Grande y Felicísima Armada
Keywords: Grande y Felicísima Armada, 1588, 1796, Batalla de Lepanto, Batalla de la Isla Terceira, Canal de la Mancha, Felipe II de España, Flandes, Francis Drake
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Nombre que dio Felipe II a la importante flota que armó en 1588 para invadir Inglaterra.
Debía mandarla el almirante de Castilla don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, pero murió poco antes de la partida de la Flota, siendo sustituido a toda prisa por el duque de Medina Sidonia.
La idea era recorrer el Canal de la Mancha y recoger en Flandes un ejercito español de 30 000 hombres, que pasaría el canal en barcazas, protegidas por la flota, pero a poco de partir (julio de 1588) las tormentas hicieron que una parte de ella se separase del resto en el golfo de Vizcaya y fuera avistada por un barco inglés, que tuvo tiempo de dar la voz de alarma, mientras se reunía de nuevo la flota.
Posteriormente, la leyenda negra española la conoció como Armada Invencible con evidente sentido irónico.
Primeras tergiversaciones históricas
Quizá la primera y la más extendida de las tergiversaciones que sucedieron al desastre de la Armada, es precisamente la de traducir dicho desastre en una victoria militar inglesa.
El abandono de la pretensión de invadir Inglaterra por parte de la Grande y Felicísima Armada, se debe atribuir, principalmente a la muerte (probablemente envenenado por agentes ingleses) del genial almirante que había diseñado la Armada Invencible y que estaba destinado a mandarla, Don Álvaro de Bazán, y a la imposibilidad de utilizar libremente los puertos de Flandes, debido al levantamiento contra el dominio español de aquella zona.
La afirmación carente de base y comúnmente aceptada incluso en España hasta fechas recientes, de que la Gran Armada estaba formada por “navíos muy pesados, que habían sido derrotados por los navíos ingleses mucho más ligeros y con cañones de más alcance” ha sido calificada recientemente por diversos historiadores como un absurdo, ya que la flota fue diseñada por uno de los más notables marinos que hubiese dado España, vencedor de la batalla de Lepanto , la batalla de las Islas Azores y experto en el combate naval oceánico. Diversos historiadores navales militares afirman que en principio, la Grande y Felicísima Armada estaba perfectamente concebida y diseñada para el propósito que se le había encomendado.
La Gran Armada, tuvo en todo momento una flota inglesa de barcos más ligeros precediéndola, cuya misión era informar a la Corona Inglesa de las evoluciones de aquella enorme fuerza de invasión. Fueron precisamente las tripulaciones de esta pequeña y audaz flota inglesa, las que añadieron el apelativo de “Invencible” a la Gran Armada. Así pues, en sus inicios, el adjetivo de “Invencible” no tenía las connotaciones irónicas que la Leyenda Negra le ha añadido con posterioridad.
Pare ser que, en efecto, los barcos españoles eran de gran porte y peso, precisamente para obtener una mayor estabilidad de navegación y por consiguiente, mayor precisión en el tiro, cualidades muy adecuadas para el combate naval en las turbulentas aguas del Canal de la Mancha. Así mismo, los barcos estaban dotados de una artillería especial de gran calibre, potencia y alcance, servida por los mejores artilleros que pudieron reunirse. En efecto, la flota inglesa de seguimiento no pudo en ningún momento acercarse a la Gran Armada para hostilizarla o retrasar su avance. Parece lógico pensar que el invento inglés del tiro rápido no llegaba para contrarrestar la potencia y precisión de tiro de la flota española.
La Batalla
Apenas hubo zarpado la Armada, las galernas dispersaron la flota frente a La Coruña, empujando a algunos barcos hasta el Sureste de Inglaterra, y a otros hacia el Golfo de Vizcaya. Llevó más de un mes volver a reunir la flota. Por su parte, el duque de Medina-Sidonia, a quien Felipe II había encomendado el mando de la Grande y Felicísima Armada, por razones más políticas que militares tras la muerte de Álvaro de Bazán, aconsejó calurosamente al rey que desistiese de la empresa, o que le relevase del mando. Es fácil comprender la desesperación del duque de Medina-Sidonia, quien había declarado de sí mismo “no soy hombre de mar, ni de guerra”.
Al mismo tiempo, los ingleses enviaron a la desesperada una flota de guerra destinada a destruir a la Gran Armada mientras ésta se hallaba amarrada en La Coruña, pero las condiciones meteorológicas eran tan malas, que los ingleses ni siquiera consiguieron llegar a España, y hubieron de regresar a sus puertos.
Una vez más, la teoría de la superioridad tecnológica de los cañones y barcos ingleses queda desvirtuada, pues en tales circunstancias, los ingleses hubieran optado por el enfrentamiento en alta mar, del que sin duda hubiesen salido victoriosos de contar realmente con tal superioridad de alcance de tiro y de diseño en los barcos. Pero los hechos históricos describen una actuación más típica de una flota inferior enfrentándose como buenamente podía a otra muy superior y más poderosa, con la esperanza de retrasar en la medida de lo posible la inevitable invasión de Inglaterra.
El 2 de agosto de 1588, a la altura de las Gravelinas, la Gran Armada tuvo su primera y única escaramuza importante contra una flota inglesa mandada por Francis Drake. Los ingleses volcaron toda su furia artillera sobre los españoles, y finalmente Drake envió varios barcos en llamas contra la flota española, que trataba de aislar al barco de Drake. Los ingleses intentaron detener a la Gran Armada hasta agotar totalmente su munición, pero tras constatar la superioridad y la potencia de fuego española, la flota inglesa se dio a la fuga, llevando nuevamente a Inglaterra noticias de una Armada “Invencible”. De nuevo, queda desmentida la teoría de la superioridad cañonera inglesa. Éste fue el mayor enfrentamiento naval de la Grande y Felicísima Armada con la marina inglesa, resultando un barco hundido y trescientas víctimas por parte española, y barcos seriamente averiados y unos 200 muertos por parte inglesa. Resulta reseñable que los españoles no consideraron la puesta en fuga de la flota inglesa como una victoria naval, pues además de haber sufrido más víctimas, su objetivo durante el combate no era ya la destrucción de la flota inglesa, sino la captura de Francis Drake.
A estos hechos, siguieron las grandes dificultades de la Gran Armada para recalar en los puertos flamencos y un empeoramiento repentino de las condiciones meteorológicas en la zona, lo que llevó a la flota inglesa a recalar en sus puertos esperando un milagro, y a la dispersión de la flota española hacia el Mar del Norte y el Mar de Irlanda con los subsiguientes desastres y hundimientos en las abruptas y tormentosas costas británicas, que causaron un gran número de bajas entre los españoles.
Así pues, el desastre de la Grande y Felicísima Armada ha de ser considerado, desde un punto de vista objetivo, un gran fracaso español, y no una gran victoria militar inglesa, como tantos historiadores y cronistas Anglosajones han pretendido durante siglos.
Se cuenta que a la vuelta de la Armada a España, Felipe II dijo: "Mandé a mis barcos a luchar contra los ingleses, no contra los elementos"
