brasil. Hernando de Magallanes recorrió la totalidad del litoral argentino, se encontró con los Tehuelches, a los que por su altura denominó como Patagones, en relación a un personaje de ficción de la época, y descubrió el estrecho que lleva su nombre. Se cree que naves de su expedición, desviadas por causa de un temporal, habrían llegado a las islas Malvinas. En 1526, una expedición con el objeto de repetir el viaje de Magallanes y Elcano, capitaneada por el italiano Sebastián Gaboto, se encontró con los náufragos de Santa Catalina, los cuales le contaron historias recogidas de los locales, según las cuales, remontando el llamado "Mar de Solís", se llegaba a una tierra llamada "Sierra del Plata". Tentados por posibles riquezas, los expedicionarios decidieron ir en su búsqueda. Así, se internaron en el "Mar de Solís" (el río de la Plata), al que renombraron "Mar Dulce", y en la ribera del río Paraná fundaron el fuerte Sancti Spiritus, cerca de la actual ciudad santafesina de Gaboto. Remontó el Paraná, llegando al Paraguay, infructuosamente, regresando a España en 1530, en dónde se difundieron las leyendas de la Sierra del Plata y "El Rey Blanco".
Luego de la conquista del Perú, la corona entregó las tierras de Sudamérica en "capitulaciones", concedidas al mejor postor. La parte norte de la actual Argentina se entregó a Pedro de Mendoza y la porción sur a Simón de Alcazaba. Mendoza llegó al Río de la Plata en febrero de 1536 y fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre, en honor a la virgen de Bonaria, de la ciudad de Cagliari, en Cerdeña, patrona de los navegantes. Según se cree, la ciudad se habría asentado en el actual Parque Lezama de Buenos Aires. El trato con los Pampas y Querandíes que habitaban el área fue al comienzo cordial, abasteciéndose la expedición de víveres gracias a ellos, pero como estos pueblos eran nómadas y llevaban una economía de subsistencia, pronto las relaciones se tensaron debido a que los españoles demandaban lo que los "indios" no tenían para dar. Así, mientras los capitanes de la expedición recorrían la región en busca de oro y plata, quienes se quedaron en la ciudad guerreaban constantemente con los locales. En esta situación tras una cruel matanza de aborígenes, éstos cercaron la ciudad, llevando a sus ocupantes a la hambruna y el canibalismo. Juan de Ayolas remontó el Paraná, a orillas del cual fundó el fuerte Corpus Christi, cerca de las ruinas de Sancti Spiritus. En el norte del Paraguay, sobre el río del mismo nombre, fundó Candelaria, desde dónde saldría en dirección a Bolivia, ya gobernador delegado, desde que Mendoza volviera a España debido a su salud, dónde no llegaría al morir en alta mar. Desde Candelaria, Domingo Martínez de Irala y Juan Salazar de Espinosa continuaron la exploración, cuyos resultados fueron la fundación de Asunción (1537) y el descubrimiento de la ansiada "Sierra del Plata", a la sazón ya ocupada por españoles: Potosí.
En 1537, a raíz de la muerte de Pedro de Mendoza, la corona dictó la real cédula del 12 de septiembre de 1537, que determinaba que, en caso de la muerte de Ayolas, quedaría a cargo un gobernador elegido por el voto de los habitantes. Tras la muerte de Ayolas, Irala fue elegido gobernador y entró en conflicto con Francisco Ruiz Galán, comisionado por Mendoza a cargo de Buenos Aires. Al frente del gobierno, Irala ordenó el despoblamiento de Buenos Aires, lo cual ocurrió en 1541.
En el caso de la otra capitulación que cubría el actual territorio argentino, a cargo de Simón de Alcazaba y un grupo denominado "los leones", tuvo destino trágico. A principios de 1535 la expedición llegó al Golfo de San Jorge, actual Chubut, donde fundó el fuerte denominado Nueva León, desde el cual realizaron varias expediciones. Sin embargo, debido a las inclemencias del clima y el terreno, los poocos sobrevivientes se amotinaron, mataron a Alcazaba y se dedicaron a la piratería.
