Franco (pueblo)
Keywords: Franco (pueblo), 166, 250, 406, 419, 427, 431, 447, 451
Los francos fueron una tribu originaria de Frisia, que, al igual que muchas otras tribus germánicas occidentales, entró a formar parte del Imperio Romano en su última etapa en calidad de foederati. Establecieron un duradero reino en una zona que abarca la mayor parte de la actual Francia, así como la región de Franconia en Alemania, estableciendo así la semilla de lo que más tarde serían estos dos países actuales.
El reino franco vivió varias segregaciones y distribuciones, dado que los francos dividían la propiedad entre los hijos supervivientes, y a falta de un amplio sentido de la res pública, concebían el reino como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esta práctica explica en parte la dificultad de describir con precisión tanto las fechas como las fronteras geográficas de cualquiera de los reinos francos, así como de determinar quién gobernaba en cada una de las regiones. El bajo nivel de alfabetización durante la hegemonía de los francos agrava el problema, ya que se conservan muy pocos documentos escritos. De todas formas, podemos decir que básicamente se distinguían dos dinastías de líderes que se sucedieron respectivamente: en primer lugar los merovingios y después los carolingios.
La palabra franco significa «libre» en el lenguaje franco. Esta libertad no se extendía a las mujeres, ni tampoco a la población de esclavos que se trasladaron con los francos libres. En un principio, los francos se dividían en dos grupos, cuyos nombres derivan de ríos: los salios, del Yssel, en Holanda, y los ripuarios, o habitantes de la orilla (del río Rin), en latín. En el siglo IX, si no antes, la división entre ambos era prácticamente inexistente, pero durante algún tiempo continuó siendo aplicada en el sistema legal por el que una persona podía ser juzgada.
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Los primeros francos
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Los estudiosos modernos dedicados al período de las migraciones han sugerido que el pueblo franco podría haber surgido de la unificación de grupos germánicos anteriores más pequeños (Usipeti, Tencter, Sugambri y Bructeri), que habitaban el valle del Rin y los territorios situados inmediatamente al este. Esta unión podría estar relacionada con el aumento del caos y las insurrecciones acontecidas en la zona como resultado de la guerra entre Roma y los marcomanni, que había comenzado en el año 166; así como los conflictos derivados de ésta durante la segunda mitad del siglo II y el siglo III. Por su parte, Gregorio afirma que los francos vivieron originalmente en Panonia, pero que más tarde se asentaron a las orillas del Rin. Existe una región al noreste de la actual Holanda (al norte de lo que una vez fue la frontera romana) que lleva el nombre de Salland, y podría haber recibido ese nombre de los salios.
Hacia el año 250, un grupo de francos, aprovechándose de la debilidad del Imperio Romano, llegó hasta Tarragona (en la actual España), ocupando esta región durante una década antes de que las fuerzas romanas los doblegaran y expulsaran de territorio romano. Unos cuarenta años después, los francos tomaron el control de la región de Scheldt, interfiriendo en las rutas marítimas de Bretaña. Los romanos pacificaron la región, pero no expulsaron a los francos.
Fundación del Reino Franco
Entre los años 355 y 358, el emperador Juliano volvió a encontrarse con las vías fluviales del Rin bajo el control de los francos, y una vez más volvió a pacificarlos. Roma les concedió una parte considerable de la Galia Bélgica, momento a partir del cual pasaron a ser foederati del Imperio Romano. Todavía hoy se siguen hablando en Flandes (Bélgica) y Holanda el holandés, una lengua de origen germánico. De este modo, los francos se convirtieron en el primer pueblo germánico que se asentó de manera permanente dentro de territorio romano.
Éste es un mapa externo.
Desde su región, los francos conquistaron gradualmente la mayor parte de la Galia romana al norte del Loira y al este de la Aquitania visigoda. En un principio, ayudaron a defender las fronteras en calidad de aliados. Por ejemplo, cuando una invasión llevada a cabo en su mayor parte por tribus germánicas orientales cruzó el Rin en el año 406, los francos lucharon contra estos invasores. Esta invasión avanzó principalmente hacia los territorios al sur del río Loira (en la región de Paris, el control romano perduró hasta el año 486, una década después de la caída de los emperadores de Rávena, en parte gracias a las alianzas con los francos.)
Los merovingios
Artículo principal: Merovingios
Lo que nos ha llegado sobre los reinos de los primeros jefes francos, Faramond (aproximadamente entre 419 y 427) y Clodio (aproximadamente entre [[427] y 447, parece tener más de mito que de realidad, y su relación con la dinastía de los Merovingios permanece poco clara.
Gregorio menciona a Clodión (Chlodio) como el primer rey que inició la conquista de la Galia al tomar Camaracum (actual Cambrai) y expandir la frontera hasta el río Somme. Esto probablemente llevó su tiempo; Sidonio relata como Aecio tomó a los francos por sorpresa, haciéndoles retroceder (probablemente alrededor de 431). Este período marca el inicio de una situación que se prolongaría durante siglos: los francos germánicos se convirtieron en soberanos de un número cada vez mayor de súbditos galo-romanos.
En 451, Aecio pidió ayuda a sus aliados germánicos en suelo romano para repeler una invasión de los hunos. Mientras que los francos salios le apoyaron, los renanos lucharon en ambos bandos, dado que muchos de ellos vivían fuera del Imperio. Las fuentes de Gregorio identifican sin demasiada seguridad a Meroveo (Merovech) como el rey de los francos y posible hijo de Clodión. Meroveo fue sucedido en el trono por Childerico I, en cuya tumba, descubierta en 1653, se econtró un anillo que lo identificaba como rey de los francos.
