Herma
Keywords: Herma, 415 adC, 520, Acrópolis de Atenas, Antigua Grecia, Apolonio de Tiana, Atenas, Atlante
En la Antigua Grecia, una herma (en griego έρμα, plural έρμαι hermai) era un pilar cuadrado o rectangular de piedra, terracota o bronce (el estípite) sobre el que se colocaba un busto del dios Hermes, normalmente con barba (signo de fuerza física), y cuya base se adornaba con un falo en erección (símbolo de masculinidad y de disposición a las armas). El nombre del dios Hermes proviene de las hermas, y de ellas procede también su papel como protector de mercaderes y viajeros, pues anteriormente fue un dios fálico asociado con la fertilidad y la suerte.
right|frame|Una típica herma griega Las hermas eran usadas como marcas para señalar carreteras y fronteras y marcar los límites de las propiedades, aunque también tenían una función apotropaica, es decir, de alejamiento de lo maligno, ya fuera espíritu, adversidad o enemigo. En Atenas se colocaban fuera de las casas para atraer la buena suerte. Cada barrio tenía su herma, y se conservan vasijas con pinturas que muestran sacrificios particulares siendo realizados en ellas.
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Historia
Originalmente, las hermas eran simples montones de piedras usados para marcar un camino o una frontera. Todo el que pasaba cerca añadía su propia piedra al montón, anunciando también de esta forma su presencia. En lo alto de estos montones se colocaban figuras fálicas talladas en madera. En las primitivas hermas «cilenias», la base de piedra y madera era simple y llanamente un falo. Sobre el año 520 Hiparco, hijo de Pisístrato, sustituyó los montones de piedra que marcaban los puntos intermedios entre los diversos pueblos (deme) de Ática y el ágora de Atenas por hermas de piedra con la forma definitiva.
Según Herodoto los primeros en erigirlas fueron los pelasgos, un pueblo legendario originario de la península Itálica, donde dejarían rastros de construcciones ciclópeas. Los pelasgos se habrían asentado en Grecia, fundando Atenas e introduciendo el uso de las hermas de madera, quizá por razones económicas.
En mayo del 415 adC, la noche anterior a la partida de la flota ateniense hacia Siracusa durante la Guerra del Peloponeso (ver expedición a Sicilia), todas las hermas atenienses fueron vandalizadas, lo que fue considerado una señal de mal augurio. Aunque nunca fue demostrado, los atenienses de la época creyeron que había sido obra de saboteadores, bien de Siracusa o de pacifistas de la propia Atenas. De hecho Alcibíades, pupilo de Sócrates, fue acusado de ser el cerebro del crimen. Él negó las acusaciones y se ofreció a ser juzgado, pero los atenienses no querían trastornar aún más los planes de la expedición, y ésta partió en la fecha prevista. Sin embargo, más tarde sus enemigos políticos le juzgaron y sentenciaron a muerte in absentia, tanto por la mutilación de las hermas, como por el crimen supuestamente relacionado de profanar los misterios eleusinos.
Referencias
- Walter Burkert, Religión griega, 1985
- Herodoto, La historia, II, 51
- Ciro Serroni, Los vigías de Pascua, 2002
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En el arte antiguo las hermas eran señales consistentes en una base de una columna sobre la que se ponía una cabeza. Originalmente estaban provistas de un falo y el comienzo de unos brazos, y servían como imágenes de culto del barbudo Hermes, dios de los caminos, en las encrucijadas y lugares similares. Desde mucho antes estas columnas tenían relación con la fertilidad.
En la Antigüedad, ya en tiempos arcaicos, había bustos sobre una base cuadrada, que sería el equivalente a una columna corta, sin relación directa con el culto a Hermes. Eran a menudo relativamente pequeñas y solían servir como objetos de culto doméstico. Ya en el siglo V aparecían en esta forma otros dioses además de Hermes, permaneciendo no obstante el nombre de «herma». Además del uso privado las hermas eran también objetos de exposición y representación. Un buen ejemplo es la conocida herma de Temístocles de Ostia. Posteriormente estas esculturas se acercan más y más a la forma de los bustos que serían usados con frecuencia en los retratos artísticos romanos. En estos, y a diferencia de los que sucedía con la mayoría de las hermas, se vuelven a esbozar unos hombros con el arranque de los brazos.