El interior argentino comenzó a ser explorado poco después de la conquista del Perú. En 1536 Diego de Almagro recorrió el norte en busca de un paso hacia Chile. Fue Diego de Rojas el primero en realizar una exploración con destino al territorio entonces conocido como Tucumán. Entrando por la Quebrada de Huamahuaca en 1543, Rojas fue muerto enn una reyerta con los indígenas en Santiago del Estero. La expedición continúa al mando de Francisco de Mendoza, con quien llegaron al río Paraná. Sin embargo Mendoza fue muerto por sus hombres debido a su trato despótico y los sobrevivientes volvieron al Perú. El gobierno peruano, a cargo del "pacificador" Pedro de la Gasca, encomendó una tercera expedición al mando de Juan Núñez del Prado, quien comenzó su marcha en 1549 con el objetivo de colonizar el territorio. La "entrada" de Núñez del Prado consiguió su objetivo en 1550 con la fundación de la ciudad Del Barco al amparo de la sierra del Aconquija (actual provincia de Tucumán). Poco tiempo después llegó al lugar Francisco de Villagra, lugarteniente del adelantado de Chile, Pedro de Valdivia, alegando que esas tierras correspondían a la jurisdicción chilena. Núñez del Prado decidió trasladar la ciudad más al norte, en los Valles Calchaquíes, de difícil acceso y dónde se habían refugiado varias tribus aborígenes de la persecusión española. La hostilidad de los diaquitas determinó que la ciudad del Barco se trasladase una segunda vez, nuevamente al sur, estableciéndose a orillas del río Dulce (actual Santiago del Estero). Enterado de esto, Valdivia envió a Francisco de Aguirre para remplazar a Núñez del Prado, a quien despachó al Perú apresado. Ya en posesión de la ciudad, decidió un tercer traslado, dos km al sur, a un lugar más elevado, renombrándola Santiago del Estero (1553).
La provincia del Tucumán siguió dependiente de Chile por diez años. En ese período se fundaron tres ciudades como defensa de Santiago del Estero, Cañete, Londres y Córdoba del Calchaquí, pero la hostilidad del gobernador Castañeda hacia los indios determinó un alzamiento de éstos bajo la dirección de Juan Calchaquí, cacique de los Omaguacas, quienes destruyeron las ciudades establecidas como defensa. Cuando en 1563 Felipe II decretó que el Tucumán dependería de la Audiencia de Charcas, fue nombrado gobernador nuevamente Francisco de Aguirre. Éste decidió reconstruir las ciudades que habian sido destruidas, y, en 1565 Diego de Villaroel fundó San Miguel de Tucumán dónde antes había existido Cañete. El sucesor de Aguirre, Jerónimo Luis de Cabrera, busco desprenderse de la tutela de Charcas, orientando la colonización hacia el Atlántico para relacionarse directamente con España. Así, en 1573 fundó la ciudad de Córdoba del Tucumán.
En el Río de la Plata, la colonización se había concentrado en el Paraguay, donde los guaraníes eran numerosos y sedentarios, pasibles de ser encomendados. Luego del largo gobierno de Irala, el gobernador Juan de Garay tenía la misma idea que Cabrera, de manera que en 1573 marchó a repoblar Buenos Aires. En el camino a la vera del Paraná se encontró con Cabrera, quien le reconoció el derecho sobre la zona. Garay entonces decidió fundar en el lugar una ciudad intermedia: Santa Fe de la Vera Cruz. La tarea de Garay se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Buenos Aires.
En la región del Cuyo, todavía bajo autoridad de Chile, ese gobierno hizo fundar en 1561 la ciudad de Mendoza, por Pedro del Castillo, reemplazada al año siguiente por Juan Jufré, cuyo hijo, Luis Jufré, fundó la ciudad de San Juan de la Frontera en 1562. Años más tarde, en 1594 sería fundada San Luis de la Punta de los Venados, atribuída a Luis Jofré de Loaysa, completando la colonización de Cuyo, habitada por los pacíficos Huarpes, quienes debieron sufrir duramente el yugo impuesto por los conquistadores (trabajo y muerte en las minas de Chile), hasta que un casi completo mestizaje con los europeos trajo la paz.
La colonización continuó de manera paulatina, así se fueron fundando las ciudades que siglos más tarde serían origen de las provincias argentinas: Hermando de Lerma funda en 1582 la ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta, en 1588 culmina el proceso en la provincia del Río de la Plata con la fundación de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, en 1591 Juan Ramírez de Velasco funda la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, y en 1593 es fundada San Salvador de Jujuy por Francisco de Argañaraz. La última de las ciudades argentinas es San Fernando del Valle de Catamarca, fundada en 1683 por Fernando Mate de Luna.
