Cartago

Keywords: Cartago, 146 adC, 149 adC, 200 adC, 202 adC, 218 adC, 241 adC, 264 adC


Imagen no existente
Icon-gears.png


Uno o más wikipedistas están actualmente trabajando en este artículo; los defectos en formato o contenido pueden deberse a ello. Por favor, antes de realizar correcciones mayores o reescrituras, contacta con ellos en su página de usuario o la página de discusión del artículo para poder coordinar la redacción.


Este es un artículo sobre la ciudad antigua de Cartago en Túnez, para otros significados ver Cartago (desambiguación)


Imagen no existente
Carthage_location.png
Localización de Cartago

Cartago (del fenicio Kart-Hadasht, la "Ciudad Nueva", escrito sin vocales en el púnico como Qrthdst) es una ciudad de la Antigüedad, situada al norte de África, en el territorio ocupado en la actualidad por Túnez. Fue fundada por los comerciantes fenicios de Tiro y, según la leyenda, por la princesa Dido (o Elisa), hermana de Pigmalión. La colonia llegó a alcanzar tal importancia comercial que rivalizó con las propias metrópolis fenicias. A su alrededor se erigió el Imperio Cartaginés, la más importante potencia marítima del Mediterráneo Occidental hasta las Guerras Púnicas.

Tabla de contenidos

La leyenda

Imagen no existente
Cartago.jpg
Ruinas de Cartago

Cuenta la leyenda que Cartago fue fundada en el 814 adC por Elisa, hermana de Pigmalión, rey de Tiro. Este tenía una serie de "pequeñas" desavenencias con su hermana, que se había casado con el sumo sacerdote de la ciudad, a cuyo cargo añadía la condición de ser uno de los hombres mas ricos y el elemento consanguíneo, pues era su tío. Nuestro personaje se llamaba Acerbas.

Pigmalión y Acerbas representan la puntas de un entramado civil y sacerdotal, cabezas del poder fenicio, sustentado por el poder del dinero. Desconocemos, porque no lo dice claramente el mito, si nuestro sacerdote era ambicioso, si estaba hostigado por una camarilla de aristócratas o si la ambiciosa era su esposa.

El desenlace de este pulso termina con el asesinato de Acerbas, con su fortuna embargada, y una esposa desdichada, que pone a salvo lo que puede de sus riquezas y temiendo por su vida, urde la excusa de ir a por sus bienes para dárselos a su hermano, pero dispone del tiempo necesario para reunir a un equipo de medrosos nobles que la apoyaban y huir hacia Chipre.

En Chipre eligió un nuevo sumo sacerdote, pero consagrado a Astarté y ochenta doncellas, que convencidas o no, servirían como prostitutas sagradas a la diosa en un futuro templo que construiría para la diosa. Desplegó velas, siguió la costa del Norte de África y encontró un promontorio protegido donde decidió fundar una ciudad. Su nombre, Cartago.

Elisa, como buena fenicia, entró en conversaciones con la tribu libia dueña de los terrenos, para proceder a su compra. Los indígenas, mas listos que el hambre, encontraron una solución para quitarse a tan molesta vecina. Decidieron concederla el terreno que ocupara una piel de buey. Pero Elisa, descendiente de una generación de comerciantes, antes que príncipes, dividió la piel del animal en finísimas tiras y rodeó una porción considerable de terreno del promontorio, y allí fundó el núcleo de Cartago, llamado Byrsa.

Un gobernante vecino, que según las fuentes no era un racimo de virtudes, exige, no pide, ni solicita, ni corteja, a Elisa como esposa. El consejo de ancianos, que tiene mas miedo a la joven reina, la cual no debía tener sentido del humor, no se atreve a comunicar la petición a la reina. Volvemos a la argucia fenicia, maquinan una artimaña.

