Dioniso
Keywords: Dioniso, 1640, 16 de marzo, 17 de marzo, 186 adC, 200 adC
| Dioses de la mitología griega | ||||
|---|---|---|---|---|
| ||||
[[Imagen:Los borrachos o el triunfo de Baco 1629 Velázquez.jpg|thumb|right|Los borrachos o el triunfo de Baco de Velázquez.]] Dioniso (en griego Διώνυσος Diônusos o Διόνυσος Dionusos, transliterado frecuentemente Dionisio) es el dios tracio del vino, representando no sólo su poder tóxico sino también sus influencias sociales y beneficiosas. Es considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la agricultura y el teatro.
Fue incorporado a la tradición olímpica de la mitología griega como hijo de Zeus y Sémele (aunque otras versiones afirman que era hijo de Zeus y Perséfone). Era también conocido como Baco (en griego Βακχος Bakkhos), nombre con el que fue asimilado en la mitología romana, anulando y confundiéndose con el antiguo dios itálico Liber Pater.
| Tabla de contenidos |
Culto
Dioniso es un dios de ritos religiosos mistéricos, como los practicados en honor de Deméter y Perséfone en Eleusis, cerca de Atenas. En los misterios tracios, Dioniso lleva el «bassaris» o piel de zorro, simbolizando la nueva vida. (Ver también Ménades.)
Muchos investigadores creen que Dioniso es un sincretismo de una deidad griega local de la naturaleza y un dios más poderoso de Tracia o Frigia como Sabacio.
Herodoto (en Historias 2:146) era consciente de que el culto a Dioniso llegó más tarde a los griegos que el panteón olímpico, pues comenta:
- «así es, la historia griega cuenta que tan pronto nació Dioniso Zeus lo cosió en su muslo y lo llevó a Nisa en Etiopía allende Egipto, y como con Pan, los griegos no saben qué fue de él tras su nacimiento. Resulta por tanto claro para mí que los griegos aprendieron los nombres de estos dos dioses más tarde que los nombres de todos los otros, y sitúan el nacimiento de ambos en el momento en que los conocieron.»
Muchos griegos estaban seguros de que el culto a Dioniso llegó a Grecia desde Anatolia, pero sus nociones sobre si Nisa estaba situada en Anatolia, en Libia («lejos al este junto al gran océano»), Etiopía (Herodoto) o Arabia (Diodoro Siculo) son lo suficientemente variables como para sugerir que se pretendía un lejano país mágico, quizás llamado «Nisa», para explicar el ilegible nombre del dios: «dios de Nisa». Apolodoro parece seguir a Ferecides, quien cuenta cómo el infante Dioniso, dios de la parra, fue criado por las ninfas de la lluvia, las Híades, en Nisa. Sin embargo, el nombre que los hititas anatolios se daba a sí mismo es su propia lengua («nesili») era «Nesi». La influencia hitita en la cultura griega antigua casi nunca es apreciada.
Las anteriores contracciones sugieren a algunos que no se está tratando con los recuerdos históricos de una secta extranjera sino con un dios inherentemente extranjero. Y de hecho, el nombre de Dioniso aparece en las tablillas micénicas en lineal B, y Kerenyi le localiza en la Creta minoica, donde su nombre minoico es desconocido pero su presencia resulta reconocible. Claramente, Dioniso habría claramente con los griegos y sus predecesores mucho tiempo, y aún así retuvo siempre cierto carácter de extranjero.
El toro, la serpiente, la hiedra y el vino son los signos de la característica atmósfera dionísica, infundida por la insaciable vida del dios. Su numinosa presencia significa que el dios está cerca (Kerenyi 1976). Dioniso está estrechamente asociado con los sátiros, los centauros y los silenos. Siempre porta un tirso. Además de la parra y su alter ego salvaje estéril, la hiedra venenosa, estaba también a él consagrada la higuera. La piña que coronaba su tirso le relacionaba con Cibeles, y la granada con Deméter.
En Atenas se celebraban en su honor las Dionisias y las Leneas.