Todo el período de la conquista no había logrado penetrar en los Valles Calchaquíes, donde se habían refugiado los pueblos originales de la Argentina. La escasa población española en el Tucumán convertía a la situación en, al menos, difícil. La primera de las rebeliones calchaquíes se inició en 1630 con el alzamiento del cacique Chalemín, y se mantuvo hasta 1643, luego de intensas luchas, del incendio de La Rioja y la segunda destrucción de Londres. La segunda rebelión comenzó a causa de un aventurero andaluz, Pedro Bohórquez, quien negoció con el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta que aquél se internaría en los valles calchaquíes con el título de Inca para tratar de dominar a los indígenas. Este acuerdo fue desaprobado por el virrey del Perú, ni respetado por Bohórquez, quien exaltó a los calchaquíes prometiéndoles echar a los españoles del Tucumán y hasta del Perú. Tras crueles luchas, Mercado y Villacorta derrotó al andaluz y luego diezmó a las tribus, siendo la última la de los Quilmes, derrotados en 1665 y deportados a una reducción cercana a Buenos Aires, dónde hoy se levanta la ciudad de Quilmes.
La colonia y el Virreinato (1665-1810)
La represión de los indígenas de los valles Calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestización y la gran aculturación hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran reemplazadas por un campesinado relativamente libre. En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el Alto Perú y el Tucumán, como el Paraguay exigían la creación de un puerto en el Atlántico sur para poder establecer lazos de comercio más cercanos con España y a la vez disminuir su aislamiento. Es por estos motivos, y por la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata que la Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires. Desde entonces se convirtió en la salida natural de los productos altoperuanos (entre ellos la plata) y del Paraguay. Se estableció entonces, en la década de 1580, un lucrativo comercio entre el Tucumán y el Brasil, a través de la ciudad. Sin embargo, debido a la salida no autorizada de metales precisos por esta vía, en 1594 la corona prohibe el comercio en el puerto de Buenos Aires, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente), y una cierta tolerancia al contrabando.
Es justamente esto último (el contrabando) lo que sería la principal actividad económica de Buenos Aires colonial pre-virreinato, y un constante objeto de persecución de algunas autoridades. Entre éstos se destacó Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), primer gobernador del Río de la Plata nacido en América. Su constante lucha contra los contrabandistas criollos y portugueses en el Plata fue, sin embargo, en vano. Es por ello que, en 1617, obtiene la división de la provincia en dos: el Paraguay y el Río de la Plata (territorios de las ciudades de Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes). El contrabando se realizaba en forma bastante abierta: generalmente un barco portugués, holandés o francés se averiaba en las cercanías de la ciudad y solicitaba las reparaciones necesarias, las cuales pagaba con parte de la carga que llevaba. Muchos comerciantes hicieron grandes fortunas en Buenos Aires, debido a la necesidad de bienes materiales e insumos que eran necesarios en Tucumán y el Alto Perú, que se hacían innecesariamente onerosos a través del sistema de flotas y galeones, que debía atravesar el istmo de Panamá, embarcados hasta Lima y luego cruzar los Andes (y varias aduanas secas). Una aduana seca establecida en Córdoba en 1622 fue la reacción para detener la demanda de bienes contrabandeados. La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses justo enfrente de Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. Tomada meses después por el gobernador del Río de la Plata José de Garro con un contingente de indios de las Misiones, fue restituida a Portugal un año después por un tratado. Colonia fue nuevamente tomada en 1705, bajo el influjo de la Guerra de Sucesión Española, para ser devuelta nuevamente en 1715, esta vez bajo el influjo de la Paz de Utrecht. La pelea entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente proveniente de Brasil. En 1750, España, por el Tratado de Permuta, intercambia Colonia a cambio del Mato Grosso y parte de las misiones guaraníticas, originando una guerra entre bandeirantes y guaraníes. Este tratado fue a su vez derogado en 1761, y en 1762, a causa de la Guerra de los Siete Años, el gobernador Pedro de Cevallos toma por tercera vez Colonia, que es devuelta al año siguiente por España a cambio de La Habana y Manila, tomadas por los ingleses. Es finalmente en 1776 que España se da cuenta de que debe actuar para echar a los portugueses del Río de la Plata, cuando decide la creación del virreinato. Así es como Pedro de Cevallos es enviado a cargo de un importante ejército, que fue aumentado con un contingente de guaraníes, acostumbrados a luchar con los portugueses. Cevallos toma Colonia y la destruye, sembrando sal en el lugar de forma simbólica, ya que la ciudad sería luego repoblada por criollos. Mientras preparaba el ataque a la provincia portuguesa de Río Grande del Sur, se firma en 1777 el Tratado de San Ildefonso, que repite las cláusulas del de Permuta.
