Guerra Anglo-Bóers

Keywords: Guerra Anglo-Bóers, 1881, 1899, 1900, 1901, 1902, Bloemfontein, Ciudad del Cabo, Colonia

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Los orígenes

El siglo XX comenzó con una guerra entre europeos realizada en Africa del Sur, los que hombres que se enfrentaron eran los Bóers holandeses de la República Libre de Orange, y Transvaal y los ingleses de las colonias del Cabo y de Natal, de su majestad la reina Victoria I de Inglaterra.

Los Bóers eran agricultores emigrados a Sudáfrica en la primera mitad del Siglo XIX en busca de fortuna. Habían colonizado gran parte de estos territorios creando colonias y, sobre todo, habían comenzado a explotar los ricos yacimientos de diamantes y oro.

Entre ambas comunidades existía un antiguo resentimiento rebrotado por un acto imperial realizado por los ingleses, que veinte años antes se habían anexionado el Transvaal, aunque lo abandonaron cuando perdieron la batalla de Majuba (1881). Poco tiempo despues en Transvaal, se descubieron grandes yacimientos auríferos y con ello comenzó la carrera del oro a manos, sobre todo, de los colindantes súbditos británicos.

Los ingleses habían venido estableciéndose por millares en la región buscando, el derecho de voto o la equiparación fiscal. La situación pues se había vuelto cada vez más tensa.

Desde la capital de Transvaal, Pretoria, el presidente bóer, Kruger, se demostraba intransigente; desde la capital de la colonia El Cabo, Ciudad del Cabo (Capetown), el gobernador sir Alfred Mildner respondía con diferentes provocaciones y ataques. En realidad los ingleses no toleraban el nacionalismo de los afrikaander, pero sobre todo pensaban en el control de las minas de oro.

La guerra

Primera fase

El largo pulso existente, culminó en un ultimátum que el presidente Kruger envió a sir Milner el 9 de octubre de 1899. La intimidación fue respondida y el 12 de octubre comenzaron los combates. En la primera fase de la guerra que duró hasta enero de 1900, los bóers, que habían movilizado un ejército de 40.000 hombres, desencadenaron su ofensiva y después de haber derrotado a las tropas inglesas, formadas por unos 20.000 hombres, asediaron las ciudades de Ladysmith, Kimbeerley y Mafeking. La última semana del año 1899, fue nefasta para los ingleses. Los periódicos de Londres la definieron como la semana negra ("the black week"), mientras en los periódicos de toda Europa la derrota británica en Sudáfrica era la noticia del día. El gobierto de su majestar tenía que reaccionar; la reina Victoria así lo exigía.

Segunda fase

Londres puso entonces al mado de sus tropas a dos expertos en temas coloniales: lord Roberts, con el cargo de comandante general del ejército y lord Kitchener, como su jefe de Estado Mayor. Entre tanto llegaron los refuerzos: 60.000 soldados británicos desembarcaron en Ciudad del Cabo, Port Elizabeth y East London. El 28 de febrero el general Buller, a la cabeza de 26.000 hombres, liberó Ladysmith; el 31 de marzo de 1900 se produjo la recuperación de Kimberley, sobre la que habían atacado las tropas de lord Frech, formadas por 40.000 hombres con la caballería a la cabeza, superviviente del violento ataque a Bloemfontein. El Estado libre de Orange, fue anexionado a Gran Bretaña y, finalmente, el 5 de junio de 1900 cayó Pretoria y también Transvaal siguió la misma suerte.

Tercera fase

Una vez ocupado Transvaal, todo parecía haber terminado, pero comenzó entonces la fase más sangrienta de la guerra: la guerra de guerrillas.

Esta se organizaría durante dos años mediante crueles emboscadas, asaltos, destrucciones y daños a la población civil.

Después de la derrota del ejército bóer, el presidente Kruger, viejo y desmoralizado, se había embarcado para Europa, por lo que el poder había sido divididos a partes iguales entre el vicepresidente Burger y el "generalísimo" Botha. Este último no había aceptado en absoluto la derrota e inició violentas y decididas acciones destructivas, con rápidas apariciones y huidas, realizadas por una aguerrida infantería a caballo que se desplazaba llevando consigo víveres y provisiones. La respuesta inglesa fue despiadada. Lord Roberts comenzó inmediatamente a incendiar las granjas y destruir las cosechas, pero fue llamado a Londres a comienzos de 1901.

A la cabeza de las fuerzas combatientes inglesas le sucedió lord Kitchener, que tenía prisa por acabar la guerra ya que no deseaba perder el cargo como comandante supremo de la India. Por tanto Kitchener creó inmensos campos de concentración donde miles de mujeres y niños morían por las epidemias; ordenó ejecuciones sumarias de prisioneros y enroló 10.000 negros, a pesar de que desde el comienzo de las hostilidades, bóers e ingleses se comprometieron solemnemente a dejar fuera de conflicto a los indígenas. La consecuencia fue que los negros capturados con las armas en las manos por los bóers fueron fusilados; en represalia, Kitchener hizo fusilar a los bóers responsables de estas ejecuciones. Una espiral de sangre sin fin, al término de la cual se contaban no menos de 30.000 víctimas civiles, sin tener en cuenta las pérdidas militares, difíciles de calcular.

Fin de la guerra

La violencia de la represión fue tal, que se cebó sobre Gran Bretaña las críticas de todo el mundo pero, mientras la reina Victoria estuviera en el trono, lord Kitchener no podía demostrar ninguna clemencia en Sudáfrica; sólo la muerte de la reina el 22 de enero de 1901, y el acceso al trono de su hijo Eduardo VII, permitió aflojar la mordaza de la represión.

Las tropas británicas en Sudáfrica habían alcanzado los 250.000 hombres, contra los que se batían unos 30.000 rebeldes, éstos últimos sucumbieron el 31 de mayo de 1902, día en que los bóers serían obligados a firmar el Tratado de Paz de Pretoria.

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