Se entrevistan con Elisa y la comunican que les habían pedido que fueran a vivir con los indígenas para poder civilizarlos, pero claro, ellos tenían miedo y no querían ir. La reina les reprocha su cobardía, y que debían realizar ese sacrificio por el bien de la ciudad. No sabía Elisa que se estaba enredando en una trampa. Dicho y hecho, entonces los ancianos la dicen la verdadera petición. Elisa no se puede negar. Sus argumentos se vuelven contra ella. Durante tres meses preparó una pira funeraria, sacrificó a varias personas y se apuñalo en la cima de la pira. Así murió esta reina.

Emplazamiento

La ciudad de Cartago se encontraba en el noreste del Magreb, en la actual Tunicia, cerca de la capital Túnez. Se ubicaba en un istmo, una franja de tierra que unida al continente africano y protegida por una triple muralla. Dentro de la ciudad, próximos a la línea de costa, se encontraban los dos puertos de la ciudad, muy famosos en la Antigüedad. Uno de los puertos estaba destinado a un uso civil, con forma rectangular, mientras que el otro era el puerto militar, de forma circular y con una pequeña isla en su centro, donde se ubicaba el puesto de control del almirante. Ambos puertos se hallaban comunicados por un estrecho canal, de forma que los barcos de guerra debían salir a alta mar atravesando el puerto civil.

Las descripciones de los puertos nos han llegado gracias al historiador griego Apiano, testigo de los últimos días de la ciudad. Aunque en un principio se creía que exageraba al hablar del número de barcos capaces de atracar en el puerto, las excavaciones arqueológicas han demostrado la veracidad de sus palabras.

Gobierno cartaginés

El gobierno de Cartago era la oligarquía, no muy diferente de la República Romana, pero no se conocen muchos detalles. Las cabezas del estado eran los sufetes (literalmente, "jueces"; los escritores romanos se refirieron a ellos como "reges", reyes), que podría haber sido originariamente el título de los gobernadores de la ciudad asignados por la ciudad madre de Tiro. Más adelante, 1 o 2 sufetes, que se cree que realizaban funciones judiciales y administrativas, pero no militares, eran elegidos anualmente entre las más acaudaladas e influyentes familias. Estas familias aristocráticas estaban representadas en el Gran Consejo, comparable al senado romano, que tenía un amplio espectro de poderes, pero no se sabe si los sufetes eran elegidos por este consejo o por una asamblea del pueblo. Aunque el pueblo podría haber tenido influencia en la legislación, la democracia era bastante débil en Cartago, y los oligarcas controlaban firmemente la administración de la ciudad.

Eratóstenes, director de la Biblioteca de Alejandría, advirtió que los griegos habían estado equivocados al considerar a los demás pueblos (bárbaros) como no civilizados, viendo que tanto los cartagineses como los romanos poseían una constitución. Aristóteles también supo de la Constitución Cartaginesa y escribió sobre ella en uno de sus libros. El libro se perdió, pero algunas descripciones de su contenido han sobrevivido.

Comercio cartaginés

El imperio comercial cartaginés tuvo, en sus inicios, una fuerte dependencia de sus relaciones con Tartessos, así como de otras ciudades de la Península Ibérica. De allí se obtenían grandes cantidades de plata y, lo que era más importante, estaño, necesario para la fabricación del bronce tan usado en aquella época. Cartago utilizó las mismas rutas comerciales ya establecidas por su ciudad madre (Tiro). Cuando Tartessos cayó, los barcos cartagineses fueron directamente hacia las fuentes de estaño del Noroeste de la Península Ibérica, incluso más al Norte, hasta las islas británicas. Otras expediciones llegaron a traer oro de lugares tan lejanos como Senegal, en la costa atlántica africana.

Si la poesía épica griega y los historiadores contemporáneos del Imperio Romano dejaron constancia de la oposición militar de Cartago a las ciudades-estado griegas y después a Roma, fue gracias al teatro griego y a sus comedias que han llegado hasta nosotros descripciones de los mercaderes cartagineses, vendedores de tela, vasijas y joyería.

