Francisco de Quevedo
Keywords: Francisco de Quevedo, 1580, 1605, 1645, 17 de septiembre, 8 de septiembre, Barroco, Composición
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Biografía
Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (Madrid, 17 de septiembre de 1580 -Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), 8 de septiembre de 1645) fue un escritor del Siglo de Oro español. De familia hidalga y oriunda de la Montaña, la infancia de Quevedo transcurrió en la Corte rodeado de potentados y nobles, ya que sus padres desempeñaban altos cargos en Palacio. El padre, Francisco Gómez de Quevedo, era secretario de la princesa María, esposa de Maximiliano de Alemania, y su madre, María de Santibáñez, era camarera de la reina. El muchacho, superdotado, de pies deformes, cojo de uno, gordo y muy corto de vista quedó, sin embargo, huérfano a los seis años y se refugió en los libros dentro del Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid. En 1596 marchó a la Universidad de Alcalá de Henares, donde se dio un atracón de estudios en la Universidad hasta 1600. Por su cuenta profundizó además en filosofía, lenguas clásicas, árabe, hebreo, francés e italiano. En Valladolid, hasta donde fue siguiendo la Corte allí trasladada por el Duque de Lerma, estudió también teología, para la que hará posteriormente algunas aportaciones, como el tratado contra el ateísmo Providencia de Dios. Ya por entonces destacó como poeta y figuró en la antología generacional de Pedro Espinosa Flores de poetas ilustres (1605), pero el conjunto de su obra poética fue editado póstumamente y puede clasificarse dentro del Conceptismo Barroco. También había cultivado la prosa escribiendo como juego cortesano en el que lo más importante era la presunción de ingenio, la primera versión manuscrita de una novela picaresca, la Vida del Buscón, que le ganó cierta celebridad entre los estudiantes; igualmente por esas fechas sostiene un muy erudito intercambio epistolar con el humanista Justo Lipsio, deplorando las guerras que estremecen Europa, según puede verse en el Epistolario reunido por Luis Astrana Marín.
Vuelta la Corte a Madrid, arriba a ella Quevedo en 1606 y reside allí hasta 1611 entregado a las letras, ganándose la amistad de Félix Lope de Vega (hay numerosos elogios a Quevedo en los libros de Rimas del Fénix y Quevedo aprobó las Rimas humanas y divinas de Tomé Burguillos, su heterónimo) y de Miguel de Cervantes (se le alaba en el Viaje del Parnaso del alcalaíno y Quevedo corresponde en la Perinola), con quienes estaba en la Cofradía de esclavos del Santísimo Sacramento; por el contrario, atacó sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón, cuyo defectos físicos le hacían gracia (era pelirrojo y jorobado), siendo el mismo deforme, y Juan Pérez de Montalbán, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas, y contra él escribió La Perinola, cruel sátira de su libro misceláneo Para todos. Pero el más atacado fue, sin duda, Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras acusándole de ser un sacerdote indigno, de homosexual, de escritor sucio y obscuro, entregado a la baraja, indecente y sombrío. En su descargo hay que decir que Góngora le correspondió casi con la misma violencia. Por entonces estrecha una gran amistad con el grande Pedro Téllez Girón, Duque de Osuna, al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente a Madrid, donde sobornará, "untará la mano", escribe él, las voluntades necesarias en el corrupto entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de conseguir a su amigo el de Osuna el nombramiento de virrey de Nápoles, lo que al fin logrará en 1616. Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, éste le encargó dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato y desempeña otras misiones, algunas relacionadas con el espionaje a la república de Venecia, y obtiene en recompensa el hábito de Santiago en 1618.
Caído el Duque de Osuna, Quevedo es arrastrado también como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), cuyo señorío había comprado su madre con todos sus ahorros antes de fallecer para él. Los vecinos del lugar, sin embargo, no reconocieron esa compra y Quevedo pleiteará interminablemente con el concejo, si bien el pleito sólo se resolverá a su favor tras su muerte, en la persona de su heredero y sobrino. Llegado allí a lomos de su jaca "Scoto", llamada así por lo sutil que era, como cuenta en un romance, y aislado ya de las tormentosas intrigas cortesanas, a solas con su conciencia, escribirá Quevedo algunas de sus mejores poesías, como el soneto "Retirado a la paz de estos desiertos..." o "Son las torres de Joray..." y hallará consuelo a sus ambiciones cortesanas y su desgarrón afectivo en la doctrina estoica de Séneca, cuyas obras estudia y comenta convirtiéndose en uno de los principales exponentes del Neoestoicismo español.
