Guerra de las Malvinas

Keywords: Guerra de las Malvinas, 11 de junio, 14 de junio, 1690, 1833, 1842, 1965, 1981, 1982

La Guerra de las Malvinas (en inglés, Falklands War) fue un conflicto armado entre Argentina y el Reino Unido ocurrido en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur ocurrido entre el 19 de marzo y el 14 de junio de 1982 por la soberanía sobre esos archipiélagos australes dominados por Gran Bretaña y que la Argentina demanda como propios.

none|300px|El HMS Conqueror vuelve de la guerra haciendo ondear la Jolly Roger como símbolo de victoria.
Historia militar de Argentina
Historia militar del Reino Unido
Conflicto Guerra de las Malvinas (Falklands War)
Fecha19 de marzo - 14 de junio de 1982
LugarIslas Malvinas, Islas Georgias del Sur, e Islas Sandwich del Sur
ResultadoEl Reino Unido retiene la posesión de los archipiélagos.
Combatientes
Argentina Reino Unido
Punto fuerte
Ventaja geográfica Ventaja tecnológica
Víctimas
746 muertos, 1.068 heridos 268 muertos, 777 heridos

Su saldo final fue la reocupación de las Malvinas por el Reino Unido y la muerte de 746 soldados argentinos, 265 británicos y 3 civiles. En Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la Junta militar que gobernaba el país tras el golpe de Estado de 1976, y la restauración de la democracia como forma de gobierno.

Tabla de contenidos

Antecedentes

[[Imagen:Falklandsmap.gif|200px|thumb|left|Mapa de las Islas Malvinas (con los topónimos ingleses).]] Las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son tres archipiélagos situados en el Océano Atlántico, frente a las costas argentinas, que constituyen un dominio colonial británico desde 1842. No obstante, desde su ocupación en 1690 fueron motivo de conflicto entre el Reino Unido, Francia y España, y después entre el Reino Unido y Argentina, que se considera heredera de las reclamaciones españolas sobre estas islas. En este periodo se han producido diversos golpes de mano para establecer una u otra soberanía, saldados con la ocupación británica de 1833.

Sólo uno de estos archipiélagos, las Islas Malvinas, tiene población civil propia permanente (llamados kelpers). Generalmente de origen inglés, esta población se considera a si misma británica y apoya el estado actual de soberanía sobre las islas. Los otros dos están ocupados, esencialmente, por personal científico. En 1965 Argentina consiguió que la ONU aprobase la resolución 2065, calificando la disputa como un problema colonial y urgiendo a las partes a negociar una solución. No obstante ello, éstas fueron infructuosas durante los siguientes diecisiete años.

Relevancia de las islas

En otro tiempo importantes puestos balleneros, la práctica desaparición de numerosas especies de ballenas en los mares australes ha hecho que la relevancia económica de los tres archipiélagos sea reducida. El interés por ellas obedece fundamentalmente a dos causas:

  1. La soberanía sobre estos territorios se considera una cuestión de orgullo y credibilidad nacional tanto por Argentina como por el Reino Unido.
  2. La posesión de territorios adyacentes a la Antártida puede otorgar derechos sobre este continente en futuras negociaciones relacionadas con el mismo.

La decisión de atacar

[[Imagen:galtier.jpg|thumb|right|Leopoldo Galtieri, Presidente de Argentina durante la Guerra de las Malvinas]] La dictadura militar que gobernaba Argentina en 1982 sustentaba una parte significativa de su apoyo social en un exacerbado sentido del patriotismo. La cuestión de las Malvinas ocupaba un lugar central en esta estructura ideológica. A principio de los años 80, el modelo económico de la Junta militar se agotó, con las subsiguientes tensiones sociales: 90% de inflación anual, recesión profunda, interrupción de buena parte de la actividad económica, generalización del Impuesto al Valor Agregado, empobrecimiento de las clases medias, brusco aumento del endeudamiento externo de las empresas y el Estado, salario real cada vez más depreciado, aumento de la pobreza y sus lacras, etc. La sustitución del jefe de la Junta Jorge Rafael Videla por Leopoldo Fortunato Galtieri es indicativa de esta crisis económica, social y política, y el momento en que la decisión de recuperar las islas se pone en marcha con objeto de recuperar el crédito perdido entre los sectores sociales sensibles a este discurso patriótico. Esta decisión se basó en tres presupuestos militares que, en principio, parecían acertados:

  1. La guarnición británica en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur era reducida, y la lejanía a la metrópoli impedía la llegada de refuerzos a tiempo.
  2. La capacidad de guerra anfibia del Reino Unido a medio mundo de distancia no parecía estar a la altura de las circunstancias, pese a su gran poderío aeronaval.
  3. No parecía probable que el Reino Unido realizara un contraataque a gran escala afectando al territorio continental argentino -por ejemplo, usando sus submarinos nucleares- por una cuestión colonial sobre unas islas remotas.

No obstante, la Junta no tuvo en cuenta elementos geopolíticos y diplomáticos esenciales a la hora de tomar tal decisión:

  1. Existen numerosos conflictos fronterizos en el mundo. En el contexto de la Guerra Fría, no era probable que la comunidad de naciones viera con buenos ojos la resolución violenta de uno de ellos, pues eso podría legitimar y desencadenar un racimo de guerras regionales en los cinco continentes.
  2. En el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos daba más importancia a la OTAN, concebida directamente para detener a la URSS, que al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) más orientado para contener al comunismo en América del Sur y percibido como de interés secundario por Washington.
  3. Una dictadura de extrema derecha no podía esperar el apoyo de la URSS ni de ninguno de los países alineados con ella o influenciados por ella, ni tampoco de la mayor parte de democracias occidentales, donde las graves violaciones de los Derechos Humanos cometidas por la Junta ya eran del dominio generalizado de la opinión pública.
  4. La Junta subestimó, además, las estrechas relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido que trascienden del marco de la OTAN.
  5. El Reino Unido es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto.
  6. La Junta subestimó la importancia que tiene para la credibilidad del Reino Unido el mantenimiento de los territorios coloniales de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth).
  7. 1982 era año electoral en el Reino Unido. Si en algún momento estuvo en duda responder o no, la proximidad de los comicios impedía que una humillación así fuera sometida a negociaciones. En una encuesta de Gallup realizada a pocos días del inicio de la guerra, el 28% de la población británica declaró que el asunto de las Malvinas iba a ser su elemento fundamental de decisión de voto.
  8. La Junta subestimó el potencial y la habilidad militar de la que por muchos siglos fue la Armada más poderosa del mundo, y particularmente la capacidad de algunos de sus elementos sustanciales.

Con este análisis erróneo, el Gobierno argentino diseñó un plan para la recuperación militar de los tres archipiélagos en disputa llamado Operación Rosario alterando el statu quo por la vía de los hechos. La Operación Rosario fue creada por el Almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta presidida por Galtieri, a finales de 1981 y principios de 1982.

La Operación Rosario

La Operación Rosario consistía en una serie de acciones de intensidad creciente encaminadas a la recuperación argentina de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur que se ejecutarían en sentido inverso (de Este a Oeste y de menor a mayor relevancia política), iniciándose de la manera más discreta posible y culminando con la toma del archipiélago de las Islas Malvinas y de su capital, Port Stanley / Puerto Argentino mediante un asalto directo. La Junta logró mantener el plan de Anaya en secreto hasta apenas 48 horas antes del inicio de las hostilidades.

La última Thule del Sur

Ya el 18 de Marzo de 1977, la Armada Argentina había establecido la estación científica Corbeta Uruguay en la Isla Morrell (grupo Thule del Sur), en el archipiélago de las Sandwich, y llevaba operándola desde entonces. Esta instalación tuvo gran repercusión en la prensa argentina, pero el Reino Unido había optado por ignorarla como irrelevante. Para el plan de Anaya, en cambio, esta ocupación resultaba providencial dado que le permitía organizar operaciones desde el océano hacia el continente.

Movimientos sutiles: el desembarco en las Georgias del Sur

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
Fuerza de Operaciones 60:
(Comandante: Capitán C. Trombetta)
· Buque insignia: rompehielos Bahía Paraíso (9.600 Tm) con 1 helicóptero Puma + 1 Alouette (1978).· Buque de patrulla ártica HMS Endurance (3.600 Tm), con 2 helicópteros Wasp. (Capitán: Nick J. Barker, CBE)
· Corbeta pesada P-32 Guerrico (1.250 Tm) con 1 lanzamisiles MM-38 Exocet antibuque (4 tubos), 1 cañón de 100mm + 1 de 40mm (1978).
· Buque de transporte de tropas Bahia Buen Suceso (3.100 Tm, 1951).
· 100 infantes de marina embarcados· 22 infantes de marina (del 22º Royal Marines) en tierra

A finales de 1979, un hombre de negocios argentino llamado Constantino Davidoff dedicado al comercio de chatarra había adquirido a una compañía escocesa los derechos sobre tres antiguas estaciones balleneras en Leith (Islas Georgias del Sur). En estas islas, administradas por el gobernador de las Malvinas, únicamente vivían unos científicos del British Antarctic Survey (BAS) dirigidos por Steve Martin y estacionados en Grytviken, a unos 40 km de Leith.

Davidoff obtuvo permiso de la embajada británica para hacer puerto en Leith junto a 41 trabajadores, supuestamente con objeto de ejercer su negocio. Sin embargo, entre los trabajadores se hallaba un grupo de buzos tácticos -fuerzas de élite de la Marina Argentina- dirigidos por el teniente coronel Alfredo Astiz, buscado ya por las "desapariciones" de varios europeos durante la dictadura. La partida llegó a Leith el 19 de marzo de 1982 a bordo del transporte de tropas Bahía Buen Suceso, comandado por el capitán Briatore.

Como es protocolario, Briatore debía presentarse a Martin al atracar en las Islas Georgias del Sur. No sólo no lo hace, sino que los "trabajadores" de Astiz -ahora ya de uniforme- alzan la bandera argentina en Leith y la saludan con una salva de fusilería. Informado de estos hechos, Martin envía a uno de los científicos a entrevistarse con los argentinos e informarles de que se hallan en suelo británico y deben observar ciertas normas. Aún no es el momento; el equipo de asalto obedece y baja la bandera. No obstante, Martin comunica los hechos al gobernador de las Malvinas Rex Hunt.

Al capitán Nick Barker, del HMS Endurance, este incidente no le sorprende. Lleva quince años en esas aguas y hace tiempo que oye hablar de movimientos extraños por la parte argentina, tanto que ya había informado a sus superiores, aunque no le hicieron caso. Decide mandar uno de sus helicópteros Wasp a echar un vistazo. Desde el Bahía Buen Suceso se lanza inmediatamente su helicóptero Alouette en actitud agresiva, con el propio capitán Trombetta a bordo. Barker retira su aeronave. Desde tierra, no obstante, dos royal marines han observado estos movimientos y se los notifican a su superior en Grytviken, el teniente Keith P. Mills. En las Islas Georgias del Sur ya sabe todo el mundo que están al borde de la guerra. En Londres, sin embargo, parecen ignorarlo: Whitehall notifica a Barker y Mills que si los argentinos intentan tomar Grytviken deben usar las reglas de combate amarillas... utilizadas para operaciones antiterroristas en Irlanda del Norte.

El 29 de marzo, Trombetta leva anclas y el Bahía Buen Suceso se pierde en el Atlántico Sur. En Leith permanecen Astiz y sus infantes de marina. Por fin, el 30 de marzo, la inteligencia británica decide que es inminente una operación militar argentina sobre las Malvinas.

El desembarco en las Islas Malvinas

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
Fuerza de Operaciones 40:
(Comandante: Vicealmirante Juan Lombardo)Comandante: Gobernador Rex Hunt
· Destructor D-1 Hércules (4.100 Tm) con 1 lanzador MM38-Exocet antibuque (4 tubos), 2 lanzamisiles antiaéreos Sea Dart, 1 cañón de 114mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 2 helicópteros 2 SH-3H (1976).· Buque civil costero Forrest.
· Destructor D-2 Santísima Trinidad (4.100 Tm) con 1 lanzador MM38-Exocet antibuque (4 tubos), 2 lanzamisiles antiaéreos Sea Dart, 1 cañón de 114mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 2 helicópteros 2 SH-3H (1976).
· Corbeta pesada P-31 Drummond (1.250 Tm) con 1 lanzamisiles MM-38 Exocet antibuque (4 tubos), 1 cañón de 100mm + 1 de 40mm (1978).
· Corbeta pesada P-33 Granville (1.250 Tm) con 1 lanzamisiles MM-38 Exocet antibuque (4 tubos), 1 cañón de 100mm + 1 de 40mm (1978).
· Submarino S-21 Santa Fe (1.526 Tm) (ex-USS Catfish SS 339) con 10 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm (1944, modernizado en 1960).
· Transporte de tropas rompehielos Q-5 Almirante Irízar (14.900 Tm) con 2 helicópteros ligeros (1978).
· Buque de transporte de tropas Isla de los Estados (3.100 Tm, 1951).
· Buque de desembarco LST Cabo San Antonio (8.000 Tm, 1944).
· 102 buzos tácticos embarcados.· 67 infantes de marina (unidad 8901) en tierra.
· 1º y 2º batallón de infantería de marina blindada (con vehículos anfibios LVTP-7).· 23 miembros de la Fuerza Voluntaria de Defensa.
· Otro número indeterminado de tropas de infantería.

