Arte asturiano
Keywords: Arte asturiano, 791, 808, 842, 850, 866, 908, 910, Alfonso III de Asturias
Introducción Para enmarcar el denominado Arte asturiano nos basta con tomar dos referencias, una espacial, la zona de la península ibérica adyacente al mar Cantábrico, libre de la ocupación musulmana, y otra temporal, el fin del siglo VIII, hasta comienzos del X.
Pero si queremos precisar algo más podemos incluir determinadas características como son:
- el deseo de rememorar las glorias del reino visigodo de Toledo, del que se consideraban herederos.
- la íntima relación con el poder regio (se ha denominado también arte de la monarquía asturiana).
- predominio de la arquitectura, fundamentalmente abovedada, sobre las demás artes. Dentro de la arquitectura destacamos las siguientes notas:
- el sillarejo, la mampostería y el ladrillo en los muros, reservando los sillares para las esquinas y los elementos de refuerzo.
- el arco de medio punto, peraltado o no, y la bóveda de cañón, reforzada mediante arcos fajones o totalmente despejada.
- el muro compuesto (arquerías ciegas en el interior y estribos o contrafuertes en el exterior).
- la decoración interior con pinturas al fresco de temática diversa.
- las basas decoradas, los fustes sogueados y los capiteles enriquecidos, todo ello para realzar las columnas.
- en los edificios religiosos y de manera predominante, la planta basilical de tres naves (separadas por arquerías sobre pilares) y cabecera tripartita, con ábsides de trazado rectangular, siendo el central el más amplio.
- en la parte superior del ábside central, una cámara abierta al exterior por una ventana sin comunicación interna, y cuya función no se ha podido precisar, aunque podría ser un mero recurso plástico para mantener la armonía de los volúmenes exteriores del templo.
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Prerramirense
Nos referimos aquí al periodo comprendido entre 791 y 842, reinado de Alfonso II, quien intentó emular a Toledo, desde su capital, Oviedo. Este rey construye la Cámara Santa, único resto del recinto palatino. Es un pequeño edificio de dos plantas, la segunda, el oratorio, reformada en época románica, cuando se añadió la bóveda de cañón, y la primera abovedada, destinada a guardar reliquias.
thumb|right|250px|San Julián de Los Prados También hizo construir cerca de la capital, la iglesia de San Julián de los Prados, o de Santullano, templo espacioso que presenta claramente definidos los caracteres propios de este estilo. Tiene planta basilical de tres naves, separadas por pilares cuadrados que sostienen arcos de medio punto y presenta un transepto con un remarcado alzado. El iconostasio, que separa la parte reservada al clero, del resto del templo, presenta una remarcable similitud con un arco triunfal. Destaca de este templo su grandiosidad y su originalidad que se aparta de modelos visigodos. Pero sin duda, lo que más atrae de este templo es su decoración pictórica, con pinturas al fresco (estucos, con más propiedad) en tres cuerpos superpuestos, anicónicas, con decoración arquitectónica, de claro influjo romano. Se trataría más bien de un templo monástico y no palatino, si bien se reservaba para el rey una tribuna en el transepto.
Pertenecen también a este periodo San Tirso y Santa María de Bendones.
Ramirense
Con Ramiro I (842-850) alcanza el arte asturiano su máxima expresión, a pesar de lo breve de su reinado, representando las construcciones del monte Naranco su mejor exponente. thumb|left|250px|San Miguel de Lillo Empezando por la Iglesia de Santa María del Naranco, diremos que se considera como Salón del Trono o Aula Regia del rey Ramiro (aunque la ausencia de un ábside para ubicar el trono parece dificultar esta utilización), su residencia suburbana y como tal fue restaurada, a partir de su reutilización como iglesia rural. La planta inferior es una sala cubierta con bóvedas, sin ventanas, diferenciada en tres ámbitos: el central para guardia y servidumbre, otro para capilla real privada, y otro para baño; la superior, a la que se accede por unas escaleras de fábrica exteriores, es un gran salón rectangular con bóveda de cañón y arcos fajones, abierto en sus extremos por una triple arcada. La decoración es netamente nórdica o germánica, con arcos muy peraltados y molduras talladas imitando obras en madera u orfebrería.