En 1609 se funda la primera de las misiones jesuíticas guaraníes. Las treinta misiones llegaron a ser, en el siglo XVIII, un verdadero emporio comercial, un "estado dentro del estado" como lo denominaban sus detractores, que se estableció como un sistema de organización económica y social distinto al de las colonias que las rodeaban. Es por esto, por el respeto que los jesuitas tuvieron por la organización social comunitaria de los guaraníes, en lo que se basó el crecimiento de ellas. Las misiones eran pueblos indígenas, administrados por los mismos guaraníes (bajo la mirada paternalista de los misioneros), donde la tierra se dividía en dos: la tupá mbaé (propiedad de dios), comunitaria, y la avá mbaé (propiedad del hombre), para la explotación familiar. El excedente era comercializado por todas las colonias circundantes (el Plata, Tucumán, el Brasil y hasta el Alto Perú y España) y les proporcionaba medios a los jesuitas para expandir las misiones y mantener sus colegios y universidades (como los que tenían en Córdoba, centro regional de la Compañía de Jesús). Los principales productos comercializados por las misiones eran la yerba mate, el tabaco, el cuero y las fibras textiles. Sin embargo, las misiones debieron soportar un fuerte asedio de los bandeirantes, partidas de portugueses que se internaban en la selva para cazar indios con el objeto de venderlos como esclavos en su base de San Pablo, que irónicamente nació como reducción jesuita). Las misiones jugaron un papel clave en la defensa del Paraguay y el Río de la Plata de la expansión portuguesa. Justamente, después de la batalla de Mbororé, en 1644 (que duró 10 días), en la que un ejército de guaraníes al mando de los jesuitas (muchos de los cuales habían sido antes soldados) derrotó a una bandeira, que se les permitió por primera vez a los indígenas utilizar armas de fuego (si bien sólo las de menor calibre). Estos ejércitos misioneros fueron de gran utilidad durante los enfrentamientos entre España y Portugal en el Río de la Plata. No sólo a trabajar, rezar y pelear les enseñaron los jesuitas, sino también música y arte. Es así que, luego de la expulsión de los jesuitas, muchos guaraníes se trasladaron a las ciudades coloniales, como Corrientes, Asunción o Buenos Aires, donde se destacaron como compositores y maestros de música, plateros y pintores. En 1767 España expulsa a la Compañía de Jesús de sus posesiones, con lo cual los pueblos de indios pasaron a depender de gobernadores civiles españoles, que los explotaron impunemente, hasta el punto que a principios del siglo XIX casi todas las misiones estaban despobladas y en ruinas.
Durante la era colonial y hasta el Reglamento de Comercio Libre de 1778, la economía del Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Así, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos de Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc., se producían bajo el amparo del proteccionismo español. En el siglo XVIII, bajo los Borbones, la actitud comenzó a variar, buscando proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales. En un primer momento, la actitud fue eliminar a la competencia: en la localidad riojana de Aimogasta se conserva el "olivo histórico", según la tradición, el único sobreviviente de la tala ordenada por Carlos III para eliminar la competencia de las aceitunas españolas en el Plata (curiosamente, el español Antonio de Alcedo, en su obra Diccionario goegráfico-histórico de las Indias Occidentales o América, de 1786-1789, menciona que La Rioja "tuvo en otro tiempo algunos olivares, y viendo los vecinos las grandes utilidades que les producia el aceyte dieron en economizarlo de modo que ni aun para las lámparas de la Iglesia querian darlo, poniendo sebo en su lugar; desde entonces fuese castigo del Cielo ó casualidad apenas se halla hoy vestigio de ellos"; una visión algo distinta). El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para la economía del interior de la actual república Argentina, de la que solo algunos sectores, como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana, pudieron sobrevivir. Por el otro lado, los comerciantes de Buenos Aires tuvieron un súbito aumento de su actividad, lo que trajo un auge comercial, poblacional y cultural a la capital del nuevo virreinato. El traslado de la aduana seca de Córdoba a Jujuy en 1696 estableció, para siempre, el área económica bajo dominio porteño y la frontera norte de la futura Argentina. En la Pampa, durante la colonia, la principal actividad económica era la ganadera. En un principio, debido a la existencia de miles de cabezas de ganado cimarrón, esta actividad se efectuaba a través de las "vaquerías", partidas que se internaban en la llanura desolada para capturar y desollar al ganado vacuno, muchas veces dejando la carne atrás, de menor valor económico. Cuando este ganado cimarrón comenzó a disminuir su número, comenzó el momento de las estancias y del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron entonces las fábricas de cebo y los saladeros.