El 26 de marzo, una importante fuerza naval argentina había abandonado Puerto Belgrano bajo la apariencia de disponerse a realizar unas maniobras con la flota uruguaya. Sin embargo, ponen proa a las Malvinas aunque el mal tiempo les retrasa. El día 30, la inteligencia británica notifica al gobernador Rex Hunt que la amenaza es real y que se espera la invasión para el día 2 de abril. Hunt reúne a sus pocas tropas y les encomienda la defensa de las islas. En la mañana del 1 de abril, apagan el faro e inutilizan el pequeño aeropuerto local y sus radiobalizas.

A las 21:00 horas del 1 de abril de 1982, 92 buzos tácticos argentinos bajo el mando del teniente comandante Guillermo Sánchez-Sabarots abandonan el destructor Santísima Trinidad y desembarcan en Mullet Creek sobre las 23:00. A esa misma hora, el submarino Santa Fe hace superficie y libra a otros diez buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación. Cuando el Santa Fe emerge, es detectado por el radar de navegación del buque costero Forrest. La Guerra de las Malvinas acaba de comenzar.

A las 01:30AM del 2 de abril, los hombres de Sánchez-Sabarots se dividen en dos grupos. El primero, comandado por él mismo, se dirige a los barracones de la infantería de marina británica en Moody Brook para atacarlos. El segundo, bajo el mando del teniente comandante Pedro Giachino, avanza hacia Puerto Argentino con objeto de tomar el Edificio del Gobernador y capturarle. Pero los británicos, sobre aviso, han evacuado los barracones y están desplegados en posiciones de combate para defender la localidad.

A las 05:45AM, la partida de Sánchez-Sabarots abre intenso fuego automático y de granadas contra los barracones donde suponen a los Royal Marines. A los pocos minutos, descubren que nadie devuelve el fuego. Están vacíos. El ruido, por el contrario, alerta al mayor Norman -que dirige a las fuerzas británicas- de que los argentinos han llegado.

Pero el grupo de Giachino les observa prepararse para el contraataque. Evitándolos, se dirige directamente a la residencia del Gobernador, con intención de atacarla por la puerta trasera. Cometen un error y en vez de eso entran al anexo de los sirvientes, donde tres Royal Marines están esperándoles. Se abre fuego. Giachino cae gravemente herido mientras el resto de sus hombres se repliegan. Pedro Giachino morirá después, convirtiéndose así en la primera baja de la Guerra de las Malvinas.

A las 06:20, el Cabo San Antonio libra la compañía E de vehículos anfibios LVTP-7 del 2º de Infantería de Marina, orientándose con las balizas que han colocado los buzos tácticos del Santa Fe. La primera oleada, bajo el mando del teniente comandante Santillans, llega a tierra y toma la dirección del aeropuerto. La compañía D desembarca poco después para hacerse con el faro.

Cuando la compañía E llega a las proximidades del viejo aeropuerto, sufre el primer ataque de la infantería de marina británica. Un blindado LVTP es inutilizado por el disparo de un antitanque Carl Gustav, pero la tripulación resulta ilesa. El contraalmirante Busser, responsable del desembarco, comienza a preocuparse: las tropas blindadas aún no han entrado en contacto con los comandos, y la resistencia británica es más intensa de lo esperado. Ordena que el 1º Batallón y una compañía de lanzacohetes de 105mm sean helitransportados a la costa.

A las 08:30AM, el gobernador Hunt y el mayor Norman debaten qué hacer. Se sugiere dispersarse por el interior para formar una Guerra de guerrillas, pero finalmente deciden que con fuerzas tan escasas no tiene sentido. Hacen traer a Héctor Gilobert, un argentino residente de las islas al que consideran un espía, y le encargan negociar el alto el fuego. A las 09:30AM, el gobernador Hunt rinde las Islas Malvinas al contraalmirante Busser. Ciento cuarenta y nueve años de dominio colonial han terminado. Un avión de transporte militar argentino lleva a Hunt a Montevideo, desde donde se dirigirá a Londres.

Sin embargo, en las islas Georgia del Sur los británicos no aceptan la rendición, que les es retransmitida desde el Bahía Paraíso. Cuando en la mañana del día 3 las fuerzas argentinas tratan de tomar Grytviken, los 22 infantes de marina británicos reaccionan con una fiereza extraordinaria. No sólo derriban un helicóptero Puma -cuya tripulación resulta ilesa-, sino que a punto están de inutilizar la corbeta pesada Guerrico con denso fuego de infantería y un lanzacohetes Carl Gustav cuando intenta aproximarse a la población. Un marinero resultará muerto y otros muchos heridos. Finalmente, la Guerrico logra alejarse y -aunque tiene su cañón principal de 105mm inutilizado- dispara una salva con el de 40mm contra las posiciones británicas. Ante este hecho y con los comandos argentinos aproximándose, los Royal Marines deciden rendirse.

Al mediodía del 3 de abril de 1982, la bandera argentina ondea sobre las Islas Malvinas, las Islas Georgias del Sur y las Islas Sandwich del Sur. Se suceden grandes manifestaciones de alegría patriótica por toda Argentina. Fotos de los soldados británicos capturados, boca abajo en el barro, dan la vuelta al mundo. Los "tercermundistas" han derrotado a la "superpotencia". Los prisioneros británicos vuelven a casa vía Montevideo. El plan de la Junta para recuperar prestigio social parece haber dado frutos. Sin embargo, los militares argentinos que han sido testigos de la fiera resistencia británica son más aprensivos. Si con apenas un centenar de hombres han puesto en varios bretes a fuerzas abrumadoramente superiores, ¿qué ocurrirá cuando llegue la Royal Navy?

La ocupación argentina y la reacción británica

[[imagen:Fk82right.jpg|thumb|300px||left|Calles de Puerto Argentino pintadas con flechas para que los coches circulen por la derecha.]] A diferencia de la represión con que la Junta Militar gobernaba en Argentina, su ocupación de las Islas Malvinas no fue en absoluto brutal. Generalmente respetaron a la población local, si bien practicarían los correspondientes cambios de topónimos por sus versiones argentinas, instauraron el español como lengua oficial y, entre otros cambios, modifican el código de la circulación para que se conduzca por la derecha en vez de por la izquierda. Este detalle permitió a los kelpers demostrar cotidianamente su oposición a la presencia argentina: seguían circulando por la izquierda pese a que en todas las carreteras de las islas se habían pintado señales ordenando hacerlo por la derecha.

En un primer momento, la reacción británica fue esencialmente confusa. El día 2 de abril, el diario The Times de Londres, al final de la primera página y al comienzo de la segunda, se preguntó cómo había podido suceder este episodio cuando los servicios secretos británicos venían siguiendo los télex de la Embajada argentina en los últimos seis meses. El público del Reino Unido se encendió ante las imágenes de unos "soldados tercermundistas" apuntando a sus compatriotas rendidos en el suelo, disparando un sentimiento patriótico que cambió la configuración política de su país.

[[imagen:thatcher-loc.jpg|200px|thumb|right|Margaret Thatcher, Primera Ministra británica durante la Guerra de las Malvinas]]

Es que el gobierno de Margaret Thatcher estaba muy debilitado. Sus duras medidas sociales de corte neoliberal, recientemente puestas en marcha, suponían un constante enfrentamiento con amplias capas de la población británica. Francis Pym, su ministro de Asuntos Exteriores, no veía con buenos ojos un conflicto con Argentina por la posesión de unas islas remotas en el Atlántico Sur. No obstante todo ello, el día 3 de abril el Reino Unido logró que la ONU aprobara la resolución 502, exigiendo a Argentina que retirara sus tropas de los archipiélagos ocupados como condición previa a cualquier proceso negociador. El Reino Unido también cortó todas las relaciones comerciales con Argentina, y comenzó a buscar aliados diplomáticos con un éxito mucho mayor al de la Junta.

Durante el conflicto bélico, y a raíz de la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos estados beligerantes, el Perú representó los intereses diplomáticos de Argentina en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y, a su vez, Suiza representó los intereses diplomáticos de Gran Bretaña en Argentina. Así, los diplomáticos argentinos destacados en Londres, se convirtieron en diplomáticos peruanos de nacionalidad argentina y los británicos en Buenos Aires, diplomáticos suizos de nacionalidad británica. Durante el transcurso del conflicto bélico, el acoso del Servicio de Inteligencia británico a la Embajada peruana en Londres y a sus funcionarios diplomáticos fue tal que originó como respuesta mensajes de distracción.

Para el 9 de abril, el Reino Unido había logrado el pleno apoyo de la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea), la OTAN, la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) y la ONU. Surgen propuestas de paz por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, y del presidente peruano Fernando Belaunde Terry.

Pero ya el día 30 de marzo, cuando se hizo obvio que la invasión era inminente, el Gobierno británico había ordenado que el destructor HMS Antrim, seguido de otros dos buques de superficie y tres submarinos nucleares, se dirigieran a las islas Georgias del Sur para apoyar al HMS Endurance. El resto de unidades de la marina británica se puso en alerta de cuatro horas.

Alexander Haig, Secretario de Estado de los Estados Unidos, recorrió decenas de miles de kilómetros intentando evitar la guerra entre dos firmes aliados. No tuvo éxito. La URSS, por su parte, se dedicó a observar el devenir de los acontecimientos con alegría disimulada: dos fuertes aliados de los norteamericanos, ambos con gobiernos de derechas -una democracia y una dictadura-, se enfrentaban irremisiblemente. Moscú era consciente de que, más pronto que tarde, Washington tendría que decantarse por uno de los dos. Hacerlo implicaba romper la OTAN o romper el TIAR. Cualquiera de las dos opciones resultaba beneficiosa para los soviéticos.

[[imagen:Reagan.jpg|225px|thumb|left|Ronald Reagan, Presidente de los Estados Unidos durante la Guerra de las Malvinas.]]En efecto, la neutralidad era imposible. Hacia finales del mes de abril el presidente norteamericano Ronald Reagan se decantó por los primos británicos y por la OTAN. Al hacerlo incumplían el TIAR, aplicable en casos de guerra, para favorecer a un miembro de la OTAN. Su unilateralidad, en vez de mantener neutralidad por pertenecer a dos tratados de defensa, le valió el descrédito internacional por flagrante incumplimiento de los tratados. Tanto la URSS como Cuba criticaron a Estados Unidos por este abandono del más débil, y sorprendentemente Castro llegó a ofrecer su apoyo a la Junta Militar argentina.

Chile, por su parte, al optar por apoyar a Gran Bretaña, incumplió también su compromiso con el TIAR alejándose de uno de sus postulados permanentes de política exterior cual era la intangibilidad en el cumplimiento de los tratados internacionales. Este hecho fue el producto de unas relaciones muy estrechas cultivadas desde años con Gran Bretaña en el ámbito de la marina a lo cual se agregan unas relaciones especialmente delicadas entre Argentina y Chile que llegaron en 1978 a una situación pre bélica por el diferendum sobre el Canal del Beagle.

Desde los últimos días de abril, el Reino Unido contó con todo este apoyo diplomático, con inteligencia satelitaria norteamericana, con las últimas versiones de armamento estadounidense (AIM-9L Sidewinder, Stingers, etc) y con datos tecnológicos esenciales de lo que se consideraba -y se demostraría- el arma más peligrosa de los argentinos: los misiles antibuque Exocet de fabricación francesa. No obstante, la detallada información suministrada por el constructor Aérospatiale sobre las características de los Exocet y específicamente sobre su sistema de puntería final (homing) resultaron inútiles: este misil resultó ser tan peligroso como se temía y en ningún momento de la guerra se pudieron establecer contramedidas eficaces contra él.

No hubo declaración oficial de guerra por ninguna de las dos partes. Pero conforme avanzaba el mes de abril, el mundo supo que una de las principales potencias del mundo y una orgullosa nación sudamericana se disponían a sembrar el fuego sobre las gélidas aguas del Atlántico meridional.