San Miguel de Lillo era la iglesia palatina de Ramiro I, como lo atestigua su decoración escultórica, y en ella se conservaba un trozo de la Santa Cruz, la reliquia más sagrada del tesoro visigodo. Sus características principales son el abovedamiento, la esbeltez de los soportes y la tribuna destinada al monarca. Tenía tres naves, pero sólo se conservan el pórtico con dos cámaras y el primer tramo de las naves. Debemos destacar las jambas de sus puertas, que posiblemente incluyen una representación del propio monarca, cuya decoración anuncia el periodo románico.
Santa Cristina de Lena de posible origen visigodo, reformado por Ramiro I, su característica principal es su iconostasio, formado por tres arcos de piedra sobre cuatro columnas de mármol, con elementos visigodos, que separaba al presbiterio de la nave principal.
Las características de las construcciones que acabamos de enumerar han hecho que algunos autores hablen de prerrománico o protorrománico, y aunque, en efecto, sus formas y soluciones arquitectónicas parecen indicarlo así, lo cierto es que el auténtico románico hispano tuvo unas fuentes distintas.
Postrramirense
Incluimos aquí el reinado de Alfonso III el Magno (866-910), que recibió influencias directas visigodas, debido al contacto con esas construcciones al ser repoblada la península con el avance cristiano y el repliegue musulmán, aunque otros autores hablan de un estancamiento o aislamiento del arte astur.
San Salvador de Valdediós es un templo de tres naves cubiertas con cañones axiales, cabecera triple, con cámaras abovedadas por encima de los ábsides cuadrados y pórtico lateral añadido posteriormente, que se convirtió en una constante en la arquitectura hispana; en las ventanas hay calados de piedra con dibujos como las cadenas de las coronas de Guarrazar.
San Adriano del Tuñón poseía una estructura de tres naves, separadas por pilares, pórtico tripartito y cámaras en los extremos de las naves laterales. Este templo es el que más se aparta de las tradiciones del arte astur clásico.
Pertenecen también a este periodo San Salvador de Priesca, Santiago de Gobiendes y San Pedro de Nora.
Artes menores
Todos estos edificios que acabamos de enumerar estaban profusamente adornados, según consta en algunos viejos dibujos, copiados de sus grandes pinturas murales (de tradición tardorromana), hoy desaparecidas. Tan solo la orfebrería que ha llegado hasta nosotros, toda de carácter religioso, nos ofrece el auténtico panorama de este espléndido arte.
Comenzamos por la Cruz de los Ángeles, que Alfonso II mandó hacer en 808 para la catedral de Oviedo, con una amenazante inscripción: quienquiera que osase quitármela de donde mi libre voluntad la donare, sea fulminado por el rayo divino. Es un relicario en forma de cruz griega, que recuerda prototipos hispanogodos o carolingios, con un disco en el centro; el alma de madera va chapada en oro y engastada en pedrería.
thumb|right|250px|Catedral de Oviedo Más grande, elegante y suntuosa es la Cruz de la Victoria, donada por Alfonso III en 908, de estructura similar a la anterior, a la que se añadieron esmaltes. La técnica (de origen bizantino a través de influjos mozárabes) empleada para esta cruz, fue utilizada posteriormente parala famosa Caja de las Ágatas, regalo de Fruela II en 910 a la Catedral de Oviedo, caja de madera con ónice, esmaltes en azul y rojo, piedras preciosas y esmaltes de metal, representaciones abstractas que evocan un lujo bárbaro que enlaza con la tradición visigoda aún más directamente que la arquitectura. Otra caja, la Arqueta de la catedral de Astorga evoca aún más la técnica y motivos de la Cruz de la Victoria, si bien se prefirió en esta ocasión la plata dorada, con representaciones de ángeles, el Cordero divino, y el Tetramorfos, entre motivos vegetales.
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