Guerra de los Treinta Años

Keywords: Guerra de los Treinta Años, 1618, 1622, 1623, 1624, 1625, 1626, 1629, 1630

Guerra europea librada principalmente en la Europa central entre los años 1618 y 1648. Aunque inicialmente se trató de un conflicto religioso entre católicos y protestantes, el motivo central de la misma fue la pugna entre las potencias europeas por conseguir una situación de equilibrio o bien, en el caso de otras, por conseguir una situación de hegemonía (en este caso la casa de los Habsburgo, en España, Casa de Austria, que eran católicos).

Sin embargo, también puede describirsela no como una sóla guerra, sino de una larga serie de conflictos desarrollados principalmente en Europa central.

Esta guerra se puede dividir en 4 etapas:

Tabla de contenidos

Orígenes de la Guerra

A mediados del siglo XVI, la frágil Paz de Augsburgo, un acuerdo firmado por Carlos I de España y los príncipes luteranos en 1555 había confirmado el resultado de la primera Dieta de Espira y en realidad había hecho acrecentar con el tiempo los odios entre católicos y los luteranos. En dicha paz se había establecido que

En los inicios del siglo XVII se incrementaron las tensiones entre las naciones de Europa. España estaba interesada en los principados alemanes, debido a que Felipe II de España era un Habsburgo y tenía territorios alrededor de la frontera oeste de los estados alemanes (Flandes, el Franco Condado). Francia también estaba interesada en los estados alemanes porque deseaba sofocar el creciente poder de los Habsburgo que rodeaban su frontera este. Suecia y Dinamarca estaban interesadas en los estados germánicos del norte que rodeaban al Mar Báltico, por razones económicas.

Durante la segunda mitad del siglo XVI las tensiones religiosas también se habían hecho más intensas. La paz de Ausburgo tuvo sus consecuencias a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, ya que los obispos se negaban a abandonar sus obispados. De hecho, los términos del tratado de Augsburgo fueron utilizados para un resurgimiento del poder católico. Las tensiones y resentimientos entre católicos y protestantes no habían hecho sino crecer desde el tratado, y en muchos lugares de Alemania se destruían iglesias protestantes y habian limitaciones y obstáculos al culto protestante. A disminuir estas tensiones no ayudó nada el calvinismo que se extendía por toda Alemania, lo que añadió otra religión a la región; los católicos de Europa central (los Habsburgo de Austria o los reyes de Polonia) estaban tratando de restaurar el poder del catolicismo.

right|thumb| Rodolfo II Los Habsburgo estaban principalmente interesados en extender su poder, así que estaban a veces dispuestos a transigir y permitir el protestantismo. A la larga esto hizo mayores aún las tensiones. Rodolfo II (a la derecha), emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y su sucesor, Matías, no practicaban una política catolicista agresiva, ya que estaban más interesados en incrementar el poder y las posesiones de los Habsburgo. Eran también muy tolerantes, lo que permitió que diferentes religiones se extendieran a su aire y que chocasen entre sí libremente. Suecia y Dinamarca (que querían controlar los estados alemanes del Mar Báltico) estaban mayoritariamente compuestas por luteranos.

Estas tensiones estallaron con violencia en la ciudad alemana de Donauwörth en 1606. La mayoría luterana obstaculizó los intentos de los residentes católicos de hacer una procesión causando una revuelta violenta. Los católicos de la ciudad solicitaron la intervención del duque Maximiliano de Baviera para intervenir en respaldo de los católicos. left|thumb|Fernando II, Emperador del Sacro Imperio, cuyas acciones enviando delegados a Praga provocaron la 2ª defenestración de PragaUna vez hubo cesado la violencia, los calvinistas en Alemania, religión que que estaba todavía en su infancia y constituía una minoría, se sintieron amenazados, y se agruparon en la Liga de la Unión Evangélica (también conocida como Liga Protestante), creada en 1608, bajo el liderazgo de Federico IV, el Príncipe elector del Palatinado. Este príncipe tenía en su poder el Palatinado de Renania, uno de los estados que España deseaba para sí a fin de proteger el camino español. Esto provocó que los católicos también se agrupasen en la Liga Católica, bajo el liderazgo del duque Maximiliano.