Bacanales
Introducidas en Roma sobre el 200 adC desde la cultura griega del sur italiano o a través de la (también influenciada por Grecia) Etruria, las bacanales se celebraban en secreto tres días al año (el 16 y 17 de marzo) en la arboleda de Simila, cerca del monte Aventino, y en ellas sólo participaban mujeres. Posteriormente, se extendió la participación en los ritos a los hombres y las celebraciones tenían lugar cinco veces al mes. La notoriedad de estas fiestas, donde se suponía que se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones políticas, provocó en 186 adC un decreto del Senado —el llamado Senatus consultum de Bacchanalibus, inscrito en una tablilla de bronce descubierta en Calabria (1640) y actualmente en Viena— por el que las bacanales fueron prohibidas en todas Italia excepto en ciertas ocasiones especiales que debían ser aprobadas específicamente por el Senado. Pese al severo castigo infligido a los que se encontraba violando este decreto, las bacanales no fueron sofocadas, especialmente en el sur de Italia, durante mucho tiempo.
Dioniso se equipara con Baco y con Liber (también Liber Pater). Liber («el libre») era un dios de la fertilidad y el crecimiento, casado con Libera. Su fiesta era la Liberia, celebrada el 17 de marzo.
Apelativos
thumb|250px|Escultura de Dioniso que celebra el 100º aniversario de Qingdao Beer (provincia de Shandong, China).
- Dendrites (Δενδρίτης Dendrítês), «el de los árboles», como poderoso dios de la fertilidad.
- Ditirambo, «el de la doble puerta», se usa a veces para referirse a él en las solemnes canciones cantadas en los festivales, y hace referencia a su prematuro nacimiento.
- Yaco (Ιακχος Iakkhos) le relaciona con los misterios eleusinos, donde era considerado hijo de Zeus y Deméter, aunque éste podría ser un personaje diferente a Dioniso. El nombre puede proceder de «iakchos», himnos cantados en honor de Dioniso.
- Eleuterio (Ελευθερευς), «el libertador», también aplicado a Eros.
- Liknites, «el del bieldo», le hacía un dios de la fertilidad relacionado con las religiones mistéricas. El bieldo era un instrumento similar a una pala que se usaba para aventar, es decir separar la paja del grano.
- Biformis (Δίmορfoς), por el hecho que se podía mostrarse como bello o como terrible de acuerdo a las circunstancia.
- Lieo (Λυσιος Lysios), «el que desata», como un dios de la relajación y la liberación de las preocupaciones.
- Bromios, «atronador» o «el que brama».
- Omadio (Ὠμάδιος), que ama la carne cruda.
- Faleno (Φαλλην), «del falo», garante de la fecundidad.
- Floios (Φλοῖος), «corteza», como espíritu de ésta.
- Sukites (Συκίτης), protector de las higueras.
- Sabacio, «el que hace añicos». Junto con Zeus, Dioniso absorbió en el panteón romano el papel de esta deidad frigia, a la que se sacrificaba cerámica rota (probablemente para evitar que otra se rompiese en el fuego). En el panteón romano, Sabacio pasó a ser un nombre alternativo de Baco.
Nacimiento
Dioniso tuvo un nacimiento inusual que evoca la dificultad de encajarle en el panteón olímpico. Su madre fue Sémele (hija de Cadmo), una mujer mortal, y su padre Zeus, el rey de los dioses. La esposa de Zeus, Hera, una diosa celosa y vanidosa, descubrió la aventura de su marido cuando Sémele estaba encinta. Con el aspecto de una malvada vieja, Hera se ganó la amistad de Sémele, quien le confió que su marido era en realidad Zeus. Hera pretendió no creerlo, y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele, quien, curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Sin embargo, los mortales no podía mirar a un dios sin morir, y Sémele pereció. Zeus logró rescatar al fetal Dioniso plantándolo en su muslo. Unos meses después, Dioniso nació.
En otra versión de la misma historia, Dioniso era el hijo de Zeus y Perséfone, la reina del inframundo. Una celosa Hera intentó de nuevo matar al niño, enviando esta vez a los Titanes a descuartizarlo tras engañarlo con juguetes. Zeus hizo huir a los Titanes con sus rayos, pero éstos ya se habían comido todo salvo el corazón, que fue salvado, según las fuentes, por Atenea, Rea o Deméter. Zeus usó el corazón para recrear a Dioniso e implantarlo en el vientre de Sémele: de ahí que se llame a Dioniso «el dos veces nacido». A veces se decía que Zeus dio a comer el corazón a Sémele para preñarla. En ambas versiones de la historia, el renacimiento es el principal motivo de adoración en las religiones mistéricas, pues su muerte y resurrección eran sucesos de reverencia mística. Aparentemente este relato se usaba en ciertas religiones mistéricas griegas y romanas. Variantes del mismo se encuentran en la obra de Calímaco y Nono, quien se refiere a este Dioniso bajo el título de Zagreo, y también en varios poemas fragmentarios atribuidos a Orfeo.
