Caída de Constantinopla

Keywords: Caída de Constantinopla, 1190, 1204, 1261, 1341, 1343, 1349, 1351


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El Imperio Bizantino alrededor de 1400

La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos en 1453 fue un evento histórico que según algunos historiadores marcó el fin de la Edad Media en Europa, y también decretó el fin del último vestigio del Imperio Bizantino y de la cultura clásica.

Tabla de contenidos

Contexto

Constantinopla era, hasta el momento de su caída, una de las ciudades más importante del mundo. Localizada en una proyección de tierra sobre el estrecho del Bósforo en dirección a Anatolia, funcionaba como un puente para las rutas comerciales que unían Europa con Asia por tierra. También era el puerto principal en las rutas que iban y venían entre el Mar Negro y el Mar Mediterráneo. Para explicar cómo una ciudad de este porte cayó en manos extranjeras, es preciso retrotraernos a los siglos previos de 1453 y detallar los eventos que debilitaron al Imperio Bizantino.

El saqueo de Constantinopla y el Imperio Latino

Puede decirse que la declinación de Constantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, comenzó en 1190 durante los preparativos de la Tercera Cruzada en los reinos de Occidente. Los bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino, sultán de Egipto y Siria y prinicpal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa, decidieron mantenerse neutrales. Con esta reticencia bizantina como excusa, y con la codicia por los tesoros de Constantinopla como motor, los cruzados tomaron por asalto la ciudad en 1204, dando origen al efímero Imperio Latino.

Los bizantinos, despojados de su capital imperial, establecieron nuevos estados; el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebizonda y el Despotado de Épiro serían los más influyentes. En tanto, el reino establecido por los cruzados fue perdiendo territorios. Finalmente, en 1261, el Imperio de Nicea bajo Miguel VIII Paleólogo reconquistará la ciudad.

Fortalecimiento de las defensas

El ataque de los cruzados reveló un punto flaco en las defensas de la ciudad. Las poderosas murallas al oeste de la ciudad repelieron invasores persas, germanos, hunos, ávaros, búlgaros y rusos (22 sitios en total) durante siglos, pero las murallas a lo largo del litoral, sobre todo a lo largo del Cuerno de Oro (un canal que separaba Constantinopla de la villa de Pera, al norte) se revelaron frágiles. Después de recuperar la ciudad, los bizantinos reforzaron las murallas del litoral y las defensas en los puntos donde necesitaban ser abiertas para la entrada de los navíos a los puertos. Para asegurar de que no necesitarían preocuparse con las defensas en el Cuerno de Oro, una pesada cadena de hierro fue eregida sobre el canal, de forma que ningún navío podría pasar sin la autorización de la guardia bizantina.

El advenimiento de los turcos

Incluso antes de la Cuarta Cruzada, el Imperio Bizantino venía, desde varios siglos, perdiendo territorios en manos del musulmanes, en el Oriente Medio y en África. En los inicios del siglo XI, una tribu turca, venida de Asia Central, los selyucidas, comenzaron a atacar y conquistar territorios bizantinos en Anatolia. Al final del siglo XIII, los selyucidas ya habían tomado casi todas las ciudades griegas de Anatolia, con excepción de un puñado de ciudades en el noroeste de la península.

En esta época, un clan semi-nómade turco habría migrado del norte de Persia hacia el oeste, y estando de frente a una batalla entre turcos y mongoles en Anatolia, el clan se decidió por los turcos y vencieron. El sultán selyucida, en agradecimiento, les habría concedido un pequeño territorio montañoso en el noroeste del Imperio, en las proximidades del territorio bizantino. La forma como esto ocurrió exactamente se perdió en el folclore subsecuente, pero se sabe que, bajo el mando de un líder llamado Osmán (U Otmán), esta tribu turca fue conocida como Otomanos.

Invasión otomana en Europa

Los otomanos ya habían impuesto su fuerza al desvalido Imperio Bizantino, tomando sus últimas ciudades asiáticas de Brusa, Nicea y Nicomedia. En 1341, cuando muere el emperador Andrónico III, el imperio cayó en manos de su esposa Ana, quien nombró al clérigo Juan Cantacuzeno como tutor de su hijo Juan Paleólogo y corregente de Ana. En 1343, Cantacuzeno se declaró regente único y pidió ayuda militar a los otomanos para imponer su control sobre los últimos remanentes del Imperio Bizantino. Ana, entonces, determinó que Juan y Cantacuzeno serían co-emperadores, el segundo de mayor autoridad sobre el primero durante 10 años, cuando entonces gobernarían como iguales.