El emperador del Sacro Imperio y rey de Bohemia, Matías, murío sin dejar heredero en 1617, pero habiendo testado a favor de su sobrino, Fernando de Estiria. Fernando, que se convirtió en rey de Bohemia y emperador del sacro imperio, Fernando II era un católico convencido que había sido educado por los Orden de Jesús y quería restaurar el catolicismo. Por ello era impopular en Bohemia, la cual era predominantemetne calvinista. El rechazo de Bohemia a Fernando fue el detonante de la Guerra de los 30 años.

La Revuelta de Bohemia, (1618-1625)

right|thumb|La ciudad de Praga en la actualidad con el castillo al fondo. Desde una ventana de esta fortaleza fueron arrojados los dignatarios católicos dando comienzo a la Guerra de los 30 años La elección del católico Fernando II como emperador había puesto a la nobleza de Bohemia, de mayoría protestante, en una situación prácticamente de rebelión fáctica.

Además, dado que la dignidad de rey de Bohemia se confería por elección, los bohemios eligieron como su líder a Federico V, Elector Palatino, (sucesor de Federico IV, que había sido creador de la Liga de la Unión Evangélica). Cuando Fernando II envió a dos concejales católicos, (Martinitz y Slavata) y sus representantes al castillo de Hradcany en Praga en Mayo de 1618, para preparar el camino a su llegada, los calvinistas de Bohemia los secuestraron y los arrojaron por una ventana del palacio.left|thumb|Defenestración de Praga Los dos dignatarios y el escriba que fueron arrojados cayeron sobre un montón de estiercol y no sufrieron lesiones importantes (al contrario que la primera defenestración, acontecida 200 años antes en la que murieron siete concejales). Este evento, conocido como la segunda Defenestración de Praga se marca como punto de referencia del comienzo a la rebelión bohemia, aunque la rebelión ya estaba gestándose mucho tiempo antes. Pronto, el conflicto bohemio se extendió en la totalidad de la Bohemia Mayor, (Bohemia, Silesia, Lusacia y Moravia), que ya estaba dividido por enfrentamientos entra católicos y protestantes. Esta confrontación iba a encontrar muchos ecos en todo el continente europeo, viéndose afectada Francia, y Suecia inter alia.

Si la rebelión bohemia hubiese permanecido limitada a un asunto puramente de la Europa central, la Guerra de los Treinta años podía haberse concluído en sólo 30 meses. Sin embargo, la debilidad tanto de Fernando como de los propios bohemios llevó a la extensión de la guerra al oeste de Alemania. Fernando se vio obligado a reclamar la ayuda de su sobrino, el rey Felipe IV de España.

Los bohemios, desesparados por encontrar aliados frente al emperador solicitaron ser admitidos en la Unión Protestante, liderada por el calvinista Federico V, Elector Palatino. Los bohemios acordaron que el Elector Palatino podría convertirse en rey de Bohemia si les permitía adherirse a la Unión y así quedar bajo su protección - sin embargo, otros miembros de los estados bohemios hicieron ofertas similares al duque de Saboya, al Elector de Sajonia y a Gabriel Bethlen de Transilvania. Los austríacos, que parecían haber interceptado todas las cartas que abandonaban Praga hicieron públicas estas duplicidades y desentrañaron gran parte de este apoyo a los bohemios, particularmente en la corte de Sajonia.

La rebelión fue inicialmente favorable a los bohemios. Gran parte de Austria septentrional, cuya nobleza era luterana y calvinista se les unió (sin embargo las simpatías religiosas de esta zona cambiarían en los siguientes años.) La zona meridional de Austria se rebeló durante el año 1610. El conde Thurn llegó a llevar un ejércido a los mismos muros de Viena. El el este, el príncipe protestante de Transilvania, Gabriel Bethlen, condujo una inspirada campaña en el interior de Hungría con las bendiciones del sultán turco. El emperador, que estaba ocupado en la Guerra Uzkok, se apresusó a reformar un ejército para detener a los bohemios y sus aliados que anegaban completamente su país. El conde Bucquoy, el comandante del ejército austríaco, derrotó a las fuerzas de la Unión Protestante lideradas por el conde Mansfeld en la Batalla de Sablat, el 10 de junio de 1619. Esto cortó las comunicaciones del conde Thurn con Praga, el cual bandonó el sitio de Viena inmediatamente. La derrota de los protestantes bohemios en Sablat también costó a los protestantes un importante aliado - Saboya-, que había sido durante mucho tiempo un oponente a la expansión de los Habsburgo y había enviado ya considerables sumas de dinero y tropas irregulares a las guarniciones de las fortalezas de Renania. La captura de la cancillería de campo de Mansfeld desenmascaró el complot de los saboyanos y forzó al avergonzado duque a abandonar la guerra.

