Batalla del bosque de Teutoburgo
Keywords: Batalla del bosque de Teutoburgo, 1987, 9, Alemania, Antigua Roma, Armero, Arminio, Arqueología, Augusto
| Batalla del bosque de Teutoburgo | |||||||||||||||||
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| Fecha | 11 de septiembre del año 9 ddC | ||||||||||||||||
| Lugar | Bosque de Teutoburgo | ||||||||||||||||
| Resultado | Victoria germana y fin de la expansión romana más allá del Rin | ||||||||||||||||
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También llamada Batalla de la selva de Teutoburgo o Desastre de Varo, encuentro armado que tuvo lugar en otoño del año 9 entre la tribu germánica de los queruscos, acaudillados por Arminio, y tres legiones romanas (la Legión XVII, la XVIII y la XIX) comandadas por Publio Quintilio Varo, gobernador de la provincia Germania Magna, que se extendía hasta el Elba.
Ante los abusos cometidos por Varo, Arminio puso en pie de guerra un ejército de unos 100.000 germanos, atrayendo al ejército romano al bosque de Teutoburgo, una zona de complicada orografía en la que se extendía el bosque, en el cual permanecían apostados los queruscos, aguardando el paso de la comitiva militar romana. La batalla se saldó así con una catastrófica derrota de los romanos y con el suicidio del propio Varo. Tras esta derrota, la frontera del Imperio Romano retrocedió hasta el Rin.
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Preámbulos
Todo comenzó en el 9 a.C. cuando el gobernador romano de Germania, Publio Quintilio Varo (Publius Qüinctilius Varus), que se había casado con la sobrina nieta del emperador Augusto, estableció los campamentos de verano de sus tres legiones (la 17, 18 y 19, de unos 5000 hombres cada una) en territorio querusco. Dos legiones fueron dejadas tras el río Rin. Sus propios cuarteles avanzados estaban en la orilla occidental del río Weser (probablemente cerca de la actual ciudad de Minden).
Conspiración contra el invasor
Varo se hizo muy amigo de los jefes queruscos (tribus que ocupaban la zona del actual Hanover), incluido el joven Arminio, de 25 años. Debido a su "roma-centrismo" Varo no se daba cuenta de que Arminio le veía como un invasor de su país y conspiraba contra él con los jefes de otros grupos germanos: marsios, chattis y bructerios. Algunos de los jefes trataron de prevenirle, pero Varo fue convencido para que concediera a los conspiradores destacamentos legionarios que le dijeron necesitaban para guarnecer ciertos puestos y escoltar los convoyes de suministro para el ejército romano.
Cuarteles de invierno
Cuando llegó el momento de que Varo se iba a retirar hacia el Rin para pasar el invierno, los germanos le convencieron de que cambiara de ruta. Él había proyectado regresar a su campamento de invierno en Vetera por la calzada militar. Sin embargo, un falso informe acerca de un levantamiento local le indujo a dar un rodeo hacia el noroeste a través de una dificultosa región boscosa. Los conspiradores vieron salir al principal ejército de su campamento de verano junto al Weser. Al despedirse de Varo, le pidieron permiso para irse a unir a sus tribus con el fin de poder enviar hombres que ayudaran a sofocar la revuelta que ellos habían inventado. Varo se lo concedió.
Orden del ejército romano
Aunque es imposible reconstruir el curso exacto del ataque, quizá podemos aumentar un poco nuestra comprensión si tenemos en cuenta el orden de marcha típico del ejército romano, como lo describe Flavio Josefo en su Guerras judías (3.116-126).
- Arqueros y auxiliares, que actuaban como exploradores.
- La vanguardia: una legión (de cerca de 5000 hombres) apoyados por 120 jinetes.
- Pioneros, que mejoraban la calle y al final del día construían el campamento.
- La primera parte del tren: los bártulos del general y de los oficiales.
- El general y su guardia de corps.
- La caballería de las siguientes dos legiones (240 jinetes).
- La segunda parte del tren: mulas con la artillería.
- Los suboficiales y los portaestandartes ("águilas")
- La fuerza principal: dos legiones (cerca de 10.000 hombres).
- La tercera parte del tren: el equipaje de los soldados.
- La retaguardia: tropa mixta.
Estrategia de los germanos
El punto obvio para atacar es el punto 5: el general. Aunque Varo estaba escoltado por su guardia y seguido por 240 jinetes, no había otros combatientes en sus cercanías. Si los hombres de Arminio hubieran tenido éxito, hubieran cortado el ejército en dos y destruido el centro de mando. Esto hubiera sido una gran ventaja para ellos y hubiera destruido la moral romana, especialmente cuando las águilas fueran capturadas.