Cuando el reino de Serbia atacó Salónica, en 1349, el clérigo y regente bizantino Cantacuzeno pidió por segunda vez auxilio a los otomanos. En 1351, Cantacuzeno hizo una tercera alianza con los turcos para ayudarlo en la guerra civil provocada entre sus partidarios y los seguidores del príncipe Juan. En este último acuerdo, Cantacuzeno prometió a los otomanos la posesión de una fortaleza del lado europeo del estrecho de los Dardanelos -la primera ocupación de una civilización asiática en Europa desde el asedio persa a Grecia, más de 2.00 años atrás. Entretanto, el príncipe otomano Suleimán decidió reforzar su posición tomando la ciudad de Galípoli, estableciendo el control sobre toda la península y una base estratégica para la expansión del Imperio Otomano en Europa. Cuando Cantacuzeno exigió la devolución de la ciudad, los otomanos se volvieron en contra de Constantinopla.

Durante el gobierno de Juan Paleólogo, Bizancio se volvió un estado vasallo de los otomanos, ofreciendo soldados para las campañas de los turcos en Europa y pagando un tributo anual para mantener a los turcos lejos de Constantinopla. Las exigencias turcas se agravaron cuando Juan murió, en 1391, y su hijo Manuel II Paleólogo subió al trono, en desacato al sultán otomano Bayaceto.

Los cercos de 1391, 1396 y 1422

Entre las nuevas exigencias del sultán estaba el establecimiento de un distrito en Constantinopla de mercaderes turcos. Como Manuel se había rehusado, Bayaceto cercó la ciudad por tierra. Después de 7 meses de sitio, Manuel Paleólogo cedió, y los turcos se retiraron para las campañas en el norte contra Servia y Hungría.

Bayaceto convocó a Manuel y a otros reyes cristianos del este europeo para una audiencia, donde demostraría las consecuencias para cualquiera que resistiera al sultán. Paleólogo presintió que sería asesinado, y rehusó la invitación. Después de un segundo rechazo, en 1396, Bayaceto envió nuevamente su ejército a Constantinopla, saqueando y destruyendo los campos aledaños a la ciudad, impidiendo que cualquiera entrase o saliese vivo de allí. Constantinopla aún podía contar con suministros venidos del mar, ya que los turcos no se apoyaron en un cerco marino a la ciudad. Así, Constantinopla resistió por 6 años, hasta que, en 1402, el temible ejército de Tamerlán invadió el Imperio Otomano por el este, y Bayaceto se vio obligado a movilizar sus tropas para este nueve frente, salvándose Constantinopla en el último momento.


En las dos décadas siguientes, Constantinopla se vio libre del yugo otomano, y pudo hasta recuperar algunos territorios en Grecia. Pero en 1422, Manuel Paleólogo resolvió apoyar a un príncipe otomano al trono, visualizando una duradera tregua en el futuro. Pero el sultán Murad II envió en respuesta un contingente de 10 mil soldados para cercar Constantinopla una vez más. En aquel año, el 24 de agosto, el sultán ordenó un macizo ataque a las murallas, y después de varias horas de batalla, ordenó su retirada, y una vez más, Constantinopla consiguió sobrevivir.

La caída de Constantinopla

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Soldados cristianos reparando las murallas de Constantinopla supervisados por Constantino XI, una escena constante durante el sitio

Búsqueda de apoyo en el Occidente

El cisma entre las Iglesias Católica y Ortodoxas había mantenido a Constantinopla distante de las naciones occidentales, e incluso durante los asedios de los turcos musulmanes, no había conseguido más que indiferencia de Roma y sus aliados. En un último intento de aproximación, teniendo en vista la constante amenaza turca, el emperador Juan VIII promovió un concilio en Ferrara, en Italia, donde las diferencias entre las dos confesiones fueron rápidamente resueltas. Entretanto, la aproximación provocó tumultos entre la población bizantina, dividida entre los que rechazaban a la iglesia romana y los que apoyaban la maniobra política de Juan VIII.