A pesar de la derrota de Sablat, el ejército del conde Thurn continuó existiendo como una fuerza efectiva, y Mansfeld consiguió reformar su ejército más al norte en Bohemia. Los estados de Austria septentrional y meridional, todavía en rebelión, firmaron una alianza con los bohemios a comienzos de agosto, y en el día 22, Fernando fue depuesto oficialmente como rey de Bohemia, y sustituido por el Elector Palatino Federico V. En Hungría, incluso a pesar de que los bohemios habían renegado de su oferta de su corona, los transilvanos continuaron haciendo progresos sorprendentes, obligando a los ejércitos del emperador a retirarse de ese país en 1620.

Los españoles enviaron un ejército desde Bruselas, bajo las órdenes de Ambrosio Spinola para dar apoyo al emperador y el embajador español en Viena, don Iñigo Oñate convenció a la Sajonia protestante para intervenir contra Bohemia a cambio de ofrecerles el control sobre Lusatia. Los sajones invadieron, y el ejército español en el oeste evitó que las fuerzas de la Unión Protestante pudieran prestar auxilio. Oñate conspiró para transferir el título electoral del Palatinado al duque de Baviera, a cambio de su apoyo a la Liga Católica. right|thumb|Johan Tzerclaes, Conde de Tilly, general de los ejércitos imperial y bavaroBajo el mando del General Tilly, el ejército de la Liga Católica (que incluía a René Descartes en sus filas) pacificó Austria septentrional, mientras las fuerzas del emperador pacificaban el Austria meridional. Un vez unidos los dos ejércitos, se desplazaron hacia el norte, dentro de Bohemia. Fernando II derrotó decisivamente a Federico V en la batalla de la Montaña Blanca (en checo: Bílá Hora) cerca de Praga, en 1629. Bohemia permanecería en manos de los Habsburgo durante 300 años.

Esta derrota provocó la disolución de la Liga de la Unión Evangélica y la confiscación de las posesiones de Federico V. El Palatinado renano fue entregado a nobles católicos, mientras su título de Elector Palatino fue dado a su lejano primo, el duque Maximiliano de Baviera. Federico V, aunque ya sin territorios, se convirtió en un exiliado prominente en el extranjero, granjeándose simpatías y apoyo a su causa en Holanda, Dinamarca y Suecia.

Se trató de un golpe serio a las ambiciones protestantes en la región. La rebelión literalmente se hundió, y las amplias confiscaciones patrimoniales y supresiones de títulos nobiliarios bohemios preexistentes aseguraron que el país regresaría a la fe católica después de más de dos siglos de disidencias religiosas que habían comenzado con la guerra husita. Los españoles, tratando de flanquear a los holandeses en preparación para la inminente guerra provocada por la no renovación de la Tregua de los Doce Años, tomaron las tierras de Federico, el Palatinado de Renania. La primera fase de la guerra terminó completamente cuando Gabriel Bethlen de Transilvania firmó un tratado de paz con el emperador en junio de 1622, ganando algunos territorios en Hungría oriental.

Algunos historiadores consideran el periodo entre 1621-1625 como una fase separada de la Guerra de los Treinta años, denominándola la fase del Palatinado. La catastrófica derrota del ejército protestante en la Montaña Blanca, y la partida de Gabriel Bethlen significaron la pacificación de Alemania oriental. La guerra en el oeste, concentrada en la ocupación del Palatinado, consistió en batallas mucho más pequeñas que las que vieron las campañas bohemia y húngara, y con mucho mayor uso del asedio. Mannheim y Heidelberg cayeron en 1622, y Frankenthal en 1623. Con ello el Palatinado estaba en manos del emperador.

