Batalla de Carrhae

Keywords: Batalla de Carrhae, 19 adC, 36 adC, 53 adC, Antigua Roma, Arco (arma), Asiria, Caballería, Camello

Batalla de Carrhae
Fecha53 adC
LugarProximidades de Carrhae, Turquía
ResultadoVictoria parta
Combatientes
República Romana Imperio Parto
Comandantes
Marco Licinio Craso, Gobernador de Siria
Surena
Fuerzas
De 40.000 a 50.000 hombres (7 legiones, cuatro mil auxiliares de caballería e igual número de infantería ligera) Desconocidas
Bajas
20.500 soldados muertos y 10.000 capturados según Plutarco. Desconocidas aunque mínimas en comparación con las romanas.

Importante batalla que tuvo lugar en el año 53 adC en la ciudad de Carrhae (actualmente Harran, Turquía) entre el ejército romano al mando del general Marco Licinio Craso y los partos al mando del general Surena. Fue una de las derrotas más severas que sufrió la República Romana.

Los partos usaron únicamente una caballería pesada acorazada armada de lanzas, los denominados catafractos, conjutamente con arqueros a caballo para derrotar a la infantería pesada romana. Surena, sabedor de sus limitaciones, evitó un ataque directo contra el ejército romano, limitándose a que los arqueros a caballo lanzasen a una distancia segura y sin descanso una lluvia de flechas sobre la densa formación de legionarios romanos, obligándoles literalmente a pegarse a tierra y protegerse con sus escudos. El tipo de arco utilizado por los partos, má grande y de una curvatura mayor que el asirio, permitía lanzar la flecha a gran velocidad, atravesando las corazas romanas. Con el fin de mantener un lanzamiento continuado de proyectiles sobre el ejército romano emplearon camellos para abastecer constantemente de flechas a los arqueros. Los continuados intentos de los romanos por perseguir a los jinetes resultaban infructuosos ya que estos se alejaban a gran velocidad.

Advirtiendo Craso que la situación era insostenibe ordenó a su hijo Publio Licinio Craso que cargase con su caballería e infantería sobre los partos, los cuales fingieron una retirada disparando hacia atrás flechas mientras huían (el conocido como disparo parto) y alejando al desprevenido Publio del resto del ejército romano. En ese momento los catafractos cayeron sobre este superandole en número pero, en vez de atarcarles se pusieron a dar vueltas sobre ellos levantando una polvoreda y aumentado la confusión de los soldados que no podían luchar con eficacia debido a su apretada formación. Los arqueros volvieron a lanzar flechas sobre las aislada infantería romana, las cuales se volvieron a protejer con sus grandes escudos de la lluvia de proyectiles. Viendo Publio la situación que estaba tomando la batalla ordenó a sus jinetes que atacasen a los catafratos. La caballería ligera gala, a pesar de su arrojo, no tenía nada que hacer contra las lanzas y corazas de los partos y poco a poco fueron sucumbiendo de agotamiento por la sed y el calor. Durante la refriega los partos mataron a Publio y pusieron su cabeza ensartada en una lanza a la vista del grueso de las tropas romanas. Una vez aplastado las fuerzas del hijo de Craso, Surena lanzo a su caballería contra el resto de las legiones romanas obligándolas a ceñirse a un espacio limitado y volviendoles a arrojar miles de dardos y flechas sobre ellos. Poco a poco los legionarios iban cayendo y solo les salvo el hecho de que los partos reusasen luchar por la noche.

Viendo la oportunidad Craso la aprovecho para replegarse a Carrhae con las tropas sanas, dejando a 4.000 heridos en el campo de batalla, los cuales fueron masacrados por los partos al amanecer. A la noche siguiente obviando la relativa seguridad de Carrhae Craso optó por huir de la sitiada ciudad hacía el oeste, aprovechando de nuevo la costumbre parta de no combatir a la caida del sol. Para ello se ayudó de un guía local que en realidad era un espía de los partos, el cual condujo mediante engaños a lo que quedaba del ejército romano, por un terreno que dificultaba el avance, hacia el grueso del ejército parto. Quinientos jinetes al mando de Cayo Casio, por aquel entonces cuestor, y 5.000 legionarios romanos desconfiaron del traidor y desertaron, dirigiéndose ellos mismo hacia el oeste. El resto de los confiados se encontraron a la mañana siguiente con el ejército de Surena, el cual les ofreció parlamentar. Presionado por sus soldados Craso se vio obligado a aceptar la oferta. Durante el encuentro este y parte de la delegación romana fueron capturados y ejecutados.

Del ejército romano 20.000 fueron masacrados y unos 10.000 prefirieron rendirse esperando que se les fuese perdonada la vida y otros optaron por escapar al anochecer hacia Siria.

La cabeza de Craso fue exhibida en la corte de Orodes II y los siete estandartes romanos expuestos en los templos de Partia. Tres décadas después, en 19 adC, el emperador Augusto negoció la devolución de estos y el regreso de los cautivos que habían sobrevivido.

Es en esta parte donde la realidad se confunde con la leyenda al intentar discernir el destino de los diez mil legionarios esclavizados de la espedición de Craso que algunos sugieren que constituyeron la legión perdida mencionada por Plutarco y Plinio y que reaparecería en China en el año 36 adC.

Para Roma la principal consecuencia de esta batalla fue la muerte de Craso y en consecuencia la desaparición del primer triunvirato, pasando de una regla de tres a otra de dos. Pero aún así dos era multitud para el gobierno de la República y el camino estaba despejado para el inicio de la guerra civil entre Julio César y Pompeyo.

Otra de las implicaciones de esta batalla fue el hecho de que el continente europeo se abriera a un nuevo y preciado material: la seda. Los romanos que lograron sobrevivir a la batalla describieron haber visto unas banderas brillantes (hechas al parecer de la seda) usadas por los partos mientras les perseguían. Así, al mismo tiempo que el interés en Europa en este tejido crecía, se extendía la ruta de la seda entre este continente y China, dando comienzo a una de las rutas comerciales más grandes y prósperas de la historia.

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La Batalla de Carrhae

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