Constantino XI y Mahomed II

Juan VIII había muerto en 1448 y su hijo Constantino XI asumió el trono al año siguiente. Era una figura popular, habiendo luchado en la resistencia bizantina en el Peloponeso frente al ejército otomano, mas seguía la línea de su padre en la conciliación de las iglesias oriental y occidental, lo que causaba desconfianza no sólo entre el clero bizantino sino también en el sultán Murad II, que veía esta alianza como una amenaza de intervención de las potencias occidentales en la resistencia a su expansión en Europa.

En 1451, Murad II murio, siendo sucedido por su joven hijo Mahomed II. Inicialmente, Mahomed había prometido no violar el territorio bizantino. Esto aumentó la confianza de Constantino que, en el mismo año, se sintió seguro y suficiente para exigir el pago de una renta anual para la manutención de un obscuro príncipe otomano, mantenido como rehén, en Constantinopla. Furioso, más por el ultraje que por la amenaza a su pariente en sí, Mahomed II ordenó los preparativos para un asedio total a la capital bizantina.

Preparativos

Ambos lados se prepararon para la guerra. Los bizantinos, ahora, con la simpatía de las naciones occidentales, enviaron mensajeros a dichas naciones por refuerzos y consiguiendo promesas. Tres navíos genoveses contratados por el Papa estaban en camino con armas y provisiones. El Papa también había enviado al cardenal Isidro, con 300 arqueros napolitanos como su guardia personal. Los venecianos enviaron a mediados de 1453 un refuerzo de 800 soldados y 15 navios con pertrechos, mientras que los ciudadanos venecianos residentes en Constantinopla aceptaron participar de las defensas de la ciudad. La capital bizantina también recibió refuerzos de los ciudadanos de Pera y de los genoveses renegados, entre los cuales Giovanni Giustiniani Longo, quien se encargaría de las defensas de la muralla este, y 700 soldados. Barriles de fuego griego, armas de fuego, y todos los hombres y jóvenes capaces de empuñar una espada, y un arco fueron reunidos. Con todo, las fuerzas bizantinas probablemente no llegaban a los 7 mil soldados y 26 navíos de guerra anclados en el Cuerno de Oro.

Los otomanos a su vez iniciaron el cerco construyendo rápidamente una fortaleza 10 kilómetros al norte de Constantinopla. Mahomed II sabía que los sitios anteriores habían fracasados porque la ciudad recibía suministros a través del mar, entonces trató de bloquear las dos entradas del Mar de Mármara, con una fortaleza armada con 3 cañones en el punto más estrecho del Bósforo, y por lo menos 125 navíos ocupando los Dardanelos, el Mármara y el oeste del Bósforo.

Mahomed también reunió un ejército estimado de 100 mil soldados, 80 mil de los cuales eran turcos profesionales - los demás reclutas capturados en campañas anteriores, mercenarios, aventureros y renegados cristianos, los cuales serían usados para los ataques directos. 12 mil de estos soldados eran jenízaros, la élite del ejército otomano. Al inicio de 1452, un ingeniero de artillería húngaro llamado Urbano ofreció sus servicios al sultán. Mahomed lo hizo responsable para la instalación de los cañones en su nueva fortaleza y la fabricación de un inmenso cañón de 8 metros de longitud, el cual fue llevado en las cercanías de Constantinopla, empujado por 60 bueyes y auxiliado por un contingente de 200 hombres.

El ataque turco

El sitio comenzó oficialmente el 6 de abril de 1453, cuando el gran cañón disparó el primer tiro en dirección al valle del Río Lico, que penetraba en Constantinopla por una depresión bajo la muralla que posibilitaba el posicionamiento del cañón en una parte más alta. La muralla, hasta entonces imbatible en aquel punto, no había sido construida para soportar ataques de cañones, y en menos de una semana comenzó a ceder. Todos los días, al anochecer, los bizantinos se escabullían fuera de la ciudad para reparar los daños causados por el cañón con sacos y barriles de arena, piedras despedazadas de la propia muralla y empalizadas de madera. Los otomanos evitaron el ataque por la costa, puesto que las murallas eran reforzadas por torres con cañones y artilleros que podrían destruir toda la flota en poco tiempo. Por eso, el ataque inicial se restringió a casi un frente, lo que posibilitó tiempo y mano de obra suficientes a los bizantinos para soportar el asedio.