La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompaña al joven rey en viajes a Andalucía y Aragón, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Por entonces denuncia sus obras a la Inquisición, ya que los libreros habían impreso sin su permiso muchas de sus piezas satíricas que corrían manuscritas haciéndose ricos a su costa. Quevedo quiso asustarlos y espantarlos de esa manera y preparar el camino a una edición de sus obras que no llegó a aparecer. Por otro lado, lleva una vida privada algo desordenada de solterón: fuma mucho, bebe (Góngora le achaca ser un borrachín consumado) y frecuenta los lupanares, pese a que vive amancebado con una tal Ledesma. Sin embargo, es nombrado incluso secretario del monarca, que no es menos calavera, en 1632. Las presiones cortesanas sobre su amigo, el Duque de Medinaceli, le obligan sin embargo a casarse contra su voluntad con doña Esperanza de Aragón, señora de Cetina, viuda y con hijos, y el matrimonio, realizado en 1634, apenas dura tres meses y se resuelve al fin en un sonado divorcio en 1636. Son años de febril actividad creativa. En 1634 publica La cuna y la sepultura y la traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de Sales; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII. En 1635 aparece en Valencia el más importante de uno de los numerosos libelos destinados a difamarle, El tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo entre los hombres.
En 1639, con motivo del memorial aparecido bajo la servilleta del Rey Sacra, católica, cesárea, real Majestad..., donde se denuncia la política del Conde Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío convento de San Marcos de León hasta la caída del valido y su retirada a Loeches en 1643. Pero Quevedo había salido ya del encierro achacoso y muy enfermo y se retira definitivamente a la Torre de Juan Abad. Es en sus cercanías, en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes, donde muere el 8 de septiembre de 1645.
Sus obras fueron muy mal recogidas y editadas por José González de Salas, quien no tiene empacho en retocar los textos, en 1648: El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas; también muy mal hecha es la edición del sobrino de Quevedo y destinatario de su herencia, Pedro Alderete, en 1670: Las tres Musas últimas castellanas.
Análisis de su obra
Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo. De léxico muy abundante, creó además muchos neologismos por derivación, composición y estereotipia y flexibilizó notablemente el mecanismo de la aposición especificativa en castellano ("clérigo cerbatana, zapatos galeones..."), mecanismo que los escritores barrocos posteriores imitaron de él. En su sátira se acerca a veces a la estética del expresionismo al degradar a las personas mediante la reificación o cosificación, y la animalización. Se ha señalado, además, como un rasgo característico de su verso, la esticomitia, esto es, la tendencia a transformar cada verso en una sentencia de sentido completo, lo cual hace a sus poemas muy densos de significado, como era prioritario en su poética, radicada en los principios del conceptismo barroco.
La mayor parte de la producción poética de Quevedo es satírica, pero también cultivó una fina lírica cortesana realizando un cancionero petrarquista en temas, estilo y tópicos, prácticamente perfecto en técnica y fondo, en torno a la figura de Lisi, que no hay que identificar como se ha querido con ninguna dama concreta, sino con un arquetipo quintaesenciado de mujer. Destacan, sin embargo, sobre todo, sus sonetos metafísicos, donde se expone su más íntimo desconsuelo existencial, y sus salmos, donde revela unas dudas religiosas extremas, cercanas a veces al descreimiento absoluto del nihilismo. La visión que da su filosofía es profundamente pesimista y de rasgos preexistencialistas. El cauce preferido para la abundante vena satírica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero también la letrilla ("Poderoso Caballero es don dinero"), vehículo de una crítica social a la que no se le esconden los motivos más profundos de la decadencia de España, y el soneto. Abominó de la estética del Culteranismo cuyo líder, Luis de Góngora, fue violentamente atacado por Quevedo en sátiras personales. Contra la pedantería y obscuridad que le imputaba se propuso también editar las obras de los poetas renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de León, de lo cual sólo salió con lo último.