La reconquista: Operación Corporate

Conforme avanzaba el mes de abril, más y más buques de la Royal Navy se dirigían a la zona de conflicto en una acción improvisada bajo el mando del Lord Almirante Sir John Fieldhouse que recibió el nombre de Operation Corporate. Su objetivo era la reconquista de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur para la Corona Británica, y se extendería desde el 9 de abril de 1982 hasta el final de la Guerra, el 14 de junio.

Operación Paraquat: reconquista de las Islas Georgias del Sur

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
"Fuerza de operaciones Paraquat":
(Comandante: Capitán Brian Young)
· Submarino S-21 Santa Fe (1.526 Tm) (ex-USS Catfish SS 339) con 10 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm (1944, modernizado en 1960).· Crucero de misiles guiados D-18 HMS Antrim (6.800 Tm) con 1 lanzamisiles Seaslug Mk.2 (2 tubos), 1 lanzamisiles MM-38 Exocet (4 tubos), 2 lanzamisiles Seacat antiaéreos (4 tubos), 6 x 2 cañones de 11'4mm tipo 45 Mk.6, 2 cañones de 20mm y 1 helicóptero Westland Wessex con capacidad lanzatorpedos (1970).
· Fragata antisubmarina F-126 HMS Plymouth (2.800 Tm) con 1 lanzamisiles Seacat antiaéreos , 1 cañón doble de 40mm, 1 cañón de 11'4mm tipo 45 Mk.6 y 1 helicóptero Wasp con capacidad lanzatorpedos (1961, modernizada).
· Fragata F-90 HMS Brilliant (2.800 Tm) con 1 lanzamisiles MM-38 Exocet (4 tubos), 2 lanzamisiles Seawolf antiaéreos (6 tubos), 2 cañones de 20mm, 2 lanzatorpedos antisubmarinos Mk.44 o Mk.46 (3 tubos) y 2 helicópteros Lynx, Sea King HAS.5 o Merlin (1981). Se cree que estaba equipada con un sistema experimental de defensa antiaérea de corto alcance por láser.
· Buque de patrulla ártica HMS Endurance (3.600 Tm), con 2 helicópteros Wasp.
· Buque petrolero y de suministros HMS Tidespring (27.400 Tm) reforzado para operaciones árticas (1963).
· Submarino nuclear S-48 HMS Conqueror (7.200 Tm), con 6 tubos lanzatorpedos de 533mm (1971).
· Guarnición: 130 infantes de marina.· 42º Comando Royal Marines
(Comandante: Teniente Comandante Luis Lagos)· Comandos SAS y SBS.
(Comandante: Mayor J.M.G. Sheridan)

300px|thumb|left|Isla Georgia del Sur, vista desde el espacio (NASA). Desde el principio, fue evidente que el primer objetivo habrían de ser las Islas Georgias del Sur. No sólo ya había un buque británico en el área, el HMS Endurance, sino que los datos de inteligencia notificaban que la presencia argentina en estos islotes prácticamente inhabitables era reducida. Reconquistar las islas Georgias del Sur proporcionaría un pequeño punto de apoyo terrestre a la Flota Británica, pero sobre todo tendría un efecto propagandístico de gran importancia sobre la población argentina, la británica y la internacional: la Royal Navy ha llegado. Por el contrario, un fracaso en esta recuperación podría implicar graves problemas domésticos para Margaret Thatcher y el descrédito internacional definitivo del Reino Unido. Denominada Operación Paraquat, consistió en una serie de improvisaciones y despropósitos tácticos y estratégicos que sólo salió bien por pura buena fortuna y por la debilidad de las fuerzas opositoras. Dado lo crítico de esta operación, el almirante Fieldhouse la había organizado en secreto y con una cadena de mando distinta de la que utilizaban las fuerzas que se preparaban para reconquistar las Malvinas.

Quien primero llegó, el día 19, fue el submarino nuclear HMS Conqueror. Su presencia, en principio, denegaba el área a la flota argentina y garantizaba la seguridad del HMS Endurance: el HMS Conqueror era un submarino diseñado para combatir contra la Armada soviética, con una tripulación entrenada para pelear cara a cara con los cruceros y submarinos rusos, por lo que no era muy probable que ningún elemento de la flota argentina le ofreciera una resistencia significativa. El 20, un avión de cartografía y reconocimiento radáricos Handley Page Victor retornaba a Isla Ascensión después de levantar nuevos mapas del archipiélago (siempre variables debido a los glaciares) y cubrir 150.000 millas cuadradas de mar. Con 14h45' de duración, se trata de la misión de reconocimiento más larga de la historia. Hizo unos mapas estupendos, pero en el apartado de observación retornó con las manos vacías: la flota de superficie argentina no estaba en el área.

A lo largo del día 21 el resto de la fuerza británica llegó a las proximidades de las Islas Georgias del Sur. Ya desde el primero momento, se puso en evidencia la pobre gestión de la operación: no estaba claro quién mandaba sobre qué, no se atendió a los experimentados científicos del British Antarctic Survey, perfectos conocedores de la zona, lo que dejó al 19º Comando del 22º Regimiento del SAS (Special Air Service, comandos de élite) atrapados en el Glaciar Fortuna en medio de un clima imposible: vientos de casi 200 km/h y olas de Fuerza 11, con el barómetro llegando a rozar los 965 milibares. Y el día 23, un débil eco en el sonar delató la presencia del submarino argentino S-21 ARA Santa Fe; todas las operaciones se detuvieron de inmediato, el HMS Tidespring se envió a aguas más apartadas, otros dos petroleros en aproximación se desviaron y la flotilla británica se desplegó en orden de combate para interceptarlo.

Ahora, la Operación Paraquat para la recuperación de las Islas Georgias del Sur en nombre de la Corona Británica se había transformado en una operación de rescate de alta montaña y una más que extraña persecución de un submarino diésel-eléctrico construido durante la II Guerra Mundial, mientras las tropas de Lagos y Astiz en Grytviken y Leith permanecían junto a sus estufas, ajenas a lo que pasaba a su alrededor.

Rescatar a los comandos atrapados les costó siete helicópteros y varias vidas, hasta que finalmente 16 hombres agotados y helados lograron aterrizar en el HMS Antrim a bordo de un último helicóptero cargado muy por encima de sus especificaciones de diseño. Los británicos se concentraron ahora en hallar un punto de inserción adecuado -escuchando esta vez los consejos de los científicos del British Antarctic Survey- y en cazar al Santa Fe.

El capitán Bicain, al mando del Santa Fe, no estaba allí por su gusto. Sus órdenes consistían en evitar la posible presencia británica para desembarcar unos magros refuerzos en Grytviken. Por ello su submarino estaba saturado de gente, pero la poca intimidad era el menor de sus problemas. Se le ordenaba evitar a la tercera flota del mundo con un navío que vio un dique seco por última vez en 1960. Estaba tan deteriorado que no podía variar su profundidad; sólo tenía dos posibles posiciones, en superfice o sumergido a cota fija. Y operar los tubos lanzatorpedos implicaba el riesgo de sufrir una explosión. Frente a él, buques y submarinos pensados para luchar en la Tercera Guerra Mundial.

Pese a todo ello, el capitán Bicain logró llegar muy lejos. Pero era una pelea imposible. Sobre las 11:00AM del 25 de abril de 1982, un helicóptero del HMS Antrim le detectó otra vez y, antes de que se escabullera de nuevo, arrojó dos cargas de profundidad tan anticuadas como el submarino al que iban dirigidas (el único armamento que llevaba a bordo). Una de ellas explotó muy cerca e inundó los tanques de flotabilidad del Santa Fe, que se vio obligado a salir a superficie. Ahora fácil blanco para toda clase de cañones, misiles y torpedos, Bicain trató desesperadamente de llegar a Grytviken.

Los británicos no iban a dejar escapar una presa tan fácil. Otro helicóptero hizo acto de presencia y le lanzó dos misiles AS-12. Impactaron en la torreta pero, como durante la modificación de 1960 se había reconstruido en materiales plásticos, no ofreció suficiente resistencia como para que se activara su espoleta y los misiles pasaron limpiamente a través. Aún le atacaron una tercera vez, con torpedos dirigidos contra sus hélices, pero en aquella época los torpedos antisubmarinos no explotaban al alcanzar blancos de superficie por razones de seguridad. Para asombro de todos, y especialmente de sus ocupantes, el Santa Fe logró llegar trabajosamente a Grytviken y ser evacuado. Quedó varado, y allí sigue todavía.

Mientras estos hechos singulares sucedían, los comandos del SAS y el SBS hallaron por fin puntos de inserción adecuados. En ausencia de patrullas argentinas, simplemente caminaron hasta Grytviken y Leith. Al llegar a la primera, se encontraron banderas blancas colgando de los edificios. El teniente comandante Luis Lagos, al cargo de las islas Georgias, había decidido no luchar ante fuerzas tan enormes. En la mañana del 26, Lagos firmaba la rendición en la base del British Antarctic Survey en King Edwards Point. Astiz, responsable de los quince buzos tácticos en Leith, no aceptó al principio este hecho. Pero ante lo que se le venía encima, por la tarde firmaría también la rendición a bordo del HMS Plymouth, duplicando innecesariamente el acto de Lagos. La imagen de Alfredo Astiz firmando los papeles dio la vuelta al mundo. La Union Jack ondeaba de nuevo sobre las Islas Georgias del Sur.

Black Buck I: bombarderos nucleares sobre Puerto Argentino

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
· Portaaviones HMS Invincible y escoltas.
· 2º de bombarderos Canberra operando desde territorio continental argentino. · 2 bombarderos Vulcan operando desde Isla Ascensión.
· Aviones tácticos Pucará estacionados en las Islas Malvinas. · 800º de aviones tácticos Sea Harrier en configuración de ataque a tierra operando desde el HMS Invincible.
· 6º de cazas tácticos IAI Dagger operando desde territorio continental argentino. · 801º de aviones tácticos Sea Harrier en configuración de patrulla aérea de combate (CAP) operando desde el HMS Invincible.
· 8º de cazas tácticos Mirage II operando desde territorio continental argentino.
· Defensa antiaérea terrestre en Islas Malvinas.

Pese a la toma de las islas Georgias del Sur, el Reino Unido necesitaba demostrar algunas cosas tanto a Argentina como a la opinión pública internacional. La primera de ellas es que disponía de la capacidad de atacar desde el aire tanto las Islas Malvinas como el territorio continental argentino. Paralelamente, el almirante Fieldhouse no quería ver reactores enemigos operando desde el archipiélago. Por todo ello, se diseñó una serie de operaciones de ataque a tierra contra el aeropuerto de Puerto Argentino que se desarrollaría mediante bombarderos Vulcan basados en Isla Ascensión.

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El bombardero nuclear Avro Vulcan o "bombardero V", utilizado en las operaciones Black Buck.

El Vulcan, un bombardero nuclear estratégico, no tenía tanto alcance. Fue necesario diseñar complejas operaciones tácticas de reaprovisionamiento de combustible en vuelo mediante aviones cisterna Victor. Pero los Victor tampoco llegaban tan lejos, por lo que era necesario reaprovisionarlos a su vez. En suma, por cada dos Vulcan que llegaban a las Islas Malvinas desde Ascensión se necesitaban 11 aviones de reaprovisionamiento.

El primero de estos ataques se produjo sobre el aeropuerto de Puerto Argentino el 30 de abril de 1982 a las 08:00AM, con 21 bombas convencionales de 500 kg de alto explosivo. La pista resultó inutilizada temporalmente.

Más devastadores resultaron los ataques que siguieron inmediatamente, realizados por aviones Sea Harrier del escuadrón 800º operando desde el portaaviones británico HMS Invincible que ya había llegado a la zona. Atacaron también el aeropuerto de Puerto Argentino con bombas de racimo, causando algunos daños en las infraestructuras anejas. Pero hicieron verdadero daño en el aeródromo de Goose Green, donde los argentinos habían estacionado aviones ligeros de ataque Pucará del Grupo 3. En torno a las 08:25AM, uno de los Pucará resultó destruido, dos dañados sin posible reparación y las instalaciones del aeródromo severamente afectadas. El teniente Jukic murió a bordo de su Pucará mientras trataba de despegar.

En esos momentos, la Fuerza Aérea Argentina ya había reaccionado y envió cazas Mirage del Grupo 8º e IAI Daggers del Grupo 6º para repeler el bombardeo, así como bombarderos Canberra del grupo 2º. Pero los Harriers y sus pilotos se demostraron francamente superiores. En el combate aéreo subsiguiente, que duró casi cinco horas, las patrullas CAP del grupo 801º de la Marina Británica derribarían un Mirage, un IAI Dagger y un bombardero Canberra sin sufrir bajas propias, y dañaron un Turbo-Mentor y otro Mirage. Este último, pilotado por el Capitán Cuerva, intenta tomar tierra en Puerto Argentino. Pero la defensa antiaérea le confunde con un avión británico y lo derriba, lo que acabaría con su vida; fue un lamentable incidente de fuego amigo. Otros tres pilotos argentinos resultaron muertos o desaparecidos en el mar.