El resto del ejército protestante, guiado por Mansfeld, hizo un intento de alcanzar la frontera holandesa. Tilly los flanqueó en Stadtlohn el 6 de agosto de 1623, y sólo un tercio del ejército de Mansfeld de 21.000 hombres consiguió escapar a la batalla. Agotado de suministros, recursos humanos y financiación, el ejército de Mansfeld se dispersó en 1624.

La Intervención danesa (1625-1629)

El Periodo Danés comenzó cuando el rey Cristian IV de Dinamarca (1577-1648), un luterano convencido, temiendo que la soberanía de Dinamarca como nación protestante fuese amenazada ayudó a los alemanes guiando un ejército contra el Sacro Imperio. Cristian IV había sacado abundante provecho de sus políticas en el norte de Alemania (Hamburgo había sido forzada a aceptar el protectorado danés en 1621, y en 1623 el heredero de Dinamarca fue nombrado obispo de Bremen-Verden). Cristian IV se había desempeñado francamente bien como administrador, y había conseguido para su reino un nivel de estabilidad y riqueza que no había sido igualado en ninguna parte de Europa, el cual se había beneficiado también de las aportaciones económicas de las aduanas en el Skaggerak y de las extensas reparaciones de guerra por Suecia. El único país en Europa con una posición financiera comparablemente fuerte fue, irónicamente, Baviera. También ayudó a ello el que el regente francés, el Cardenal Richelieu, estaba deseando pagar por una incursión danesa en Alemania. Cristian invadió al frente de una tropa mercenaria de 20.000 hombres, pagada casi completamente con su fortuna personal.

right|thumb|Albrecht von Wallenstein, General bohemio al servicio de Fernando II Para enfrentarse a esta fuerza, Fernando II empleó la ayuda militar de Albrecht von Wallestein, un noble bohemio que se había hecho rico a base de confiscaciones a sus campesinos. Wallenstein prometió a Fernando II un ejército de entre 30.000 y 100.000 soldados a cambio del derecho a saquear los territorios capturados. Cristian, que no conocía nada sobe la existencia de Wallenstein cuando efectuó la invasión, fue forzado a retirarse antes de que su ejército fuese aniquilado por el ejército de Wallenstein y el de Tilly. La suerte de Cristian empeoró aún más cuando todos los aliados con los que pensaba que contaba se vieron forzados a abandonarle. Tanto Inglaterra como Francia pasaban por sendas guerras civiles. Suecia estaba en guerra con Polonia, y ni Brandemburgo ni Sajonia parecían tener intenciones de hacer nada que alterase la tenue paz en Alemania oriental. Wallenstein derrotó al ejército de Mansfeld en la batalla del Puente de Dessau, (1626) y el general Tilly derrotó a los daneses en la batalla de Lutter, (1626). Mansfeld murió unos meses después de enfermedad, exahusto y avergonzado por la batalla que le había costado la mitad de su ejército.

El ejército de Wallenstein entonces marchó hacia el norte, ocupando Mecklenburgo, Pomerania y finalmente la propia Jutlandia. Sin embargo fue incapaz de tomar la capital danesa en la isla de Zelanda sin una flota, y ni los puertos hanseáticos ni los polacos permitieron que se construyese una flota imperial en el Báltico. Entonces optó por sitiar Stralsund, el único puerto beligerante del Báltico con instalaciones para construir una flota que pudiese tomar las islas danesas. Sin embargo, el costo del sostenimiento de las ooperaciones de Wallenstein era desorbitado, particularmente si se comparaba con lo que pudiera haberse ganado en la guerra con Dinamarca.

Por esto se llegó finalmente al tratado de Lübeck (1629), en el que Cristian IV abandonó su apoyo a los protestantes alemanes para poder mantener su control sobre Dinamarca. En los siguientes dos años se subyugaron más tierras a los poderes católicos.