El ataque germano
La columna romana avanzaba muy lentamente, debido a la cantidad demasiado grande de hombres, sirvientes y bagajes. Según avanzaban por el dificultoso país, derribando árboles y haciendo senderos y caminos sobre los pantanos, de repente les cayó encima una lluvia de dardos. No cabía duda de lo que ocurría: los germanos atacaban.
Los legionarios romanos se veían impedidos por el viento, la lluvia y el barro que siempre había hecho les desagradara la Germania. Iban demasiado escasos de tropas auxiliares —caballería, arqueros y honderos— para contestar eficazmente. Todo lo que podían hacer era aferrarse a la esperanza de llegar a la fortaleza más próxima, Aliso, que venía a estar cerca del río Lippe, quizá dos tercios del camino desde el río Weser al Rin.
Ataque contra Varo
Mientras los hombres de Arminio cargaron contra Varo, otros deben haber hecho llover una lluvia de flechas y jabalinas sobre las dos legiones de atrás. Los hallazgos arqueológicos en Kalkriese no contradicen este primer ataque, pero existe evidencia escrita (Dío y Tácito) de que Varo no murió el primer día del ataque.
Reagrupamiento de los romanos
La siguiente fase (aunque esta reconstrucción es hipotética) debe de haber sido el reagrupamiento del ejército romano. Aunque el primer ataque debe haber sido una gran sorpresa, esos soldados eran profesionales que no podían ser derrotados de un solo golpe, ni siquiera cuando estaban siendo atacados en terreno difícil. La primera legión retornó desde el noroeste y trató de juntarse con lo que quedaba de las otras dos legiones. Otra alternativa es que los soldados de la primera legión hayan creído que eran los últimos sobrevivientes, hayan continuado hacia el noroeste y desaparecido en la Gran Ciénaga (Grosses Moor).
La noche
Se mantuvo la disciplina lo suficiente para plantar un campamento en terrenos elevados para pasar la noche. Carretas e impedimenta fueron quemadas o abandonadas, y a la mañana siguiente se reanudó la marcha. Las tres legiones partieron en mejor orden por campo abierto, pero esto las hizo tan vulnerables a los ataques germanos, que se vieron obligadas a volverse a refugiar en el bosque. Allí pasaron un día terrorífico luchando entre obstáculos. Sufrieron graves pérdidas, incluidas algunas que se infligieron a sí mismos por la dificultad de distinguir a los enemigos de los amigos. Esa noche se las arreglaron para apiñarse todos en otro campamento provisional, con una fortificación totalmente inadecuada.
Varo se suicida
Cuando llegó la mañana, seguía lloviendo; soplaba un viento cortante y vieron que los germanos recibían refuerzos. El jefe de la caballería romana perdió la calma y se escapó con su regimiento, con la vana esperanza de alcanzar el Rin. Varo fue herido y se dio cuenta de lo que le harían los germanos si lo tomaban con vida. Para evitar tal destino, se suicidó. Algunos miembros del estado mayor siguieron su ejemplo. Los dos generales que quedaron al mando no sobrevivieron mucho. Uno de ellos ofreció equivocadamente una capitulación que se convirtió en matanza (los germanos no tomaban prisioneros en la guerra; su ley era matar o morir); el otro cayó luchando cuando los germanos entraron en el campamento.
Maniobras de los sobrevivientes
Los soldados romanos sobrevivientes tuvieron que maniobrar en una franja de tierra de 220 metros de ancho, pero la parte norte estaba fuera del alcance de las flechas germanas. Los legionarios deben de haber comprendido que no podían seguir hacia el noroeste, sino que habrán tomado la ruta más fácil hacia el sudoeste, a Haltern en el Lippe y Xanten en el Rin.
Cuando hicieron su maniobra, no deben haber podido destruir la posición germana en las laderas de la colina Kalkriese. Los restos arqueológicos sugieren que hubo luchas al pie de la colina. Los legionarios siguieron a lo largo de la colina, y los guerreros germánicos deben haber matado a muchísimos de ellos. El registro arqueológico sugiere que hubo luchas en el desfiladero y que los romanos fueron expulsados.
Excepto algunos legionarios que escaparon amparados por la oscuridad de la noche (y gracias a quienes sabemos lo que pasó), unos 18.000 soldados fueron muertos o capturados (y sacrificados más tarde), más unos 10.000 no combatientes, que incluían esclavos, armeros, comerciantes, mujeres y niños.
El emperador Augusto
La clades variana ('la derrota de Varo') alteró a Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio señaló que el emperador se tomó el desastre tan a pecho que «siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar» y «a menudo se golpeaba la cabeza contra una puerta y gritaba: "¡Varo, Varo, devuélveme mis legiones!"». Tomó medidas enérgicas y destituyó a todos los germanos y galos que había en su guardia personal.