Saldo de la batalla
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· Graves daños en el aeropuerto de Puerto Argentino. · Ninguna.
· Graves daños en el aeródromo de Goose Green.
· 1 + 2 aviones tácticos Pucará
· 1 + 1 cazas tácticos Mirage II
· 1 caza táctico IAI Dagger
· 1 bombardero Canberra
Bajas humanas
· 2 muertos + 2 desaparecidos (declarados muertos). · Ninguna.

La Operación Black Buck I había resultado todo un éxito para las armas británicas, si bien el aeropuerto de Puerto Argentino nunca quedó inutilizado del todo y los vuelos de transporte de C-130 Hércules se mantuvieron hasta la última noche de la guerra. Sin embargo, el Reino Unido había demostrado su capacidad para atacar el archipiélago e incluso el territorio continental argentino desde bases tanto en tierra como en el mar, redujo la confianza y capacidad operativa de la fuerza aérea enemiga, imprimió un segundo golpe propagandístico y destruyó varias aeronaves en vuelo y en tierra, todo ello sin sufrir ninguna pérdida propia. Pero el almirante Fieldhouse necesitaba algo más.

El hundimiento del General Belgrano

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
Fuerza de operaciones 79.3:
· Crucero C-4 General Belgrano (12.242 Tm) con 15 cañones de 152mm, 8 cañones de 127mm antiaéreos, varios antiaéreos de 40mm y 20mm, 1 lanzamisiles antiaéreo Sea Cat y 2 helicópteros (1938, actualizado en 1968).· Submarino nuclear S-48 HMS Conqueror (7.200 Tm), con 6 tubos lanzatorpedos de 533mm (1971).
· Destructor D-26 Hipólito Bouchard (3.315 Tm) con 1 lanzamisiles antibuque MM-38 Exocet, 6 cañones de 127mm, 23 cañones antiaéreos de 40mm y 20mm, 10 lanzadores de cargas de profundidad y 10 tubos lanzatorpedos de 533mm (1944, actualizado en 1979).
· Destructor D-29 Piedra Buena (3.315 Tm) con 1 lanzamisiles antibuque MM-38 Exocet, 6 cañones de 127mm, 23 cañones antiaéreos de 40mm y 20mm, 10 lanzadores de cargas de profundidad y 10 tubos lanzatorpedos de 533mm (1944, actualizado en 1979).

Si bien con la llegada de la Royal Navy y la inutilización del Santa Fe la flota argentina se había replegado sabiamente a posiciones más próximas al continente, el almirante Fieldhouse la deseaba firmemente atracada en puerto. No estaba dispuesto a arriesgar sus preciosos buques en batallas navales como las de la Segunda Guerra Mundial. Para ello necesitaba asestarle un golpe brutal, algo que convenciera a sus almirantes y a la Junta de que salir al mar era la peor de las ideas posibles. También le hacía falta un golpe propagandístico definitivo que ofrecer a Londres, más allá de la recuperación de unos oscuros islotes y el éxito de unas operaciones de bombardeo todavía medio secretas.

Para el día 30 de abril las unidades más relevantes de la fuerza de operaciones británica ya habían configurado dos grupos de operaciones en la zona de las Malvinas, compuestos por dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), cuatro destructores (HMS Glamorgan, HMS Conventry, HMS Glasgow y HMS Sheffield), cuatro fragatas (HMS Broadsword, HMS Alacrity, HMS Arrow y HMS Yarmouth) y dos buques petroleros y de suministros (Olmeda y Resource). Con su posición así consolidada, el Reino Unido declaró una zona de exclusión total (TEZ) de 200 millas náuticas alrededor del archipiélago, cuyo centro no estaba bien definido. Cualquier buque o aeronave argentino hallado dentro de estas aguas podía ser atacado sin previo aviso. Lo cierto es que, como hemos visto, la flota argentina había decidido apartarse del área por iniciativa propia en tres grupos muy dispersos. El General Belgrano y sus dos escoltas patrullaban los bancos de Burdwood, situados en el borde sur de esta zona de exclusión. No parece probable que buques tan antiguos cometieran la imprudencia de adentrarse en la zona prohibida. El mismo día 30 de abril fueron detectados por el submarino nuclear HMS Conqueror, procedente de la reconquista de las Islas Georgias del Sur.

Londres habría preferido tener bien ubicado al 25 de mayo, único portaaviones de la Armada Argentina y buque insignia. Ya en ese día dos helicópteros Lynx habían atacado y hundido al Comodoro Somellera, un pequeño buque artillado de tareas y salvamento, con misiles Sea Skua; un blanco demasiado irrelevante para lo que se pretendía. El General Belgrano, sin embargo, era el segundo buque más grande del Grupo de Tareas 79 (nombre dado a la Flota de Mar argentina durante el conflicto de las Malvinas). Si resultaba gravemente dañado o destruido, el mensaje se captaría a la perfección. Sobre el mediodía del 2 de mayo, y pese a que había una propuesta de paz del Presidente peruano sobre la mesa, el Gobierno de Margaret Thatcher autorizó el hundimiento del General Belgrano con sus 1.093 tripulantes.

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El General Belgrano se hunde tras ser torpedeado por el HMS Conqueror. Fotografía tomada por un superviviente desde una lancha salvavidas.

A las 15:00h del 2 de mayo de 1982, con olas de 12 metros, viento de 120 km/h y temperatura ambiente por debajo de -10ºC, el capitán del HMS Conqueror Chris Wreford-Brown ordenó zafarrancho de combate y cargar los tubos lanzatorpedos con viejos Mk.8 (considerados más fiables que los nuevos Tigerfish). Cada uno de estos torpedos no guiados cargaba 363 kg de alto explosivo. En ningún momento el grupo de tareas 79.3 se dio cuenta de que el ataque era inminente. Sobre las 16:00h, y a corta distancia, Wreford-Brown dio la orden de disparar tres torpedos. Uno de ellos pudo alcanzar al Hipólito Bouchard, pero si así fue, no explotó. Los otros dos dieron de lleno al General Belgrano. El primero alcanzó la sala de máquinas de popa a las 16:01, abriendo un boquete de 20 metros, partiendo la quilla y matando a 270 tripulantes. El segundo dio a proa, lo que hizo desaparecer 15 metros de barco, pero aparentemente sin causar víctimas.

El buque estaba perdido. A las 16:24 el capitán Héctor Bonzo ordenó evacuarlo. Su destructor de escolta Piedra Buena se lanzó a la caza del submarino, pero Wreford-Brown se evadió fácilmente de buques tan antiguos. No obstante, durante los siguientes días habría sucesivos intentos de hundir al HMS Conqueror, todos ellos infructuosos. Volvería al Reino Unido después de la guerra, ondeando la Jolly Roger -la "bandera pirata" negra con la calavera y las tibias cruzadas, símbolo de victoria en la Marina Británica desde principios de la Edad Moderna.

323 marinos argentinos perdieron la vida como consecuencia del hundimiento del General Belgrano, que no cayó bien en la escena internacional. En muchos países lo consideraron un uso desproporcionado de la fuerza sobre un buque obsoleto, con mucha tripulación a bordo -en buena parte, marinería de recluta- y fuera de la TEZ, reforzando las posturas pacifistas en Gobiernos y ciudadanía de todo el mundo. No obstante, en el Reino Unido fue ocasión de celebraciones populares y portadas de periódicos francamente excesivas como esta del diario de derechas The Sun. En la prensa de izquierdas, sin embargo, comenzaron a asomar posturas moderadas e incluso contrarias a la guerra, ante tal pérdida de vidas.

Saldo de la batalla
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· Crucero C-4 General Belgrano hundido, con su helicóptero Alouette. · Ninguna.
Bajas humanas
· 323 muertos. · Ninguna.

En todo caso, el mensaje fue recibido a la perfección. A partir de esa fecha la marina argentina rara vez abandonaría puerto, dejando las Islas Malvinas aisladas excepto por el aire, también disputado. La aventura militar de la Junta comenzaba a parecerse a un desastre. Y ahora ya no había marcha atrás.

El Exocet entra en escena: el hundimiento del HMS Sheffield

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
· Fuerza de operaciones de la Marina Real:
· 1 avión de reconocimiento Neptune.· 2 portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible).
· 2 aviones tácticos Super Etendart (2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque) equipados con misiles Exocet.· 4 destructores misilísticos tipo 42 (HMS Glamorgan, HMS Conventry, HMS Glasgow y HMS Sheffield).
· 1 grupo de IAI Daggers en misión de escolta retrasada.· 4 fragatas (HMS Broadsword, HMS Alacrity, HMS Arrow y HMS Yarmouth).
· 2 aeronaves auxiliares.· Numerosos buques auxiliares.
· Varias patrullas aéreas CAP compuestas de aviones Sea Harrier.

En Buenos Aires hacía mucho frío, y no sólo por la proximidad del invierno austral. Lo que comenzó como una gran aventura patriótica para recuperar crédito social se estaba convirtiendo rápidamente en un fracaso. Pese a la férrea censura informativa impuesta por la dictadura, el entusiasmo entre las capas populares sensibles a este tipo de acciones se enfriaba tan deprisa como el clima bonaerense. Escasamente un mes después de las celebraciones populares por la recuperación de los archipiélagos, y pese a toda la propaganda, a nadie se escapaba ya que el régimen había lanzado un órdago a una gran potencia, y ésta había aceptado el desafío. Para la Junta, devolver los golpes recibidos con un hecho espectacular se convirtió en una prioridad absoluta. Tal hecho no podía ser otro que el hundimiento de un gran buque de guerra británico, bajo la capa de una represalia por lo del General Belgrano. Con una guerra a gran escala en marcha, era esencial devolver la esperanza a la gente, hacerles creer en la victoria.

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Avión de ataque naval Dassault Super Etendard de fabricación francesa.

Antes de poner proa a sus puertos, la flota argentina había determinado con bastante precisión el área general de operaciones de los dos grupos de batalla británicos por el procedimiento de detectar sus transmisiones radioelectrónicas. Al alba del 4 de mayo de 1982, un avión de patrulla P-2 Neptune de la Fuerza Aeronaval Argentina (CANA) establece por radar la posición de la Fuerza de Operaciones británica. De inmediato, dos aviones de fabricación francesa Dassault Super Etendard de la 2º Escuadrilla parten de Río Grande a las 09:45AM con un misil Exocet AM.39 cada uno para, tras reabastecerse, realizar un largo vuelo semicircular que les aproxime a los navíos enemigos. A los mandos, los capitanes Augusto Bedacarratz y Armando Mayora. Tras ellos, un grupo de IAI Daggers para darles cobertura aire-aire y un Learjet en misión de diversión.

Había un problema con los Exocet. Acababan de llegar de Francia y, debido al embargo impuesto por la OTAN contra Argentina, los instructores franceses no se habían presentado. Los técnicos de Río Grande tenían en sus manos armas muy sofisticadas... que no sabían cómo usar. Sin embargo, no se descorazonaron e hicieron lo posible por aprender sus secretos leyendo los manuales y desmontando y montando alguna unidad. Cuando finalmente los instalaron a bordo de los Super-Etendard, no estaban muy seguros de que funcionaran realmente.

Mientras tanto, el Reino Unido prosigue sus operaciones militares. Se ejecuta la segunda serie de bombardeos Black Buck sobre las Malvinas, buscan al submarino San Luis que creen en el área, supervisan desde lejos las operaciones de rescate de la tripulación del General Belgrano y sus aeronaves se aventuran hasta las cercanías de las costas argentinas para inspeccionar posibles objetivos pese a que la Junta ha establecido a su vez una zona de exclusión. Es una superpotencia, haciendo la guerra "según el manual". Lejos, en el mar, al Este de las Malvinas, los dos portaaviones y sus buques auxiliares actúan de retaguardia avanzada, bien protegidos de cerca por las fragatas con sus misiles de corto alcance Sea Wolf y, a unas 20 millas, por los destructores del tipo 42 (entre los que se hallaba el HMS Sheffield) con sus sofisticados radares y sus misiles de alcance intermedio Sea Dart, apoyados a su vez por la fragata HMS Yarmouth.

A las 10:35AM, el Neptune realiza un último ascenso a 1.200m de altitud y ubica un blanco grande y dos pequeños en las coordenadas 52º33'55" Sur, 57º40'55" Oeste. Retransmite la información a Bedacarratz y retorna a base.