La Guerra de los Treinta Años podía haber terminado con el periodo danés, pero la Liga Católica persuadió a Fernando II de que intentase recuperar las posesiones luteranas que, en aplicación de los acuerdos de la Paz de Augsburgo pertenecían por ley a las iglesias católicas. Estas posesiones estaban descritas en el Edicto de Restitución de 1629, e incluían dos arzobispados, dieciseis obispados y cientos de monasterios. Los nobles y campesinos preferían abandonar sus tierras en Bohemia y Austria antes que convertirse. Mansfeld y Gabriel Bethlen, los primeros oficiales de la causa protestante murieron en el mismo año. Sólo el puerto de Stralsund, abandonado por todos sus aliados, se mantenía frente a Wallenstein y el emperador.

La intervención sueca (1630-1635)

Algunas personas en la corte de Fernando II creían que Wallenstein deseaba tomar control de los príncipes alemanes y restaurar el poder del emperador sobre Alemania bajo su control. Fernando II destituyó a Wallenstein en 1630. Más tarde lo volvería a llamar después de que los suecos, bajo el mando del rey Gustavo Adolfo atacasen el imperio y prevaleciensen en unas cuantas batallas significativas.

Gustavo Adolfo, como previamente había hecho Cristian IV, acudió en ayuda de los luteranos alemanes, para prevenir una posible agresión católica a su país y para obtener influencia económica en los estados alemanes situados alrededor del mar Báltico. También, como Cristian IV, Adolfo fue subvencionado por Richelieu, el primer ministro del rey Luis XIII de Francia, y por los holandeses. Desde 1630 hasta 1634 hicieron retroceder a las fuerzas católicas y recuperó una gran parte de las tierras protestantes ocupadas. right|thumb|Victoria de Gustavo Adolfo de Suecia en la Batalla de Breitenfeld Fernando II dependía de la Liga Católica, ya que había cesado Albrecht von Wallenstein. En la Batalla de Breitenfeld, (1631), Gustavo Adolfo derrotó a la Liga Católica comandada por el general Tilly. Un año después se encontraron de nuevo, y esta vez el general Tilly resultó muerto (1632). Esto obligó a Fernando II a volver a llamar a Wallenstein. thumb|left|Muerte del rey Gustavo Adolfo en la batalla de Lutzen Wallenstein y Gustavo Adolfo chocaron en la Batalla de Lützen (1632), donde los suecos prevalecieron, pero con la pérdida del rey. Finalmente, en 1634 los suecos fueron derrotados en la Batalla de Nördlingen por el cardenal-infante don Fernando de Habsburgo, al mando de tropas españoles que acudieron en ayuda de los católicos desde la posesión española de Milán.

Las sospechas de Fernando II sobre Wallenstein volvieron a aparecer en 1633, cuando Wallenstein intentó arbitrar en las diferencias entre los bandos católico y protestante. Es posible que Fernando II temiese que Wallenstein cambiase de lado y dispuso las cosas para arrestarlo tras retirarle de nuevo el mando. Uno de los soldados de Wallenstein, el capitan Devereux lo asesinó cuando intentaba contactar con los suecos en la casa consistorial de Cheb (Eger en alemán), el 25 de febrero de 1634.

Después de aquello ambos lados se encontraron para entablar negociaciones, y el periodo sueco terminó por medio de la Paz de Praga 1635, según la cual:

Este tratado, sin embargo, no satisfizo a los franceses, ya que los Habsburgos continuaban siendo muy poderosos. Los franceses entonces desencadenaron el ultimo periodo de la Guerra de los Treinta Años, llamado el Periodo Francés.

La intervención francesa (1636-1648)

Francia, aunque era un país católico, rivalizaba con el Sacro Imperio Romano y España, y ahora entró en la guerra en el bando protestante. El Cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de Francia, pensó que los Habsburgos todavía eran demasiado poderosos, ya que mantenían en su poner varios territorios en la frontera este de Francia y tenían influencia en Holanda.