Además de políticos, se conservan hermas de filósofos y poetas, como por ejemplo de Teofrasto, maestro de Menandro.
[[Imagen:Herodot und Thukydides.jpg|right|thumb|Busto doble de Herodoto y Tucídides.]] Un tipo especial de herma en la llamada herma doble, en la que sobre la base aparecen dos cabezas opuestas unidas por la nuca. El dios romano Jano era representado a menudo de esta forma, si bien también se retrataba a poetas famosos en estas hermas dobles. En el Museo Nazionale Romano se conserva una herma doble [1] con los retratos de Menandro y un poeta anciano, quizá Apolonio de Tiana o uno de los muchos retratos reconstruidos de Homero, aunque su identidad no está clara.
Las columnas de piedra rematadas con una cabeza de mujer se llaman hermas cariátides, por similitud con las cariátides, que son columnas con forma de mujer, incluyendo el cuerpo. Se usaron en la arquitectura manierista del siglo XIX, tanto en la decoración de edificios representativos como en palacios públicos. Estas hermas seguían fielmente el modelo de las cariátides del Erecteión de la Acrópolis de Atenas, siendo comparativamente raras las del más antiguo modelo de Kore (o doncella de pie vestida). Su contrapartida masculina, el atlante, también aparece en esta forma, pero en contraste con las cariátides suele aparecer completamente desnudo.
Todavía hoy se colocan en edificios y lugares públicos hermas y bustos con retratos para honrar a personalidades destacadas. Con frecuencia se usa para ello el caro mármol italiano de Carrara como medio adicional de agradecer al distinguido personaje.
Referencias
- Reinhard Lullies, Los tipos de hermas griegas, Königsberg, 1931
- Birgit Rückert, Las hermas en la vida pública y privada de los griegos: Investigaciones sobre la función de las hermas griegas como marcas fronterizas, portadores de inscripciones e imágenes de culto de Hermes, Regensburg, 1998
- Henning Wrede, Las antiguas hermas, Mainz am Rhein, 1986
En la Antigua Grecia, las hermas eran pilares cuadrangulares, más anchos por arriba que por la base, coronados por una cabeza o busto. Se les llamaba así bien porque la cabeza de Hermes era la más común o por su relación etimológica con la palabra griega iipj.iara/iipara (bloques de piedra), que originalmente no hacía referencia alguna a Hermes. En las épocas más antiguas Hermes, como otras divinidades, era adorado en la forma de un montón de piedras o de un bloque amorfo de madera o piedra, que posteriormente tomó la forma de un falo, el símbolo de la productividad. El siguiente paso fue la adición de una cabeza a esta columna fálica que pasó a ser cuadrangular (el número 4 estaba consagrado a Hermes, quien había nacido el cuarto día del mes), con la significativa indicación del sexo aún prominente. En esta forma el número de hermas se incrementó rápidamente, especialmente las de Hermes, para las que se ha sugerido el nombre de Hermhermae. En Atenas se encontraban en las esquinas de las calles; delante de las puertas y en los patios de las casas, donde eran adoradas por mujeres como proveedoras de fertilidad; en los gimnasios y palestras. A cada lado del camino que llevaba del Stoa Poikile al Stoa Basileios se erigieron tan largas filas de hermas gracias a la piedad de particulares o de organismos públicos, que el Stoa Basileios era llamado Stoa de las hermas. El papel de Hermes como protector de los caminos, de los mercaderes y del comercio explica el gran número de hermas que servían de postes indicadores en los caminos fuera de la ciudad. En el Hiparco pseudoplatónico se afirmaba que el hijo de Pisístrato había erigido pilares de mármol en lugares adecuados de los caminos que llevaban de los diferentes distritos campestres a Atenas, teniendo los