A las 10:50AM los Super Etendards -que venían volando sobre la cresta de las olas- realizan un pequeño ascenso a 160m de altitud para confirmar las coordenadas suministradas por el Neptune, pero no encuentran nada. Bedacarratz decide continuar. Cuarenta kilómetros más adelante vuelven a intentarlo y... ¡allí están! Un blanco grande y tres pequeños. Vuelven a su bajísimo nivel de vuelo, cargan los datos en las guías de los AM.39 Exocet y los disparan a las 11:04 AM. Tras hacerlo, dan la vuelta para retornar a Río Grande. El lanzamiento se ha realizado a muy baja altitud, con misiles montados sin asistencia del fabricante y justo en el límite de alcance nominal de los Exocet: casi 50 km. Por estos motivos, durante el regreso Bedacarratz y Mayora dudan de que la compleja misión haya servido de algo.

Aún hoy, los sucesos siguientes son motivo de disputa. Lo único seguro es que a las 11:07 de la mañana del 4 de mayo de 1982 uno de los dos misiles Exocet alcanzó en el mismo centro al destructor HMS Sheffield, el buque más moderno de la Royal Navy. Unas fuentes dicen que la cabeza de guerra no estalló, y lo que se produjo fue un incendio causado por los gases de la combustión del Exocet que se extendió rápidamente. El capitán del Sheffield, en cambio, asegura que el misil sí explotó, destruyendo el centro de operaciones y el de ingeniería. Sea como fuere, a los pocos segundos el moderno destructor estaba en llamas. 22 hombres murieron y otros 24 resultaron gravemente heridos, entre ellos el Jefe de Informática que trataba infructuosamente de poner de nuevo en marcha los ordenadores.

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El HMS Sheffield en llamas tras ser alcanzado por un misil Exocet.

La razón por la que el HMS Sheffield y la cercana fragata HMS Yarmouth no detectaron la presencia del Exocet hasta que un marino del primero lo vio acercarse, 4 segundos antes del impacto, permanece oculta. Una versión dice que en ese momento se estaban realizando retransmisiones satelitarias que requerían tener el radar apagado. Otra, que los ordenadores lo identificaron como un proyectil amigo debido a su origen francés. Aún una más afirma que la tripulación de los buques británicos se hallaba demasiado confiada, con la alerta muy relajada. Todo ello resulta incomprensible, puesto que los británicos llevaban toda la mañana detectando las transmisiones del Neptune e incluso había ya una patrulla de Harriers en el aire para interceptarlo. Quizás el Exocet sólo hizo aquello para lo que está fabricado: acercarse subrepticiamente a un buque de alta tecnología y hundirlo sin previo aviso.

Más controvertido aún es qué le ocurrió al segundo Exocet. La versión generalizada es que falló su blanco y se perdió. Sin embargo, marinos a bordo de la Yarmouth aseguran que lo vieron pasar delante de sus ojos. La poca actividad que el portaaviones HMS Hermes desplegó en la Guerra a partir de ese momento ha hecho pensar a algunos que quizás el segundo Exocet atinara al "blanco grande" de los radares.

Rápidamente, varios buques acudieron en ayuda del HMS Sheffield. Evacuaron a los supervivientes y lograron controlar el incendio. No obstante, el buque estaba a la deriva, ya perdido. Intentaron remolcarlo de vuelta al Reino Unido, pero se hundió de camino.

Saldo de la batalla
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· Ninguna. · Destructor HMS Sheffield hundido.
Bajas humanas
· Ninguna. · 22 muertos y 24 heridos graves.

La noticia dio la vuelta al mundo. La "soldadesca tercermundista" de que hablaba la prensa londinense -unos con desprecio, otros con lástima- acababa de abatir al buque más moderno de la flota británica. El frío se extendió ahora por Whitehall, pese a que en el Hemisferio Norte brillaba la primavera. Fue un severísimo golpe al prestigio británico ante las naciones, que reavivó las celebraciones patrióticas en Argentina, donde Bedacarratz y Mayora fueron recibidos como héroes, y dio un balón de oxígeno a la Junta. El "asunto de las Malvinas" se convirtió de pronto en la "crisis de las Malvinas". El Exocet se hizo famoso entre el público de todos los países, asistentes por primera vez a una guerra aeronaval basada en el uso de misiles. Con la mayor discreción posible, el almirante Fieldhouse alejó sus unidades de la costa tanto como le fue posible. Lo cual significaba un grave problema, porque su propósito era exactamente el contrario: dominar las aguas alrededor de las Islas Malvinas y reconquistarlas. Se imponía una aproximación diferente.

Tambores de guerra en los mares de las ballenas

Ya conscientes de que se enfrentaban a un oponente muy peligroso, a partir del día 10 numerosos buques de guerra y apoyo británicos salieron del Reino Unido para reforzar a la Fuerza de Operaciones de este país y ayudar al desembarco previsto en las Islas Malvinas a finales del mes. Por su parte, Argentina tuvo que mantenerse generalmente a la expectativa, sobre todo tratando de reforzar la guarnición en el archipiélago y garantizar la seguridad de las comunicaciones con el continente. El día 15 hubo que retirar del servicio los aviones de reconocimiento Neptune por su antigüedad y por falta de piezas de repuesto, lo que dejó a la nación austral sin "ojos" más allá de las Malvinas. En general, el Reino Unido se preparaba para la reconquista y Argentina esperaba a que lo intentasen. Se sugirieron varios planes de paz, pero o un bando u otro se negaban a aceptarlos por diversas razones. Quedó claro que la resolución del conflicto sería violenta.

Este periodo de preparativos, que se extendería hasta el 21 de mayo, estuvo salpicado de cautas acciones aeronavales. Tras la experiencia del HMS Sheffield, el almirante Fieldhouse no se sentía tentado a aproximar sus buques más valiosos a las Malvinas; serán las fragatas quienes pechen con la peligrosa tarea de permanecer en aguas malvinenses para denegárselas a Argentina en la medida de lo posible y dar apoyo a los aviones que operan en el área.

Se suceden varios incidentes, en los que ambas partes pierden aviones y Argentina, algunos barcos pequeños de transporte, carga y reconocimiento. Las unidades británicas incrementan nítidamente su nivel de agresividad, llegando a atacar en al menos dos ocasiones las embarcaciones y aeronaves de salvamento argentinas en contra de los principios más elementales del Derecho Internacional.

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Avión de ataque A-4 Skyhawk.

El día 12, aviones A-4 Skyhawk argentinos intentan destruir con bombas al HMS Glasgow y el HMS Brilliant, que se encuentran bombardeando Puerto Argentino. El ataque resulta un fracaso, con la pérdida de 4 aviones (uno de ellos por fuego amigo). Pese a ello, el Glasgow recibe el impacto de una bomba que no llega a estallar, pero le causa suficientes daños como para obligarle a volver al Reino Unido.

El 14, una operación de comandos SAS en Isla Borbón (Peeble Island) apoyada por el HMS Hermes, el HMS Broadsword y el HMS Glamorgan obtiene un resonante éxito al destruir su aeródromo, su estación de radar y los 11 aviones allí estacionados. Esta operación marca el inicio de la escalada de la actividad militar británica. Los bombardeos costeros se hacen más intensos. Los argentinos comprenden que la invasión es inminente y se preparan para la defensa.

Un extraño incidente que puso en evidencia la cooperación chilena con el Reino Unido salió a la luz el día 18. Al amanecer, se descubrieron los restos de un helicóptero británico Sea King (ZA-290) abandonado y destruido por sus ocupantes cerca de Punta Arenas, Chile. Desde el lado argentino se argumentó que este helicóptero procedía del país andino, pero en la actualidad sabemos que se trataba del compás de apertura de la Operación Mikado. La operación Mikado era una acción prácticamente suicida, a cargo del escuadrón B del SAS, encaminada a destruir los aviones Super-Etendart y los misiles Exocet de la 2ª Escuadrilla en Río Grande. A partir de la destrucción del HMS Sheffield, ubicar y eliminar estos peligrosísimos misiles se convirtió en una prioridad tan alta para el Almirantazgo Británico que justificaba cualquier clase de sacrificio. Visión que no compartían los hombres que de hecho iban a sacrificarse, comandos veteranos y corajudos pero que comprendían que se les estaba mandando a la muerte.

No obstante, órdenes son órdenes y a las 00:15 del 18 de mayo el teniente Hutchings -asignado al HMS Hermes- despegó del HMS Invincible con su helicóptero Sea King ZA-290 y un grupo de 9 soldados de élite. Su misión era insertarlos en las proximidades de la base de Río Grande, donde estaban los Super-Etendards con sus Exocets, para observar sus movimientos y preparar la llegada de dos transportes con 50 comandos que destruirían esta base esencial para Argentina. Después serían evacuados o huirían hacia Chile, donde la dictadura de Augusto Pinochet había garantizado en secreto apoyo para ser evacuados. Ya días antes había llegado a Chile un cierto capitán Andrew H. bajo cobertura diplomática, para realizar un reconocimiento preliminar. Sus movimientos no fueron restringidos en ningún momento. Reagan había advertido a Thatcher que una operación así en territorio continental argentino podía involucrar en la guerra a otros países del TIAR, como Perú y Venezuela, pero evidentemente el gobierno británico optó por ignorar esta consideración y las objeciones de sus propias unidades de comandos.

Tal y como temían éstos, el ZA-290 fue detectado por radares argentinos y el teniente Hutchings decidió cancelar la operación y dirigirse directamente a Chile. Sin combustible, tomaría tierra en la playa de Agua Fresca, ya en territorio chileno. Fue abandonado y destruido por sus ocupantes, pero lo cierto es que éstos retornaron al Reino Unido por vuelo regular y sin ningún problema, lo que confirmaría la implicación chilena en el conflicto del lado británico (oficialmente, se rindieron a las autoridades chilenas, pero en ningún momento se les trató como a prisioneros de guerra, sino como a combatientes aliados). El general chileno Fernando Matthei confirmó en una entrevista concedida al Centro de Investigación y documentación de la Universidad Finis Terrae en 1999 que durante toda la guerra existió una constante cooperación al más alto nivel con el Reino Unido pues "temían ser los siguientes". Poco antes, Margaret Thatcher también lo haría público para defender a Pinochet durante su detención en el Reino Unido. El helicóptero de apoyo, otro Sea King con matrícula ZA-292, retornó al HMS Invincible. La Operación Mikado fue cancelada y el Almirantazgo prosiguió con sus planes de reconquista bajo la amenaza de los Exocet.

En efecto, este mismo día 18 el gobierno británico da al almirante Woodward luz verde para un desembarco en la costa este del Estrecho de San Carlos, que separa las dos islas Malvinas mayores. Una operación arriesgada que obligará a los buques a entrar en un estrecho rodeado de montes; el lugar perfecto para sufrir ataques a baja cota por parte de la aviación argentina.

El Día D: Operación Sutton

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
· Fuerza de desembarco de la Marina Real:
· 1 destructor misilístico (HMS Antrim).
· 6 fragatas (HMS Ardent, HMS Argonaut, HMS Brilliant, HMS Broadsword, HMS Yarmouth y HMS Antelope).
· 2 buques de asalto (HMS Fearless y HMS Intrepid'').
· 5 buques de desembarco (Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot).
· 4 buques de apoyo logístico (Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness).
· 1 transatlántico para transporte de tropas (Canberra).
· Otros buques y aviones en operaciones de ataque y diversión.
·Guarnición de San Carlos.· Escuadrón D de comandos SAS.
·Guarnición de Darwin.· 3º, 40º y 45º comandos de la 3ª Brigada de Comandos.
· 2º y 3º de Paracaidistas.

200px|thumb|left|Área del desembarco (topónimos ingleses). Al anochecer del 20 de mayo de 1982, 12.000 soldados argentinos bien equipados de material sabían que el ataque británico era inminente pues durante los dos días anteriores ya venían observando numerosas detecciones en el radar y un fuerte incremento de la actividad enemiga. Por la mañana el Secretario General de la ONU Javier Pérez de Cuéllar reconoce el fracaso de sus gestiones en favor de la paz. Una propuesta peruana es también rechazada. Según el informe del capitán Roberto Vila, destinado en el archipiélago, "El día 20 continúan nuestras misiones, con el Cap Grünert y el Ten Calderón. A las 18:30 hs, hay ecos de dos helicópteros que luego ve la Red de Observadores del Aire. A las 22:30 hay alarmas de inminentes ataques y desembarco helitransportado; ya este día dormitamos hasta con el FAL cargado". Esta importante fuerza militar sufría una debilidad esencial: una parte significativa estaba compuesta por infantería de recluta obligatoria, no voluntarios profesionales. Entre ellos, incluso, había estudiantes disidentes con el régimen que fueron enviados a modo de "castigo", y cuya moral de combate era evidentemente baja. Las comunicaciones navales con el continente estaban cortadas, y las áereas sufrían graves alteraciones en sus operaciones debido a la constante presencia de patrullas de cazas enemigos. No obstante ello, la Fuerza Aérea Argentina estuvo a la altura de las circunstancias y mantuvo al contingente en el archipiélago abastecido hasta la última noche de la guerra, pese a condiciones tan adversas.