Infancia y juventud
[[Imagen:Hermes by Praxiteles.jpg|thumb|200px|Hermes llevando al infante Dioniso, por Praxíteles.]] La leyenda cuenta que Zeus tomó al infante Dioniso y lo puso bajo la tutela de las ninfas de la lluvia de Nisa, que le criaron en su infancia y niñez, y que por sus cuidados fueron recompensadas por Zeus con el ascenso entre las estrellas como las Híades. Alternativamente, fue criado por Maro.
Cuando Dioniso creció, descubrió la cultura del vino y la forma de extraer su precioso jugo. A este respecto, la leyenda narra lo siguiente: Dioniso se encontró con un frágil tallo de parra, sin pámpanos, racimos o fruto algunos. Le gustó, y decidió hacer algo para preservarlo. En primer lugar, lo introdujo en un huesecillo de pájaro. Tan a gusto se encontró el tallo, que siguió creciendo. Fue entonces cuando tuvo que trasplantarlo al interior de un hueso de león. Posteriormente, hubo de pasarlo a un hueso de asno, de mayor tamaño. Al tiempo, el tallo se convirtió en una parra y dio su fruto. Entonces descubrió Dioniso las propiedades de su zumo fermentado. Por la anterior génesis del tallo se interpretan los estados que infunde el vino al bebedor. Si bebe con moderación, éste se encontrará alegre y fuerte (como un pájaro y como un león, respectivamente). Pero, en caso de superar cierta cantidad, y de que esto suceda asiduamente, el bebedor se volverá tonto (como un asno).
Hera hizo que se volviese loco y le empujó a vagar por diversas partes de la tierra. En Frigia la diosa Rea le curó y le enseñó ritos religiosos, y así emprendió su recorrido por Asia enseñando a la gente el cultivo del vino. La parte más famosa de sus viajes es su expedición a la India, que se dice que duró varios años. Volvió triunfante y asumió la introducción de su culto en Grecia, pero se le opuso algunos príncipes que temían los desórdenes y la locura que éste acarreaba (véase Penteo y Licurgo).
Los piratas
Se cuenta que en sus viajes, Dioniso llegó de nuevo a Argos y quiso acercarse a la isla de Naxos, para lo que contrató los servicios de unos piratas tirrenos. Éstos fingieron aceptar el trato, pero en lugar de conducirle a Naxos pusieron rumbo a Asia con el fin de venderle allí como esclavo. Dioniso se dio cuenta y con ayuda de su poder transformó los remos de la nave en serpientes, llenó el barco de hiedra y después hizo sonar unas flautas invisibles. Finalmente paralizó la nave entre enramadas de parra.
Los piratas, enloquecidos y asustados, se arrojaron al mar y una vez allí fueron transformados en delfines, cuyas almas seguían siendo de piratas, pero piratas arrepentidos. El único que se salvó fue Acetes, el capitán, quien reconoció al dios e intentó detenerlos. Acetes llegó a ser uno de los seguidores de Dioniso y a veces el conductor de sus Ménades.
La leyenda dice que por esto los delfines acompañan y salvan a los náufragos, pues son aquellos piratas que quieren expiar su culpa.
Midas
Una vez Dioniso halló que su antiguo profesor y padre adoptivo, Sileno, había desaparecido. El anciano había estado bebiendo, se había marchado ebrio y se encontró con algunos campesinos, que lo llevaron ante el rey, Midas (alternativamente, Sileno se metió en la rosaleda del rey). Midas le reconoció y le trató hospitalariamente, entreteniéndole durante diez días y noches educadamente, mientras Sileno entretenía al rey y sus amigos con historias y canciones. Al undécimo día Midas llevó a Sileno de vuelta con Dioniso. Éste ofreció a Midas que eligiera la recompensa que deseara. Midas pidió que todo lo que tocase se transformara en oro. Dioniso accedió, aunque sitió que no hubiese hecho una mejor elección. Midas se regocijó en su nuevo poder, que se apresuró en poner a prueba, tocando y convirtiendo en oro una rama de roble y una piedra. Deleitado, tan pronto como llegó a casa ordenó a los sirvientes que dispusieran un festín en la mesa. Entonces halló que su pan, su carne, su hija y su vino se convertían en oro.