Por lo tanto, Francia, se alió con los holandeses y con Suecia. España, en represalia, asoló las provincias francesas de Campania y Borgoña, e incluso amenazó París en 1636. El general imperial Johan von Werth y el comandante español, el cardenal -infante don Fernando, llevaron a cabo campañas exitosas. Finalmente Bernhard de Weimar-Sajonia derrotó a los imperiales y llegó a amenazar su permanencia en suelo francés en la batalla de Compiegne. Siguieron muchas batallas, pero ningún bando obtuvo en ellas ventajas claras.

En 1642, el Cardenal Richelieu murió. Un año después lo siguió Luis XIII. Luis XIV subió al trono a la edad de 5 años. Su regente, el Cardenal Mazarino comenzó a trabajar para restaurar la paz.

El 1645, el mariscal sueco Lennatr Torstensson derrotó a un ejército imperial en la batalla de Jankau, cerca de Praga, y Luis II de Borbón, Príncipe de Condé, derrotó al ejército bavaro en la batalla de Nördlingen (1645). El último comandante con talento de los católicos, el conde Franc von Mercy murió en la batalla.

left|thumb|Batalla de Lens, 1648En 1647 Francia y Suecia invadieron Baviera y forzaron a Maximiliano I, duque de Baviera a firmar el 14 de marzo de 1647 la Tregua de Ulm y renunciar a su alianza con el Sacro Imperio Romano. En otoño rompió la tregua y volvió con los imperiales. En 1648 los suecos y los franceses derrotaron al ejército imperial en las batallas de Zusmarhausen y Lens. Unicamente los territorios de la propia Austria permanecieron seguros en manos de los Habsburgos.

La Paz de Westfalia

Artículo principal Paz de Westfalia

El general francés Enrique de Turena derrotó a los españoles en la Batalla de Rocroi en 1643, la cual fue seguida de negociaciones. En estas negociaciones estuvieron Fernando III, emperador del Sacro Imperio Romano, Francia, España, Holanda, Suiza, Suecia, Portugal y representantes del papa. La paz de Wetfalia en 1648 fue el resultado de estas negociaciones.

Las ideas centrales de la paz de Westfelia fueron:

Consecuencias

La devastación causada por la guerra ha sido durante mucho tiempo objeto de controversia entre los historiadores. Las estimaciones de pérdidas civiles entre la población de Alemania de hasta el treinta por ciento son tratadas ahora con cautela. Es casi completamente cierto que la guerra causó un trastorno serio a la economía de la Europa Central, pero es posible que no haya hecho más que exacerbar los cambios en términos de comercio, causados por otros factores.

El resultado inmediato de la guerra, sin embargo, que iba a perdurar durante cerca de dos siglos, fue la consagración de una Alemania dividida entre muchos territorios, todos los cuales, a pesar de su continuidad en la pertenencia al imperio hasta su formal disolución en 1806 tenían soberanía de facto. Se ha especulado que esta debilidad fue una de las causas subyacentes al posterior militarismo alemán.

La Guerra de los Treinta Años reestructuró la estructura de poder previa. La decadencia de España se hizo claramente visible. Mientras España estaba preocupada con Francia durante el periodo francés, Portugal declaró su independencia (había permanecido bajo control español desde que Felipe II había tomado el control de la misma después de que el rey portugués hubiese muerto sin dejar herederos). La familia Braganza se convirtió en casa gobernante de Portugal. Francia fue, a partir de ahora vista como el poder dominante en Europa.

Durante los últimos años de la Guerra de los Treinta Años, Suecia se vio envuelta en un conflicto con Dinamarca, entre 1643 y 1645, denominado la Guerra Torstenson. El resultado favorable de este conflicto y la conclusión de la guerra en Europa por medio de la Paz de Westfalia ayudó a establecer a la Suecia post-bélica como un gran poder en Europa.

Los edictos acordados durante la firma del Tratado de Westfalia fueron instrumentos para sentar los fundamentos de lo que todavía hoy son consideradas como las ideas centrales de la nación-estado soberanos. Se acordó que los ciudadanos de las respectivas naciones debían atenerse primera y más importantemente a las leyes y designios de sus respectivos gobiernos en lugar de a las leyes y designios de los poderes vecinos, ya fuesen religiosos y seculares. Esta certidumbre contrastaba mucho con los tiempos precedentes, en que el solapamiento de lealtades políticas y religiosas era un acontecimiento común.

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