Alrededor de ellos, la práctica totalidad de la Royal Navy: más de 120 buques, 33 de ellos navíos de guerra de primera línea, con varios miles de soldados profesionales y de élite preparándose para el desembarco. Los submarinos británicos eran ya completamente dueños de todas las aguas alrededor de las Malvinas, por lo que la flota argentina permaneció en puerto. No obstante esta superioridad tecnológica y militar abrumadora, la guarnición de las Malvinas y la Fuerza Aérea Argentina se prepararon para la defensa. Creían tener una oportunidad y, de hecho, la tenían. 300px|thumb|right|Zonas de desembarco (topónimos ingleses). Durante la noche del 20 de mayo la operación Sutton, dirigida por el contraalmirante Woodward y el comodoro Clapp, se puso en marcha. Diecinueve buques de la Marina Real (el transatlántico Canberra, los buques de asalto Fearless e Intrepid; los de desembarco Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot; los de apoyo logístico Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness; escoltados por el destructor Antrim y las fragatas Ardent, Argonaut, Brilliant, Broadsword, Yarmouth y Antelope) se derramaron por el Estrecho de San Carlos. A las 01:00AM del 21 de mayo de 1982 los primeros comandos británicos llegaban a tierra en la Bahía de San Carlos, al extremo occidental de Isla Soledad (donde se halla la capital Puerto Argentino). Sin encontrar resistencia, establecen rápidamente tres cabezas de playa y avanzan hacia la localidad de San Carlos, donde se producirían las primeras refriegas. Mientras tanto, diversas unidades aeronavales británicas realizan ataques de diversión en otros puntos del archipiélago, bombardeaban objetivos seleccionados e insertaban comandos en Darwin y Goose Green.

La decisión de desembarcar por el Estrecho de San Carlos ha sido muy controvertida, sobre todo a la luz de las consecuencias. Por un lado es cierto que los montes circundantes parecían proteger a las unidades británicas y ponerlas a cubierto de los radares enemigos. Pero por el otro lado, la aviación argentina ya había demostrado en ocasiones precedentes ser muy capaz de aprovechar esta clase de obstáculos en su propio beneficio; además, este desembarco alejaba a las unidades implicadas de la fuerza principal situada al este de Isla Soledad. Un ataque directo sobre Puerto Argentino o sus alrededores no habría sido adecuado, pues allí se concentraba la mayor parte de la guarnición argentina, pero muchos historiadores no se explican por qué Woodward y Capp eligieron uno de los tres peores lugares posibles para iniciar el ataque. Sea como fuere, así ocurrió. Y pagaron las consecuencias.

Saldo de la batalla
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· Ninguna. · 2 helicópteros Gazelle derribados.
· 1 avión táctico Harrier GR.3 derribado.
Bajas humanas
· No precisadas (pocas). · Al menos 4 muertos.
Resultados estratégicos
· 3 cabezas de playa británicas en Bahía San Carlos.
· Guarniciones de Darwin y San Carlos inmovilizadas.

Sobre las 09:00AM, un avión naval ligero Macchi argentino logró utilizar por primera vez las características geográficas del Estrecho de San Carlos para sobrevolar a la fuerza de desembarco británica sin ser derribado. Este aparato confirmaría que se hallaban ante el día D de las Malvinas, e incluso hizo algunos disparos con sus lanzacohetes Zuni sin mayores resultados. Apenas media hora después, la Fuerza Aérea Argentina quitaba los calzos a sus aviones para responder con una serie de ataques de excepcional arrojo que rebautizarían al Estrecho de San Carlos como el callejón de las bombas. Era el momento que llevaban un mes esperando. Su oportunidad.

El Día D: El callejón de las bombas

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
· Fuerza de desembarco de la Marina Real:
· 20 aviones tácticos IAI Dagger (del grupo 6º) armados con bombas de 250 y 500kg.· 1 destructor misilístico (HMS Antrim).
· 30 aviones tácticos Skyhawk (del grupo 5º) armados con bombas de 250 y 500kg.· 6 fragatas (HMS Ardent, HMS Argonaut, HMS Brilliant, HMS Broadsword, HMS Yarmouth y HMS Antelope).
· 6 cazas Mirage III (del grupo 8º) armados con misiles Magic en función de escolta.· 2 buques de asalto (HMS Fearless y HMS Intrepid).
· Diversas aeronaves de apoyo en retaguardia.· 5 buques de desembarco (Sir Percival, Sir Tristram, Sir Geraint, Sir Galahad y Sir Lancelot).
· 4 buques de apoyo logístico (Europic Ferry, Norland, Fort Austin y Stromness).
· 1 transatlántico para transporte de tropas (Canberra).
· Patrullas CAP compuestas por aviones Sea Harrier.
·Guarnición de San Carlos.· Antiaéreos de infantería.

Sin duda, Woodward y Clapp esperaban alguna clase de reacción argentina. Para lo que no estaban preparados, según demostraron los acontecimientos, fue para las tres furiosas oleadas de aviación táctica que les llovieron encima durante las siguientes cinco horas.

El primer escalón, compuesto de once Daggers con bombas de 250 kg escoltados por seis Mirage III se abatió sobre la fuerza de desembarco a las 10:32AM. Con sus cañones y bombas, dañan severamente a la fragata HMS Broadsword, dejan fuera de servicio al destructor HMS Antrim y causan daños menores a la HMS Brilliant, perdiendo sólo uno de sus Daggers por un misil Sea Wolf de la Broadsword.

Pero lo peor aún estaba por llegar. El segundo escalón, catorce A-4C Skyhawks armados con bombas Mk.17 de 500kg, se abalanzaron sobre el estrecho de San Carlos en torno a la una del mediodía. Al principio, no salió bien. Uno de sus grupos fue interceptado por Sea Harriers y tuvieron dificultades para encontrar sus blancos. Entonces detectaron un buque de respetable tamaño, al que arrojarían una de las bombas Mk.17. El buque resultó ser la fragata HMS Ardent, que resultó herida de muerte. En esta oleada se perdieron dos aviones argentinos y uno británico.

La tercera oleada, compuesta por seis A4-B Skyhawk y nueve Daggers con bombas de 250 y 500 kg alcanzaría "el callejón de las bombas" sobre las dos de la tarde. Pese a estar ya bajo el acoso de los Sea Harriers británicos llegados desde los portaaviones y haber perdido tres aparatos al norte de Port Howard -a cambio de uno británico-, dañaron muy gravemente a la fragata HMS Argonaut, tocaron a la HMS Brilliant y, mientras salían del estrecho, vieron a la humeante HMS Ardent y la atacaron de nuevo aunque ésta aún trató de defenderse lanzando misiles antiaéreos, sin éxito. Otro de los Daggers cayó abatido por un Harrier en la zona.

Aún se produjo una cuarta oleada de Skyhawks, pero el crepúsculo se les echaba encima y no lograron avistar ningún blanco ni fueron avistados. La HMS Ardent, en llamas y cargando gran cantidad de agua, se hundió en torno a la medianoche. Veintidos tripulantes murieron y 37 resultaron heridos.

Mientras tanto, los buques de desembarco dentro de la bahía de San Carlos han seguido llevando unidades a tierra. Desembarcan los carros de combate de The Blues and the Royals y las cuatro baterías de 105mm del 29º Comando y del 4º Regimiento. Los supervivientes de la Ardent son transportados al transatlántico Canberra. El desembarco ha sido un éxito. Pero a un precio elevadísimo.

Saldo de la batalla
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· 5 aviones IAI Dagger. · Fragata HMS Ardent hundida.
· 2 aviones Skyhawk. · Fragata HMS Argonaut severamente dañada.
· Destructor misilístico HMS Antrim y fragata HMS Brilliant dañados de consideración.
· Fragata HMS Broadsword y HMS Alacrity levemente dañadas.
· 3 aviones Pucará y un helicóptero CH-47 Chinook (en acciones paralelas) · 2 aviones Sea Harrier.
Bajas humanas
· Al menos 3 muertos. · Al menos 29 muertos y numerosos heridos.


Tierra, agua, aire y fuego

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Royal Marines desembarcando con mucha más tranquilidad en Kuwait, en 2003.

En tierra, el desembarco de Bahía San Carlos funcionaba estupendamente para las tropas británicas. Durante los días 22 y 23, pusieron en fuga a la guarnición argentina de San Carlos y sus alrededores, aseguraron numerosos puntos tácticos esenciales y comenzaron a acumular grandes cantidades de armas y suministros llegados por vía marítima. La fragata HMS Antelope sustituyó a la perdida HMS Ardent. Numerosos buques logísticos, entre ellos el carguero MV Atlantic Conveyor pusieron proa al Estrecho de San Carlos para verter más y más hombres y material. Se establecen piquetes de radar y trampas misilísticas para la aviación argentina, las patrullas de Harriers sobrevuelan constantemente el área, derriban un par de helicópteros y bombardean posiciones enemigas para debilitarlas y prevenir cualquier contraataque. El general Julian Thompson -jefe de las fuerzas terrestres británicas- establece oficialmente su cuartel general en San Carlos, donde ondea ya la Union Jack. Pese a las terribles pérdidas sufridas el día 21, el desembarco ha sido un éxito. Nadie cree que, con todas estas medidas, la aviación argentina aparezca de nuevo en el Estrecho de San Carlos.

No obstante, a mediodía del 23 se detectan aviones argentinos al sur del Estrecho. Reciben fuego antiaéreo de la Antelope y la Broadsword, ahuyentándolos. Pero los británicos desconocen que esta pequeña incursión forma parte en realidad de una doble oleada de 12 Daggers y 6 Skyhawks que no han detectado y cuyo primer escalón resultó fallido. La aviación argentina ha vuelto.

De pronto, tres A-4B Skyhawk reaparecen por el norte a gran velocidad y muy baja altitud. Esta vez, las fuerzas británicas reaccionan de inmediato produciendo una densa cortina de fuego antiaéreo. El avión líder es alcanzado enseguida, y su piloto el capitán Carballo logra desaparecer tras los montes para volver al continente. Sin embargo, de manera suicida los dos aparatos restantes prosiguen el ataque mientras los misiles y las trazadoras les envuelven. Se encaran directamente hacia la recién llegada HMS Antelope. El alférez Hugo Gómez lanza su bomba Mk.17 de 500kg que alcanza a la fragata, sin explotar, y consigue escabullirse. El primer teniente Luciano Guadagnini lanza a su vez y es inmediatamente alcanzado bajo el ala derecha. En un acto kamikaze, Guadagnini estrella su avión contra el mástil de la Antelope, donde se encuentran las antenas. Un instante después su bomba alcanza al barco... y tampoco explota. El material es viejo y los lanzamientos se han realizado demasiado bajo, demasiado rápido y demasiado cerca como para que las espoletas actúen.

La Antelope ha quedado medio inutilizada. Con dos bombas sin explotar a bordo y un incendio controlado, los británicos deciden evacuar la fragata excepto por el personal esencial para desactivaciones y control de daños. En la noche del 23 al 24, el personal de desactivación comete alguna clase de error y la Antelope estalla con singular violencia. Partida en dos, se hundirá en la mañana del 24.

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El avión de despegue y aterrizaje vertical o corto (VSTOL) Harrier, protagonista británico de las batallas aéreas en los cielos malvinenses.

No hay tregua. La aviación argentina golpea una y otra vez a las fuerzas navales de desembarco, pese a que los británicos les están esperando y pierden cada vez más y más aviones. No obstante, son alcanzados los buques de desembarco HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere y HMS Fearless. El Sir Lancelot y el Sir Galahad sufren daños tan graves que son encallados y varados, perdiéndose el equipo embarcado y al menos 10 hombres. El Sir Galahad, no obstante, sería puesto de nuevo en servicio. Los ataques del día 24 se cobran tres Dagger y un Skyhawk, todos ellos abatidos por Sea Harriers sin sufrir ninguna pérdida propia.

El día 25 es la fiesta nacional argentina. Todo el mundo, en ambos bandos, sabe que habrá acción y están en alerta máxima. En efecto, desde primera hora de la mañana comienzan los raids argentinos bajo fuerte presión aérea y antiaérea enemiga. A las 08:37, el primer Skyhawk cae en la trampa misilística del destructor HMS Coventry, de la misma clase del malhadado Sheffield. En torno al mediodía se produce otro ataque sobre las fuerzas de desembarco en el Estrecho de San Carlos, que toca al ya dañado Fearless y tocando levemente a la fragata HMS Avenger que ha venido en sustitución de la Antelope. Un Skyhawk es derribado por un misil Rapier disparado desde tierra. El otro caerá a manos del HMS Coventry: es la segunda victoria del día para este moderno destructor.