La sociedad colonial presentó aspectos disímiles de acuerdo a la región. En el interior, se determinó una sociedad de castas fuertemente diferenciadas, los hacendados blancos eran la cúspide de ésta y el poder en las ciudades, eran educados y refinados, mientras que el campesinado mestizo estaba en condiciones cuasi serviles. La población negra era muy escasa, reducida casi en su totalidad al servicio doméstico, salvo en ciudades algo más mercantiles como Córdoba. Al momento de la independencia, existían todavía algunas encomiendas en el NOA. En cambio, en el litoral, y especialmente en Buenos Aires, los estancieros no representaban (todavía) la cúspide de la sociedad, sino que eran productores medianos, de carácter rudo debido a la actividad ganadera y que residían la mayor parte del tiempo en la campaña. La elite porteña estaba representada por los comerciantes. Sin embargo, con la instalación del virrey y el comercio libre, se instaló, aún por encima de aquellos, una burocracia a la que solo podía acceder los nativos de España, si bien en las posiciones más bajas se admitían criollos; y la multiplicación del comercio con España trajo la instalación de varias casas comerciales españolas se instalaron en la ciudad, compitiendo con los comerciantes criollos, de menores recursos. Comenzaba así la dicotomía entre criollos y peninsulares. En Buenos Aires, hacia esa época un casi un tercio de la población era negra, y si bien algunos se dedicaban a tareas domésticas y aún menos a tareas agropecuarias, la gran mayoría era instruida en algún oficio (como zapatero, por ejemplo), o se dedicaban al comercio ambulante, trabajabando de esta manera para el beneficio de sus amos.
Más que cualquier otro, el grupo humano que definió la colonia en la Argentina (aunque no estuviera presente en todas las regiones) fue el gaucho. En un ambiente social, el de la pampa, dónde el mestizaje fue minoritario, y en que el eje estaba centrado hegemónicaamente en la ciudad y no en el campo, como fue el mundo pampeano previo a la aparición de la estancia como modo económico productivo paradigmático, aquellos que llevavan la marca en el orillo de la sangre indígena estaban destinados a ser alejados de ese mundo ciudadano. Nacidos de los encuentros de las vaquerías y las tolderías, su mundo era el campo. El gaucho es un ser seminómade, que en ocasiones mantiene una fammilia en un lugar fijo, pero que las más de las veces deambula, trabajando de a ratos, más después del fin de las vaquerías, para luego partir cuando ya no necesita del trabajo para sobrevivir. Ya desde el siglo XVIII es visto por las autoridades como parte de los "vagos y malentretenidos", criminales a quien hay que combatir. Pero será más adelante que se planteará el problema del gaucho, en el universo colonial no es un grave problema, ya que es parte del modo de vida tradicional pampeano.
La creación del Virreinato del Río de La Plata trajo un auge de la ciudad de Buenos Aires, donde, en pocos años, se instalaron la administración burocrática virreinal, la aduana (1778), el Consulado (1794), obra de la iniciativa de Manuel Belgrano, la Audiencia (1785), el protomediacado, la Academia de Náutica y la Escuela de Dibujo (1798), esta última iniciativa también de Belgrano. El primer periódico nace en 1801, El Telégrafo Mercantil, que duraría poco debido a la censura del virrey. El segundo, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, editado por Hipólito Vieytes en 1802, corre la misma suerte. La población de la ciudad crece de 9.568 en 1744 a 32.069 en 1778 a más de 40.000 en 1797 y a casi 100.000 en 1810.