Clodoveo
Artículo principal: Clodoveo I
Clodoveo I, hijo de Childerico I comenzó una campaña militar con la intención de consolidar los varios reinos francos en la Galia y Renania, dentro de la cual se enmarca la derrota de Siagrio en 486. Esta victoria supuso el fin del control romano en la región de París.
En la Batalla de Vouillé (507), Clodoveo, con la ayuda de los burgundios, derrotó a los visigodos, expandiendo su reino al este, hasta los Pirineos.
La conversión de Clodoveo al cristianismo, tras su matrimonio con la princesa católica burgundia Clotilde en 493, pudo haber ayudado a acercarle al Papa y a otros soberanos cristianos ortodoxos. La conversión de Clodoveo supuso la conversión del resto de francos. Al profesar la misma fe que sus vecinos católicos, los recientemente cristianizados francos encontraron mucho más fácilmente la aceptación por parte de la población local galo-romana que los arios, los visigodos, los vándalos o los burgundios. De esta forma, los merovingios dieron lugar a la que con el tiempo sería la dinastía de reyes más estable de Occidente.
Esta estabilidad, sin embargo, no se extendía a la vida cotidiana durante la era merovingia. Aunque en tiempos de los romanos existía un cierto grado de violencia (sobre todo en la etapa final), la introducción de la práctica germánica de recurrir a la violencia para solventar disputas y conflictos legales llevó a un cierto grado de anarquía. Esto afectó al comercio, que se llegó a verse interrumpido ocasionalmente, dificultando de manera creciente la vida cotidiana, lo que desembocó en una progresiva fragmentación y localización de la sociedad en villas. La alfabetización, aparte de las iglesias y monasterios, era prácticamente nula.
Los soberanos merovingios, siguiendo la tradición germánica, tenían la costumbre de dividir sus tierras entre sus hijos. Esto resultaba en una constante división, reunificación y nueva división de los territorios, lo cual a su vez desembocaba en el asesinato y la guerra entre las principales familias. Así que, aunque Clodoveo expulsó a los visigodos de la Galia, al morir en [511]], sus cuatro hijos se repartieron su reino, y durante los siguientes dos siglos sus descendientes compartieron la corona.
El área franca se expandió aún más bajo el reinado de los hijos de Clodoveo, llegando a cubrir la mayor parte de la actual Francia, pero incluyendo también zonas al este del río Rin, tales como Alamannia (el actual sudoeste de Alemania) y Turingia (desde 531). Sajonia, en cambio, permaneció fuera de las fronteras francas hasta ser conquistada por Carlomagno siglos más tarde.
Tras una reunificación temporal de los reinos separados bajo el reinado de Clotario I, los territorios francos volvieron a dividirse en 561 en Neustria, Austrasia y Borgoña, que habían sido anexionadas por los francos por medio de matrimonios e invasiones.
En cada reino franco, el mayor de palacio ejercía las funciones de jefe de estado. Una serie de muertes prematuras que comenzaron con la de Dagoberto I en 639 desembocaron en una sucesión de reyes menores de edad. A comienzos del siglo VIII, esto había permitido a los mayores austrasios consolidar el poder de su propio linaje, lo cual llevó a la fundación de una nueva dinastía: sus descendientes los carolingios.
Los Carolingios
- Artículos principales: Carolingios, Imperio Carolingio
Tradicionalmente se considera que el reinado carolingio comienza con la deposición del último rey merovingio, con el consentimiento del Papa, y la ascensión al poder en 751 de Pipino el Breve, padre de Carlomagno. Pipino había sucedido a su padre, Carlos Martel, como mayor de palacio de un reino franco reunido y reconstruido a partir de las partes anteriormente independientes.
Pipino reinó como rey electo. Aunque este tipo de elecciones eran poco frecuentes, había una regla general en la ley germánica que establecía que el rey se apoyaba en sus hombres principales. Estos hombres se reservaban el derecho de elegir a un nuevo líder digno de reinar de entre los miembros del clan dominante, en caso de que considerasen que el viejo rey no pudiera conducirlos a batalla victoriosa. Mientras que en lo que más tarde sería Francia el reinado pasó a ser hereditario, los reyes del tardío Sacro Imperio Romano no fueron capaces de abolir la tradición de la elección, y continuaron siendo regidores electos hasta la desaparición del Imperio en 1806.
Pipino consolidó su posición en 754 al fraguar una alianza con el papa Esteban III, quien obsequió al rey de los francos una copia de la “Donación de Constantino” en París, y le ungió a él y a su familia en una majestuosa ceremonia en Saint-Denis, declarándole patricius Romanorum (protector de los romanos). El año siguiente, Pipino cumplió la promesa hecha al Papa y recuperó el exarcado de Rávena, recientemente perdido ante los lombardos, entregándoselo al Papa en lugar de devolvérselo al emperador bizantino. Pipino entregó también los territorios reconquistados en los alrededores de Roma, dando pie a la creación de los Estados Pontificios en la “Donación de Pipino”, que dejó en la tumba de San Pedro. El pontífice tenía buenas razones para esperar de la reconstruida monarquía franca que proporcionara una base de poder leal (potestas) en la creación de un nuevo orden mundial, centrado en la figura del Papa.
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