lugares relacionados con los caminos inscritos en un lado en versos hexámetros, y en otro un pentámetro conteniendo un corto proverbio o precepto moral para la edificación de los viajeros. A veces llevaban incripciones celebrando el valor de aquellos que había luchado por su país. Así como era costumbre que los transeúntes mostraran respeto a las formas más rudimentarias del dios (el montón de piedras) añadiendo una piedra al montón o ungiéndolo con aceite, también se depositaban cerca de las hermas pequeñas ofrendas, normalmente de higos secos, para aplacar el apetito de los viajeros necesitados. También se colgaban guirnaldas de flores de los dos espaldones parecidos a brazos que sobresalían a ambos lados del extremo superior de la columna (para el oráculo de Pharae véase "Hermes"). Estos pilares también se usaban para señalar los límites fronterizos o para delimitar los diferentes estados. El gran respeto asociado a ellas se manifiesta en la agitación provocada en Atenas por las Mutilación de las Hermas justo antes de la partida de la expedición a Sicilia (mayo del 415 adC). Las hermas constituían el objeto de una industria especial, siendo sus fabricantes llamados Hermoglyphi. Las cabezas que las coronaban no estaban, sin embargo, limitadas a la de Hermes, siendo frecuente la aparición de las de otros dioses y héroes, e incluso de mortales distinguidos. En estos casos de formaba una palabra compuesta: Hermathena (una herma de Atenea), Hermares, Hermaphroditus, Hermanubis, Hermalcibiades, y así sucesivamente. Acerca de estas palabras compuestas, está en disputa el que indicaran una herma con la cabeza de Atenea, o con una cabeza doble (al estilo de Jano) de Hermes y Atenea, o una estatua compuesta por ambas deidades. Los romanos no sólo se apropiaron de los pilares de Hermes para aquellas de sus deidades asimiladas de la mitología griega (como Heracles/Hércules), sino también para los dioses indígenas que mantuvieron su individualidad. Así aparecieron hermas de Júpiter Terminalis (las hermas se identificaban con los termini romanos) y de Silvano. Durante el Imperio, la función de las hermas era más arquitectónico que religioso. Eran usadas para sujetar las cortinas en el interior de las casas, y en el Circus Maximus servían para sujetar las barreras.
Referencias
- Artículo de Pierre Paris, Dictionnaire des Antiquités, Daremberg, Saglio et Potier, París, 1877-1919
- Para la mutilación de las hermas:
- Tucídides vi. 27
- Andocides, De mysteriis
- Grote, Historia de Grecia, c. 58
- H. Weil, Etudes sur l'antiquite grecque (1900)
- Burolt, Griech. Gesch. (ed. 1904), III. ii. p.1287
Las hermas, en el sentido actual de la palabra, son representaciones de Hermes, frecuentemente con la forma de pilares cuadrados más anchos por arriba que por abajo, y más generalmente terminadas con el busto o el torso de una figura humana. Las formas más tardías son muy bellas, destacando las de la mansión Ludovisi en Roma.
Las más antiguas tenían a ambos lados del pilar cuadrado unos salientes (manos, en griego chelres) para colgar de ellos coronas de flores, así como un falo en su parte frontal.
La época de origen de este arte sigue siendo oscura, y no se sabe aún cuándo surgieron. En la última época del arte antiguo se encuentran modelos que unían un torso humano hasta las caderas unido con la columna cuadrangular, y que mostraban incluso movimiento en la figura (como las hermas de Discóbolos en la mansión Ludovisi de Roma). Más tarde la cabeza y la columna solían formar una sola pieza.
Fueron más frecuentes en África, donde servían también como postes de señales en las rutas militares. También se usaron a menudo con esta función de marcas en el Ática.
Categoría:Atenas (Edad Antigua)