Las guerras napoleónicas también repercuten en el Plata. En 1797 el virrey Antonio Olaguer y Feliú autorizó el comercio con países neutrales, debido a las dificultades en el comercio con España a causa de las hostilidades. Esto trajo al comercio a naves estadounidenses, y el aumento de la presencia británica en el comercio porteño. Con la entrada abierta de España en la guerra del lado francés, Gran Bretaña comenzó a hacer planes para obtener mayor influencia en las colonias españolas. En 1806, luego de haber realizado la toma de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza, el comandante Home Popham, junto al general William Carr Beresford zarparon hacia el Río de la Plata, aparentemente por iniciativa propia. La flota toma primero Montevideo, para luego dirigirse a Buenos Aires. El virrey Rafael de Sobremonte, al conocer la toma de Montevideo, especuló que los ingleses no iban a atreverse a lanzarse sobre la capital del virreinato, y decidió destinar la mayor parte de las tropas en Buenos Aires a cruzar el río para intentar retomar Montevideo. Cuando se le anunció el desembarco de las tropas inglesas, el virrey abandonó entonces la capital junto a las rentas del virreinato que en esos momentos estaban listas para ser mandadas a España (las cuales terminaron embarradas en los caminos en la cercanía de la ciudad de Luján), con la intención de organizar un ejército para retomar Buenos Aires. En junio de 1806 los ingleses toman Buenos Aires, y en un primer momento son recibidos con entusiasmo por los partidarios de la independencia. Sin embargo, al darse cuenta de que los ingleses pensaban convertir al Plata en una colonia británica, se sumaron a los grupos que preparaban una rebelión. Santiago de Liniers, que hasta entonces era el comandante del puerto de Ensenada, cruza a la Banda Oriental donde organiza un ejército que parte hacia Buenos Aires. En el camino, se suman miles de hombres entusiasmados, que participan de la batalla campal que se da en distintas calles de Buenos Aires, hasta acorralar a los ingleses en el Fuerte de la ciudad y obligarlos a la rendición. Retomada la ciudad, la Audiencia decide asumir el gobierno civil y entregarle la Capitanía General a Liniers, lo cual el virrey acata retirándose por precaución a Montevideo. En 1807 llega al Plata una segunda expedición inglesa, esta vez oficial, conformada por 11.000 soldados al mando del general John Whitelocke, que originalmente tenía por destino la toma de Chile y el refuerzo de Buenos Aires, pero que al conocer la noticia de la derrota de Popham y Beresford decide retomar la ciudad. Esta segunda expedición toma nuevamente Montevideo y al desembarcar en Buenos Aires y desbaratar las fuerzas mucho menores que le oponen resistencia, ingresan a la ciudad por distintas calles, confiados de su supremacía. Sin embargo, se encontraron con la resistencia de los habitantes de la ciudad, que arrojó agua hiriendo sobre las cabezas de los invasores, evitando así la toma de la ciudad. Con la derrota de los invasores, un cabildo abierto destituye a Sobremonte de su cargo y lo envía a España para ser juzgado. En su reemplazo se nombró como virrey interino a Liniers, luego ratificado por el rey.
Se considera generalmente que las invasiones inglesas son el preludio a la independencia, por varios factores, entre los que se destacan la capacidad de autodefensa, la creación de milicias criollas, y la convicción de que los argentinos estaban en condiciones de determinar su propio destino.
Crecimiento de la nación estado
En el marco del proceso de expansión del imperio británico, en 1806 y 1807 fuerzas militares inglesas realizaron las llamadas Invasiones Inglesas.
Las noticias de la Revolución Francesa y la Guerra Revolucionaria de Estados Unidos insertó ideas liberales en Latinoamérica. La Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires no tuvo una calurosa acogida en todo el virreinato; otras regiones del Río de la Plata estaban tan interesadas en independizarse de Buenos Aires como de independizarse de España. En 1811 Paraguay produjo su propia declaración de independencia.
Las campañas militares lideradas por el general José de San Martín y Simón Bolivar entre 1814 y 1817 incrementaron las esperanzas de independencia de España, que fue declarada finalmente en Tucumán el 9 de julio de 1816. Los argentinos veneran a San Martín - quien realizó la campaña de independencia para Argentina, Chile y Perú - como héroe de su independencia.
Luego de la derrota de los españoles, los unitarios y los federales iniciaron un largo conflicto para determinar el futuro de la nación. Bolivia se declaró independiente en 1825, al igual que Uruguay en 1828. La figura dominante de este período fue Juan Manuel de Rosas, visto por muchos como un tirano. Rosas gobernó la Provincia de Buenos Aires y representó los intereses de Argentina en el extranjero desde 1829 hasta 1852, sin que hubiera un gobierno central para el conjunto de país. A pesar de autoproclamarse federal, Rosas se mostraba más interesado en conservar su dominio sobre Buenos Aires que en los principios federales.
Luego de la revolución liderada por el General Justo José de Urquiza, apoyada por Uruguay y Brasil, la unidad nacional de Argentina fue alcanzada al menos nominalmente. La primera Constitución fue promulgada en 1853.