En el comienzo del cerco, los bizantinos consiguieron dos victorias animadoras. El 12 de abril, el almirante búlgaro al servicio del sultán, Suleimán Baltoghlu, fue rechazado por la armada bizantina al intentar forzar el pasaje por el Cuerno de Oro. Seis días después, el Sultán intentó un ataque a la muralla dañada en el valle del Lico, pero fue derrotado por un contingente bien menor, pero mejor armado, de bizantinos, al mando de Giustiniani.

El 20 de abril los bizantinos avistaron los navíos enviados por el Papa, además de otro navío griego con granos de Sicilia, que atravesaron el bloqueo de los Dardanelos cuando el sultán desplazó sus navíos para el Mar Mármara. Baltoghlu intentó interceptar los navíos cristianos, pero vio su flota ser destruida por los ataques del fuego griego arrojado sobre sus embarcaciones. Los navíos llegaron con éxito al Cuerno de Oro, y Baltoghlu fue humillado públicamente por el sultán y despedido.

El 22 de abril, el sultán asestó un golpe estratégico en las defensas bizantinas. Imposibilitados de atravesar la corriente que cerraba el Cuerno de Oro, el sultán ordenó la construcción de un camino de rodadura al norte de Pera, por donde sus navíos podrían ser empujados por tierra, evitando la barrera. Con los navíos posicionados en un nuevo frente, los bizantinos después no tendrían recursos para reparar sus murallas. Sin elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar, y el 25 de abril intentaron un ataque sorpresa a los turcos en el Cuerno de Oro, pero fueron descubiertos por espías y ejecutados. Los bizantinos, entonces, decapitaron 260 turcos cautivos y arrojaron sus cuerpos sobre las murallas del puerto.

Bombardeados diariamente en dos frentes, los bizantinos raramente eran atacados por los soldados turcos. El 7 de mayo, el sultán intentó un nuevo ataque al valle del Lico, pero fue nuevamente repelido. Al final del día, los otomanos comenzaron a mover una gran torre de asedio, pero durante la noche, soldados bizantinos consiguieron destruirla antes que fuese usada. Los turcos también intentaron abrir túneles por debajo de las murallas, pero los griegos cavaban del lado interno y atacaban de sorpresa con fuego o agua.

La mano de obra estaba sobrecargada, los soldados cansados y los recursos escaseaban, y el mismo Constantino XI coordinaba las defensas, inspeccionaba las murallas y reanimaba las tropas por toda la ciudad.

Malos presagios

A resistência de Constantinopla começou a ruir frente ao desânimo causado por uma série de maus presságios. Na noite de 24 de maio houve um eclipse lunar, relembrando aos bizantinos uma antiga profecia de que a cidade só resistiria enquanto a lua brilhasse no céu. No dia seguinte, durante uma procissão, um dos ícones da Virgem Maria caiu no chão. Logo em seguida, uma tempestade de chuva e granizo inundou as ruas. Os navios prometidos pelos venezianos ainda não haviam chegado e a resistência da cidade estava no seu limite.

Ao mesmo tempo, os turcos enfrentavam problemas. O custo para sustentar um exército de 100 mil homens era muito grande, e oficiais comentavam da ineficiência das estratégias do Sultão até então. Maomé II se viu obrigado a lançar um ultimato a Constantinopla: os turcos poupariam as vidas dos cristãos se o Imperador entregasse a cidade. Como alternativa, prometeu levantar o cerco se Constantino pagasse um pesado tributo. Com os tesouros vazios desde o saque feito pela Quarta Cruzada, Constantino foi obrigado a recusar a oferta, e Maomé obrigado a lançar um ataque rápido e decisivo.

El asalto final

Maomé ordenou que as tropas descansassem no dia 28 de maio para se prepararem para o assalto final no dia seguinte. Pela primeira vez em quase 2 meses não se ouviu o barulho dos canhões e das tropas em movimento. Para quebrar o silêncio e levantar a moral para o momento decisivo, todas as igrejas de Constantinopla tocaram seus sinos por todo o dia.

Durante a madrugada do dia 29 de maio de 1453, Maomé lançou um ataque total às muralhas composto principalmente por mercenários e prisioneiros, concentrando o ataque no vale do Lico. Por duas horas a contingente superior de mercenários europeus foi repelido pelos soldados bizantinos sob o comando de Giustiniani, providos de melhores armas e armaduras e protegidos pelas muralhas. Mas com as tropas cansadas, teriam agora que enfrentar o exército regular de 80 mil turcos.