Julio César Germánico
Seis años después, otro jefe romano de la zona, Julio César Germánico, concibió la idea —según su tío, el emperador Tiberio, fue una idea desmoralizadora— de ir con sus tropas a visitar el lugar de la batalla. La ocasión inspiró a Tácito una de sus mejores páginas: «No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres... En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos, y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones».
Arqueología de la guerra
El bosque de Teutoburgo es uno de los pocos campos de batalla que se han excavado. Por supuesto hay muchas fortificaciones y líneas de sitio que se han descubierto, por ejemplo: Nínive, Pafos, Numancia, Alesia, Vechten, Masada), pero Kalkriese es uno de los pocos lugares donde los arqueólogos han descubierto el sitio de una batalla abierta. Esto ha aumentado nuestra comprensión de lo que pasó en la masacre del bosque de Teutoburgo.
right|thumb|300px|El Hermannsdenkmal. Monumento levantado en memoria de Arminio (Hermann) en la parte sur del Bosque de Teutoburgo.
Monumento a Arminio/Hermann
Durante mucho tiempo el sitio de la batalla de Teutoburgo, donde el ejército romano fue eliminado, fue desconocido. Los modernos estudiosos del sangriento encuentro propusieron más de 700 emplazamientos posibles.
El historiador alemán Mommsen ubicó la batalla cerca de la fuente del Hunte, al norte de Osnabrück y lejos de las colinas; pero la mayoría de los eruditos preferían algún sitio en la parte central de la cadena montañosa boscosa de Teutoburgo (de 110 km de largo y de unos 10 km de ancho). De acuerdo con esa opinión en 1875 se construyó una estatua giganteca de Arminius/Hermann (de 17 m sobre un pedestal de 30 m) en Grotenbuf-g, a 35 km al sudoeste de Detmold (y 100 km al sudeste del sitio real) con un costo de 13.500. El trabajo fue diseñado por E. von Bandel.
Descubrimiento arqueológico
Luego, en 1987, un descubrimiento por parte de un arqueólogo aficionado británico, Anthony Clunn (halló 162 monedas romanas conocidas como denarios y tres bolas de plomo del tipo usado en las hondas del ejército romano), y la posterior investigación a cargo de los arqueólogos experimentados conducidos por Wolfgang Schlüter, condujo a una prueba convincente de que la batalla tuvo lugar al norte de la colina Kalkriese, entre los pueblos de Engter y Venne, en el borde norte del bosque de Teutoburgo (Teutoburger Wald), 30 km al norte de la moderna ciudad de Osnabrück (200 km al noreste de Colonia, Alemania).
"Eterna oposición" entre germanos y latinos
Es posible que se sobreestime la importancia de la batalla del bosque de Teutoburgo. Esto sucedió realmente en el siglo XIX, cuando —especialmente en Alemania— Arminio y Varo se convirtieron en símbolos de una eterna oposición entre los nobles salvajes germánicos y sus archienemigos latinos: los franceses.
Esta eterna lucha es simplemente una tontería. Después de los horrores de la Primera Guerra Mundial, el gran historiador belga Henri Pirenne (1862-1935) estuvo entre los primeros en oponerse a esta idea chauvinista, pero Europa necesitó a Robert Schuman y Konrad Adenauer para comprenderlo. Desde el reinado de Luis XIV hasta la Segunda Guerra Mundial, el control del Rin ha sido fuente de conflicto entre Francia y Alemania, pero el Rin siempre ha sido finalmente la zona donde las dos culturas europeas han estado reunidas y han intercambiado experiencias.
Consecuencias de la batalla de Teutoburgo
La batalla fue realmente importante: el imperio romano encontró su límite. Tiberio aceptó que había grandes áreas sin ciudades que no habían sido predigeridas por el imperio. Durante los siguientes siglos, las tribus germánicas aprendieron de Roma, y Roma aprendió de ellos. Pero siempre Germania permanecería independiente.
La batalla de Teutoburgo tuvo serias consecuencias. Un ejemplo basta para ilustrarlo: si los romanos hubieran mantenido su imperio entre el Rin y el Elba, las tribus del Mar del Norte que más tarde se conocieron como sajones hubieran terminado hablando latín o algún tipo de lengua romance. El idioma inglés nunca hubiera existido (para bien o para mal) y el alemán hubiera quedado como un idioma marginal.
Teutoburgo y el idioma alemán
Otro resultado hubiera sido una comprensión más pobre de la realidad: sin el idioma alemán, un filósofo como Heidegger hubiera sido imposible. La gran división lingüística de la actualidad simplemente no existiría sin la batalla del bosque de Teutoburgo.