Religión

Cartago fue famosa entre sus vecinos por el sacrificio de niños. Plutarco menciona su práctica, así como Tertuliano y Diodoro de Sicilia. Sin embargo, otros historiadores como Tito Livio o Polivio no lo hicieron. Las excavaciones arqueológicas modernas parecen haber confirmado la versión de Plutarco. Se estiman en unas 20.000 las urnas depositadas entre el 400 adC y el 200 adC en el cementerio de niños denominado Tofet. Las urnas contenían los huesos de recién nacidos y, en algunos casos, los de fetos y niños de 2 años, indicando que si el niño nacía ya muerto, el hijo más joven debía ser sacrificado por los padres. Sin embargo, a veces se argumenta a favor de que, simplemente, se trata de los restos calcinados de hijos que fallecieron de muerte natural, aunque, a la vista de otras evidencias halladas en Canaán, esto parece menos probable.

Parece ser que el lugar elegido para el Tofet fue el mismo donde la reina fundadora de la ciudad, Elisa, se inmoló (ver Fundación de Cartago). Es, quizá, por esa autoinmolación que apareció la tradición del Tofet. Otro caso parecido fue el de la mujer de Asdrúbal, el general derrotado en la última Guerra Púnica, que se lanzó a las llamas con sus hijos desde lo alto del templo de Eshmún (en la colina de Byrsa), el último bastión de la resistencia cartaginesa, cuando los soldados romanos ya habían entrado en la ciudad.

Por otra parte, los dioses principales de la ciudad fueron: Melqart (patrón de Tiro), Ashtart (Astarté), pero sobre todos los demás se encontraba Tanit ("La Señora"), asociada al Señor Baal Hammón. A este último se ofrecían los sacrificios humanos rituales denominados molk (o molek).

Historia

A lo largo de su historia, el ejército cartaginés estuvo formado principalmente por contigentes de mercenarios y de tribus norteafricanas, a los que fue incorporando otros contigentes reclutados de diferentes lugares de todo el ámbito Mediterráneo: númidas, íberos, libios e incluso sículos, el pueblo indígena de Sicilia. Los propios púnicos siempre fueron una minoría en su propio ejército, proporcionando contingentes escogidos y la mayoria de los mandos, un gran inconveniente como se demostró en la rebelión de los mercenarios según finalizaba la Primera Guerra Púnica contra los romanos.

Primera Guerra Siciliana

El éxito cartaginés llevó a la creación de una armada poderosa para desarmar tanto a los piratas como a las naciones rivales.Esto, sumado a su éxito y creciente hegemonía, llevó a Cartago a entrar en conflicto con Grecia, la otra mayor potencia en la contienda por el control del Mediterráneo central.

La isla de Sicilia, cercana a Cartago, se convirtió en el campo de batalla entre Cartago y Grecia. Desde los primeros tiempos, tanto los griegos como los fenicios se sintieron atraídos por esta isla grande, estableciendo un importante número de colonias y puestos comerciales a lo largo de sus costas. Se dieron pequeñas escaramuzas estre estos asentamientos durante siglos.

En 480 adC, Gelón, el tirano de la colonia griega de Siracusa, con apoyo griego, intentó unificar toda la isla bajo su mandato. Esta amenaza inminente no podía ser ignorada, y Cartago—posiblemente como parte de una alianza con Persia, en ese momento envuelta en una guerra contra Grecia—armó su mayor fuerza militar hasta la fecha, bajo el mando del general Hamilcar. Antiguos relatos cuentan que las fuerzas de Hamilcar eran de unos trescientos mil hombres; aunque posiblemente se exageró, debía ser en cualquier caso una fuerza formidable. De camino a Sicilia, sin embargo, Hamilcar sufrió bajas (posiblemente numerosas) debido al mal tiempo. Atracó en Penormus (hoy en día Palermo) donde fue derrotado por Gelón en la Batalla de Himera. Él murió en el combate o se suicidó por vergüenza. La derrota debilitó considerablemente a Cartago, y el viejo gobierno de la nobleza tradicional fue derrocado, reemplazado por la República Cartaginesa.