Entonces, se produce el desastre. Un ataque combinado de ocho Skyhawks cae a las 15:20 sobre la fragata HMS Broadsword y el destructor HMS Coventry. La Broadsword es severamente dañada en popa y su helicóptero Lynx resulta destruido, pero sobrevive. El Coventry, en cambio, recibe el impacto directo de tres bombas que matan a 19 hombres (según otras fuentes, a 70). Ningún avión atacante resulta abatido. El destructor está perdido, ha de evacuarse de inmediato. En media hora, da media vuelta de campana y se hunde. Por si esto fuera poco, circula el rumor de que tres Harriers han sido derribados.

El Almirantazgo británico se pone nervioso. Habían considerado lo del Sheffield un error táctico puntual, algo que no se repetiría. Ahora, ya son cuatro los buques de guerra británicos de primera línea que se oxidan en el fondo de los mares malvinenses, mientras otra decena se las arregla como puede con sus daños. No era lo previsto en absoluto. Deciden acelerar los desembarcos. Cuanto antes tengan firmemente establecida su posición en tierra, mejor. Empieza a husmearse en el aire el deseo de terminar con este oscuro incidente colonial que se ha convertido en una guerra de verdad lo antes posible.

Balance de los combates aeronavales de los días 24 y 25.
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· 3 aviones Skyhawk. · Destructor misilístico HMS Coventry hundido.
· Fragata HMS Antelope hundida.
· Gran transporte logístico MV Atlantic Conveyor destruido. Diez helicópteros destruidos.
· Fragata HMS Broadsword gravemente dañada. Helicóptero destruido.
· Buques de desembarco Sir Lancelot y Sir Galahad encallados y abandonados.
· Buque de desembarco Fearless gravemente dañado.
· Fragata HMS Avenger y buque de desembarco Sir Bedivere con daños leves.
· 3 aviones Sea Harrier (no confirmado).
Bajas humanas
· 2 muertos. · Al menos 62 muertos y numerosos heridos.

Por si algo les faltaba para convencerse, a las 16:30 horas una o dos potentes explosiones sacuden el portacontenedores MV Atlantic Conveyor al norte de Isla Soledad, muy cerca del portaaviones HMS Hermes. La explosión produce un incendio que nadie logra controlar. Son los Super-Etendard del 2º Escuadrón Aeronaval. Sin ser detectados y desde una distancia de 50 km, han lanzado dos Exocets contra los lejanos blancos que aparecían en sus radares. El Atlantic Conveyor ha de ser evacuado y arde como una tea con diez helicópteros y miles de toneladas de material a bordo, hasta quedar reducido a un pecio calcinado que flota a duras penas. Se han perdido cuatro grandes buques en sólo dos días, y otros seis han sido dañados de distinta consideración. A cambio, la aviación argentina sólo ha pagado... ¡tres aviones! Gentes de todo el mundo que miraban a Argentina con simpatía por su arrojo pero lástima por su inevitable derrota comienzan a preguntarse quién está ganando verdaderamente la guerra. En el Reino Unido también, y todas las miradas se dirigen hacia Margaret Thatcher. Algo debe cambiar de inmediato. El "asuntillo de las Malvinas" se está transformando en una derrota mayor para la superpotencia y su Gobierno.

La Pradera del Ganso

Entre las pocas personas del lado británico que no estaban atribuladas por el devenir de los acontecimientos se contaban, curiosamente, el Contraalmirante Woodward y el General Thompson. Ambos tenían sus motivos.

Pese a las severas pérdidas sufridas, Woodward, como buen marino, conocía sobradamente un principio básico de la guerra naval: sin importar lo espectaculares que sean los golpes propinados o recibidos, en el mar gana quien permanece. La Marina Argentina se oxidaba en puerto desde el hundimiento del General Belgrano mientras que la Royal Navy, maltrecha o no, permanecía en el mar. Lo que hizo, una vez completado el desembarco, fue retroceder sus posiciones tanto como pudo sin denegarle apoyo a las unidades presentes en Isla Soledad. Importantes fuerzas de reserva, como los miles de hombres a bordo del Queen Elizabeth II, fueron derivados a las Islas Georgias del Sur. Sus suministros y refuerzos, en vez de viajar directamente a las Malvinas, describían un semicírculo que los situaba fuera del alcance de la aviación argentina. Sí, la Royal Navy había sufrido severas pérdidas, pero no era la primera vez que ocurría en su historia ni sería la última. El hecho es que continuaba siendo la dueña del mar.

El general Thompson, responsable de las fuerzas terrestres, también tenía sus propios motivos para no perder la moral. En último término las guerras las ganan quienes conquistan la tierra y, desde su punto de vista, el desembarco había resultado un éxito total sólo oscurecido por la destrucción de los equipos a bordo del Atlantic Conveyor y el Sir Lancelot. En general, todos sus hombres habían llegado a tierra junto con la mayor parte del material, estaban bien establecidos y protegidos contra ataques aéreos tanto por sus propios sistemas antiaéreos como por las patrullas de Harriers y sus líneas logísticas, aunque amenazadas, seguían abiertas. Frente a él, 12.000 hombres del Ejército y la Marina argentinos. Pero 12.000 hombres esencialmente aislados excepto por el par de contenedores que los transportes Hércules acertaban a transportar cada noche desde el continente.

Thompson decidió que era imprescindible cerrar la bolsa en que yacía el enemigo lo antes posible, confinándole a los alrededores de Puerto Argentino, atrapándole entre sus propias fuerzas y el mar dominado por la Royal Navy. Y al mismo tiempo, establecer rápidamente una cabeza de playa desde el interior en la costa este de Isla Soledad, de tal modo que su línea logística no tuviera que penetrar en las peligrosas aguas del Estrecho de San Carlos, ahora conocido como el callejón de las bombas. De esa forma, los suministros y refuerzos podrían llegarle directamente desde el océano, su océano.

Orden de batalla
Fuerzas argentinasFuerzas británicas
· 12º Regimiento de Infantería. · 4 compañías del 2º Regimiento Paracaidista.
· 1 compañía de élite del 25º Regimiento de Infantería.
· 1 batería artillera de 105mm. · 3 piezas de artillería de 105mm del 29º Comando y una unidad Milan antitanque.
· defensa antiaérea AAA pesada (Oerlikons de 35mm y similar). · 1 unidad Blowpipe.
· apoyo aéreo limitado por el mal tiempo. · helicópteros de reconocimiento y apoyo aéreo de 3 Harriers al anochecer del 24.
· breve apoyo naval de la fragata HMS Arrow.
Total RRHH:
· Más de 1.400 hombres. · Unos 600 hombres.
(Comandante "de facto": Tte. Coronel Piaggi) (Comandantes: Tte. Coronel. H. Jones -caido- y mayor C. Keeble)

300px|thumb|right|Mitad norte de Isla Soledad (topónimos ingleses). Obsérvese que la conquista del corredor entre Darwin y Goose Green parte Isla Soledad en dos mitades y libera paso desde el punto de desembarco en San Carlos hacia el océano, al Este. El primer punto de ataque resultaba, pues, evidente; y ya durante las primeras inserciones lo tuvieron en cuenta. El lugar sería Goose Green. Si las fuerzas del 2º de Paracaidistas insertadas en Darwin lograban tomar esta posición (y de paso, su aeródromo) las fuerzas argentinas quedarían rodeadas en la mitad norte de Isla Soledad, al otro lado de las montañas, y él tendría acceso a un corredor costero hacia el océano. La primera batalla terrestre de la Guerra de las Malvinas sólo podia ocurrir, pues, en la Pradera del Ganso.

Poco después de la medianoche del 28 de mayo de 1982 el 2º de Paracaidistas británicos partió del lado occidental del extremo norte del istmo que divide en dos Isla Soledad. Las compañías B y D penetraron en el istmo, mientras que la A se situó al este. La compañía A iniciaría el ataque desde allí, tomando Burntside House sin hallar presencia argentina. A las 04:30h, las compañías B y D se dirigieron a la posición Colina Boca (Boca Hill). De pronto, recibieron densas ráfagas de fuego enemigo. La batalla de Goose Green había comenzado. 200px|thumb|left|Esquema de la batalla de Goose Green. Mientras tanto, la compañía A siguió su camino hacia el sur para encontrarse con una unidad del 25º regimiento argentino en Darwin Hill. En la lucha subsiguiente, los argentinos detuvieron el avance de la compañía A pese a sufrir severas pérdidas que incluyeron a su comandante, el teniente Estévez. El ataque británico había sido detenido.

El teniente coronel H. Jones, al mando de la operación, no deseaba verse envuelto en una batalla estática con fuerzas netamente inferiores en número, y además sus órdenes eran tomar Goose Green con la mayor rapidez posible. Hizo acto de presencia en la compañía A y dirigió personalmente una carga contra Darwin Hill. A las 10:30AM aproximadamente, caería muerto. No obstante, sus hombres lograron tomar la posición.

Ahora había dos combates en marcha en las alturas de Darwin: una alrededor de la bahía, y otra de igual ferocidad frente a la colina Boca, defendida por el 2º teniente Guillermo Aliaga al mando del 3º pelotón, compañía C, 8º Regimiento. La lucha es tan fiera que ocurren diversos incidentes incompatibles con las Convenciones de Ginebra.

Con el apoyo de la unidad Milan antitanque, que destruyó numerosos bunkers argentinos, la compañía A del 2º de Paracaidistas británicos se hizo finalmente con Darwin Hill y Boca Hill. Pero la resistencia es fiera y el plan concebido originalmente por el fallecido comandante Jones, un fracaso. Tras una severa reorganización en medio del combate, los paracaidistas británicos logran por fin superar las alturas de Darwin a primera hora de la tarde del día 28 y descender hacia Goose Green. Pero el combate no se detiene: mientras las compañías C y D están tomando la escuela de la población, siguen los tiroteos en los montes. Poco antes del anochecer -a las 3 de la tarde, tan avanzado está el invierno- y aprovechando un instante de buen tiempo se produce un ataque aéreo argentino y otro británico, que apenas logran causar daños en tierra. Sin embargo un Harrier británico cae abatido y probablemente un Aeromacchi argentino también.

Saldo de la batalla de Goose Green
Pérdidas argentinasPérdidas británicas
· Aprox. 200 muertos. · 16 muertos.
· Aprox. 200 heridos. · 64 heridos.
· 1.050 prisioneros.
· Abundante material.
· 3 Pucará. · 1 Harrier GR.3.
· 1 helicóptero MB.339. · 1 helicóptero Scout.
Resultados estratégicos
· Goose Green capturado por los británicos.

Durante el anochecer, Keeble ofrece a Piaggi que se rinda en términos honorables. Ante la extrema violencia de los combates y la elevada pérdida de vidas, Piaggi accede. Más de mil hombres salen de sus trincheras y son hechos prisioneros. Serán repatriados vía Montevideo. La posición estratégica británica en Isla Soledad está consolidada, y sus enemigos embolsados. A partir de ahora, ya es sólo una cuestión de tiempo que la guarnición argentina en las Malvinas colapse.

Goose Green fue una derrota argentina en el sentido obvio de que se rindieron y entregaron la posición al enemigo, pero desde el punto de vista puramente militar no lo fue tanto. Si bien la decisión de recurrir a fórmulas de guerra estática netamente obsoletas fue un error, lo cierto es que la fuerza argentina no fue derrotada en el campo de batalla y probablemente no lo habría sido en muchos días si hubieran decidido defender la posición hasta el final. Como hemos visto, el plan del difunto teniente coronel Jones era un fiasco y su sucesor tuvo que cambiarlo a mitad de la batalla. Por su parte, el plan de Piaggi y su cadena de mando tampoco eran brillantes. Ambas partes cometieron numerosos errores que podían haber prolongado los combates mucho tiempo, obligando al Reino Unido a dedicar recursos muy superiores y facilitando un posible contraataque desde Puerto Argentino. No obstante, la decisión de Piaggi -autorizada por sus superiores en Puerto Argentino- fue prudente y mesurada. Combatir hasta el último hombre sin esperanza alguna no es, realmente, una obligación militar.

En San Carlos, el general Thompson estaba contento. Pero tenía otro problema. Los helicópteros con que contaba para una rápida acción aeroterrestre contra Puerto Argentino no eran más que hierrajos a bordo del calcinado Atlantic Conveyor. Las tropas británicas tendrán que avanzar a pie, a través de las montañas heladas. Será un largo camino.