Obras políticas
Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás, escrita en 1617 e impresa en 1635, que intenta extraer una doctrina política de los Evangelios.
Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de César escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevación de estilo conceptista poco menos que inimitable.
Mundo caduco y desvaríos de la edad (escrita en 1621, editada en 1852)
Grandes anales de quince días (1621, ed. en 1788), análisis de la transición entre los reinados de Felipe III y Felipe IV.
Lince de Italia y zahorí español (1628, ed. en 1852).
El chitón de Tarabillas (1630), que critica las disposiciones económicas del Conde-Duque de Olivares e insinúa su ascendencia judía.
Execración contra los judíos (1633), alegato antisemita que contiene una velada acusación contra don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV.
Obras ascéticas
Providencia de Dios, 1641, tratado contra los ateos que intenta unificar estoicismo y cristianismo.
Vida de san Pablo, 1644.
Vida de Santo Tomás de Villanueva, 1620.
Obras filosóficas
La cuna y la sepultura (1635).
Las cuatro pestes del mundo y las cuatro fantasmas de la vida (1651).
Crítica literaria
La aguja de navegar cultos con con la receta para hacer Soledades en un día (1631), satírica embestida contra los poetas que usan el lenguaje gongorino o culterano.
La culta latiniparla (1624), burlesco manual para hablar en lenguaje gongorino.
La Perinola (1633, ed. en 1788), ataque contra el Para todos de Juan Pérez de Montalbán.
Cuento de cuentos (1626), reducción al absurdo de los coloquialismos más vacíos de significado.
Obras festivas
Premática y aranceles generales que ha de guardar las hermanitas del pecar, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras de los géneros burocráticos habituales en las cancillerías y que se aplican a temas grotescos.
Cartas del caballero de la Tenaza (1625), humorística descripción de las epístolas intercambiadas entre un caballero sumamente tacaño y su amante, que quiere sacarle dinero por cualquier medio.
Obras satíricomorales
Los Sueños, compuestos entre 1606 y 1623, circularon abundantemente manuiscritos pero no se imprimieron hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiración Lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su época. Son, por este orden, El Sueño del Juicio Final (llamado a partir de la publicación de Juguetes de la niñez, la versión expurgada de 1631 El sueño de las calaveras), El alguacil endemoniado (redenominado El alguacil alguacilado), El Sueño del Infierno (esto es, Las zahúrdas de Plutón en su versión expurgada), El mundo por dentro (que mantuvo su nombre siempre) y El Sueño de la Muerte (conocido como La visita de los chistes).
De la estirpe de los Sueños son dos llamadas "fantasías morales". Se trata del Discurso de todos los diablos y de La Hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico stono jocoserio, aunque en su factura y creatividad superan a los Sueños:
Discurso de todos los diablos o infierno emendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte y, a partir de 1631, en la versión expurgada en la que aparecen también los cinco Sueños con los títulos cambiados que se enumeran más arriba, con el título de El entremetido y la dueña y el soplón.
La hora de todos y la Fortuna con seso, variación sobre el tema del mundo al revés en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusión que el padre de los dioses debe volverlo todo a su primitivo desorden.
La novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626, pero existe una primera versión manuscrita de hacia 1603 que se conserva en la Biblioteca Lázaro Galdiano (Madrid) con grandes divergencias textuales. Se trata de un divertimento en que el autor se complace en ridiculizar los vanos esfuerzos de ascensión social de un pobre diablo perteneciente al bajo pueblo; para ello exhibe cortesanamente su ingenio por medio de un brillante estilo conceptista que degrada todo lo que toca cosificándolo o animalizándolo, utilizando una estética preexpresionista que se aproxima a Goya, Solana y Valle-Inclan y no retrocediendo ante las gracias más repugnantes. La caracterización apenas existe: se trata sólo de un vehículo para el lucimiento aristocrático del autor.
Traducciones
Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales
De los remedios de cualquier fortuna (1638), versión libre de Séneca.
El Rómulo, 1632, del marqués Virgilio Malvezzi
Enlaces
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