Segunda Guerra Siciliana

Hacia 410 adC Cartago se había recuperado gracias a una serie de buenos gobernantes. Había conquistado gran parte del actual Túnez, fortalecido y fundado nuevas colonias en el Norte de África, y promocionó el viaje de Mago Barca a través del Desierto del Sáhara y el de Hanno el Navegante por la costa africana. Aunque, en ese año, las colonias ibéricas se independizaron—cortando el principal suministro de plata y cobre —Haníbal Mago, el nieto de Hamilcar, comenzó los preparativos para reclamar Sicilia, mientras otras expediciones se mandaron a Marruecos, Senegal e incluso al Océano Atlántico.

En 409 adC, Haníbal Mago salió hacia Sicilia con su ejército. Consiguió capturar la pequeña ciudad de Selinus (actual Selinunte) e Hilmera, tras lo cual volvió triunfante a Cartago con el botín de guerra. Pero el principal enemigo, Siracusa, permaneció igual, y en 405 adC Haníbal Mago lideró una segunda expedición, esta vez para conquistar por completo la isla. Sin embargo, encontró mucha resistencia e infortunios. Durante el sitio de Agrigentum, las fuerzas cartaginesas fueron diezmadas por una plaga, a la que sucumbió el mismo Haníbal Mago. Aunque su sucesor, Himilco, continuó con éxito la campaña rompiendo el sitio griego, capturando la ciudad de Gela y derrotando repetidas veces al ejército de Dionisio, el nuevo tirano de Siracusa, también fue debilitado por la plaga y forzado a firmar la paz antes de regresar a Cartago.

En 389 adC, Dionisio había recuperado su fortaleza y rompió el tratado de paz, atacando la fortaleza cartaginesa de Motya. Himilco respondió liderando otra expedición que no solo recuperó Motya, sino que también capturó Messina. Finalmente, sitió Siracusa. El sitio tuvo éxito hasta 397 adC, pero en 396 adC la plaga volvió a diezmar a las fuerzas cartaginesas, hasta derrotarlas.

A estas alturas, Sicilia se había convertido ya en una obsesión para Cartago. Durante los siguientes sesenta años, tropas cartaginesas y griegas se enfrascaron en una serie constante de escaramuzas. Las más importantes serían en Cabala (Cartago contra Siracusa—377 adC), Cronium (Cartago contra Siracusa—376 adC) y Rio Cremiso (Griegos contra Cartago—341 adC). En 340 adC, Cartago había sido empujado hasta la esquina sudoeste de la isla, y una tensa paz se instauró en Sicilia.

Tercera Guerra Siciliana

En 315 adC Agatocles, el tirano de Siracusa, se apropió de la ciudad de Messina. En 311 adC invadió las últimas colonias cartaginesas en Sicilia, rompiendo el tratado de paz, y sitió Acragas.

Hamilcar, nieto de Hanno el Navegante, lideró la respuesta cartaginesa con enorme éxito. En 310 adC controlaba casi por completo Sicilia y consiguió sitiar Siracusa. Desesperado, Agatocles lideró secretamente una expedición de 14.000 hombres hacia tierra firme, esperando salvar sus posesiones en la isla atacando directamente a Cartago. Tuvo parte de razón: Cartago se vió forzada a llamar a Hamilcar y a gran parte de su ejército de Sicilia para hacer frente a la inesperada nueva amenaza. Aunque el ejército de Agatocles fue derrotado, el tirano consiguió huir y escapar a Sicilia donde fue capaz de negociar un nuevo acuerdo de paz que mantuvo a Siracusa como un bastión de poder griego en Sicilia.