Durante la primera parte de este período, habitaron la Argentina, además de los pueblos indígenas, los inmigrantes españoles y sus descendientes, conocidos como criollos. Algunos de ellos se concentraron en Buenos Aires y otras ciudades, mientras otros vivieron en las pampas como gauchos. La economía rural de aquel entonces se basaba casi completamente en la cría de ganado. Mientras tanto, los "malones" de aborígenes continuaban amenazando la frontera occidental. Como Borges escribiera, Argentina había alcanzado la independencia de España, pero la conquista española de Argentina se encontraba aún incompleta.
El surgimiento de la Argentina moderna
Dos fuerzas fueron combinadas para crear la nación moderna argentina a finales del siglo XIX: la introducción de técnicas modernas de agricultura y la integración de Argentina en la economía mundial. Las inversiones extranjeras y la inmigración europea fomentaron esta revolución económica. Las inversiones, principalmente provenientes del Reino Unido, fueron destinadas a áreas como el desarrollo ferroviario y los puertos. Los inmigrantes que trabajaron para desarrollar los recursos de Argentina--especialmente en las pampas occidentales--llegaron de toda Europa, al igual que en Estados Unidos.
Hacia 1859 la unión argentina se encontraba casi completamente asegurada, aunque faltarían aún dos décadas para que se resolviera el conflicto sobre el estatus de la Ciudad de Buenos Aires y se derrotara a los últimos vestigios del poder de los caudillos federales en el interior del país. En 1862, la Asamblea Nacional eligió al político liberal Bartolomé Mitre como presidente; en 1868 fue sucedido por Domingo Faustino Sarmiento.
Durante este período (1865 - 1870), la sangrienta Guerra de la Triple Alianza enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra el Paraguay. Durante la siguiente década, el General Julio Argentino Roca estableció el control del gobierno nacional sobre las pampas al aniquilar a los pueblos indígenas en la Campaña del Desierto. En 1880 Roca se convirtió en presidente de la nación.
Entre los años 1880 y 1929 Argentina ganó prosperidad económica. La economía fue orientada cada vez en mayor medida a la exportación de materias primas e importación de productos manufacturados.
El gobierno de Roca y aquellos que lo sucedieron estuvieron alineados con los oligarcas argentinos, especialmente los grandes terratenientes. Las fuerzas conservadoras dominaron la política en Argentina hasta 1916, cuando la Ley Saenz Peña de sufragio universal permitó el triunfo electoral de sus rivales tradicionales, los radicales, liderados por Hipólito Yrigoyen. Los radicales, que habían protagonizado diversos intentos revolucionarios en contra del Régimen falaz y descreido y que habían propugnado la abstención para combatir el fraude electoral, abrieron las puertas a la clase media argentina en expansión.
La gran depresión y la Segunda Guerra Mundial
Argentina afrontó la gran depresión económica de 1929 de manera satisfactorio con la presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Hacia 1939 cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial Argentina estaba gobernada por Roberto Ortiz, un radicalista "antipersonalista", y había firmado un pacto de paz entre Paraguay y Bolivia que se habían enfrentado años anteriores en la Guera del Chaco. Esta política pacífica y de no beligerancia se mantuvo ya que hasta 1942 en la Segunda Guerra Mundial Argentina siempre mantuvo una política neutral sin ningún tipo de intervención. Curiosamente, en diciembre de 1939, cerca de las costas de Buenos Aires se hundió el acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee que era perseguido por tres buques ingleses desde muy cerca y estaba algo dañado. Este hecho no cambió en nada la política argentina que hacia 1943 y 1944 con los cambios de gobierno y un par de presidencias cortas comenzó a mostrar muestras de apoyo a Alemania, que comenzaba a ser derrotado en Europa pero que era proveído con materias primas de origen argentino. También hubo apoyo a Japón. Pero estos incorrectos apoyos se acabaron en 1944 con la llegada al poder de Pedro Pablo Ramírez, un militar argentino que había luchado para Alemania en la Primera Guerra Mundial, y que rompió las relaciones diplomáticas con Alemania y Japón, que perdían en Europa y el Pacífico. Finalmente, sobre el final de la guerra, en 1945, Argentina le declaró la guerra a Alemania.
Muchos sostienen que Argentina recibió a famosísimos nazis que escaparon de Europa. Se sabe que Eichmann estuvo en Argentina y fue capturado en 1960 en este país, pero aún se duda de si Hitler se refugió o no en este país sudamericano que para algunos fue considerado casi un país pro-alemán a mitad de Segunda Guerra Mundial.