Enfadado, Midas se esforzó en desprenderse de su poder (el toque de Midas), pues odiaba el don que había codiciado. Rezó a Dioniso, rogando ser librado de su hambre. Dioniso le oyó y consintió, diciendo a Midas que se bañase en el río Pactolo. Midas así lo hizo, y cuando tocó las aguas el poder pasó a éstas, y las arenas del río se convirtieron en oro. (Esto explicaba por qué la arenas del río Pactolo eran ricas en oro.)
Otras historias
Cuando Hefesto apresó a Hera en una silla mágica, Dioniso le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo, de donde había sido expulsado. Por este trabajo, fue admitido entre los dioses olímpicos.
Se dice a veces que Acis, un joven príncipe siciliano, era hijo de Baco. Un sátiro llamado Ampelo era también buen amigo de Baco.
Calírroe era una mujer caledonia que desdeñó a un sacerdote de Dioniso que amenazó con provocar la locura a todas las mujeres del país (ver Ménade). El sacerdote recibió la orden de sacrificar a Calirroe pero en vez de esto se suicidó. Calirroe se arrojó a un pozo que más tarde recibió su nombre.
Puesto que Dioniso es casi con toda certeza una adición tardía al panteón griego, había cierto rechazo hacia su culto. Homero sólo le menciona brevemente y con bastante hostilidad. Eurípides también escribió un cuento sobre la naturaleza destructiva de Dioniso en su obra Las bacantes. Dado que Eurípides escribió esta obra en la corte del rey Arquelao de Macedonia, algunos investigadores creen que el culto a Dioniso era maligno en su país pero benigno en Atenas. En la obra, Dioniso vuelve a su lugar de nacimiento, Tebas, gobernado por su primo, Penteo. Penteo estaba enfadado con las mujeres de Tebas, incluyendo a su madre, Ágave, por negar su divinidad y adorar a Dioniso contra su voluntad. Los adoradores de Dioniso eran mujeres salvajes y sedientas de sangre llamadas Ménades, quienes destrozaron a Penteo después de que éste fuera atraído a los bosques por Dioniso. Su cuerpo fue mutilado por Ágave.
Cuando el rey Licurgo de Tracia oyó que Dioniso estaba en su reino, envió a prisión a todos sus seguidoras, las Ménades. Dioniso huyó, refugiándose con Tetis y enviando una sequía que hizo que la gente se sublevara. También volvió loco a Licurgo, y éste descuartizó a su propio hijo con un hacha, creyendo que era un brote de hiedra, planta consagrada a Dioniso. Un oráculo afirmó entonces que la tierra permanecería seca y baldía mientras Licurgo siguiera vivo, así que su pueblo lo mató y descuartizó. Con Licurgo muerto, Dioniso levantó la maldición.
Consortes y descendencia
Influencia en el Cristianismo
La mitología dionisíaca sería más tarde incorporada al Cristianismo. Hay muchos paralelismos entre las leyendas de Dioniso y Cristo: se decía de ambos que habían nacido de una mujer mortal engendrados por un dios, que volvieron de entre los muertos, y que transformaron el agua en vino.
Interpretaciones modernas
En su libro El nacimiento de la tragedia, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche contrastaba a Dioniso con el dios Apolo como símbolo de la fuerza vital básica e incontrolada frente al mundo de la razón, el orden y la belleza representado por el segundo. El contraste entre los papeles de estos dioses queda reflejado en los adjetivos apolíneo y dionisíaco. Sin embargo, los griegos pensaban en las dos cualidades como complementarias: los dos dioses son hermanos, y cuando Apolo en el invierno se marchaba a la Hiperbórea dejaba el oráculo de Delfos a Dioniso.
Inspirados por James Frazer, Jane Ellen Harrison y otros mitólogos modernos, algunos investigadores etiquetan a Dioniso como una deidad de vida, muerte y resurrección. El mitógrafo Karl Kerenyi dedicó mucha energía a Dioniso en su larga carrera, y resumió sus pensamientos en Dionio: Imagen arquetípica de la indestructible vida (Bollingen, Pricenton, 1976).