O exército turco atacou por mais duas horas, sem vencer a resistência bizantina. Então abriram espaço para o grande canhão, que abriu uma brecha na muralha por onde os turcos concentraram seu ataque. Constantino em pessoa coordenou uma cadeia humana que manteve os turcos ocupados enquanto a muralha era consertada. O Sultão então lançou mão dos janízaros, que escalavam a muralha com escadas. Mas após mais uma hora de combates, os janízaros ainda não haviam conseguido entrar na cidade.

Com os ataques concentrados no vale do Lico, os bizantinos cometeram a desatenção de deixar o portão da muralha noroeste semi-aberto. Um destacamento otomano penetrou por ali e invadiu o espaço entre as muralhas interna e externa. Neste momento, o comandande Giustiniani fora ferido e havia sido retirado às pressas para um navio. Sem sua liderança, os soldados gregos lutaram desordenadamente contra os disciplinados turcos. Diz-se que no último momento, o Imperador Constantino XI desembainhou a espada e partiu para a luta, e nunca mais foi visto.

Giustiniani também viria a morrer mais tarde em virtude dos ferimentos na ilha grega de Quios, onde encontrava-se ancorada a prometida esquadra veneziana à espera de ventos favoráveis.

El saqueo y el control turco

Desesperados, os sobreviventes correram para suas casas a fim de salvar suas famílias. Muitos fugiram em navios, quando os marinheiros turcos viram que a cidade caíra e poderiam aproveitar para participar do butim. Os turcos saquearam e mataram o quanto puderam. A Catedral de Santa Sofia (também conhecida como Hagia Sophia), o coração de todo o cristianismo ortodoxo, viu-se repleta de refugiados à espera de um milagre que não aconteceu: os clérigos foram mortos e as freiras capturadas. Maomé II entrou na cidade à tarde em desfile triunfal e ordenou que a Catedral fosse consagrada como mesquita. Tal vez por ter considerado a cidade por demais destruída, o Sultão ordenou o fim dos saques e da destruição no mesmo dia (contrariando a promessa de 3 dias de saques que fizera antes da guerra). Terminou com 50 mil presos, entre os quais soldados, clérigos e ministros. Este contingente bizantino recebeu autorização para viver na cidade sob a autoridade de um novo patriarca, Genádio, designado pelo próprio Sultão para se assegurar de que não haveria revoltas.

De qualquer maneira foi o fim do último reduto da cultura clássica, o único vestígio do Império Romano. Constantinopla - agora conhecida por seu nome turco Istambul - se tornara capital de uma nova civilização.

Implicaciones

A queda de Constantinopla soou como um estrondo ao ocidente. Os cronistas da época confiavam na resistência das muralhas e achavam impossível que os turcos pudessem superá-las. Chegou-se a iniciar conversações para uma nova cruzada pra liberar Constantinopla do jugo turco, mas nenhuma nação poderia ceder tropas naquele momento. Os próprios genoveses se apressaram a prestar respeitos ao Sultão, e assim puderam manter seus negócios em Pera por algum tempo.

Com Constantinopla - e todo o Bósforo, neste sentido - sob domínio muçulmano, o comércio entre Europa e Ásia declinara subitamente. Nem por terra nem por mar os mercadores cristãos conseguiriam passagem para as rotas que levavam à Índia e à China, de onde provinham as especiarias usadas para conservar alimentos, além de artigos de luxo, e para onde se destinavam suas mercadorias mais valiosas.

Desta forma, as nações européias iniciaram projetos para o estabelecimento de rotas comerciais alternativas. Portugueses e espanhóis aproveitaram sua posição geográfica junto ao Oceano Atlântico e à África para tentar um caminho ao redor deste continente para chegar à Índia (percurso percorrido com sucesso por Vasco da Gama entre 1497 e 1498). Já Cristóvão Colombo via uma possibilidade de chegar à Ásia pelo oeste, através do Oceano. Nesta empreitada, financiada pelos reis de Espanha, o navegador italiano alcançou, em 1492, o continente americano, dando início ao processo de ocupação do Novo Mundo. As duas nações, outrora sem muita expressão no cenário político europeu, se tornaram no século XVI as nações mais poderosas do mundo, estabelecendo uma nova ordem mundial.


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