Golpes entre los hielos

El día 30 se produce la operación más importante de la Fuerza Aérea Argentina cuyo saldo, pese a los éxitos de los días precedentes, es confuso. Sabían que el almirante Woodward había retirado sus buques tan hacia el este como le fue posible sin dejar desprotegidas a sus fuerzas en las Malvinas, y también sabían que con 3.800 británicos ya desembarcados y sus fuerzas embolsadas sólo una serie de golpes devastadores podían evitar la derrota. En particular, era de esencial importancia detener las patrullas de Harriers, que se venían demostrando abiertamente superiores en combate aéreo a cualquier cosa que la fuerza aérea y aeronaval argentina pudiera oponerles. Por arriesgado que fuera, había que atacar a los portaaviones. Al mismísimo corazón de la flota británica. Durante los días anteriores se había establecido firmemente la posición del HMS Invincible en 51°38'S 53°38'W. Sería, pues, el Invincible. 300px|thumb|left|El portaaviones británico HMS Invincible visto desde el USS George Washington en 1988. En la mañana del día 30 despegaron de Río Grande cuatro Skyhawks con bombas de 250kg retardadas por paracaídas -para evitar los fallos de detonación que impidieron la destrucción de grandes objetivos los días anteriores- y dos Super-Etendards, uno de los cuales transportaba el último Exocet AM.39 aire-superficie de Argentina.

Tras reabastecerse en vuelo, atacaron desde el sur. El primero en disparar fue un Super-Etendard, lanzando su Exocet contra un blanco de gran tamaño nítidamente detectado en su radar. Cumplida su misión, los Super-Etendards se dieron la vuelta para retornar a base. Sin más Exocets disponibles, su papel en la guerra había finalizado.

Los Skyhawks, en cambio, utilizaron la estela del Exocet para guiarse hacia el blanco. De pronto, observaron «una gran columna de humo negro en el horizonte». El Exocet, una vez más, había alcanzado a algo. Pero al mismo tiempo había puesto en alerta al portaaviones y su escolta, la fragata HMS Avenger. Cuando los pilotos argentinos llegaron, se encontraron con densas capas de humos negros y neblinas blancas generadas por los dos buques para ocultarse, por lo que no pudieron evaluar qué clase de daños había ocasionado el Exocet (según la versión británica fue detectado aproximándose y destruido con un disparo DP de 114mm, pero parece bastante improbable que un disparo de 114mm intercepte a un ágil misil antibuque). También se encontraron con algo más: una densa barrera de fuego antiaéreo. Cuando ya tenían claramente al HMS Invincible en las miras, un misil Sea Dart derribó al avión líder y el fuego antiaéreo al del 1er teniente Omar J. Castillo, tan cerca que uno de sus motores cayó sobre el ascensor de aeronaves del portaaviones produciendo un pequeño incendio. Ambos pilotos resultaron muertos.

Pero los otros dos lograron lanzar sus bombas y escapar del área a gran velocidad, perseguidos por misiles y balas. Echaron un último vistazo a su blanco desde lejos, y aseguran haberlo visto envuelto en «un humo denso y negro». Sin embargo, la versión británica de la historia tampoco está de acuerdo. Asegura que los pilotos argentinos, entre tantas neblinas, confundieron al Invincible con la Avenger y sus bombas fueron a parar al mar. Lo único cierto es que el HMS Invincible tardaría dos meses en regresar a puerto después de la guerra, y cuando lo hizo llevaba un gran rectángulo recien pintado en el lateral atacado.

Ese mismo día, ocurrió un incidente en tierra que demostró la neta superioridad de las tropas de desembarco británicas frente a las argentinas. Durante las operaciones preliminares de reconocimiento para el avance hacia Puerto Argentino, 20 hombres de la 3ª brigada de Comandos al mando del capitán Boswell apoyado por un helicóptero entraron en contacto con una patrulla de las Fuerzas Especiales argentinas establecida en el llamado "caserón de Top Malo". El resultado no pudo ser más pernicioso para los defensores: tras un breve combate, cinco argentinos resultaron muertos, siete heridos y los últimos cinco cayeron prisioneros. Los británicos sólo sufrieron tres heridos. Para su sorpresa, una segunda patrulla argentina de la que no tenían constancia hizo acto de presencia con los brazos en alto para rendirse tras observar lo ocurrido. Y una tercera huyó hacia Teal Inlet, donde se encontrarían con el 45º Comando que avanzaba por el Norte. A partir de ahora, esta sería la tónica común en la guerra terrestre. El 1 de junio, 5.000 hombres de la 5ª Brigada de Infantería, de los Gurkhas y de la Guardia Galesa y Escocesa más desembarcan en San Carlos, donde se sospecha que ya opera una pista para Harriers. Ahora las fuerzas terrestres están casi igualadas en número. Un misil Roland de fabricación francesa abate desde Puerto Argentino al último avión que los ingleses perderán en la guerra, un Harrier GR.3.

Tan solo tres días después hay avanzadillas británicas a 20km de Puerto Argentino y el 42º Comando ha tomado el monte Kent, donde se empiezan a acumular sus fuerzas en medio de un clima espantoso. Ahora, los buques, la artillería y los aviones británicos bombardean casi constantemente las posiciones argentinas. Los ataques Black Buck V y VI destruyen los dos últimos radares argentinos operacionales en territorio malvinense. El Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas aprobó la resolución 505, que designa mediador a Pérez de Cuéllar. El día 5, Estados Unidos y el Reino Unido vetan un nuevo proyecto de alto el fuego.

Para el general Moore, ahora comandante de las fuerzas terrestres británicas, la crisis de las Malvinas está prácticamente resuelta. El cerco sobre Puerto Argentino ya se halla casi cerrado. Tan sólo deben desembarcar unas unidades de la Guardia Galesa y Escocesa en Fitzroy y Bahía Agradable, directamente al sur de la capital malvinense. Junto con ellos llegan numerosas piezas de mortero y antiaéreos Rapier.

Confiados, los buques de desembarco Sir Galahad -que ha sido recuperado después de los ataques que sufrió dos semanas atrás- y Sir Tristam, apoyados por la fragata HMS Plymouth se disponen para el desembarco durante el 8 de junio. De pronto, la aviación argentina aparece de nuevo, y lo que era una operación de trámite se convierte en el último desastre británico. Los Dagger y los Skyhawk, ya a la desesperada y en muy mal estado de mantenimiento, convierten en teas flotantes al Sir Galahad y al Sir Tristam y también logran dañar severamente a la Plymouth. Una segunda oleada de Skyhawks pierde tres aviones al ser interceptada por una patrulla de Harriers y debe abortar la misión. No obstante, 51 británicos han muerto y muchos otros han sufrido graves quemaduras en el llamado día más negro de la flota.

El 11 de junio llega el Papa Juan Pablo II a Buenos Aires para "orar por la paz". Es recibido por manifestaciones multitudinarias y enfervorecidas. Paralelamente, la diplomacia vaticana está también intentando llegar a un alto el fuego negociado. El sistema de alianzas de Occidente está resultando demasiado dañado por el conflicto. Pero a estas alturas y después de todas las pérdidas sufridas, el Reino Unido y su aliado Estados Unidos necesitan una victoria total para recuparar su credibilidad militar.

El colapso

250px|thumb|left|Imagen satelitaria de las Islas Malvinas (verano austral de 1999).El 11 de junio al anochecer, las fuerzas británicas inician el asalto final sobre Puerto Argentino y sus alrededores. La Armada de los defensores permanece anclada en puerto, y su aviación apenas da ya más de si: han perdido decenas de aviones y pilotos, el material está muy deteriorado por las constantes operaciones y los alcances, no quedan Exocets; apenas algún avión de transporte consigue lanzarles uno o dos contenedores protegido por la noche. El bombardeo de sus posiciones desde el mar, el aire y la tierra es continuo. Circulan rumores sobre la eficacia y letalidad de las tropas británicas. Las fuerzas argentinas que aún defienden las Malvinas comienzan a perder la moral.

El mando británico considera que un ataque desde el norte es demasiado peligroso, y deciden proceder a través de los montes que rodean a Puerto Argentino por el oeste. Durante la noche del 11 al 12, los Gurkhas toman el monte William a través de un campo de minas y bajo intenso fuego de artillería pero prácticamente sin lucha: el batallón argentino allí destacado huye en cuanto sabe quién les está atacando. El Monte Longdon y Dos Hermanas caen también a manos del 3º de Paracaidistas y del 45º Comando, pero no sin una fiera resistencia por parte del 4º Regimiento de Infantería. Durante esta noche morirán los tres únicos civiles caidos en el conflicto, tres mujeres de Puerto Argentino cuya casa fue alcanzada por un obús británico. Al amanecer del 12, la capital malvinense está a la vista.

Entonces ocurre lo impensable. A bordo del destructor misilístico HMS Glamorgan, un tripulante grita de pronto "¡¡¡Exocet!!!". Es imposible, a Argentina no le quedan, pero el capitán del Glamorgan no se lo piensa y ordena ponerle la popa y lanzar todo tipo de contramedidas, que no surten ningún efecto. El misil alcanza al buque en el hangar, destruyendo al helicóptero, matando a trece hombres y provocando un fuerte incendio. Renqueante y echando humo, el destructor se aleja. Sobrevivirá, pero la guerra se ha acabado para él.

Un sentimiento muy parecido a la histeria recorre al Almirantazgo. Si la aviación argentina ha conseguido más Exocets, entonces la situación actual de toda la flota es muy peligrosa y lo que ya parece una inminente victoria puede tornarse en un nuevo desastre. Londres mueve todos los hilos posibles para saber de dónde ha salido ese misil, pero nadie parece saber nada.

En realidad, la aviación argentina no ha conseguido ningún nuevo misil. Tampoco es el primer Exocet que se dispara contra un buque británico desde Isla Soledad, pero los dos anteriores fallaron sin ser detectados. Resulta que aunque la flota argentina esté anclada en puerto, sus preciosos lanzamisiles superficie-superficie no tienen por qué quedarse allí. Modificar un Exocet MM.38 superficie-superficie para convertirlo en un AM.39 aire-superficie estaba más allá del alcance de los ingenieros argentinos, pero no desmontar los lanzadores de la fragata Guerrico junto con su sistema de guía y aerotransportarlos sobre remolques a las Malvinas. Se trata de una aplicación primitiva e improvisada de este arma letal; sin embargo, al tercer disparo lograron inutilizar el HMS Glamorgan. Después de la guerra, el Reino Unido retomaría la idea para venderla como sistema de defensa costera Excalibur.

Pero de momento, la acción contra el Glamorgan detiene el ataque terrestre británico durante todo el día 12, pues el apoyo desde el mar ha quedado en entredicho. No será hasta la noche del 13 que el 2º de Paracaidistas y el 2º de la Guardia Escocesa tomen Wireless Ridge y el monte Tumbledown tras intensos combates contra el 5º Batallón de Infantería de Marina y el 7º Regimiento de Infantería. Los Gurkhas se preparan para un mortífero ataque diurno contra el monte William en la mañana del 14, pero entonces se sabe que los argentinos han abandonado la posición.

Hay confusión. Se sabe que el general Mario Benjamín Menéndez, responsable de la defensa de Puerto Argentino, dispone aún de al menos 8.000 hombres bien aprovisionados de los Regimientos de Infantería 3º, 6º y 25º, aunque ya sin material pesado. La noche anterior hubo una gran manifestación en Buenos Aires exigiendo la "no-rendición"; no es posible inflamar a una sociedad como hizo la Junta y luego pretender que no reaccione. Galtieri ha prohibido a Menéndez que se rinda. Desde el continente, la maltrecha Fuerza Aérea Argentina aún intenta asestar sus postreros golpes. Hay un último plan peruano de paz en marcha.

Pero cuando los británicos deciden avanzar ante el extraño comportamiento argentino, no encuentran resistencia. Es el resultado de cuatro días de operaciones psicológicas ejecutadas por el coronel Mike Rose, del SAS, y el capitán Rod Bell, hispanoparlante. Llevan desde el día 10 hablando con Menéndez por radio, ganándose su confianza e instándole a la rendición "con dignidad y honor". El 2º de paracaidistas entra en el extrarradio de Puerto Argentino con sus boinas en vez de los cascos de combate y ondeando banderas británicas. A las 11 de la noche, el comandante de las fuerzas británicas Jeremy Moore llega en helicóptero a Puerto Argentino y se entrevista con Menéndez. Cuando el primero muestra al segundo los documentos de rendición, Menéndez tacha de inmediato la palabra "incondicional". No era eso lo pactado durante las conversaciones radiales secretas de los días anteriores. Tras un breve tira y afloja, el general Mario Benjamín Menéndez rinde las islas Malvinas al general Jeremy J. Moore a las 23:59 del 14 de junio de 1.982, siendo testigo el coronel Pennicott. L