Cristo crucificado (pintura)

Keywords: Cristo crucificado (pintura), 1631, 1632, 1808, Cristo, España, Felipe IV de España, Fernando VII de España

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Titulo: Cristo crucificado (1632)
Autor: Velázquez
Museo del Prado
Óleo sobre lienzo 248 x 169 cm.

Durante su estancia en Roma, Velázquez hizo varios estudios del desnudo en los cuadros que pintó, como en La fragua de Vulcano (1630), y La túnica de José. Los críticos de arte aseguran que el estudio de desnudo de este cuadro es algo excepcional y magistral por la fusión que demuestra de serenidad, dignidad y nobleza. Es un desnudo frontal, sin el apoyo de escena narrativa ni posibilidad de variantes en la actitud del Cristo. En esta obra Velázquez hace un alarde de maestría y consigue que el espectador pueda captar la belleza corporal y la serena expresión de la figura.

Descripción del cuadro

Velázquez pinta el Cristo siguiendo la iconografía aceptada en el siglo XVII, es decir, con 4 clavos y los pies juntos apoyados en una pequeña ménsula de madera, y con los brazos dibujando una suave curva en lugar de un triángulo. Pinta el paño de pureza (también llamado perizoma), bastante pequeño, lo suficiente, sin derroches de vuelos como era costumbre en el barroco. La cabeza tiene un estrecho halo luminoso que da la sensación de que emana de la propia figura; el semblante está caído sobre el pecho dejando ver lo suficiente de sus rasgos y facciones nobles; la nariz es recta. Más de la mitad de la cara está cubierta por el cabello largo que cae lacio y en vertical como anunciando la muerte. Carece totalmente del dramatismo propio del estilo barroco.

Historia del cuadro

No se sabe con exactitud la fecha en que Velázquez pintó esta obra pues no hay un apoyo documental. Sin embargo los historiadores creen que la obra se realizó después de su regreso de Italia, probablemente entre los años 1631 y 1632. Seguramente fue un encargo hecho para la sacristía del convento de monjas benedictinas de San Plácido en Madrid. Se sabe que en el año 1808 el cuadro se encontraba entre los bienes embargados de Godoy, pero le fue devuelto a la viuda, la condesa de Chinchón. Cuando esta señora lo tuvo en su poder hizo negociaciones en España para su venta, pero al no llegar a un acuerdo anunció poco después su venta en París, en 1826. Pero el trato tampoco se llevó a cabo en esta ciudad y cuando murió la condesa, su cuñado el duque de San Fernando de Quiroga, eligió para sí dicho cuadro y acto seguido se lo regaló al rey Fernando VII quien lo hizo pasar al museo del Prado que ya funcionaba como pinacoteca.

Las leyendas

Una de las habladurías que se difundió por el Madrid de entonces fue que el cuadro llegó al convento de las monjas de San Plácido por una donación hecha por el rey Felipe IV, como arrepentimiento por haberse enamorado de una monja de dicho convento.

Otra leyenda asegura que fue el Protonotario Mayor de Aragón, don Jerónimo de Villanueva quien hizo la donación, a raíz de un asunto turbio relacionado con el tema del diablo que había tenido lugar en el convento; en este asunto tuvo que tomar decisiones la Inquisición.

Existe otra leyenda relacionada con el rostro de la figura de Cristo: aseguran que Velázquez se impacientó de tal manera al ver que la cara no iba quedando a su gusto que en un arranque de ira arrojó en ella sus pinceles produciendo una gran mancha y que esta mancha la aprovechó el artista para pintar la abundante melena que cubre casi la mitad del rostro.

Esta obra de Velázquez inspiró al escritor y filósofo español, Miguel de Unamuno un poema titulado El Cristo de Velázquez.

Bibliografía

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