Pirro de Epiro

Entre 280 adC y 275 adC, Pirro de Epiro llevó a cabo dos grandes campañas en un esfuerzo por proteger y extender la influencia griega en el oeste del Mediterráneo: una contra el poder emergente de la República Romana para defender las colonias griegas del sur de Italia, y otra contra Cartago, en un renovado intento por mantener toda Sicilia bajo su control.

Pirro consiguió victorias nada decisivas en Italia, siendo derrorado finalmente en Sicilia. Para Cartago, esto significó la vuelta al status quo. Para Roma, sin embargo, significó la captura de Tarento y la dominación sobre Italia entera. El resultado fue una redistribución del poder en el Mediterráneo occidental: la influencia griega se redujo, mientras que la creciente fuerza romana y sus ambiciones territoriales la llevaron directamente a entrar en conflicto con Cartago.

La crisis de Messina

Cuando murió Agatocles (288 adC), un gran número de mercenarios italianos se encontraron de repente sin trabajo. En vez de abandonar Sicilia, sitiaron y tomaron la ciudad de Messena (actual Messina). Denominándose a sí mismos mamertinos (“hijos de Marte”), sembraron el caos en las tierras próximas.

Los mamertinos se convirtieron en una creciente amenaza tanto para Cartago como para Siracusa. En 265 adC, Hierón II, el nuevo tirano de Siracusa, tomó acciones contra ellos. Enfrentados a una fuerza superior, los mamertinos se dividieron en dos facciones: una abogaba por rendirse a Cartago y la otra prefiría pedir ayuda a Roma. Como resultado, se mandaron embajadas a ambas ciudades.

Mientras el Senado Romano debatía el mejor curso de acción, los cartagineses accedieron rápidamente a enviar una guarnición a Messena. La guarnición fue aceptada en la ciudad y una flota cartaginesa atracó en el puerto de la ciudad. Sin embargo, poco después empezaron a negociar con Hiero; los mamertinos, alarmados, enviaron otra embajada a Roma pidiendo que expulsasen a los cartagineses.

Ahora, Cartago tenía fuerzas militares en el estrecho canal de agua que separa Sicilia de Italia. Esta presencia daba el control efectivo de este canal a Cartago, el Estrecho de Messina, lo que suponía un claro peligro para la cercana Roma y sus intereses.

Finalmente, la asamblea romana, aunque reticente a aliarse con una banda de mercenarios, envió una fuerza expedicionaria para devolver el control de Messena a los mamertinos.

Las Guerras Púnicas

Imagen no existente
Karthago.JPG
Cartago

Dueña del Mediterraneo occidental, la acumulación de riquezas fruto de su actividad comercial la hizo destacar culturalmente. Estableció colonias en puntos a lo largo de la costa este y sur de la península Ibérica así como en Sicilia. En el apogeo de su poder chocó con otra potencia mediterranea emergente: Roma, por la influencia sobre la helenizada Sicilia. El ataque romano contra tropas cartaginesas en Messena desencadenó la primera de las Guerras Púnicas. Durante el siguiente siglo, estos tres principales conflictos entre Roma y Cartago determinarían el rumbo de la civilización occidental.

Roma triunfó en esas guerras. El final de la Tercera Guerra Púnica supuso el fin del poder cartaginés, la anexión territorial -pasó a formar parte del Imperio Romano-, el aniquilamiento de su cultura y la completa destrucción de la ciudad por Escipión Emiliano: los soldados romanos fueron de casa en casa, matando a los habitantes o esclavizando a los supervivientes. El puerto de Cartago fue quemado y la ciudad arrasada.

A pesar de la destrucción de la ciudad, su emplazamiento era demasiado bueno para desaprovecharlo, por lo que una nueva ciudad se construyó allí, convirtiéndose en la segunda ciudad más poblada de la parte oeste del Imperio Romano. En el siglo segundo, Cartago era el centro de la provicia romana de África, con una población aproximada de 400.000 personas.

Véase también

Keywords: Cartago, 146 adC, 149 adC, 200 adC, 202 adC, 218 adC, 241 adC, 264 adC