El surgimiento de Juan Perón
Conflictos entre fuerzas peronistas y anti-peronistas
Dictadura militar, 1976-1983
Guerra de Malvinas
Artículo principal: Guerra de las Malvinas
El regreso a la democracia
Tras siete años de un nefasto y lamentable gobierno militar que sembró el terror y la muerte en Argentina, vuelve la esperada democracia al país.
El primer presidente en re-estrenar la democracia fue Raúl Alfonsín que gobernaría hasta 1983 acabando con los conflictos limítrofes con Chile y gobernando hasta 1989, año en que renuncia debido a una crisis hiperinflacionaria y económica que deja al país nuevamente al borde del caos.
Gobierno de Carlos Saúl Menem
Carlos Saúl Menem gobernó Argentina entre 1989 y 1999. Su primer mandato comenzó en 1989 tras vencer por casi 15 puntos porcentuales (47,2% a 32,4%) al radical Eduardo Angeloz y recibió el gobierno el 8 de julio de 1989, tomando el control de un país descontrolado que atravesaba una grave crisis económica e hiperinflacionaria luego del mandato de Raúl Alfonsín.
Menem durante su primer mandato se concentró en estabilizar la situación inflacionaria del país, que pocos años atrás había caído. Para esto, sancionó la Ley de Convertibilidad, impulsada por su ministro de economía Domingo Cavalho, que tenía el objetivo de equilibrar la equivalencia entre el dólar y el peso. Además, privatizó numerosas empresas, abrió el comercio y firmó el Tratado del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) con Brasil, Uruguay y Paraguay, con el objetivo de formar un fuerte bloque económico sudamericano y establecer un libre comercio. En este primer mandato sucedieron los trágicos atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA en 1992 y 1994 respectivamente.
En 1995 tras reformar la constitución nacional se impone nuevamente en elecciones presidenciales acompañado por Ruckauf venciendo por 20 puntos porcentuales al candidato del FREPASO, José Octavio Bordón y marca nuevamente el comienzo de una etapa suya al frente de la nación. Esta segunda etapa fue negativa para el país ya que se sintieron las consecuencias de la gran privatización de empresas, aumentó el desempleo al 15,4% y la deuda externa en casi 82.000 millones de dólares. Estos problemas van a continuar creciendo y van a provocar en gran parte la futura caída del presidente sucesor de Menem, Fernando de la Rúa.
Finalmente, en 2003 Menem se presenta a elecciones presidenciales y se impone levemente sobre Néstor Kirchner, candidato también peronista, pero antes de hacerse el Ballotage (segunda vuelta), es decir, una votación directa entre Menem y Kirchner, ante una condición desfavorable, se retira de las elecciones y se aleja de la política.
Gobierno de Fernando De La Rúa
A raíz de los crecientes cuestionamientos hacie el gobierno de Carlos Menem, fundados sobre todo en la corrupción y la incapacidad de combatior del flajelo de la desocupación, fue surgiendo una fuerza política conformada por la UCR, el Frepaso y algunos partidos menores, contituída oficialmente en 1997 bajo el nombre de Alianza. De sus filas salió la fórmula De la Rúa-Álvarez, ganadora de la elección presidencial celebrada el 24 de Octubre de 1999 con el 48.5 % de los votos, y una ventaja de 10.5 % sobre el oficialista Eduardo Duhalde. La campaña de la fórmula ganadora se había basado en el combate a la deocupación, la purificación de la corrompida estructura poítica argentina, y en la garantía de convertibilidad a rajatabla. El 10 de diciembre la fórmula aliancista asumió el poder en medio de un fervor popular pocas veces vista, en donde incluso quienes no habían votado a la fórmula depositaban en ellas importantes expectativas. Sin embargo ya desde el discurso de asunción Fernando de la Rúa comenzó a sovabar su base política, anunciando la necesidad de una serie de subas de impuestos y ajuste de la estructura estatal de considerable magnitud. A pesar de esto, la confianza en el flamante gobierno no decayó. El gabinete de ministros, a la postre exctremadamente inestable, estuco compuesto, entre otros, por Juan Carlos Machinea en el Ministerio de Economía, Ricardo López Murphy en Defensa y Adalberto Rodríguez Giavarini en casillería entre otros, en un gabinete integrado por radicales, frepasista e incluso cavallistas. Sin embargo la situación argentina, en materia económica y social era muy delicada: una desocupación que ya superaba holgadamente el 15 % y que subía inplacablemente, inseguridad en las calles, deconfianza de parte de los mercados internacionales y una voluminosa deuda externa eran algunos de los principales temas urgentes a tratar en la agenda del gobierno.
